Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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lunes, 11 de mayo de 2015

SISTEMA FINANCIERO GLOBAL, CRISIS AMBIENTAL Y ÉTICA

Sistema financiero global, crisis ambiental y ética

Por
Hernando Uribe Castro

La acción humana ha generado importantes efectos sobre los elementos de la naturaleza. Lo que ha sucedido a lo largo de la existencia social sobre la tierra, es que precisamente cada época precisó un modo particular de comprender su relación con ella. De ahí, emerge el planteamiento del filósofo Hans Jonas, cuando estima que: “Para el hombre antiguo y medieval, pretécnico (en la acepción moderna de la «técnica»), la naturaleza era algo duradero y permanente, sometido ciertamente a los ciclos y cambios, pero capaz de curar sin dificultad las pequeñas heridas que el hombre le causaba con sus minúsculas intervenciones. Esto ha cambiado radicalmente con la aspiración de la ciencia moderna y la técnica que de ella se deriva. Ahora el hombre constituye de hecho una amenaza para la continuación de la vida en la Tierra. No sólo puede acabar con su existencia, sino que también puede alterar la esencia del hombre y desfigurarla mediante diversas manipulaciones. Todo esto representa una mutación tal en el campo de la acción humana que ninguna ética anterior se encuentra a la altura de los desafíos del presente.” (1995:8)

En los últimos siglos el capitalismo generó impactos ecológicos profundos e irreversibles. Un actor responsable de la crisis ambiental global es el Sistema Financiero y sus principales organismos: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. Es responsable porque a través de sus organismos, oficinas y sedes, se han aprobado inversiones, préstamos y apoyos a Estados, corporaciones y/o empresas. Un sistema que financia todo tipo de iniciativas que produzcan rentabilidad, sin importar los daños que generen sobre la naturaleza y la humanidad.

A través de sus políticas, alienta a los gobiernos, a imponer planes de desarrollo alineados con sus intereses, para hacer aún más frágiles a los Estados en lo que toca a sus instituciones y en su responsabilidad social y ambiental. Al tiempo que los debilitan, los hacen fuertes para afianzar el negocio internacional, liberar sus economías al mercado mundial, especializar los territorios a partir de las llamadas ventajas comparativas. A promover actividades extractivistas focalizadas en los recursos fósiles, minerales y biológicos. A desarrollar megaproyectos que impactan las comunidades y sus entornos locales. A abaratar la mano de obra. A imponer paquetes tecnológicos que destrozan el ambiente y exterminan las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Esto ha sido claro en América Latina con la tendencia al extractivismo, los megaproyectos y la ampliación de la línea de pobreza y miseria.

También alienta a las Corporaciones globales (ICBC, China Construction Bank, JPMorgan, General Electric, Exxon Mobil, HSBC Holdings, Royal Dutch Shell) y grupos empresariales, como las mineras (BHP Bilinton, Vale, Rio Tinto, Anglo American, Freport-McMoRan) con préstamos jugosos, para financiar sus proyectos e inversiones en recursos fósiles como petróleo, carbón y mercados de carbono. Incluso, se les han aprobado inversiones, préstamos y apoyos para implementar negocios con el agua, la tierra, el aire, el subsuelo en diferentes partes del mundo, con retorno a grandes velocidades de capitales y ganancias. Y detrás de estos proyectos, aparece “oculta” la ciencia y todos sus desarrollos científicos y técnicos.

Como es de esperarse - y frente a la presión global por la necesidad de resolver el problema del calentamiento global y depredación de la naturaleza-, estos organismos internacionales construyen un discurso ecológico (ecología débil), como mecanismo con el que pretenden mostrar su interés y preocupación por la salud del planeta y la sociedad. Por ejemplo, en algunos países se vienen utilizando los “Bonos verdes”. Según el Banco Mundial “El año anterior se  emitieron bonos verdes por unos US$11 000 millones.” ¿Son estos bonos verdes una posible solución? ¿Acaso no se pueden poner en  práctica de parte de estas corporaciones, soluciones mucho más radicales?

¿Cuánto dinero se mueve a través  del sistema financiero global para la exterminación ambiental en los territorios latinoamericanos? ¿Se abstendrá el sistema financiero de aprobar préstamos a corporaciones globales encargadas realizar proyectos extractivos altamente destructores del planeta y de las condiciones del sistema viviente? ¿Cuánto de nuestro dinero depositado en los bancos, como ahorros, fueron utilizados para financiar empresas destructoras de la naturaleza y de las comunidades locales? ¿Es posible que las corporaciones financieras utilicen criterios éticos para realizar préstamos a empresas que acaban con el ambiente local y global?

¿Por qué en Colombia no se ha planteado este debate ético de los bancos y corporaciones financieras en su responsabilidad con la crisis ambiental? ¿Se habla siquiera de las inversiones sostenibles tanto del Estado como de los  privados? ¿Hacen parte estas discusiones de la agenda política en los escenarios de decisión en este país? Por tanto, urge poner en juicio ético y político -por las implicaciones que han tenido sus acciones y actos sobre la naturaleza, el clima, la destrucción de zonas frágiles y las comunidades locales- al sistema financiero y sus secuaces.

Estamos urgidos de tomar la recomendación que magistralmente lanzó a todas voces Hans Jonas sobre la necesidad de una nueva ética orientada al futuro, que debe regir el presente: la ética de la responsabilidad. Las éticas fundadas en el pasado quedaron desbordas con las acciones humanas logradas por la ciencia y la tecnología. Y esto nos pone en un grave problema porque para las condiciones de crisis ambiental y humana del presente, todavía operan esas éticas ya desgastadas. Por ello, la naturaleza parece no doler, no importar y no ser parte de nuestra responsabilidad en un mundo que está gobernado por la ingenuidad de la humanidad, el egocentrismo de especie, la arrogancia de unos pocos y la vanidad de su poder, donde el capital es flujo -invertido y con altas y veloces tasas de retorno y ganancia-, y que tiene la capacidad de ocasionar daños irreparables e irreversibles sobre el planeta.


La ética de la responsabilidad se hace mucho más urgente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de vida”. (H. Jonas, 1995:40).

sábado, 11 de abril de 2015

CALI, AGONÍA DE SU NATURALEZA

Cali, agonía de su naturaleza

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Estudiante del doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad del Valle
Profesor e Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

La construcción de la ciudad de Cali, así como la de cualquier otra en el mundo, tiene efectos destructivos sobre la naturaleza. En tiempos pasados esto no se consideraba de importancia, como sí lo es hoy en día.

Cuando se observa al Municipio de Cali, es claramente visible que lo ambiental sigue siendo y considerándose como un elemento muy marginal, porque los primeros elementos de preocupación para sus gobernantes como para la mayor parte de la población son: el desarrollo, el progreso y el crecimiento económico.

La ciudad y sus pobladores se han convertido en mercancía y consumidores, respectivamente, por ese reduccionismo económico con el que se asume la vida. Incluso, se plantea abiertamente, “ingenuamente”, que con más desarrollo y crecimiento se pueden resolver los problemas sociales y ambientales.

La ciudad de Cali cuenta con problemas y conflictos ambientales complejos y estructurales a los que al parecer, aun no se les ha plantado solución alguna, así como tampoco se vislumbran soluciones a futuro, a pesar de que su Plan de Ordenamiento Territorial (POT) sea considerado como un POT ambiental: consideración ésta que es verdaderamente falsa.

Uno de esos problemas tiene que ver con el lugar que ocupan sus ríos y los usos en sus respectivas cuencas. Nada más perverso que una ciudad que tapizó sus afluentes y que los convirtió en canales residuales. Los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lilí, terminan en el canal CVC Sur, como afluentes de las aguas servidas de la ciudad. Depositadas luego, como aguas contaminadas, en el río Cauca.

La sobre explotación que tiene el río Cali a lo largo de todo su trayecto; la presión increíble que por procesos de urbanización y del turismo (“ecoturismo”) presenta el río Pance; la canalización del río Cañaveralejo que desapareció totalmente del paisaje urbano, son solo algunos casos.

Otro de los problemas, tremendamente complejos, es la pérdida de la cobertura vegetal y la constante erosión de las montañas. Es visible la explotación de recursos minerales sobre las faldas de la cordillera. Solo basta dar un vistazo desde cualquier lugar de la ciudad hacia la cordillera, para observar el avanzado estado de deterioro de las laderas, causadas por la incesante urbanización legal e informal que va, desde asentamientos ilegales, hasta la construcción de edificios de apartamentos para clases sociales adineradas, expansión de las casas de campo o de descanso (fincas turísticas), la tala del bosque, los incendios y la pérdida de suelo sobre las pendientes.

Increíblemente y frente a las narices de toda la comunidad y las autoridades, el Cerro de las Tres Cruces -ícono histórico, simbólico y atractivo-, se ha ido tajando poco a poco por la extracción de material de la roca de la montaña que se realiza en uno de sus lados. El efecto causado en este Cerro es irreparable, sobre todo, porque la actividad extractiva que se realiza ahí, está incidiendo tanto en la ladera como en el río Cali. Volquetadas de material de roca son extraídas incesantemente. El Cerro muere poco a poco por mutilación y erosión.

Las contaminaciones atmosférica, por ruido y paisajística tanto en el norte de la ciudad -causada por las actividades constantes del sector industrial- como en el sur -por la alta concentración de autos generando polución, quema de caña, presencia de lo que un pasado fue el basuro de Navarro y la transformación del paisaje por la expansión de las empresas urbanizadoras-, han hecho de estos sectores puntos críticos ambientales.

Además de que existen problemas y conflictos ambientales -por áreas atestadas de basuras por comercio o falta de recolección, zonas de escombros sin control, puntos de concentración de calor urbano, tala de árboles y disminución de fauna urbana, olores por industria urbana, la disminución de los parques arbolizados-,  existen otros graves problemas que están relacionados con la historia de la ciudad. Más de la mitad de Cali está asentada y fue construida sobre zonas de humedal, lagos y madres viejas que fueron exterminadas en nombre del progreso y el desarrollo urbano y regional. Humedales que fueron desecados, rellenados y urbanizados, eliminando la dinámica del río Cauca y toda la biodiversidad existente en ellos.

Las políticas ambientales no solo son insuficientes, sino que parecen no ponerse en funcionamiento para disminuir estos irreversibles impactos. La sociedad aun no parece reconocer estos graves problemas pues de reconocerlos, no harían espera las protestas y movilizaciones en contra de la muerte de la naturaleza local.

El miedo a la ciudad se sigue percibiendo en términos de criminalidad, seguridad e inseguridad, pero la sociedad aun no percibe el miedo ecológico y ambiental frente a la increíble amenaza ambiental a la que se ha expuesto esta ciudad.

Como lo he planteado insistentemente, se está ante Administraciones locales impotentes, congeladas, indolentes y negligentes frente al deterioro ambiental y el riesgo al que se expone la ciudad al haber destruido su plataforma estructural ambiental, entre ellas, sus cuencas hidrográficas, en nombre del desarrollo y progreso. Una sociedad adormecida que poco percibe y poco le interesa el riesgo ambiental al que se expone por la destrucción de la naturaleza local.

Todo ello, porque las problemáticas ambientales urbanas y rurales del Municipio, aquellas que nos afectan, todavía se perciben como hechos secundarios, cuando deberían estar en el primer lugar y como eje central de nuestras preocupaciones.



lunes, 6 de abril de 2015

COMENTARIOS A TEODORO PÉREZ "ONTOLOGÍA OBJETIVISTA Y ONTOLOGÍA CONSTITUTIVA

Comentarios al texto “Convivencia solidaria y democrática, nuevos paradigmas y estrategias pedagógicas para su construcción” de Teodoro Pérez P.

Por:
Hernando Uribe  Castro

El texto en mención se corresponde con una disertación que construye Teodoro Pérez con respecto al estatuto ontológico y epistemológico de la realidad, y que es abordada por la ciencia y los intelectuales. En este texto, Pérez establece una diferenciación entre la ontología objetivista y la ontología constitutiva.

Marca diferencias entre una y otra a partir de una serie de características y elementos que la componen. Con respecto a la ontología objetivista plantea que estas pretenden alcanzar una representación fidedigna del mundo donde el estatuto epistemológico predominante es el sistema  observado. Esta ontología se pregunta por las entidades observadas mediante el método científico. Por ello, el modo de aprender es mediante la objetividad y el conocimiento será objetivado. La explicación es monocausal, y en este sentido, sólo es posible un universo.

Este modo de ver el mundo, es decir objetivo, es el único considerado válido y comprobable. Se confía en los sentidos que dan cuenta de los hechos fielmente como se expresan y que por tanto, mediante procesos de procesamiento de la información y procesos analíticos se pueden hacer inferencias de ese mundo observado. El observador está al modo de una “urna de cristal” desde donde observa el objeto qué es exterior a él. Por tanto el énfasis está en el objeto observado y en el método usado para la observación.

La otra es la ontología constitutiva. Para Pérez, esta ontología emerge como respuesta a la crisis del mecanicismo newtoniano. Sus bases se encuentran en la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad de Einstein y las teorías de las incertidumbres de Heisemberg. Desde esta perspectiva, toda observación implica una relación con las características cognitivas y contextuales históricas de quien observa. No solo existe una relación entre el observador y lo observado sino que lo observado incide también en el observador.

En el observador no existe una separación entre su cuerpo biológico y su mundo social, sino que ambos forman un todo como unidad y operan y son operados en el momento de disponerse a observar. Y al observar un fenómeno, ese fenómeno también observa a su observador. De este modo quien observa está determinado por muchos aspectos como su origen y contexto cultural, nivel educativo, clase social, el estado de salud de sus órganos sensoriales y motrices y en general por aquellas cosas que lo hacen un organismo vivo y un humano.

La ontología constitutiva comprende que existe un determinismo estructural del observador que significa que “la operación de todo sistema, tanto en su dinámica interna como relacional, depende de su estructura: lo que le pasa al sistema en cada instante depende del estado de la dinámica estructural del sistema en ese instante” (Pérez, 2001:19). Por ello para Pérez, el medio juega un papel activo en la construcción que hacen los seres vivos de sus observaciones: existen estímulos del medio que lo afectan y del modo cómo los afectan.

Así mismo, lo que se percibe y del cómo se percibe también depende de esa estructura (que es filogenética, es decir lo que se porta genéticamente, y ontogenética, es decir lo que se construye con la experiencia). El ejemplo más interesante es aquel que dice que si tuviéramos visión microscópica, nuestra percepción sobre los rostros y cuerpos de las personas y los objetos sería diferente. Se transformaría nuestras concepciones de belleza y estética.

Lo interesante de todo esto es que Pérez plantea que el problema está en que para todas estas diferentes formas de percepción tenemos una limitación en el lenguaje porque, como sociedad o grupo, usamos unos códigos alfabéticos y numéricos que son desbordados por la complejidad de la realidad. En este sentido, al percibir, percibimos no solo con nuestros sentidos sino con el peso de nuestra historia, de nuestra experiencia, de nuestras creencias y de nuestro modo de ver, ser y de estar en el mundo. Pérez, haciendo uso de las concepciones de Maturana y Varela, considera que el lenguaje se convierte en la experiencia y la construcción/reconstrucción de la vida humana. 

Es lo que nos hace humanos porque a través de él se explica, se describe, se distingue y se piensa. A través del lenguaje se proponen ideas, conocimientos y todo tipo de construcción analítica y explicativa que puede ser o no aceptada por el otro que se dispone a prestarnos atención y quien acepta o rechaza lo que afirmamos desde el lugar compartido, una comunidad. La explicación dada a través del lenguaje recoge entonces la experiencia de vida, por ello frente a un mismo fenómeno un campesino y un especialista darán explicaciones desde sus lugares.

Ahora bien, una vez leído este bello texto del profesor Teodoro Pérez, pienso una perspectiva de la ontología constitutiva que plantea que la construcción del conocimiento depende del observador cuya base es la epistemología de los sistemas observadores, es apropiado para aquellas propuestas, que como la mía, aborda asuntos socioambientales entendidos como sistemas complejos y dinámicos. Asuntos socioambientales en los que se integran las dinámicas de los propias de los ecosistemas con las intervenciones de las acciones y las interacciones sociales de las comunidades, del grupos privados y del Estado. Recuérdese que mi propuesta de investigación trata sobre las comunidades que resisten a la expansión de la agroindustria azucarera en el valle geográfico del río Cauca. 

Por tanto, el camino no es la de asumirme como un observador que se encuentra en la “urna de cristal” desde la cual hago una vista panorámica interpretativa del mundo de modo “objetivo”, sin que ese mundo logre incidir él. Mi lugar como observador es desde el presupuesto de la ontología constitutiva en la que se establece una conexión profunda entre el observador y lo observado que también observa al observador.

Pienso que la complejidad de la comprensión del mundo social solo se puede enfrentar estando en la sociedad, con los que son y no son. Vivenciando las circunstancias que envuelven a los actores sociales en sus espacios de vida desde las cuales desarrollan su vida cotidiana, sus interpretaciones y sus proyecciones, todo ello como expresión de sus modos y formas de interactuar entre ellos mismos y con sus ambientes.

El contexto de sociedad que abarca las múltiples dimensiones de la realidad incide y están determinando de manera directa el oficio del investigador así como las particulares condiciones sociales de producción intelectual y científica.


Bibliografía


PÉREZ P., TEODORO. Convivencia Solidaria y Democrática: nuevos paradigmas y estrategias pedagógicas para su construcción. Instituto María Cano, Bogotá, Colombia, 2001. Páginas 15-27 (Capítulo 1. Del universo al multiverso)

miércoles, 25 de marzo de 2015

DOS MITOS DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Dos mitos de la sociedad de la información

Por
Hernando Uribe Castro[1]

La presente reseña hace referencia al documento elaborado por el profesor Oscar Carpintero titulado “Pautas de consumo, desmaterialización y nueva economía: entre la realidad y el deseo”

El texto trata de confrontar el discurso, según el cual, la sociedad posindustrial (centrada en las actividades de la tercerización de las economías como por ejemplo, la sociedad de la información y la tecnificación) no tiene severos impactos sobre el ambiente.

Para Carpintero, el capitalismo actual (a pesar de esta tercerización) ha seguido expandiendo la producción de bienes y servicios a  costa de recursos naturales tanto en términos absolutos como relativos. Desmonta así la idea que supone que una sustitución de materias primas de tipo tradicional por nuevas materias (sustancias) menos intensivas en cuanto al uso de energía y materiales pueden conllevar al desarrollo sostenible y a la desmaterialización. (Carpintero, 2003).

Los datos y el análisis al ciclo de vida, según Carpintero, demuestran que en esta sociedad de la información se ha dado un incremento de la intensidad energética y material utilizada para la producción de todo el equipamiento tecnológico como ordenadores, celulares, entre otros productos que la dinamizan y que se pueden ver tanto en los hogares como en las grandes corporaciones y en la sociedad global en general.

No se debe perder de pista, que si bien, existen unos impactos de estos productos per cápita, existen unos valores absolutos de estos impactos que son demasiado importantes y peligrosos de modo masivo y global.  

Oscar Carpintero va a confrontar dos mitos:

·         El mito de que el desarrollo económico inmerso en el capitalismo logre efectivamente ser un desarrollo sostenible.

·         El mito de que la sociedad de la información es altamente coherente con el desarrollo sostenible debido al proceso de desmaterialización, debido  a que se requiere poca presión y uso sobre los recursos de la naturaleza. 

a. El mito 1. El desarrollo sostenible

Con respecto al primero mito, Carpintero, considera que es casi imposible establecer que se logre un verdadero desarrollo sostenible cuando, esta idea de desarrollo sostenible nació como una propuesta del enfoque económico convencional.

Según el enfoque económico convencional tres serían los elementos relacionados que beneficiarían el desarrollo sostenible: a) un proceso de tercerización de las economías en donde el sector servicios alcanzaba un 60% del PIB, lo que supondría, una disminución en la demanda de extracción de recursos minerales y de energía lo que equivaldría menor presión sobre el ambiente; b) una sustitución de las materias primas en las sociedades industriales por otras materias resultado del proceso del desarrollo de la ciencia y la tecnología que se encargarían de producir nuevos productos sintéticos que los reemplazarían; c) y al hacer uso de menos materias primas de la naturaleza, entonces supondría una reducción en la emisión de residuos y contaminantes.

Para Carpintero, estos tres postulados no se plantearon con ingenuidad, muchos de ellos sustentados con datos en diferentes estudios en todo el mundo, pero sobre todo con datos de los países ricos, consideras como las principales economías sostenibles. El problema es que estos postulados implicaban un análisis más profundo con respecto a las implicaciones que tendría estos postulados sobre los países considerados de economías pobres.

Para Carpintero, los impactos de estos tres postulados tenían efectos diferentes para unos y otros países. Por ejemplo, consideraba que “mientras los países ricos presentaban problemas con la depreciación de su capital manufacturado debido a su grado de industrialización, en el caso de los países pobres el escollo procedía de la creciente extracción de recursos naturales que merman su capital natural” (4). Los graves efectos ambientales serían trasladados a los países pobres, demostrado con los impactos sobre la huella ecológica.

Una segunda crítica que hace Carpintero a estos postulados donde se establece que el sector servicios produce menos impactos ambientales, plantea que sectores de servicios como los transporte requieren de importante cantidad de materias para su funcionamiento, o como el turístico.

Finalmente una tercera crítica relacionada con la sustitución de materias naturales por materias sintéticas, queda demostrado que no solo se hace un uso intenso de estos materiales sintéticos por el aumento de la población y el consumo, sino también por los requerimientos de energía y materiales para la producción de algunos productos industriales nuevos como la fibra de carbono, el poliuretano y el aluminio, todos ellos, resultados de la extracción de recursos de la naturaleza, como por ejemplo la fibra de vidrío que comienza con la extracción de productos de cantera y minerales no metálicos como sulfatos, piedra caliza, arenas y gravas.

Y si esto sucede con los requerimientos de energía y materiales, también habría que hacerse con los requerimientos de agua para la fabricación de estos nuevos elementos. Por ejemplo, la fibra de carbono requiere de 2.411 toneladas de agua por producto, 758 para aluminio.

Todo esto demuestra que el desarrollo sostenible no es tan sostenible cuando se sigue pensando desde la perspectiva de la economía convencional.

b. Mito 2. La sociedad de la información y la desmaterialización

Con respecto al segundo, íntimamente ligado con el anterior, Oscar Carpintero parte su análisis demostrando la contradicción discursiva promulgada por los gobiernos entre el desarrollo sostenible (entendida como la protección del medio ambiente y la menor presión sobre sus recursos naturales) y la necesidad de ir en camino a la sociedad de la información, del progreso tecnológico caracterizada por el avance de la tercerización de sus sociedades.

Para Carpintero se ha establecido una discurso engañoso, a veces transformado en mito, según el cual, en la nueva sociedad, es decir la sociedad de la información, se va encamino hacia una sociedad de la desmaterialización debido a que en la sociedad de la información se hace menor uso de los recursos de la naturaleza. Y que por tanto, en esta sociedad, donde se privilegian las actividades económicas centradas en los servicios, la presión sobre el medio ambiente tendrá menos costes ambientales.

Carpintero desmonta el mito mostrando los niveles de consumo de energía primaria  en tasas de aumentos del 4,5%. Pone como ejemplo España en donde un habitante consumía en 1995, 2,57 tep y en el año 2000 había aumentado a 3,12 tep. Lo que la desmateralización energética no se habría dado, sino que por el contrario el consumo energético había incrementado en un 21%.

Buena parte de la explicación de esta dinámica se encuentra en el metabolismo de hogares, las empresas y las administraciones públicas. Esto pone en contacto dos elementos que casi no se pusieron en relación como lo es la producción y las pautas de consumo. Es claro que en las sociedades tercerizadas, el aumento de energía en los hogares aumenta como claramente Carpintero lo observó en países como Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Bélgica y Finlandia.

La alimentación de una población en crecimiento también genera importantes impactos en la huella ecológica territorial. Por ejemplo, el consumo de carne. Entre 1955 y 1995 se dio un incremento de este producto a pasar de un 20% al 50%, teniendo en cuenta que hoy los hogares cuentan con importantes artefactos tecnológicos en la cocina y producción de comida industrial. Incluso en sociedades con escaso crecimiento económico la tendencia al aumento de la huella de la alimentación va en ascenso como cita Carpintero para el caso de la Gran Bretaña.

Para Carpintero, incluso se ha planteado el tema de la inmaterialización de la economía donde el mejor ejemplo está en las nuevas tecnologías, o, como por ejemplo, para el sector empresarial, las llamadas oficinas sin papeles, donde se pensó habría menos consumo de material y energía. La cuestión central no está en el consumo que se hace de estas nuevas tecnologías (ordenadores, celulares, Tablet) en la idea de disminuir los impactos sobre la naturaleza, sino que el mismo proceso de producción de estas tecnologías en una sociedad de consumo, parece tener grandes efectos, que incluso se van a expresar en la disposición final o de residuos. Sobre todo, porque son equipos y tecnologías que requieren de grandes cantidades de combustibles fósiles y minerales.

Los autos, la telefonía, el tvcable, los semiconductores, los ordenadores, son todos productos y artefactos con altos niveles de producción de materias primas minerales. Según lo expresa Carpintero, “Dado que los requerimientos energéticos son considerables, conviene recordar que sólo el monitor de un ordenador de mesa convencional supone la emisión de casi 700 kg de CO2 a la atmósfera, cifra que si la ponemos en relación con el valor añadido generado por la producción de un ordenador completo, se acerca a la mitad del impacto ambiental sobre el cambio climático que ejerce la fabricación de un automóvil.” (24).


Reflexión final

Una vez planteado lo anterior, deseo expresar que estoy de acuerdo con Carpintero en el sentido de que, existen discursos que se hacen pasar por ambientales cuando se presentan que por unidad o por uso per cápita (personal) se tiene poco impacto ambiental.

La dimensionalidad del asunto por tanto se encuentra tanto en el consumo per cápita de productos sino también en las cantidades absolutas que representa determinado bien o producto en términos de su consumo, porque es en lo absoluto donde se pueden observar los verdaderos efectos y presión sobre la naturaleza. Dicho de otro modo, la masificación del producto para su consumo.

José Bellever Soroa en un bello texto titulado “Lo pequeño no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrónicos”  y publicado hace un par de años cita los siguientes datos:


Como se puede observar, es sustancial el incremento mundial en millones de unidades del consumo de aquellos productos que aparentan no tener impactos ambientales. Por ejemplo, la venta de ordenadores pasó de 308,3 en 2009 a 315,2 millones de unidades en 2013. Las tabletas (Tablets) que son una producto reciente en el mercado global pasó de 19,5 en 2010 pasó a 197,2 millones de unidades en 2013. Televisores de igual modo, pero es sorprendente los valores de teléfonos móviles que en 2009 se vendieron 1211,2 millones de unidades y en 2013 la cifra habías ascendido a 1875,8 millones de unidades.

En este caso, no es solo el producto físico, es decir, por ejemplo el teléfono móvil, sino que implica toda la plataforma (desde el cargador de celular hasta el satélite que gira sobre la Tierra) que se requiere para su uso, incluyendo, el flujo de energía que transporta la información (mensajes orales, escritos, imágenes) así como la energía almacenada (batería) para que pueda funcionar. Algunos datos para el 2009 aportados por Fundación Terra[2] de la huella ecológica de un teléfono móvil reciente serían:

·         La duración de uso de los terminales móviles no supera los 2 años
·         creciente miniaturización de los chips: si para un gramo de microchip se precisaban en el 2005 unos 34 kg de materiales diversos (la mitad de agua), hoy las nuevas prestaciones están exigiendo por gramo de microchip hasta 50 kg.
·         En 2009 se registraron 702.700 toneladas de residuos RAEE, más del 50% correspondiente a electrodomésticos, pero casi el 23% de aparatos informáticos y microelectrónica.
·         España sólo alcanzó una ratio de recogida de RAEE de 3,54 kg/habitante/año en proporción a su cuota de mercado (un 14% del total nacional).
·         En el año 2009 el volumen de RAEE por cada español era de 14,4 kg anuales.
·         El número total de líneas vinculadas a internet móvil alcanzó en 2009 las 21,5 líneas por cada 100 habitantes: líneas de banda ancha por redes fijas y móviles, el 16,7% de este total fueron de redes 3G/UMTS (para la telefonía móvil).
·         La telefonía móvil alcanzó en 2009 las 122 líneas por cada 100 habitantes. Se calcula que los terminales operativos son más de 50 millones de aparatos y las ventas anuales de nuevos terminales oscila entre 20 y 25 millones de unidades sólo en España.

Creo que al leer a Carpintero se pierde ese estado de inocencia en el que se nos había hecho caer al presentarnos las nuevas tecnologías y el sector de los servicios como sectores de bajo impacto ambiental, cuando lo que se demuestra es que en términos absolutos los efectos sobre el medio ambiente son desastrosos. Esto pone entre dicho el discurso de la desmaterialización de la economía que promueven algunos gobiernos sin establecer con claridad quiénes y en dónde están los que pagan por los efectos de esta desmaterialización, como efectivamente sucedió con los países ricos donde el pago ambiental lo dieron los países de economías pobreS.

Esto nos conduce a otro cuestionamiento altamente preocupante como lo es el comportamiento humano en una sociedad de alto nivel de consumo de productos que no son considerados básicos sino que satisfacen unas necesidades banales de lujo, imagen y estatus social. La sociedad del lujo, como lo expresaría Lipovetski, y/o la sociedad de la modernidad líquida, como lo expresaría Bauman, no solo tienen efectos para la banalidad del ser humano, sino que expresan, además, un entendimiento demasiado pobre de lo que significa este estilo de vida para la naturaleza.


Bibliografía

Bauman, Zygmunt. (2002). Modernidad Líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

Bellver Soroa, José. Lo pequeño no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrónicos. En, Boletinecos, Fuhen ecosocial, No. 25, diciembre 2013-febrero 2014.

Carpintero, Oscar. Pautas de consumo, desmaterialización y nueva economía: entre la realidad y el deseo. En, Joaquim Sempere (ed.), Necesidades, consumo y sostenibilidad, CCCB/BaKeaz, Barcelona, 2003.

Lipovetsky, Gilles; Roux, Elyette. (2004). El lujo eterno: de la era de lo sagrado al tiempo de las marcas. Barcelona: Anagrama.






[1] Magíster en Sociología, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y director del grupo de Investigación en Conflictos y Organizaciones de la Universidad Autónoma de Occidente. huribe@uao.edu.co
[2] Impacto ambiental de móviles y microelectrónica. http://www.terra.org/categorias/articulos/impacto-ambiental-de-moviles-y-microelectronica

viernes, 13 de marzo de 2015

AUTOPOIESIS, EL FENÓMENO DE LA VIDA

Capítulo 2 titulado Autopoiesis, el fenómeno de la vida, del libro "Pensando ambientalmente"de Hernando Uribe Castro. Cali, 2016. 39-46 pp.

CAPÍTULO 2

Autopoiesis, el fenómeno de la vida

“Todos sabemos que es la vida, pero es imposible traducirlo en palabras”

F. Varela, 2000:21

Una de las inquietudes que más ha rondado en mi cabeza durante mucho tiempo ha sido precisamente la cuestión por la vida. En mis extensas conversaciones con mi estudiante Andréx, empezamos a indagar-nos sobre estos asuntos. Las indagaciones mutuas nos exigieron un mayor campo teórico del que teníamos, pues nuestros fundamentos en ciencias sociales, si bien lograban darnos algo de claridad y enfoque, quedaban desbordados cuando hacíamos la pregunta por la vida como un sistema.

Este descubrimiento fue bastante importante para los dos, porque entonces nos dimos en la tarea de indagar bibliografía sobre este asunto. Encontramos textos bastantes especializados y muy complejos para nuestro humilde y limitado entendimiento, como por ejemplo, el documento de Erwin Schrödinger titulado ¿Qué es la vida?, pero encontramos también un conjunto de lecturas que además de esclarecedoras y motivadoras para nuevas discusiones, fueron libros más allegados a nuestra formación.

Tengo como objetivo futuro dedicarme más a Schrödinger porque encuentro en él elementos demasiado interesantes, pero mis limitaciones todavía en temas como la química y la física me limitan a disfrutarlo, entenderlo, explicarlo y sacarle el máximo provecho a tan interesante texto, citado por casi todas las personas que han escrito sobre la vida y los sistemas complejos. El proceso de construirnos y de construir conocimiento es lento, pausado y, por tanto, tomarlo con calma.

Los escritos a los que hago referencia como aquellos más allegados a mi campo o que, por lo menos, los entendí con menos complicación fueron los escritos por la pareja de Humberto Maturana y Francisco Varela. A él, mi estudiante Andréx, le interesó el tema de las emociones de Maturana y a mí me interesó el tema de la autopoiesis, concepto que he considerado clave para mi tesis doctoral sobre socioecosistemas en el Valle del Cauca en Colombia.

Continué indagando y tratando de comprender de modo más claro este concepto tan complejo y sobre el que recaen muchas discusiones entre las que se encuentran por ejemplo, la discusión de si sólo es posible aplicar a los fenómenos celulares o si es posible aplicar a los fenómenos sociales; la discusión de si el universo mismo es un sistema autopoiético o no. Y la verdad es que todavía existen elementos de la autopoiesis que no logro comprender pero que estimulan a seguir profundizando en ello.

No obstante, me ha llamado profundamente la atención que tanto las perspectivas de la teoría de la simbiogénesis, como la hipótesis Gaia y con la teoría de la autopoiesis, encuentran su conexión en la explicación de la organización viviente en el planeta Tierra y se convierten en elementos centrales para explicar mi idea de la necesidad de encaminarnos hacia una explicación del sistema viviente como totalidad más allá de la humanidad. En este sentido y tal como se observó con el planteamiento de Lynn Margulis, la simbiogénesis permite comprender el modo como se da el paso del mundo proctista al mundo de las eucariotas, y en este proceso cómo la perspectiva Gaia permite comprender cómo estas dinámicas biológicas que se corresponde con intercambios y procesos físicos, químicos y biológicos estuvieron en permanente relación con ese mundo externo, el de la configuración terrestre, que observó cómo se fue formando la atmósfera por millones de años como respuesta a esa interrelación sistémica entre la dinámica microscópica y las condiciones geológicas, climáticas y atmosféricas, por todo la esfera terrestre.

Francisco Varela hace anotaciones muy interesantes cuando trata de dar cuenta del cómo la idea de autopoiesis generó turbulencias en el mundo científico y permitió desarrollos sorprendentes para campos como la biología celular. Expresa el propio Varela: “Más importante para mí, fue que la idea empezó a suscitar interés entre los biólogos, muy especialmente a través de Lynn Margulis, destacada investigadora del origen de la vida y la evolución celular. A partir de comienzos de los años 80. Margulis adopta la autopoiesis como el criterio para definir el origen de los seres vivos y difundió la idea a muchos otros científicos activos el área.” (Varela, 2000:439).

Pero entonces, ¿Qué es eso que tanto impacto tuvo para la investigación científica y que tanto logró movilizar las nuevas explicaciones sobre el origen de la vida y el proceso evolutivo después de los aportes de Charles Darwin?

La autopoiesis es definida como aquel fenómeno de la vida que consiste en la capacidad que tiene una célula, que como unidad, puede realizar un conjunto de funciones que le permiten su autoproducción, automantención y distinción de otras.

“Un sistema autopoiético está organizado (esto es, se define como una unidad) como una red de procesos de producción (síntesis y destrucción) de componentes, en forma tal que estos componentes: (i) se regeneran continuamente e integran la red de trasformaciones que los produjo,  y  (ii) constituyen  el sistema como una unidad distinguible en su dominio de existencia.” (2000:30)[1]

Una unidad como un sistemas vivo posee un conjunto de componentes con funciones que se interrelacionan y permiten el funcionamiento de la unidad como un todo sistémico complejo, pero esto es solo comprensible no observando los componentes sino la emergencia que todo complejo tiene el sistema. La unidad produce su organización a partir de la dinámica de sus propios componentes que no son compresibles solo como componentes sino como un todo como unidad.

Esta unidad como sistema vivo, o como Maturana y Varela lo denominaron en su primera versión máquina viviente[2] tienen características.

Una de estas características es la capacidad de producir relaciones que producen regeneración de los elementos que la producen. “son unidades cuya organización queda definida por una concatenación particular de procesos (relaciones) de producción de componentes, la concatenación autopoiética, y no por los componentes mismos o sus relaciones estáticas” (2003:69). Esto significa que en la unidad viva, sus componentes producen funciones que en su conjunto regulan el funcionamiento del sistema y este funcionamiento regular la función y producción de cada componente.

Una unidad autopoiética expresa una organización, no en el sentido banal del término, sino en el sentido sistémico. Es decir, procesos concatenados de tal manera que estos procesos producen “los componentes que constituyen y especifican el sistema como una unidad” (2003:70)

Incluye además su característica de ser un sistema homeostático donde la organización mantiene el sistema. Para Maturana y Varela esta característica homeostática es importante porque: Las máquinas autopoiéticas son autónomas, se produce así mismas; poseen individualidad que hace conservar la identidad y que no dependen de la existencia de un observador; se definen como unidades puesto que se constituyen sus propios límites; no tiene entradas y salidas, pero pueden ser perturbadas por el mundo externo. “Sin embargo, cualquier serie de cambios internos que se produzca está siempre subordinada a la conservación de la organización de la máquina, siendo esta condición definitoria de las máquinas autopoiéticas.” (2003:71).

Estas características son identificadas en los sistemas vivos, y más difícil aun en los sistemas sociales. Para los autores de este concepto, “la autopoiesis como condición necesaria y suficiente para que un sistema vivo sea vivo.” (2003:74).

Varela ha planteado además que existen tres condiciones que se requieren tener en cuenta para dar respuesta a la pregunta ¿Cuándo se puede decir que un sistema es autopoiético?

-      Que la unidad autopoiética o máquina viviente posea un borde semipermeable o que posee un límite constituido por componentes que permiten establecer el espacio interno como el externo. En la célula este borde es la membrana.
-      Que la unidad autopoiética posea una red de reacciones establecida en el interior de la unidad.
-      Que la unidad autopoiética o máquina viviente tenga interdependencia entre los componentes que define el borde y la red de reacciones establecida en el interior.

Quiero señalar aquí la importancia del primer criterio porque considero que es fundamental para comprender el momento exacto en que una unidad de vida se complejiza para ingresar en el proceso evolutivo como ocurrió en el tránsito preciso entre el mundo de las procariotas a las eucariotas o células nucleadas y el papel que la membrana cumplió en ello.

Para la vida fue muy importante que las unidades básicas de la vida en su configuración como unidades marcaran su diferencia entre sus componentes y elementos constitutivos y ese mundo exterior. La membrana al incorporarse, incorpora la unidad y la diferencia de otros elementos del ambiente. Esto es, la membrana le permitió configurar el entorno de la unidad o la máquina viva y además su protección y diferencia de los elementos disueltos en el amiente en donde se constituyó la unidad. Esto lo ha expuesto claramente John Postgate cuando explicaba que:

“Las células están rodeadas de unas membranas; tienen que estarlo, o su contenido se escaparía. Pero estas membranas son muy especiales, en el sentido de que dejan entrar en la célula aquellas cosas que ésta necesita (nutrientes y oxígeno, por ejemplo), y también dejan salir materiales de desecho. Las membranas están constituidas en parte por proteína, pero también son céreas: en su constitución intervienen grasas.” (2009:24)

Regresando a la pregunta planteada por Francisco Varela y los tres componentes necesarios del sistema autopoiético, borde semipermeable, red de reacciones e interdependencia, establece que los virus no pueden considerarse como un sistema autopoiético por varios razones: si bien el virus tiene un borde, sus componentes no son generados en el interior del virus sino en la célula donde éste se aloja. Por tanto si cumple el primer criterio (borde semipermeable) no cumple en segundo (red de reacciones) y en consecuencia no cumpliría ya el tercero (interdependencia) que requiere del primer y el segundo criterio.

En resumen, la autopoiesis se convierte en eje central de la nueva teoría de la vida en la Tierra. Incluso para los estudios sobre cibernética, este concepto será central por lo que implica el funcionamiento de la vida. Y creo que dos autores como Heinz von Foersteer y Lynn Margulis, logran sintetizar esta compleja idea: Para la bióloga estadounidense “Los sistemas autopoyéticos metabolizan, mientras que los sistemas que no son autopoyéticos no lo hacen. Las proteínas, los virus, los plásmidos o los genes no pueden por sí mismos realizar ningún tipo de metabolismo; aislados no son nunca autopoyéticos. El metabolismo incluye el intercambio de gases y líquidos (por ejemplo, respirar, nutrirse y excretar); es la manifestación detectable de la autopoyesis. Ésta requiere siempre una fuente de energía. Las energías luminosa y química son esenciales para la autopoyesis, es decir, para mantener la vida.” Para el físico austriaco y constructivista Foerster, “Autopoiesis significa la hechura de uno mismo” (1998:640).

Uno de los autores que mejor difusión hizo de la teoría de la autopoiesis hacia el campo científico en general fue Heinz von Foerster, sobre todo en los estudios de la cibernética. Foerster (1998), considera que si un sistema autopoiético establece sus propias normas entonces es autónomo y si es autónomo, el sistema es responsable de su propia acción y sostenimiento. Y si es responsable de su propia acción entonces permite que todo funcione y si todo funciona de modo autónomo y responsable entonces es ético.


-      ¿Autopoiesis en los sistemas sociales?

No obstante, Maturana considera que existen diferentes órdenes de sistemas autopoiéticos: los de primer orden serían las células, los de segundo orden son los organismos porque son agregados celulares como sistemas autopoiéticos y los de tercer orden que están relaciones con formas sociales de organización de especies como las colmenas de las abejas, colonia, familias o un sistema social. Maturana que en uno de sus más famosos libros, el Árbol del conocimiento, escrito también con Varela, señalaban que los sistemas sociales no son sistemas autopoiéticos más allá de lo molecular:

“que los seres vivos somos sistemas autopoiéticos moleculares, señalando que lo que nos define como la clase particular de sistemas autopoiéticos que somos, esto es, lo que nos define como seres vivos, es que somos sistemas autopoiéticos moleculares, y que entre tantos sistemas moleculares diferentes, somos sistema autopoiéticos (…) aunque es indudable que los sistemas sociales son sistemas autopoiéticos de tercer orden por el solo hecho de ser sistemas compuestos por organismos, lo que los define como lo que son en tanto sistemas sociales no es la autopoiesis de sus componentes, sino que la forma de relación entre organismos que los componen, y que connotamos en la vida cotidiana en el preciso momento en que los distinguimos en su singularidad como tales al usar la noción de sistema social (…) tampoco los sistemas sociales son sistemas autopoiéticos en otro dominio que no es el molecular” (2003:18-19)

En la sociología, que debería ser más cercana a mí, encuentro que quien ha tratado de abordar este asunto de la autopoiesis en la sociedad ha sido Niklas Luckman en sus profundos estudios sobre la sociedad como sistema social. El mismo Maturana, autor y cofundador de este concepto critica la perspectiva de Luhmann:

“Tampoco lo son, o podrían serlo, en un espacio de comunicaciones, como propone el distinguido sociólogo alemán Niklas Luhmann, porque en tal espacio los componentes de cualquier sistema serían o comunicaciones, no seres vivos, y los fenómenos relacionales que implican el vivir de los seres vivos, que de hecho connotamos en la vida cotidiana al hablar de lo social, quedarían excluidos. Yo diría  lo más que un sistema autopoiético en un espacio de comunicaciones se parece a lo que distinguimos al hablar de una cultura.” (2003:19)

Como se puede apreciar en el estudio de sistemas complejos una de las consideraciones es que se debe tener precaución con el uso de los conceptos que desde estas teorías se surgen. No es tan sencillo aplicar un concepto y ubicarlo de inmediato a una realidad particular.

Se ve en las conversaciones de pasillos y uno que otro artículo publicado, a veces en revistas no especializadas estos conceptos complejos. Se usan porque suenan bien, o están de moda, o sencillamente porque se considera son comprensibles de primera mano. Y este es precisamente uno de los inconvenientes a la hora de hacer uso de las nociones y sus traslados hacia otros campos.

Francisco Varela es bastante claro al presentar sus reticentes ideas frente al uso del concepto para explicar procesos que están más allá, como los sociales, como ha sucedido con el caso de la teoría jurídica, la sociología, la literatura y los estudios de familia en la psicología. Varela (2000), expresa que el concepto de autopoiesis surgió para explicar la organización de los sistemas vivos y no para extenderlo a otros procesos y fenómenos: “ha habido intentos repetidos de caracterizar, por ejemplo, una familia como un sistema autopoiético, de manera que la noción se aplique en esta caso estrictamente. Estos intentos se fundan, en mi opinión, en un abuso de lenguaje.” (Varela, 2000:441).

Sobre todo porque es un concepto que busca comprender cómo un proceso de individualización celular a partir de la configuración esta unidad como un sistema viviente, permitió dividir esa unidad en un externo y un interno y que por tanto ese interno se dispuso hacia todo el proceso evolutivo de la vida en el Planeta. Para Varela, el proceso evolutivo al que alude Darwin es resultado del proceso de autopoiético de individualización celular. (Varela, 2000:434)

No me atrevo todavía a ubicar el concepto de autopoiesis en el estudio de los sistemas socioecológicos porque todavía hay que ubicar el nivel al que pertenecen los ecosistemas en la jerarquía ofrecida por la teoría de la autopoiesis. Trato de comprender el llamado que le hace Humberto Maturana a Niklas Luhmann cuando pone en duda el concepto de autopoiesis para sistemas sociales. Maturana plantea que más que un sistema social sea un sistema autopoiético, no lo es el sentido estricto del concepto, si se podría expresar que la cultura tal como la plantea la antropología posee elementos similares a los esquemas autopoiéticos utilizados para comprender el sistema viviente.

Si bien la sociedad es un sistema viviente, lo es en otro orden diferente a la célula así la célula y el conjunto de ellas conformen cada uno de los individuos que pertenecemos a la sociedad. Pero la autopoiesis no se define por el agregado de células sino por una forma muy particular de producción de vida en el interior de unidades o máquinas vivientes.

Han pasado más de 40 años desde la aparición del concepto autopoiesis de Maturana y Varela. En 2013,  se celebró en Chile el Simposio 40 años de la Autopoiesis donde se discutió la actualidad del concepto de Autopoiesis en el marco de cinco ejes de análisis: la Vida, el Conocimiento, la Evolución, la Sociedad y el Medio Ambiente.

De este modo, la autopoiesis es ese otro discurso que pone en tela de juicio y que critica, de modo indirecto, la tendencia de la humanidad a autodefinirse como la especie escogida de poseer el derecho abarcante del ser el sistema viviente en su totalidad. La autopoiesis destruye el ego especie centrismo humano.





[1] En el libro “De máquinas y seres vivos” la definición de autopoiesis es la siguiente: “una máquina autopoiética es una máquina organizada como un sistema de procesos de producción de componentes concatenados de tal manera que producen componentes que: (i) generan procesos (relaciones) de producción que los produce a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y (ii) constituyen a la máquina como una unidad en el espacio físico. (2003:68).
[2] Diferente a una máquina alopoiética que son “máquinas (que) producen con su funcionamiento algo distinto de ellas mimas – como en el caso del automóvil” (2003:135).