La Sostenibilidad como Legado:
Una Reflexión sobre el Tiempo Profundo y la
Ética Intergeneracional
Hernando Uribe Castro, PhD.
El filósofo Roman Krznaric*, en su obra El Buen Antepasado,
formula una crítica contundente al cortoplacismo que caracteriza a las sociedades
contemporáneas, un fenómeno que, al priorizar lo inmediato, socava la posibilidad
de construir un futuro sostenible. La sostenibilidad, entendida como la intersección
entre el desarrollo humano y la preservación de la biosfera, exige una revolución
en nuestra concepción del tiempo**. Krznaric argumenta que la obsesión por lo urgente
-ya sea en la política, la economía o la cultura- nos impide abordar desafíos globales
como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la degradación de los ecosistemas,
problemas que demandan soluciones con horizontes temporales amplios y una ética
centrada en las generaciones futuras.
Uno de los aportes más significativos de Krznaric es
el concepto de «humildad del tiempo profundo», que invita a situar la existencia
humana en una escala temporal geológica y cósmica. Esta perspectiva, al revelar
la fugacidad de nuestra presencia en el planeta, fomenta una actitud de responsabilidad
ecológica y justicia intergeneracional. Reconocer que procesos naturales, como la
formación de suelos, la evolución de las especies o la regeneración de los bosques,
operan en escalas de miles o millones de años subraya la urgencia de adoptar prácticas
que preserven estos ciclos. La sostenibilidad, desde esta óptica, no es solo una
cuestión técnica, sino un compromiso ético con quienes heredarán la Tierra.
La justicia intergeneracional emerge como un principio
central en la reflexión de Krznaric. La equidad no se limita a la distribución de
recursos en el presente, sino que debe extenderse a las futuras generaciones, garantizando
que sus necesidades no se vean comprometidas por las decisiones actuales. Este enfoque
desafía modelos económicos y políticos que priorizan el beneficio inmediato sobre
el bienestar colectivo a largo plazo. Por ejemplo, la transición hacia energías
renovables o la protección de áreas naturales no son solo estrategias ambientales,
sino actos de justicia que evitan imponer a las generaciones venideras las consecuencias
de nuestra miopía temporal.
Krznaric recupera la metáfora del pensamiento catedral, inspirado en la construcción
de las catedrales medievales, proyectos que trascendían la vida de sus artífices.
Este enfoque invita a diseñar políticas, infraestructuras y sistemas que perduren
en el tiempo, incluso si sus beneficios no son inmediatos. En el ámbito de la sostenibilidad,
esto se traduce en inversiones en educación ambiental, planificación urbana sostenible
o tecnologías limpias, cuyas repercusiones positivas se materializarán en décadas
o siglos. La pregunta «¿Cómo seremos recordados por las generaciones futuras?» se
convierte así en un faro que debe guiar la acción pública y privada.
El autor también critica la tiranía del reloj y la distracción digital, fenómenos que nos atrapan
en un presente perpetuo y fragmentado, dificultando la reflexión sobre el futuro.
Las condiciones de la sostenibilidad exigen desacelerar y priorizar lo esencial:
desde el consumo responsable hasta la reconexión con los ritmos naturales del planeta.
Krznaric señala que la cultura del usar y tirar, impulsada por la publicidad y las
modas efímeras, es incompatible con los principios de una economía circular y regenerativa.
Finalmente, Krznaric distingue entre el optimismo pasivo
y la esperanza activa, subrayando que la sostenibilidad no se logra con actitudes
complacientes, sino con compromiso y movilización colectiva. Movimientos sociales
como Fridays for Future o Extinction Rebellion ejemplifican cómo la presión ciudadana
puede acelerar cambios políticos y culturales hacia modelos más justos y sostenibles.
Además, el autor cuestiona si las instituciones actuales, como el capitalismo global
o la democracia representativa, están preparadas para enfrentar los desafíos a largo
plazo, proponiendo reformas profundas que incorporen economías regenerativas y mecanismos
de participación deliberativa, como las asambleas ciudadanas.
En conclusión, la sostenibilidad, desde la perspectiva
de Krznaric, es un acto de legado ético. No se trata solo de adoptar prácticas ecológicas,
sino de redefinir nuestra relación con el tiempo y el planeta. La pregunta ¿Estamos
siendo buenos antepasados? debe inspirar cada decisión, desde lo individual hasta
lo global, para construir una civilización que valore el largo ahora y garantice
un futuro digno para las generaciones venideras.
Referencia:
* Krznaric, R. (2022). El buen antepasado: cómo pensar
a largo plazo en un mundo cortoplacista. Capitán Swing Libros.
** Para una definición de Sostenibilidad ver el
documento: Uribe Castro, H. et al. (2024). La sostenibilidad como ethos institucional. Cali: Progama Editorial de la Universidad Autónoma de Occidente.