![]() |
| Hernando Uribe Castro en la Feria del Libro de Cali, 2018. "La Laguna de Agua Grande: conflicto ambiental en la Laguna de Sonso" |
martes, 16 de octubre de 2018
martes, 25 de septiembre de 2018
LA LAGUNA DE AGUA GRANDE: CONFLICTO AMBIENTAL EN LA LAGUNA DE SONSO EN COLOMBIA
![]() |
| Libro: La laguna de agua grande. Autor: Hernando Uribe Castro |
Narran los historiadores, que
cuando los conquistadores españoles llegaron al valle geográfico del río Cauca,
se toparon con la Laguna de aguas grandes, lugar en donde las comunidades
indígenas realizaban actividades de pesca, y cuyo paisaje era de una belleza
incomparable. En el siglo XX, el proceso de modernización del Valle del Cauca,
la construcción de vías, la expansión cañera y otras actividades afectaron este
importante ecosistema de humedal y a las comunidades que habitaban en él. Desde
hace cinco décadas, los pescadores, pequeños agricultores y habitantes, así
como las universidades e instituciones educativas, agencias del Estado y entes
internacionales, han tratado de protegerla, defenderla y cuidarla de los daños
producidos por la avaricia de agentes privados. Ella se ha convertido en
símbolo de la biodiversidad, de la huella de un pasado rico en flora y fauna y
de la resistencia de las comunidades por la defensa del territorio. La Laguna
de Sonso es belleza, es diversidad, conservación y naturaleza, es educación y
sustentabilidad (Uribe, 2018).
viernes, 3 de agosto de 2018
CONFLICTO AMBIENTAL DEL HUMEDAL EL CORTIJO, CALI - COLOMBIA.
Conflicto ambiental del Humedal El
Cortijo, Cali-Colombia
Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
Las políticas y estrategias que promueven los procesos de
modernización para la ciudad de Cali (capital del Valle del Cauca), han estado enfocadas en la construcción de
infraestructuras y megaproyectos, así como en la ampliación del espacio urbano, que
poco a poco, absorbe antiguas zonas
rurales, caracterizadas por poseer diversos tipos de ecosistemas de gran
fragilidad e importancia para la sustentabilidad de la vida.
La geofagia urbanizadora en el sur de Cali, promovida por
los agentes del Estado, las Corporaciones, así como por las empresas inmobiliarias y constructoras,
han afectado directamente el sistema ecológico de la zona. Solo basta
observar los efectos de la canalización de los ríos Cañaveralejo, Meléndez y
Lilí por parte de las instituciones del Estado hacia finales del siglo XX, para evidenciar el alto costo ambiental de esta intervención humana sobre la plataforma ambiental.
Un proceso expansivo y destructor de naturaleza que, desde entonces, no se detiene, e incluso, se percibe en aumento, materializado en el conjunto de construcciones de nuevas urbanizaciones, condominios, obras e infraestructuras para la ampliación de vías y proyectos urbanos. Poco a poco se abre el espacio para el mercado del suelo y su transformación de renta rural a renta urbana.
Un proceso expansivo y destructor de naturaleza que, desde entonces, no se detiene, e incluso, se percibe en aumento, materializado en el conjunto de construcciones de nuevas urbanizaciones, condominios, obras e infraestructuras para la ampliación de vías y proyectos urbanos. Poco a poco se abre el espacio para el mercado del suelo y su transformación de renta rural a renta urbana.
Estas políticas de desarrollo, lideradas desde la Administración
Municipal de Santiago de Cali, desconocen la importancia de la
conservación y protección de estas áreas que son sensibles ecológicamente y, que además, cumplen funciones especiales para la plataforma ambiental del
territorio. Políticas que van en contravía a lo estipulado por la
Convención Marco sobre el Cambio Climático, así como con la Política de
Protección Jurídica de Humedales (Ley 99/1993, o por ejemplo, la Resolución
VI.18 de la COP de la Convención Ramsar, entre otras).
No se pude olvidar que los humedales son ecosistemas que poseen
diversidad de flora y fauna, y desempeñan funciones hidrológicas, climáticas y de
regulación microclimática. El Humedal El Cortijo se ubica junto al río Lilí en el sur de Cali.
Sobre este escenario, se lleva a cabo un Megaproyecto de infraestructura (Un “Complejo de Servicio
de Transporte” que incluye la Terminal del MIO y, que seguramente involucrará
también, una Terminal del Transporte Intermunicipal e Interdepartamental), obra
que degrada este preciado ecosistema, el cual hace parte de todo el
sistema hidrológico del río Lilí y de la cuenca del Alto Cauca. Un humedal que aporta a la conservación de la fauna
y flora existente en esta parte del territorio, así como a la regulación de las
aguas del río Lilí. Incluso, es una zona con un potencial arqueológico, pues sobre este lugar habitaron comunidades indígenas prehispánicas.
Frente a este megaproyecto, las comunidades y organizaciones de vecinos del sector del Valle
del Lili se han dado en la lucha por la defensa de éste humedal y su entorno, a
través de distintos repertorios de acción colectiva como por ejemplo, la lucha
jurídica por la defensa del humedal, así como por otras vías como la protesta
social ambiental (marchas, bloqueos de vías para evitar el ingreso de maquinaria, las concentraciones, etc.) y la movilización de la opinión pública (las asambleas, los afiches
informativos y las entrevistas en medios noticiosos locales).
La lucha de las comunidades vecinas, y grupos sensibles, en defensa
del humedal, continúa día a día. Y más aún, cuando de forma organizada, trabajan con
argumentos jurídicos y políticos. Incluso, estableciendo alianzas estratégicas con
otros actores sensibles a estas problemáticas como organizaciones de
ambientalistas, universidades, veedurías ciudadanas y juntas de acción comunal.
La obligación de las agencias del Estado es controlar y ordenar
todo este proceso. No se entiende qué papel ha cumplido la política de
ordenamiento territorial en cuanto a la conservación de estos ecosistemas
estratégicos. Se percibe unas instituciones del Estado que impulsan políticas extractivas
de ecosistemas y recursos, en beneficio de los proyectos de desarrollo,
megaobras y todo tipo de infraestructuras insustentables e insostenibles. Obras,
que como muchas otras realizadas en el país, seguramente benefician las arcas
privadas de los inversionistas privados y corporativos, en detrimento de los elementos de la naturaleza y la diversidad de la vida.
El pensamiento y la acción ambiental y ecologista actual, ayudan a
comprender propuestas y rumbos de acción, para transformar realidades adversas,
y contrarrestar los efectos negativos de una humanidad egoísta y con
inclinaciones a la destrucción de su nicho planetario.
jueves, 21 de junio de 2018
COMUNIDADES DESPOJADAS Y "DESCAMPESINIZADAS"
Comunidades despojadas y “descampesinizadas”
Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
![]() |
| Hernando Uribe Castro |
En la segunda mitad
del siglo XX y lo que ha corrido del siglo XXI, la ciudad de Cali se convirtió
en foco de llegada de población despojada y desplazada por motivos tales como:
conflicto armado (Caso en el Macizo Colombiano y todo el Pacífico), desarrollo
de megaproyectos agenciados por el Estado (casos represas de Salvajina y
Anchicayá), actividades extractivas legales e ilegales (casos río Dagua y
Departamentos del Cauca y Chocó), eventos por desastres (caso Tumaco),
narcotráfico (todo el suroccidente y zona cafetera desde el Departamento de Antioquia
hasta la frontera con Ecuador), agresiones-persecución y muerte a líderes y
lideresas (provenientes de todo Colombia), entre otros.
Por sólo citar algunos
datos recientes (para el caso concreto del Pacifico colombiano) y aportados por
la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), “Entre
2010 y 2017, han ocurrido por lo menos 576 eventos de desplazamiento masivo[1] y
múltiple, lo que corresponde al 71% del total eventos en el país 170.000
personas que equivale al 81% total de las víctimas identificadas en el
monitoreo”[2].
Esta población,
en su mayoría campesina, afrodescendiente e indígena, enfrenta la situación de despojo
y desplazamiento forzoso y se ve obligada a salir de sus tierras para llegar a centros urbanos como la ciudad de Cali. En
este lugar, las familias víctimas enfrentan la vida urbana en espacios que son
marginalizados y segregados como sucede con los asentamientos informales, muchos
de ellos considerados por los agentes del Estado como “invasores”. Fueron víctimas
por el despojo en su lugar de origen y, una vez en la ciudad, revictimizadas
como “invasores”.
Es un hecho que
los asentamientos informales en Cali siguen en aumento. Cada día, aparecen noticias
sobre los intentos realizados por grupos de población por tomar tierras mediante
vías de hecho en zonas de alto riesgo para construir sus viviendas, incluso
enfrentando la fuerza pública. Según se anuncia, “En las 133 invasiones que hay
actualmente en Cali habitan 150.000 personas, de las cuales al menos un 40 % se
encuentran en zonas de alto riesgo no mitigable, es decir, cerca de 62.000
personas”[3]
Históricamente, las
autoridades locales utilizan diferentes repertorios de acción para enfrentar la proliferación de estos asentamientos, los cuales van desde: el
uso de la fuerza pública (para atender
los nuevos casos de intentos de formación de asentamientos humanos informales),
la ejecución de políticas de relocalización
(para la población que viven en asentamientos que llevan décadas de existencia
y que se perciben en riesgo por ubicarse en zonas de alto riesgo) y para una
gran mayoría de casos, se produce la “formalización”
y “regularización” de los asentamientos,
sobre todo cuando no son atendidos o no se les ha prestado la atención debida.
Para el caso de
los asentamientos informales ya establecidos desde hace algunos años y que se
encuentran en zonas consideradas como de alto riesgo -como sucede con los
existentes en el jarillón, Charco Azul, Pondaje o en algunas zonas de ladera-, las
soluciones planteadas están enfocadas a las políticas de relocalización y reagrupamiento; es
decir, se producen políticas de relocalización de familias que viven de modo informal
en diferentes zonas de la ciudad, en su mayoría de origen campesino, y se
reagrupan en zonas de urbanización conformadas por casas o apartamentos entre 28 y 35 m². Todo ello, como
parte de las políticas públicas de vivienda que albergan a la población
sin acompañamiento de parte de las instituciones del Estado y confinadas a
vivir en estos lugares reproduciendo, en algunos casos, la segregación, la
marginalidad, la miseria, la violencia y la criminalidad.
Un caso claro de reagrupamiento de población confinada a vivir en una zona de urbanización catalogada hoy como una de las más violentas de la ciudad es la Urbanización "Potrero Grande" en el oriente de Cali. Se trata de una población que continúa siendo marginalizada, estigmatizada y confinada por las autoridades, física y simbólicamente, a realizar sus vidas en estos lugares. Lugares sobre los que se ejerce, lo que hemos denominado en otros momento, un “encerramiento simbólico”, a pesar de que no existe una malla o reja que la separe de los demás lugares de la ciudad[4].
Esto es, en
otras palabras, un proceso de urbanización de familias campesinas cuya condición
de vida expresa, como lo dice Garay, “serios problemas de exclusión y marginalidad”[5]. Fíjese
que no son políticas de retorno a sus lugares de origen, o políticas que
refuercen la restitución de tierras. Es sabido que en Colombia, han existido
dificultades para hacer posible el cumplimiento de la Ley de Victimas y
Restitución de Tierras. Todavía se dan pasos lentos en este sentido, y los
resultados no han sido los esperados ni los proyectados por la complejidad de
lo que significa el retorno de los campesinos al campo en un país donde los
espacios rurales continúan cooptados por nuevos grupos delincuenciales, neoparamilitares,
disidencias y redes criminales.
Con un
agravante, y es que conociendo el ambiente que rodeará al nuevo gobierno
nacional elegido el 17 de junio del 2018, y cuya meta anunciada fue “hacer
trizas el Acuerdo de Paz”, se prevé un escenario en el que el proceso de paz ingresará
en su peor crisis. Proceso del que depende la convivencia en el campo, el
retorno de los campesinos y la implementación de todas las políticas que
favorecen a las víctimas, las comunidades y sus territorios. Por lo visto, el
aumento en número de comunidades “despojadas”, campesinos “descampesinizados” y
“proletarizados” y reagrupados en zonas de urbanización en las ciudades en
Colombia será parte del diario vivir.
A pesar de
ello, en Colombia, todavía existen familias, grupos y comunidades campesinas,
indígenas y afrodescendientes que se resisten a dejar sus tierras, sus
pertenencias, su lugar de vida; a dar la luchar por lo que son y a defender el
terruño para resistir los embates de un modelo de sociedad arrasadora y "descampesinizadora", de unas
políticas agresivas y lesionarías y unas redes criminales que van por sus
pertenencias, sus fuentes productivas y sus bienes de la naturaleza.
[1] "De acuerdo con
el Decreto 2569 de 2000, se entiende por desplazamiento masivo un evento en el
que se desplazan por lo menos 10 familias o 50 personas, por las mismas
circunstancias. De acuerdo con la metodología de CODHES, un desplazamiento
múltiple, es todo aquel que supera las 10 personas, pero no alcanza a ser
masivo." (Codhes, 2017).
[2] CODHES, (2017).
Boletín CODHES, no. 93. Consultoría para los Derechos Humanos y el
Desplazamiento. Bogotá, noviembre de 2017. p. 2.
[3] El País, (2018).
62 mil personas que viven en invasiones de Cali están en alto riesgo. Junio 12
de 2018.
[4] Uribe-Castro, H., Holguín, C. J., & Ayala-Osorio,
G. (2016). De “invasores” a población urbanizada: encerramiento simbólico de
los habitantes de Potrero Grande en Cali-Colombia. PROSPECTIVA. Revista de
Trabajo Social e Intervención Social, (21), 181-211.
[5] Garay, L. J.
(2009). El reto ante la tragedia humanitaria del desplazamiento forzado:
reparar de manera integral el despojo de tierras y bienes. Comisión de
Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento Forzado, Bogotá. p. 74.
martes, 8 de mayo de 2018
EL MERCADO DEL MIEDO
El MERCADO DEL MIEDO
Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
E.
Galeano (1998), afirmaba que “muchos de los grandes negocios promueven el
crimen y del crimen viven”. No es raro
entonces que gobiernos, corporaciones, entes del control y autoridades, estén
interesados en la producción y reproducción de los miedos. Los espacios de la
vida están saturados de todo tipo de mecanismos, aparatos o sistemas de control
y vigilancia producidos, distribuidos, comercializados y consumidos por todos
los lugares del mundo. Están en el subsuelo, la superficie terrestre y el
espacio exterior. No hay dimensión planetaria en donde no estén presentes.
Y
esta situación ha sido de gran beneficio lucrativo tanto para las
multinacionales especializadas en el negocio de la vigilancia privada, como para
las corporaciones globales que abastecen al mundo de armamento y artefactos de
guerra. En calles, plazas, espacios privados y públicos, la vida cotidiana está
rodeada de circuitos cerrados de televisión, alarmas por monitores, cámaras de
seguridad que controlan a la población, sistemas satelitales de vigilancia,
dispositivos móviles vigilados, seguimiento a llamadas y uso de internet y todo tipo de avance tecnológicos. ¿Seguridad o
libertad? es la paradoja reflexiva sobre la que orbita el pensamiento de Foucault.
El
geógrafo R. Méndez (1997), había señalado hace veinte años atrás que la tercera
revolución puede caracterizarse por el desarrollo de “la técnica para el diseño
y producción de circuitos electrónicos en miniatura mediante el uso de
elementos semiconductores, su rápido desarrollo en las últimas décadas tiene
como punto de partida el descubrimiento del transistor (1947), para atravesar
una serie de etapas sucesivas marcadas por la aparición del circuito integrado
(1957), el procesador planar (1959) y el microprocesador (1971)” (Méndez, 1997,
p. 164)
En
este contexto de civilización, sobre cada ser humano recae la sospecha. No existe
espacio que no esté vigilado, controlado, manipulado por sistemas de información
y vigilancia. Estructura social de la vigilancia que opera en la estructura
mental y cognitiva de los individuos. Controles y autocontroles operan como
complementos. Monitores, cámaras ocultas, pantallas y espejos como paredes, software
de escaneo de cuerpos con rayos que traspasan la piel y los órganos, rejas eléctricas
y electrónicas operadas por computadores o vigilantes que afinan el ojo para
captar a los intrusos, los expías, los suspicaces e “indeseados”.
Miedos,
in-seguridades, desconfianzas que pesan sobre los cuerpos de cada habitante. Cada ser viviente que se moviliza, que
respira, que suspira, que se comunica, y que posee su propia historial, es reconocido y se convierte en objeto de
vigilancia, en “cosa” a la que se le debe prestar toda la atención. Como lo he
manifestado en varias oportunidades, se ha llevado al extremo de hacer pensar y
sentir que “todo ciudadano es potencialmente culpable de algo” y por tanto es
una potencial amenaza.
Galeano
nos evoca una frase de empresario “Nuestra mejor publicidad son los noticieros
de la televisión” (Galeano, 1998, p. 108). Noticieros que in-forman hechos
noticiosos todos los días sobre el dolor de la gente, el crimen formal e
informal, la guerra “embellecida” con sonidos de sirenas, misiles que caen
sobre pueblos como estrellas fugaces que se descuelgan del cielo, luces de
ambulancias que iluminan las oscuras calles urbanas, agentes militares, de policía
y autoridades que atrapan, encarcelan y exigen orden. El mercado lingüístico socializado
por gobiernos y medios masivos que se encargan de reproducir cotidianamente el
miedo y la in-seguridad, así como del control y la vigilancia han aumentado.
Sin
duda alguna, las corporaciones globales y nacionales, el mercado de la
in-seguridad y el oficio guerrerista en todo el mundo están ampliando sus arcas
y ganancias porque con la construcción social del miedo se logra excedentes de rentabilidad,
dividendos que representan gigantescos capitales. No es extraño entonces que
entre más vigilancia, más inspección, más autoridades policiacas y militares,
aumente exponencialmente el miedo y la in-seguridad. La sociedad se arma, el
Estado se arma, las corporaciones se arman. Galeano nos recuerda en este
sentido que, “el miedo es la materia prima de las prósperas industrias de
seguridad y del control social” (1998, p. 107). Así como el miedo puede
aproximarnos, también puede producir la destrucción de la solidaridad, la
confianza y la palabra.
Sin
duda alguna, la construcción del miedo, que es social y ambiental, está abarcando todas las
dimensiones de nuestra existencia. Miedos que al estar incorporados en nuestros
cuerpos y nuestras almas no permite que los miedos del exterior nos reduzcan a
migajas y polvo.
viernes, 16 de marzo de 2018
CALI Y SU SOSTENIBILIDAD DÉBIL
Cali y su sostenibilidad débil
Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
A lo largo de las últimas décadas en la ciudad de Cali -así como
en muchos otros lugares de Colombia, América Latina y el mundo-, los gobiernos
locales y nacionales, organizaciones internacionales y Corporaciones globales
han puesto en el discurso del Desarrollo Sostenible
una profunda confianza que -como fundamento de las agendas del desarrollo, como
instrumento político y económico, como medidas, mecanismos y prácticas
sociales-, conducirá hacia unos escenarios más ecológicos y responsables
ambientalmente.
A pesar de ello, en lo concerniente a la sostenibilidad urbana, las evidencias muestran claramente que la
expansión urbana y la dinámica de la ciudad no solo son insostenibles, sino que
además caminan, vía a la profundización de la insostenibilidad. No solo porque a lo largo de su historia, el
denominado desarrollo urbano produjo efectos irreversibles sobre aquellos
ecosistemas sobre los que se asentó la ciudad, sino también porque esta urbe
que se construye hoy en día, evidencia escenarios poco ecológicos y
ambientalmente más insustentables.
La expansión urbana sobre antiguas zonas de humedal (conflicto
Humedal El Cortijo), la creciente urbanización sobre las zonas de ladera de los
ríos (El caso de la urbanización en el sector de Pance), la transformación del
paisaje boscoso por patrones de asentamiento de fincas de veraneo (En las zonas
del río Cali y Aguacatal, así como el sector de La Buitrera), la canalización
de los ríos (como el río Cañaveralejo) y el incontenible mercado del suelo
hacia el sur de la ciudad en conexión con la urbanización en Jamundí, son
muestras claras de todo este proceso.
Es evidente todavía que, ni las instituciones, ni sus agentes-,
tienen claridad sobre la importancia de los principios de responsabilidad
ambiental. La sostenibilidad es usada
por agentes e instituciones como un concepto más que adorna los proyectos
planteados, como para cumplir con las demandas exigidas por las agencias
globales ambientales, pero en la práctica, su sentido se desvanece.
No basta con dejar unas cuantas zonas verdes, limpiar calles,
sembrar algunos árboles. La responsabilidad ambiental es un proceso más
profundo que tiene que ver con un cambio sincero y genuino de una estructura
social, mental y cognitiva por un ambiente sano y seguro. Unas políticas
genuinas que contemplen la importancia de los elementos de la naturaleza (el
agua, la tierra, el aire, la diversidad de especies) para la sustentabilidad de
la vida de humanos y de las demás especies.
Antes de responder cómo hacer de Cali una ciudad sostenible, es
necesario pensarse porqué prevalecen las prácticas de insostenibilidad e insustentabilidad. Infortunadamente, la
organización del sistema político, de la administración local, departamental y
nacional del Estado está elaborada sobre bases de fragmentación y
departamentalización que hacen de sus acciones limitadas cuando tienen que
hacer frente a la resolución de problemas y conflictos. Resoluciones que
también son respuestas fragmentadas, descontextualizadas y segregadas. A veces
corroídas por la corrupción, el oportunismo y el clientelismo.
Y esta fragmentación no solo existe en la acción política
institucional sino que se evidencia también en la mente de todos aquellos agentes
que tienen el ejercicio del poder y de la toma de decisión. Hace falta pensar
la integridad, la ciudad como un sistema que integra elementos ecológicos y
sociales. La ciudad, lo urbano, no solo son cuestiones relacionadas con un
sistema de objetos, sino que estos están en plena interacción con un sistema de
acciones.
El ordenamiento del territorio no se debe dejar solo a los
políticos y a las empresas inmobilitarias. Pensar un territorio es una tarea
conjunta de todos los actores y agentes de la sociedad. No es para un club
selecto que se dice profesional y sobre los que recae la vida de millones
personas y de toda la trama de la vida existente en los territorios.
¿Cómo frenar esta insustentabilidad? ¿Cómo comprometer a todos los
agentes y actores sociales en el camino de la responsabilidad ambiental y con
la vida? ¿Es posible un modelo urbano distinto y que ponga contrapeso a la injerencia
de los especuladores, corruptos, clientelistas y depredadores de la naturaleza?
¿Cómo transitar de la sostenibilidad débil y de papel mojado a una sustentabilidad
fuerte y profunda?
Etiquetas:
ciudad sostenible,
crecimiento urbano,
Desarrollo sostenible,
sostenibilidad débil,
sostenibilidad urbana,
sustentabilidad fuerte,
trama de la vida
viernes, 9 de marzo de 2018
SEGUNDO AVISO A LA HUMANIDAD
SEGUNDO AVISO A LA HUMANIDAD
Por:
Hernando
Uribe Castro
Doctor
en Ciencias Ambientales
![]() |
| Hernando Uribe Castro |
En noviembre de 1992, la Unión de Científicos Preocupados lanzó el primer documento titulado “Advertencia a la humanidad
de los científicos del mundo”. Texto que se puede ubicar en el siguiente link: (http://actionbioscience.org/esp/ambiente/worldscientists.html).
En este documento se
indicaba textualmente que: “Los seres humanos y el mundo natural se encuentran en rumbo a
una colisión. Las actividades humanas infligen daños severos y a menudo
irreparables al medio ambiente y a los recursos críticos. Muchas de nuestras
prácticas actuales, si no son controladas, ponen en riesgo al futuro que todos
deseamos tanto para la sociedad humana como para los reinos de las plantas y de
los animales, posiblemente alterando al mundo viviente en forma tal que será
imposible sostener a la vida en la manera como ahora conocemos. Es urgente
llevar a cabo cambios fundamentales si queremos evitar la colisión que nuestro
curso actual nos va a traer” (American Institute of Biological Sciences, 1992,
p. 2).
25 años después, en 2017, apareció
un segundo documento conocido como el segundo aviso “Advertencia de los científicos
del mundo a la humanidad: un segundo aviso [1]
firmado por William J. Ripple, Christopher Wolf, Thomas M.
Newsome, Mauro Galetti, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud,
William F. Laurance y 15,364 científicos de 184 países (http://www.abc.es/ciencia/abci-segunda-advertencia-humanidad-estudio-arrasa-201803072041_noticia.html).
En éste nuevo manifiesto se dice que
a pesar de las advertencias hechas a lo largo de los últimos años, la situación
ambiental del planeta está empeorando. Es dramática la situación del cambio climático, la deforestación, la extinción
de especies, la falta de agua dulce y el crecimiento de la población. El
informe señala: “Estamos poniendo en peligro nuestro futuro al no frenar
nuestro consumo material intenso pero geográficamente y demográficamente
desigual y al no percibir el rápido y continuo crecimiento de la población como
un motor primario detrás de muchas amenazas ecológicas e incluso sociales
(Crist et al.2017).” (pág. 1026). Hacen un llamado para que “los científicos,
los medios influyentes y los ciudadanos laicos insistan para que sus gobiernos tomen medidas
inmediatas como un imperativo moral para las generaciones actuales y futuras de
seres humanos y otras formas de vida.” (pág. 1026).
Al compartir este segundo aviso de
los científicos al mundo, uno mis colegas
profesores del Doctorado me ofreció una contundente, sabia y concreta reflexión:
“el texto confirma muchas cosas y cifras que de alguna forma ya conocemos […] sigue
resultando sorprendente, por decir lo menos, cómo en el camino de tan solo 2.400
años de “civilización” occidental, nosotros los seres humanos nos desconectamos
del Ser y su revelación (Aletheia), y también dejamos de lado la búsqueda de la
excelencia como humanos (Arethé). No resulta sorprendente que los clásicos y el
saber ancestral estén siendo revisitados hoy en búsqueda de respuestas, al
menos consoladoras, para esta crisis que a todas luces es nuestra única y
exclusiva responsabilidad como especie consciente y “libre”." (Mensaje del profesor M. Peña).
Mensaje muy interesante porque nos invita a pensar que la especie humana no sale de su
letargo, del encantamiento, de la somnolencia que le produce todo el
entretenimiento que le ofrece, sobre todo hoy en día, el mundo corporativo en
el marco de una sociedad altamente consumista. Al parecer, aún pesa sobre la especie humana
acciones de gran irresponsabilidad con respecto a los efectos de sus prácticas humanas
en un planeta que es frágil y limitado. No es posible seguir creciendo
económicamente en un planeta que tiene límites.
Estamos ante un sistema económico y
político que desvía la atención de los humanos -de los temas verdaderamente importantes
y sobre los que se debe tomar conciencia-, hacia las cuestiones banales, del
interés corporativo y compulsivo consumista. Como precisamente lo dice el
profesor Peña, nos desconectamos del ser y dejamos de lado la búsqueda de la
excelencia como humanos.
No se puede confundir la excelencia que como especie humana se debe
alcanzar en la trama de la vida del sistema planetario, con la “excelencia” que
exige la sociedad del capitalismo a cada uno de los individuos y que privilegia
las relaciones del Desarrollo, de los Flujos de Capital, de la Acumulación, de
la Calidad y de la Competitividad. No se
puede ocultar la realidad que vive el planeta en términos ambientales y
ecológicos con la fantasía, los velos y los engaños que produce la sociedad del
dominio corporativo y financiero. Grupos que ejercen gran poder glolocal, que
se han dado en construir entre los seres humanos un imaginario de sociedad altamente
productiva, tecnologizada y sustentada en un mercado lingüístico enfocado en
conceptos tales como la ganancia, la competencia, el éxito, la fama y la
fortuna.
Es necesario retomar el rumbo de la humildad de especie como parte
de la trama de la vida en un planeta que como la Tierra, albergó los humanos y
toda la diversidad de especies y de la inmensidad de las formas de vida. Los seres
humanos no somos el centro del universo. El planeta Tierra no necesita de la
especie humana pero, sin duda alguna, la especie humana si necesita de las
excelentes condiciones que le ofrece todo el sistema planetario para poder
vivir y proyectarse en el universo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




