Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


Mostrando entradas con la etiqueta Ecología superficial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología superficial. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de mayo de 2016

UN FUTURO AMBIENTALMENTE INSUSTENTABLE PARA EL MUNICIPIO DE CALI

Un futuro ambientalmente insustentable para el Municipio de Cali*

Por:
Magíster en sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Miembro del CIER, Profesor Facultad de Humanidades

Los conflictos ambientales que se presentan en el Municipio de Cali, especialmente en temas como el agua, son producto de las decisiones políticas tomadas en el pasado. Y por lo visto, las que se toman en el presente, permiten avizorar un panorama aún más desalentador en el futuro. Esto quiere decir que a las problemáticas no resueltas de tiempo atrás, se le sumarán las que se están construyendo hoy en día por el egoísmo, la ceguera y los intereses privados que pesan sobre el bienestar ambiental colectivo.

Cali creció de la mano y bajo las decisiones que plasmaron los intereses de terratenientes, politiqueros, empresarios y una ausencia de los agentes del Estado, encargados del control y la planeación-ordenamiento del territorio. Esto produjo lo que el geógrafo Rodolfo Espinosa denominó “un crecer dándole la espalda a los siete ríos del Municipio”.

Desde una perspectiva de la ecología profunda, no se tuvo respeto alguno por estos cursos de agua que albergaban un equilibrio eco sistémico con su entorno circundante y una diversidad de especies que contenían en sí mismos, un entramado de vida que se había construido durante pasados tiempos geológicos, para llegar a ser lo que eran: espacios de múltiples expresiones de vida y abundantes nichos de flora y fauna.

Desde una perspectiva humana, esos ríos garantizaban una vida sustentable porque aclimataban los entornos a condiciones de vida favorables; proveían de alimento a todas las especies al irrigar las tierras mediante la inversión térmica y la escorrentía; producían una diversidad de bellezas paisajísticas; ayudaban a circular el aire limpio, puro y fresco que se deslizaba al ritmo de la danza del agua desde las altas montañas, hacia la zona plana y para todas las especies, incluyendo la humana.

Una acción inteligente y éticamente respetuosa con la naturaleza, hubiese sido hacer de estos siete ríos ejes centrales y articuladores del proceso de construcción territorial para garantizar a los corregimientos y al casco urbano, excelentes condiciones ambientales y hacer de Cali una urbe exitosa y resiliente frente a los fuertes estragos del cambio y la variabilidad climática global.

Pero la realidad fue otra, puesto que las acciones humanas hicieron de los ríos, canales fétidos de aguas servidas; se canalizaron y se colonizaron; se les deforestó y se les arrasó la tierra; se privatizaron, se enmugraron y, finalmente, se urbanizaron. Sobre sus lechos posa un desastre ambiental plasmado no solo en la existencia de urbanizaciones sobre sus antiguos cauces, sino también sobre sus humedales desecados y rellenados. Y sobre ellos se construyeron barrios como estrategia para sacarle renta a una tierra altamente vulnerable a los efectos sísmicos. Fueron, y son, más los polítiqueros y los terratenientes enceguecidos por el afán de lucro privado los que construyeron (y aún diseñan) este territorio y no tanto los planeadores, los arquitectos, los geógrafos y todos aquellos profesionales, de las mano de las comunidades ancestrales, conocedores de la importancia de la ordenación sustentable del territorio.

Estos importantes ejes hídricos, que son ejes de vida, fueron borrados del paisaje urbano para imponer sobre ellos el cemento, símbolo del “desarrollo” y la creatividad humana, que aportó exponencialmente al calentamiento urbano y global. Y con el cemento se redujo significativamente la arborización para construir carreteras, puentes, autopistas, edificios de apartamentos; también para reproducir el negocio, para hacer fluir las inversiones y los capitales, para construir centros comerciales que son ahora los espacios festivos para la promoción del consumismo y la vida banal. Hoy vivimos una intoxicación colectiva, producto de nuestras propias acciones.

El resultado es un territorio municipal enfermo, con espacios desarticulados, segregados y fragmentados por la acción de agentes, politiqueros y empresarios irresponsables que sacaron, y aún continúan sacando, el mejor provecho del territorio y su naturaleza, exprimiéndolo para su propio beneficio. Quieren extender más y más la ciudad hacia las zonas de ladera, hacia el sur y sur oriente de la ciudad, destruyendo zonas de humedal, bosques y fuentes de agua como ocurre justamente con el río Pance y con el sector de los Farallones de Cali hacia el sector de Jamundí.

Lo preocupante es que no se avizoran para la ciudad ni Planes de Desarrollo, ni Planes de Ordenamiento de las Cuencas Hídricas (PONCH), ni mucho menos un Plan de Ordenamiento Territorial que proponga, nuevos enfoques y se dé en la tarea de, por una parte, detener este enérgico ataque contra la naturaleza y, por otra, recuperar con contundencia y decisión estas siete cuencas hidrográficas.

Infortunadamente, todo lo que se continúa planteando y haciendo con respecto a estos ecosistemas desde las agencias del Estado, son acciones superficiales, como paños de agua tibia, bajo un discurso ecologista y ambientalista fútil e inocuo que oculta los verdaderos intereses de quienes tienen la capacidad de ejercer el poder sobre estos entes de control y de decisión.

Como habitantes de estos espacios, no solo tenemos una obligación ética sino también política, para transformar esta triste y preocupante realidad. El cambio nunca vendrá desde arriba. Por tanto, estamos obligados a ser conocedores de la situación para ser creativos en la búsqueda de propuestas que se encaminen a transformar esta realidad.

Las comunidades estamos en la obligación de actuar, exigir y denunciar, cuestiones éstas que no dan espera para aminorar los efectos de lo que se nos viene como humanidad. Los cambios comienzan desde abajo, es decir, desde personas como Usted o yo.

* Publicado por el periódico El Pueblo, 21 de mayo de 2016.

viernes, 22 de abril de 2016

CONTRA LOS ALBAÑILES DE UN PLANETA INSUSTENTABLE

Contra los albañiles de un planeta insustentable

Por:
Hernando Uribe Castro
MSc. en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Pareciera que uno de los objetivos que se han propuesto las Corporaciones Globales es la de imponer la idea aquella de que la humanidad no forma parte de la compleja y sistémica red o trama de la vida planetaria. Incluso, se perciben intentos de convencernos, por todos los medios, de que los seres humanos no hacemos parte de la naturaleza y que ni siquiera necesitamos de ella porque con nuestros avances técnicos y tecnológicos es suficiente para alcanzar el desarrollo humano y para lograr la realización total de la vida.

Nos hacen creer también que nuestro planeta Tierra es ilimitado y que por tanto, se tiene que explotar sin ningún tipo de obstáculo, porque de esa explotación incesante y continua depende el bienestar, el progreso y el desarrollo civilizatorio. Que éste es el único camino para encontrar la tan anhelada felicidad, expresión máxima de que somos una especie inteligente. Por ello, no es raro que los gobiernos que son los administradores del Estado, autoricen en sus territorios prácticas como el “fracking”, la exploración petrolera en zonas de reserva y conservación forestal, la minería a cielo abierto, la explotación maderera, la construcción de hidroeléctricas, la ganadería extensiva y la pesca industrial, entre otras actividades nocivas para el equilibrio ecológico del planeta.

Nos enseñan a creer que una vida exitosa es aquella que está llena de bienes materiales, lujos, acumulación de dinero, estatus y prestigio social. No poseer esto es reflejo del fracaso, la desdicha, el atraso y la pobreza. Por ello, la construcción de nuevos estereotipos a seguir como los  actores del espectáculo, del deporte, los famosos, las estrellas y las divas.

Las Corporaciones propugnan por el valor económico del individuo y el valor del individuo en su estrategia económica acumulativa. Entre más individuos masificados, más dinámica será la economía. Por ello, hacen del individuo una unidad productiva, rentable y consumista. Desligan al individuo del entretejido y de su interdependencia con respecto a todos los fenómenos naturales para encadenarlo al sistema y los flujos del Mercado. Individualizan al individuo, para homogenizarlo y masificarlo como código de compra- venta en la sociedad del consumismo.

Al tiempo que hacen esto con el individuo, acrecientan las divisiones del mundo en partes nacionales, Estados, grupos y guetos. El poder de fragmentar social, académica, religiosa y étnicamente es el poder para confundirnos y hacernos olvidar de que somos una especie humana planetaria y diversa. Nos ocultan la compleja trama de la vida para encadenarnos al sistema del mercado: este es el gran y rentable negocio de las Corporaciones.

Son las Corporaciones las que tienen el poder de hacer de algunos países pobres, paraísos de las transnacionales, en donde intervienen sin ningún tipo de control porque lograron cooptar a los agentes que hacen parte de los gobiernos corruptos que administran estos Estados. Una vez en el territorio, imponen su lógica extractivista bajo lemas de seguridad, de progreso y de bienestar para las comunidades.

Y el hecho de que Corporaciones, en colaboración con el Estado, se propongan llevar a cabo este enérgico ataque contra los lazos que nos unen al planeta, está en el hecho de que una sociedad desligada de sus raíces, es una sociedad desinteresada por lo que pueda suceder al sistema de la vida. Una sociedad desinteresada es una sociedad que se considerará altamente artificializada. Y una sociedad artificiosa es una sociedad que termina creyendo que su verdadero nicho de vida es la plataforma de vida material y construida que le ofrecen las Corporaciones. Y que la máxima expresión de esa plataforma es la ciudad como expresión de desarrollo y de civilización. La ciudad como el templo del prometedor capitalismo global. La ciudad como el lugar para la realización de la vida.

Frente a este fuerte discurso que ha logrado penetrar la estructura social, la estructura mental  y las estructuras cognitivas de los individuos, no se puede esperar que sean los Estados, las Corporaciones y los organismos globales -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio- los albañiles y diseñadores del mundo sustentable pues de entrada sabremos que estos construirán sobre cimientos de cal y de arena. Harán un ecologismo-ambientalismo superficial y mentiroso, cuyos discursos los sitúan en las principales y más sensibles instituciones de la sociedad, como la familia, la religión, la escuela y los medios de comunicación.

Ese es el peligro del ambientalismo corporativo que aún, hablando en nombre de la importancia de lo ambiental, despliega todas las fuerzas para imponer el orden del Mercado como un imperativo categórico para una exitosa vida humana. Un éxito que, además de hacer fortuna y tener abundancia, desplegará la admiración y la envidia de los otros seres humanos.

De este modo, difícilmente podremos construir respeto por la Naturaleza, con una sociedad profundamente consumista y esclavizada a recibir órdenes de las Corporaciones. El impulso hacia una sociedad responsable con la Naturaleza se logra cuando lo individual, lo colectivo y lo global no se vean como escalas opuestas, sino contenidas y complementarias. Y cuando las estrategias para difundir un discurso ambiental y saludable deben ser tan efectivas en sus mensajes por la imperiosa necesidad de cambiar los estilos de vida, como agrestes y efectivas son las estrategias publicitarias corporativas que incitan a los individuos a lanzarse de lleno a adquirir banalidades.

La lucha de quienes somos sensibles por una Ética de la Tierra, de la Responsabilidad y del Respeto por la Naturaleza y de una Ecología Profunda, tenemos la imperiosa tarea de continuar demostrando que es urgente: romper con los discursos manipuladores, amañados y falsos que hacen ver la vida como campo de entretenimiento; comprender cómo es que funciona el discurso y las estrategias que hacen del desarrollo, un motor de vida, para salir, justamente de ese desarrollo; encauzarnos con nuestras acciones cotidianas hacia un mundo distinto con menos consumismo; y, no desechar de entrada, aquella idea de que un mundo  diferente es posible, para recuperar la creatividad y la iniciativa hacia una sociedad con prácticas sustentables. Y la más importante, la necesidad imperiosa de ser insumisos ante las demandas de las Corporaciones globales, para recuperar el control de nuestras vidas comunitarias locales.

Los individuos somos una unidad armoniosa, que como parte de un Todo se inter-retro-conecta con esa otra totalidad que es el sistema viviente y el mundo natural del sistema cósmico.