Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


viernes, 8 de abril de 2016

DESTRUCCIÓN DEL CAPITAL SIMBÓLICO EN CALI

Destrucción del Capital Simbólico en Cali, Colombia*

Por
Hernando Uribe Castro
Prof. Universidad Autónoma de Occidente
Magíster en Sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle

En Cali, a medida que se destruye el capital simbólico urbano heredado de su largo proceso histórico, los agentes del capital comercial global van imponiendo su propio modelo de ciudad. Este hecho se ve reflejado a partir de varias situaciones.

Primero, cuando se destruye su centro histórico -aquel que poseía expresiones arquitectónicas y vestigios de su época indígena, colonial y republicana-, para imponer en el paisaje urbano las construcciones “modernas” que funcionan como sedes de entidades financieras, bancarias y una que otra institución del Estado. De su escenario histórico y herencia cultural tan solo quedan relictos en el “diminuto centro histórico”, monumentos religiosos y en barrios como San Antonio y San Cayetano. Hoy, el espacio social y de socialibilidad se teje en la caótica ciudad entre los centros comerciales conectados por la ineficaz red de transporte público masivo.

Segundo, cuando al ser atrapada por la lógica de la rentabilidad de la tierra acaparada por unas elites políticas y económicas locales, terminó desbordada, y sin ningún tipo de planeamiento, control o visión futura. Las obras de jarillón construidas sobre el curso del río Cauca, beneficiaron a terratenientes que dinamizaron el mercado de tierra en el oriente, produciendo una ciudad tan grande, como grandes sus actuales problemas socioespaciales. Un oriente de Cali, que confinó a familias que fueron empobrecidas y que las resignó a vivir en esas condiciones de necesidades insatisfechas. El mercado de tierras se extiende hoy hacia el sur, por ello el gran afán de expandir e integrar zonas ejidales al mercado del suelo.

Tercero, cuando con los discursos modernizadores promovidos mediante los eventos globales, como por ejemplo, los juegos panamericanos de 1971 y otros más recientes, se construyen e invierten sumas grandes de dinero para construir o remodelar infraestructuras apropiadas para estos eventos, los cuales se consideran como claves para la “modernización” urbana y el “progreso” de la ciudad, pero a los que casi nunca se les menciona sus efectos que en términos del incremento de la calidad de vida, el acaparamiento de tierras, las plusvalías esfumadas por la corrupción y los impactos ambientales que tienen estas obras.

Cuarto, cuando pone en crisis y en detrimento sus favorables condiciones ambientales por el negocio rentable de la Tierra, la expansión urbana y el turismo, como por ejemplo: la urbanización en el río Pance y en las zonas de laderas, la propuesta de desecación de humedales (La Babilla o Panamericano) para construir o ampliar carreteras,  la canalización del río Cañaveralejo, las urbanizaciones en el sector del Valle del Lili sobre antiguas zonas de inundación y próximas al antiguo basuro de Navarro con efectos para la vida de quienes residen en esos lugares.

Quinto, cuando privatizó el espacio para incorporar zonas residenciales en conjuntos cerrados de bloques de apartamentos de cinco y veinte pisos. Conjuntos cerrados al modo de encarcelamientos con rejas, mallas, tapias y sistemas de seguridad en detrimento de los barrios con antejardines y solares. Urbanizaciones y conjuntos cerrados rentables cuyos promotores reproducen el discurso de que la ciudad es peligrosa y el conjunto cerrado seguro, como principal argumento para incrementar el negocio. Conjuntos cerrados, amontonados, en una ciudad con temperaturas promedio a los 28 grados centígrados.

Sexto, cuando no volvió a construir museos, parques, zonas de bosque y plazas públicas. Monumentos y obras de arte se encuentran desgastados y olvidados. Solo basta ver los monumentos y obras de arte que están debajo del terrible y mal hecho puente de la calle 26 con autopista. O por ejemplo, el debate que hubo sobre el monumento a Jovita Feijoo en la estación Santa Librada.

Una ciudad que para realizar eventos como la Feria de Cali que era la fiesta del pueblo desde los años cincuenta, donde todos participaban, ahora está privatizada. Esta es una feria que para poder realizarse, las autoridades tienen que cerrar y encerrar vías públicas y montar tarimas junto a los canales de aguas residuales de la principal “autopista” para las caravanas y desfiles. Y todo ello para cobrar, pues la feria ahora es para los privados y no para la comunidad. El cerramiento y encerramiento producen más congestión que se suma a la congestión continua de todos los días a todas horas del año.

Una ciudad donde las autoridades y los inversionistas privados, aniquilaron el transporte público de buses para construir un sistema de transporte masivo, modelo que también se replicó en otros lugares del país y de américa latina, con el argumento de que este tipo de transporte resolvería el problema de movilidad. Hoy los ciudadanos no solo deben dedicar más tiempo para movilizarse de un lugar a otro, haciendo transbordos, sino también de caminar largos y enredados trayectos para acceder a alguna de las estaciones. Muchos ciudadanos para evitarse estos problemas, optaron por el transporte pirata: taxis, autos particulares y los famosos “motoratones” (que es el transporte pirata en motocicletas). Cali era de las pocas ciudades en Colombia, donde el transporte pirata no tenía fuerza,  pero hoy esta ciudad se ve el aumento de este tipo de servicio.

Pareciera que todos estos esfuerzos de destrucción del capital simbólico urbano caleño se hicieran con la firme intención de fortalecer el capital financiero y comercial. Es decir, hacer difícil, caótica, peligrosa, insegura y detestable la ciudad, para que los ciudadanos se refugien en sus casas y los centros comerciales, templos del capital financiero y del consumo. El miedo es muy rentable en la sociedad de consumo.


En general, Cali es un claro ejemplo de extractivismo urbano que implica hacer de la expansión y del crecimiento de la ciudad fuente de plusvalía urbana, apropiadas por las elites de poder e inversionistas, que no solo se adueñan de esta plusvalía sino que además mercantilizan con el capital físico y simbólico urbano, aquel capital del que ha participado los habitantes urbanos sin recibir ninguna retribución. Una inequidad e irracionalidad del modo como se da la participación de plusvalía urbana donde toda la ventaja es para los privados en detrimento de la participación del Estado. Se destruye su capital simbólico heredado para imponer el capital del mercado global urbano.

*Publicado por El Pueblo, 9 de abril de 2016. 

viernes, 4 de marzo de 2016

EXTRACTIVISMO URBANO Y CAPITAL SIMBÓLICO EN CALI, COLOMBIA

Extractivismo urbano y capital simbólico en Cali, Colombia.

Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Prof. Universidad Autónoma de Occidente.

Uno de los llamados de atención que hace David Harvey a Pierre Bourdieu en cuanto al uso del concepto de capital simbólico, es precisamente, que este puede tener un uso más generalizado, incluso , para los estudios de lugares y no solo para individuos.[1]

Expresa Harvey que cuando se mira una ciudad desde la perspectiva del capital simbólico, éste se manifiesta con grandes ventajas para aquellas ciudades que han logrado mantener sus rasgos distintivos, sus particularidades, su valoración histórica, sus tradiciones, sus logros artísticos y su herencia cultural. No obstante, este capital simbólico puede enfrentar un detrimento cuando las ciudades presentan reestructuraciones, cambios o transiciones por la arremetida y la intervención del capital global que tiende a homogenizar y a imponer un tipo de urbanismo global.

Harvey menciona el caso de Barcelona en España, ciudad que se incorporó al sistema de ciudades europeas por el desarrollo exquisito de un ornato arquitectónico que fue afín al legado histórico existente y a la recuperación de espacios públicos que realzaron, precisamente, sus rasgos particulares. En este proceso tuvo importancia sustancial la inyección de capitales para eventos globales como los juegos olímpicos. Pero a su vez, esta fascinante transformación atrajo la mercantilización multinacional homogenizante que ha venido haciendo de Barcelona en los últimos años, una urbe igual a lo que se podría ver en otras ciudades del mundo, sobre todo en sus últimas fases del desarrollo, que terminaron disneyficando la ciudad, gentrificando espacios, congestionando sus calles e instalando centros comerciales, tan similares como otros en otras partes del mundo.

La experiencia de Barcelona es muy interesante y nos invita a pensar en los procesos vividos en nuestras ciudades latinoamericanas por los efectos del capitalismo global urbano. Pienso en la ciudad que habito, Santiago de Cali, capital del Departamento del Valle del Cauca en Colombia.

¿Qué ha sucedió en Cali con respecto a su capital simbólico, y cómo éste se ha visto afectado por el capitalismo global urbano promovido por las multinacionales y los modelos del urbanismo homogenizante?.

Cali es una ciudad ubicada al piedemonte de la cordillera occidental de la gran cadena montañosa de los Andes y sobre la zona plana del valle geográfico del río Cauca. Un territorio construido y diseñado por los agentes del capital agroindustrial en colaboración con los agentes del Estado colombiano. (Uribe, 2015).

Cali es ejemplo claro de ciudad que poco a poco fue experimentando la aniquilación de su capital simbólico urbanos cuando las elites decidieron hacer de su centro histórico, espacio para lucrativo para los inversionistas privados que tumbaron las joyas arquitectónicas históricas para construir edificios altos y cuadrados. De su escenario histórico y herencia cultural ni qué hablar, tan solo queda un relicto en el centro histórico, en San Antonio y San Cayetano. La exquisitez arquitectónica quedó arrasada, en fotografías y en el olvido.

Hoy, el espacio social y de socialibilidad se teje en la caótica ciudad entre los centros comerciales conectados por la ineficaz red de transporte público masivo.

Una ciudad que al ser atrapada por la lógica de la rentabilidad de la tierra, acaparada por unas elites locales y terratenientes, terminó desbordada y sin ningún tipo de planeamiento, control o visión futura. Las obras de jarillón construidas sobre el curso del río Cauca beneficiaron la expansión de la caña de azúcar y la expansión urbana sobre el oriente de Cali, produciendo una ciudad tan grande como grandes sus actuales problemas socioespaciales.

Para la historia local de esta ciudad, los juegos panamericanos de 1971 se consideraron muy significativos porque obligaron a construir una infraestructura apropiada para el evento, los cuales se significaron como claves para la modernización urbana y el “progreso” de la ciudad. Pero casi nunca se dijo algo con respecto a los efectos que en términos del incremento de la calidad de vida, el acaparamiento de tierras, las plusvalías esfumadas por la corrupción y los impactos ambientales tuvieron estas obras para los ciudadanos.

Una ciudad que vio perder sus tardes de brisa caleña porque los procesos del mercado del suelo y la construcción de grandes bloques de apartamentos sobre las pendientes, atraparon el viento que escurre por las laderas de la montaña hacia la zona plana.

Una ciudad que al igual que las otras latinoamericanas ve aparecer en su escenario la privatización del espacio y las zonas residenciales en conjuntos cerrados de bloques de apartamentos de cinco y veinte pisos. Conjuntos cerrados al modo de encarcelamientos con rejas, mallas, tapias y sistemas de seguridad. Urbanizaciones y conjuntos cerrados rentables cuyos promotores reproducen el discurso de que la ciudad es peligrosa y el conjunto cerrado seguro, como principal argumento para incrementar el negocio.

Cali es una ciudad que no volvió a construir museos, parques, zonas de bosque y plazas públicas. Una ciudad que para realizar eventos como la Feria de Cali que era la fiesta del pueblo, donde todo el mundo gozaba y con una larga tradición desde los años cincuenta, ahora está privatizada. Y lo peor, es que es una feria que para poderse realizar, las autoridades tienen que cerrar y encerrar vías públicas y montar tarimas junto a los canales de aguas residuales de la principal “autopista” para las caravanas y desfiles. Y todo ello para cobrar, pues la feria ahora es para los privados y no para la comunidad. El cerramiento y encerramiento producen más congestión que se suma a la congestión continua de todos los días a todas horas del año.

El sur de la ciudad es intransitable para peatones, conductores o motociclistas en las horas pico. Recorridos de cinco minutos pueden convertirse en horas en medio de la congestión como sucede todos los días entre el sector conocido como Macro hasta la salida a Popayán. Y ni hablar de otros sectores como el Norte, el Centro o el Occidente.

Una ciudad donde las autoridades aniquilaron el transporte público de buses para construir un sistema de transporte masivo, modelo que también se replicó en otros lugares del país y de américa latina, con el argumento de que este tipo de transporte resolvería el problema de movilidad. Hoy los ciudadanos no solo deben dedicar más tiempo para movilizarse de un lugar a otro, haciendo transbordo, sino también de caminar largos trayectos para acceder a alguna de las estaciones. Muchos ciudadanos para evitarse estos problemas, optaron por el transporte pirata: taxis, autos particulares y los famosos “motoratones” (que es el transporte pirata en motocicletas). Cali era de las pocas ciudades en Colombia, donde el transporte pirata no tenía fuerza,  pero hoy esta ciudad se destaca y brilla por el aumento exponencial de este tipo de servicio.

En general, Cali es un claro ejemplo de extractivismo urbano que implica hacer de la expansión y del crecimiento de la ciudad fuente de plusvalía urbana, apropiadas por las elites de poder e inversionistas, que no solo se adueñan de esta plusvalía sino que además mercantilizan con el capital físico y simbólico urbano, aquel capital del que ha participado los habitantes urbanos sin recibir ninguna retribución. Una inequidad e irracionalidad del modo como se da la participación de plusvalía urbana donde toda la ventaja es para los privados en detrimento de la participación del Estado.

Todo esto nos lleva a pensar al fin de cuentas ¿Y en qué quedó el capital simbólico de la llamada y reconocida como la sucursal del cielo?



[1] “Bourdieu, a quien debemos el uso genérico de estos términos, los restringe desgraciadamente a individuos que como “(átomos flotasen en un océano de juicios estéticos estructurados) cuando a mí me parece que podrían ser mucho más interés las formas colectivas (y la relación de los individuos con ellas”. El capital simbólico adherido a nombres y lugares como París, Atenas, Nueva York, Río de Janeiro, Berlín o Roma es de gran importancia y da a tales lugares grandes ventajas económicas comparados, digamos con Baltimore, Liverpool, Essen, Lille o Glasgow” (Harvey, 2013: 156).

sábado, 27 de febrero de 2016

HACIA EL ESTRÉS AMBIENTAL E HÍDRICO

Hacia el estrés ambiental e hídrico*

Por Hernando Uribe Castro
Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente
Magíster en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

En uno de los pasajes más bellos del libro La ciudad de las bestias de la escritora Isabel Allende -historia que se centra en los riesgos que corren los indígenas del Amazonas y sus saberes ancestrales por la incursión de las empresas explotadoras y extractivas-, aparece una sabia frase: “la experiencia es lo que se obtiene justo después que uno la necesita”. Frase que cobra todo el sentido al observar los acontecimientos actuales de nuestra crítica realidad ambiental local-global.

La sociedad parece estar anestesiada, autista, e indiferente frente a la gravedad que reviste la situación ambiental planetaria, resultado de las acciones humanas. Se está ante un modelo que acrecienta los monocultivos, produce montañas de basura en tierra y mar, que emite gases de efecto de invernadero que ferozmente siguen hiriendo a la Madre Tierra. Acciones humanas que explotaron, esclavizaron y extinguieron comunidades ancestrales. Este efecto de exterminio sobre el sistema viviente, actúan como boomerang sobre la misma humanidad, pues el planeta está pasando ya su cuenta de cobro.

En Colombia, por ejemplo, 140.356 has de bosque fueron desforestadas (IDEAM); hay 359 especies silvestres en peligro de extinción (UINC); De los 48.437 humedales registrados, solo el 7% de humedales están protegidos (Instituto Humboldt); Existen 5,5 millones de has sembradas y se espera llegar a 6.5 en el 2018 (MINAGRICULTURA); 39,2 millones de has ocupa la industria del ganado y existen 22.593.283 cabezas (FEDEGAN); según el Censo Ganadero, el 0.4 % de propietarios tienen el 41 % de los 113 millones de hectáreas de uso agrícola.

Vamos cada día hacia un estrés ambiental e hídrico. Presenciamos los bruscos cambios y variabilidades climáticas: desesperante ola de calor y/o frío, carestía del agua, deshielo de los polos, cuyos efectos son claramente visibles en el planeta; efectos que en buena medida son resultado del modelo de desarrollo social y económico extractivo; de la negligencia e indiferencias de unas instituciones del Estado que no han garantizado una vida sustentable y responsable con la naturaleza y una sociedad civil maniatada-paralizada y silenciosa. Los acuerdos sobre Cambio Climático Global lo hacen los Estados, pero no las Corporaciones que son las que en últimas las que imponen y ejercen, verdaderamente, el poder del modelo de sociedad contemporánea consumista, con una capacidad de persuasión publicitaria.

El estrés ambiental se refiere aquella situación de alteración y tensión emocional en el sistema viviente y que es provocada por el agotamiento y el exterminio de los elementos básicos ofrecidos por la naturaleza –como la tierra, el agua, el aire y los alimentos necesarios para la sustentabilidad de la vida– debido a las irresponsables, destructoras y egoístas acciones humanas. Hace parte de ese estrés ambiental, el estrés hídrico que se refiere, precisamente, aquella situación de alteración y tensión caracterizada por una alta demanda de agua y poca cantidad disponible durante un periodo y espacio determinado, debido al deterioro en términos de su cantidad (número de fuentes de agua y ríos secos) y de su calidad (contaminación, salinización, presencia de químicos y venenos, etc.).

Una ciudad como Cali, con siete cuencas hidrográficas, con unas montañas favorables para la inversión térmica, con un Parque Nacional Natural sobre los Farallones con alta diversidad de especies, asentada sobre un valle geográfico con las tierras más fértiles del país para la producción de alimento, tendría que ser la urbe mejor preparada para afrontar los efectos de la variabilidad y el cambio climático. Pero no lo es. Por ejemplo, el 24 de enero de 2016, el río Cali había bajado su caudal a 300 litros por segundo de los 1800 litros por segundo que es el promedio histórico y el río Cauca pasó de tener un caudal de 200.000 litros por segundo, a 85.690 litros por segundo, un bajo nivel récord (El País, 24-01-2016).

En otros lugares de la región se denunciaron múltiples abusos: por ejemplo, ingenios azucareros que captaban agua de forma ilegal en los ríos Frayle y Amaime para sus cultivos mientras las poblaciones aguantaban sed; propietarios privados daban muerte a la Laguna de Sonso para cultivar caña de azúcar; la extrema sequía del río Sambingo en el Cauca y el río Cabí en el Chocó afectados también por actividades mineras, entre otros desafortunados casos.

La solución del gobierno de turno y de sus agencias responsables de la dimensión ambiental del territorio es el mismo repertorio: razonamiento y cortes de agua, amenazas de la actuación de la justicia, multas, etc. Nunca se plantea una solución estructural que confronte directamente el modelo de desarrollo impuesto por las Corporaciones globales y el Estado que tiene repercusiones de gravedad sobre la salud del planeta.

Transgredimos el límite dado por la Naturaleza y ahora pagamos las consecuencias, responsabilizando de esta situación al fenómeno del Niño y ocultando-negando la responsabilidad que recae sobre las Corporaciones, los gobiernos, las empresas y la sociedad civil. Al parecer, será en un escenario en donde ya no haya nada que hacer por cambiar nuestro rumbo de colisión y destrucción, cuando justo adquiriremos la experiencia de respetar y conservar la Madre Tierra.

* Columna de opinión publicada por El Pueblo, 27 de febrero de 2016.

miércoles, 3 de febrero de 2016

¿JARILLÓN SIN SALIDA?

¿Jarillón sin salida?[1]

Por: Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Profesor Universidad Autónoma de Occidente

La constante expansión de Cali, desborda continuamente el perímetro urbano reconocido oficialmente, este proceso expansivo, a veces incesante y descontrolado, se lleva a cabo sobre áreas inapropiadas para la urbanización. Las administraciones municipales de los últimos 25 años, se han comprometido con atender este fenómeno, pero ninguna de ellas ha logrado darle una solución estructural.

La más reciente propuesta liderada por el exalcalde Rodrigo Guerrero frente al jarillón del río Cauca no cumplió con su meta. Y no lo  logró porque la propuesta fue formulada desde el escritorio por tecnócratas y no se hizo en el terreno, de la mano con las propias comunidades. Eso puede sucederle al actual alcalde Maurice Armitage, si toma la postura del “alcalde autista” que no escucha las propuestas que hace la comunidad, e incluso la academia.

La solución integral al fenómeno del jarillón debe superar la visión tecnocráctica de los funcionarios que creen que ofreciendo casas subsidiadas (nunca gratis) van a solucionar esta situación. ´Urbanizar´ los hogares campesinos que han sido víctimas del modelo de desarrollo, del desplazamiento por conflicto armado, megaproyectos o bandas criminales, entregándoles casas de 28m2, como aconteció con la urbanización Potrero Grande, no es la solución. Así como tampoco el uso de la fuerza pública como aconteció en el sector Las Vegas y Venecia en febrero y junio de 2015.

La Alcaldía de Cali en el 2005 había identificado en el jarillón del río Cauca 10 asentamientos informales, con 5.925 viviendas y con una población de 35.778 (promedio de personas por vivienda 6)[2], hoy en día, 10 años después, el Informe Seguimiento al Plan Jarillón de Cali PJC, de la Procuraduría General de la Nación y de la Personería Municipal de Santiago de Cali, señala que existen 26 asentamientos informales con aproximadamente 8.777 viviendas. Es decir,  hoy hay más del doble de asentamientos y un 48%  más  de viviendas, que de mantenerse el promedio de 6 personas por hogar, el número de habitantes se aproximaría a 52.662 habitantes. En 10 años han llegado, por lo menos 16.884 nuevos habitantes, es decir 2.814 hogares.

Esta simple operación mental matemática, nos pone a pensar que contrario a lo esperado, el fenómeno de expansión se complejiza porque faltan  soluciones estructurales de parte del gobierno municipal. Y sobre todo, porque  las pocas acciones de reasentamientos, como por ejemplo el caso de la urbanización Potrero Grande, han sido infructuosas como solución de parte del Estado, y lo que han producido ha sido más problemáticas sociales, principalmente porque no se ha involucrado la participación de la comunidad.

Se requieren de soluciones creativas, inteligentes y participativas que den respuesta a las necesidades de los habitantes, que se respete, por un lado la vida y la dignidad de los hogares asentados en el jarillón (puesto que son familias revictimizadas por la sociedad),  y por otro lado, que se logre la seguridad ambiental de la ciudad. En estos casos, son importantes los diálogos directos entre el señor Alcalde con las comunidades y la participación de la Academia y demás actores de la sociedad civil sensibles a la problemática.
[1] Publicado por El País, 3 de febrero de 2016.
[2] ALCALDIA DE CALI. Boletín Informe especial. 15 de diciembre de 2005. 


sábado, 9 de enero de 2016

ESPECIE HUMANA, ENTRETENIDA Y EN DESTRUCCIÓN

Especie humana, entretenida y en destrucción*



Por Hernando Uribe Castro
Prof. Universidad Autónoma de Occidente
Magíster en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle

Pienso que a los seres humanos no se nos ha dicho toda la verdad con respecto a las condiciones reales que enfrentamos en este planeta. Y lo que se nos ha dicho, a pesar de la gravedad que reviste, al parecer, no tiene la fuerza que requiere un mensaje de este talante para producir cambios significativos en el comportamiento humano. ¿por qué?

Pienso que se nos ha entretenido y este entretenimiento ha conducido a un descuido imperdonable con el planeta. El entretenimiento que se nos produce y que aceptamos a través de los distintos medios masivos y globales de comunicación ha banalizado la crisis ecológica y ambiental: un hecho tan grave como aquel que registró la Agencia Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) en diciembre de 2015, el polo norte no llegó a los -25 grados bajo cero sino que se mantuvo en 2 grados, fue opacado por lo ocurrido en la elección de Miss Universo.

Buena parte de la responsabilidad recae en las elites de poder global, que actúan a través de las Corporaciones globales, que someten a los gobiernos y construyen el mundo a su modo. Que tienen gran influencia y dominan la masa de población global a través de los medios de comunicación, las redes informáticas, las políticas globales que actúan como políticas estatales y la creación incesante de un mercado de necesidades banales para una población que se esclaviza para satisfacerlas. Y también la responsabilidad recae en nosotros que jugamos ese juego.

Elites, corporaciones y gobiernos nos anestesian de las preocupaciones ambientales porque de este modo garantizan la actuación extractiva sobre la naturaleza, la depredación de selvas y bosques, la transformación de la tierra, el agua y el aire como mercancías costosas.

Puesto que al tener unas sociedades preocupadas por las cuestiones ambientales, los individuos y grupos transformarían sus estilos de vida consumista por estilos de vida sustentables y más políticos a favor de la defensa y el cuidado de la naturaleza. Las repercusiones de este comportamiento sustentable afectarían negativamente la rentabilidad del negocio y se produciría la efervescencia de las protestas y de los movimientos sociales globales contra las corporaciones y contra los gobiernos.

Esto implicaría, por un lado, una reducción drástica del consumo de productos con un efecto negativo sobre la rentabilidad  de las empresas, y por otro lado, los gobiernos estarían expuestos a las exigencias, obligaciones y demandas de una sociedad civil vigorizada y sensible a la problemática y la crisis ambiental.

De este modo, una sociedad entretenida es una sociedad consumista, una sociedad ambientalmente responsable afectaría los intereses económicos de las elites, las corporaciones globales y de los gobiernos.

Han puesto nuestras mentes en otros asuntos. Por ejemplo, nos han hecho creer que la “felicidad” se logra con el consumo compulsivo,  y que para poder participar de esta vida de consumo debemos entregar nuestra vida al trabajo y a las deudas bancarias. Que teniendo cuentas de ahorro, comprando casa, vehículos, aparatos de última generación endeudándonos con créditos o hipotecas, participando de lo último en modas y haciendo de nuestros cuerpos artefactos expresivos de belleza, vamos a progresar y lograr nuestros sueños. Vamos a surgir y lograr la tan anhelada felicidad.

Este entretenimiento que experimentamos hoy con fútbol, modas, eventos globales, Internet, tecnologías, cine, música, etc., ha construido un ambiente relajado, de desinterés y ha puesto la destrucción de la vida lejos de nuestras preocupaciones. Incluso, ridiculizan tanto el conocimiento científico como los saberes ancestrales que han hecho el llamado por la gravedad del asunto ambiental.

Por ello, un pensamiento ambiental que transforme las conciencias, las prácticas y, en consecuencia, los estilos de vida promovidas por el modelo de sociedad consumista por estilos de vida sustentables y respetuosos de la naturaleza es tremendamente peligroso para el lucro de las corporaciones globales.

La especie humana está en la obligación de salir de su hipnosis, de actuar y de cambiar el rumbo de destrucción. Lo que se prevé para los tiempos que se avecinan en ésta nuestra casa común, es sencillamente la destrucción total. Y mientras se reafirma ese proceso de destrucción que avanza a toda velocidad, quienes estemos vivos la vamos a pasar muy mal. De hecho, ya lo estamos experimentado.

Somos hoy, una especie humana moribunda e irresponsable, que se entretiene fácilmente en su agonía lenta y muerte certera. O, en otras palabras, somos una especie felizmente entretenida pero moribunda y agonizante, que camina a paso lento a su propio degolladero. Llevándose consigo a otras especies y otras vidas que tuvieron la suerte de pagar el alto costo por convivir con nosotros, justamente, en esta pequeña porción del tiempo y del espacio cósmico.

-------
Apartes del capítulo 2 del libro "Pensando Ambientalmente. De las críticas al sistema a las posibilidades de cambio". 2016. pp. 67-70