- El torneo de fútbol colombiano que por tradición se jugaba los días miércoles y domingos en épocas anteriores, hoy se encuentra distribuido en toda la semana. Todos los días hay partidos del rentado nacional tanto del torneo de la A como del torneo de la B (y no sé cuántos torneos más) que ahora cobran todos destacada importancia.
- A esto se suman otros torneos de divisiones menores o de talla internacional, latinoamericano y fútbol europeo. El mundial del fútbol, copa libertadores de América, Eurocopa, el mundial de la sub20, entre otros torneos internacionales.
- Muchas veces, algunos equipos logran participar en varios torneos al mismo momento, llevando a una explotación incesante (física) de sus jugadores.
- Las personas ahora se hacen hinchas de equipos europeos, (de modo muy particular, españoles), consumiendo no solo los partidos trasmitidos sino también los productos como camisetas, afiches, noticias y todo tipo de símbolos que los identifica con el equipo europeo. Más conocen de la vida de cada jugador que de los problemas del país. Dejando atrás el fervor que despertaban los equipos locales.
- Esto ha llevado a un detrimento del modo como se aprecia, se percibe y se valora el fútbol colombiano que para las personas no logra compararse con el juego europeo, que dicen, “es mejor” y de “mayor calidad”.
- El que un jugador colombiano se enfile en un equipo extranjero europeo no solo se convierte en una hazaña deportiva sino en un éxito de nación. Por ejemplo, durante los días previos al Mundial de Fútbol 2014 en Brasil, se difunde como noticia de interés nacional la visita que hace el Presidente de la República de Colombia al lesionado Falcao. Más recientemente, la lesión de J. Rodriguez, figura del Real Madrid, se convierte en preocupación nacional y así lo hacen ver los medios.
- Un juego de la selección Colombia con Brasil en el Mundial del fútbol llevó a decretar día cívico en Colombia y normas especiales para el control de alcohol de parte de las autoridades. Cosa que no sucede en otro contexto o en otras situaciones.
- Solo basta ver el tratamiento que los medios y los productores de la publicidad, incluso el gobierno nacional y organismos internacionales, han hecho de algunos jugadores, nombrados como embajadores simbólicos. Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito nombró a Falcao como el embajador de la Buena Voluntad. Llama la atención el caso de Nicolette Van Dam que siendo embajadora de la Buena Voluntad renuncio tras la polémica y la presión generada al realizar un montaje fotográfico en Internet de dos jugadores colombianos aspirando cocaína. los titulares marcan: repudio nacional contra la modelo y llamados de atención de la embajada colombiana a la ONU.
- El mismo día que operaban a J. Rodríguez de su pie, en un pueblo colombiano se habían asesinado a cinco niños de disparos en la cabeza. Creó conmoción y titularidad la noticia del pie de Rodríguez como preocupación Nacional (siendo la noticia más leída en todos los diarios del país) y poca atención se le prestó en su momento a la masacre de los niños en Caquetá. La noticia del asesinato de los niños tomó importancia mucho después cuando se presiona resultados de investigación de la policía por parte de la comunidad como del mismo Presidente.
- El discurso de los medios con respecto a la lesión de J. Rodríguez no va encaminado a establecer que el jugador se recupere porque es su salud, sino que se recupere para que vuelva a producir el espectáculo que el pueblo aclama prontamente. Una mercantilización y cosificación del cuerpo y de la salud de los jugadores.
- Los valores extraordinarios de los jugadores, sus transacciones al modo de una esclavitud donde las personas poseen un valor comercial de transacción por sus competencias que, en este caso, son deportivas. No importa el valor del ser humano, importa qué tan bueno es para desempeñarse como jugador del fútbol. La valoración de las nóminas de los equipos de fútbol, entre más alta, más posibilidad de éxito. En esa valoración que se hace, un jugador que se lesiona y que disminuye su nivel, pierde por consiguiente su valor simbólico como su valor comercial.
- La explotación comercial del nombre de cada jugador ya no como aquello que le da un reconocimiento ciudadano y de pertenencia a una nación sino como una marca comercial global. Del mismo modo sucede con su figura, su cuerpo y su rostro. Un despojo de su ser y de su identidad como ser humano para convertirse en objeto de transacción comercial y de vitrina de mercado.
miércoles, 18 de febrero de 2015
DOMINACIÓN SIMBÓLICA Y COLONIZACIÓN INTERNA: EL FÚTBOL COMO DEPORTE ESPECTÁCULO
lunes, 29 de agosto de 2011
DEVELAR EL FÚTBOL COMO DEPORTE ESPECTÁCULO Y ESTRATEGIA DE MERCADO
Fútbol: ¿Deporte espectáculo? ¿Estrategia del Mercado?
Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Una observación detallada del fútbol revelaría que en el presente, el fútbol es un deporte espectáculo. Y como tal, masivo y global. Es un nicho de Mercado, para los grandes capitalistas que ven en él, importantes posibilidades para la movilización de sus capitales y para la producción de excedentes.
Por tanto, en el fútbol no sólo existen jugadores, entrenadores y equipos. También opera toda una estructura empresarial global que utiliza este deporte como apertura, difusión, distribución y consumo de Mercados. Otro actor central son los aficionados, que se consideran como espectadores-clientes-consumidores. Y lo más interesante aún, es que el fútbol moderno ha sido re-construido por los gurúes empresariales globales para hacerlo más rentable y así poner a jugar el fútbol en otros escenarios. Estos gurúes empresariales exprimen la imagen artificiosa del joven futbolista como una figura más de pasarelas, diversos comerciales de bebidas, comidas y artículos para vestir, así como propagandas de beneficencia y apoyo. Los jugadores, dinamizadores del evento, son tratados como objetos portables, intercambiables y sexuales. Logran unir el mundo de la farándula y del espectáculo con el mundo del deporte. Se adentran en la vida íntima del fútbolista y la convierten de carácter e interés público. Registran sus nombres como marcas, por ejemplo Beckam. Es decir, una forma de deshumanización por cuenta de la fuerza del mercado, o un cambio de identidad social, por una identidad comercial
Todos los días hay fútbol, todos los días se habla de fútbol, mucho más que de política y de solución de conflictos. Radio, televisión, cine, libros y revistas son objeto de comercialización del deporte y de sus actores. Los encuentros violentos entre aficionados que nunca cambiarían su equipo -como sí lo pueden hacer con la religión, sus parejas, su nacionalidad-, es considerado como parte de la cultura del deporte por ser un deporte de combate que se juega también por fuera de los magnos recintos: Los Estadios.
El tratamiento que le da ciudadano común al fútbol -deporte espectáculo- es comprenderlo y analizarlo desde sus efectos instrumentales, es decir, concentrar la atención en los resultados deportivos, taquilla, la figura del partido, el héroe, el que jugó bien, el que jugo pésimo, el triunfo y el fracaso, pero en estos análisis no se ahonda en los elementos que son claramente esenciales del hecho deportivo. Incluso, el fútbol ayuda a descentrar la atención del público espectador-consumidor de hechos que pueden ser esenciales e importantes.
Hace un par de semanas, mientras la Selección Colombiana Sub-20 jugaba uno de sus partidos y tenían concentrado un alto porcentaje de espectadores, en ese mismo momento, en la sala del Congreso, el Estado colombiano a través del gobierno de turno, reconocía como crimen de Lesa Humanidad el asesinato de un líder político de la oposición perpetrado por el propio Estado años atrás y pedía perdón por este magnicidio. Al final del día fue más importante el marcador final del partido de fútbol que el evento político nunca antes visto en Colombia.
El sociólogo Gilberto Aristizabal hace caer en la cuenta de que el deporte encierra elementos pedagógicos, creativos y lúdicos que, bien entendidos, deben servir para dinamizar procesos de cambio social. Por ejemplo, las barras bravas (o barras de seguidores del fútbol) se ven como un problema grave del deporte y las acciones y respuestas de las autoridades frente a estos es de confrontación, represión y violencia. ¿Acaso el mismo lenguaje del fútbol no es violento? tiro de esquina, metió un riflazo, estampilló el arquero, masacró el equipo y anuló al rival. Las evidencias de la violencia son amplias y van desde los enfrentamientos al interior de los estadios, vandalismo en los vecindarios, daño a bienes públicos y privados, personas heridas, hasta la muerte de aficionados, hinchas y personas de la comunidad. Y por supuesto, estos hechos, son importantes para el rating de noticieros y agencias de noticias, que se va a expresar en un beneficio económico para los dueños de estos medios.
Pero los análisis olvidan el marco en que se produce el fútbol del presente, así como también son ciegos ante el hecho de que las barras de aficionados del fútbol tienen valores que son importantes y positivos, tales como la fidelidad, la solidaridad, la cooperación, la identidad y el sentido de pertenencia en una sociedad que carece de estos. Valores que, evidenciados, trabajados y posicionados, pueden ser importantes para transformar el hecho violento del fútbol y la repercusión sobre una transformación social.
El fútbol sintetiza claramente elementos de la economía-mundo-capitalista: Mercado, consumidores, espectáculo, entretenimiento, violencia y farándula. Atractivos para la mayor parte de las jóvenes generaciones de ciudadanos del presente. El fútbol-espectáculo y el mercado tocan las fibras sensibles de los individuos más jóvenes para llamar su atención y garantizar los públicos espectadores consumidores de las próximas generaciones. Por ello insisten en que al estadio regrese la familia, ahuyentada por las barras bravas y la violencia en los estadios.
26 de agosto de 2010