Aunque el tema de la homosexualidad ha sido ampliamente estudiado en
diferentes campos del conocimiento (de manera especial por las ciencias
sociales), poco se ha desarrollado la investigación de la relación entre la
homosexualidad y la universidad. Dos razones lo explican: una, el interés por
el tema es reciente en las ciencias sociales; otra, los investigadores sociales
han sido reticentes en el estudio del fenómeno homosexual, posiblemente
porque las ciencias sociales, atrapadas todavía en la lógica heterosexual, hacen
investigaciones y producen conocimientos sólo para este sector. En Colombia, el
aporte investigativo aparece, de manera clara y directa, después de los años 90
del siglo pasado, aunque el fenómeno del reconocimiento homosexual era evidente
desde los años 60 y 70. El estudio espera haber hecho una consideración, desde
la perspectiva de las ciencias sociales, de la presencia de los procesos y las
dinámicas de socialización de los jóvenes homosexuales (gais y lesbianas) en el
contexto universitario de Cali, de la forma en que unos y otras se generaron, y
de la construcción de la identidad sexual de los sujetos mencionados.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
LA NAVIDAD Y LAS TRAMPAS DEL MERCADO
LA
NAVIDAD Y LAS TRAMPAS DEL MERCADO
Por:
Hernando
Uribe Castro
Magíster
en Sociología
La navidad es una festividad tradicional católica que
fue globalizada por la difusión de la cristiandad así como por la difusión del
mercado capitalista. No obstante, no todas las sociedades y grupos humanos la
celebran y no siempre ha poseído el mismo sentido.
Abuelas y padres dan cuenta que en otras épocas esta
festividad estaba centrada en el grupo familiar alrededor del sentido religioso
y del intercambio de alimentos entre vecinos. Pero la época de la navidad, tal
como se vive hoy, es un producto de la fuerzas del mercado. Los ideólogos de
las corporaciones globales captaron lo que significa en términos de emociones
para muchas sociedades eso del sentido de
la navidad, y haciendo uso de la manipulación emocional a partir de la
publicidad eficiente y direccionada, se incorporó de un momento a otro a estas
festividades promoviendo el consumo compulsivo. A ello se suman las estrategias
de los banqueros que entregan dinero plástico fácil para promover más consumo,
y por supuesto, endeudamiento.
Regalos, juguetes, aparatos tecnológicos, trajes
nuevos, luces de colores, adornos, vídeos, viajes, música, cine, licor, así
como productos de consumo para estas fiestas, han sido centrales en la
construcción de la artificialidad de esas emociones. La navidad es,
sencillamente, para el mercado un instrumento que produce riqueza moviendo las
fibras más internas de los individuos. En este proceso, los medios de
comunicación masifican la necesidad de celebrar la navidad y aportan en ese
contagio social consumista de productos banales y emiten mensajes bien
elaborados que doblegan cualquier corazón duro.
Muchas personas trabajan y ahorran dinero todo el
año para poder hacer gastos en esta época. Los individuos caen en esta
manipulación y hacen todo lo que esté a su alcance para hacer de estas
festividades los mejores días recurriendo a los centros comerciales y al
comercio de calle para saciar estas emociones, haciendo compras para sí y para
los seres que le rodean. Se cree que los sentimientos se expresan cuando se compra
y se obsequian regalos. Y si esto no se hace, de inmediato cae la sanción social
de los demás. Niños, niñas y jóvenes son el centro de atención de estas
corporaciones y hacia quienes se dirigen de modo contundente toda una gama de
publicidad de sus productos.
Considero que se necesita motivar y hacer de esta
festividad algo diferente. Se requiere reivindicar un sentido de navidad promovido por los afectos, el amor del
calor de hogar, y el encuentro de la familia y de la gente que se ama, y se
debe tratar de neutralizar el consumismo compulsivo y banal que es motivado por
la publicidad de las corporaciones globales que dinamizan las fuerzas del
Mercado de la Economía-Mundo capitalista, así como los endeudamientos con
corporaciones bancarias que como “lobos feroces” saturan la sociedad con
productos y portafolios. Aquellas corporaciones que hacen de los sentimientos y
emociones humanas un producto, una mercancía.
15 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
FOTOMULTAS, MOVILIDAD Y CONTROL CIUDADANO EN CALI
Fotomultas,
movilidad y control ciudadano en Cali
Por
Hernando
Uribe Castro
Magíster en sociología
Magíster en sociología
Cali presencia la aplicación de un
conjunto de normas y controles en términos de movilidad urbana, del espacio
vehicular y público, las cuales han propiciado una agitada polémica en la comunidad,
sobre todo, por la forma rigurosa como se aplica ese control: fotomultas,
retenes, controles policiales, con altos costo económicos para el ciudadano,
como si ello garantizara una nueva racionalidad ciudadana. Estos controles han aumentado
el número infracciones que representan importantes recursos en una ciudad donde
lo habitual es la violación de la norma.
En el caso particular de las
cámaras en semáforos para persuadir y castigar a los infractores de tránsito,
seguramente, pesa más, la rentabilidad que produce el número de infracciones
diarias, que la construcción de una cultura urbana automotora. Las cámaras de
vigilancia que atrapan a infractores producen el látigo de la sanción
económica, con escaso acompañamiento educativo y/o programa de formación
cultural en valores, normas y respeto por la vida personal y la de los otros. La
cuestión es que el problema de formación en valores y prácticas culturales
urbanas no se resuelve con sanciones económicas.
Diferente sería una propuesta que privilegia,
no la sanción económica sino otra forma de compensación que debe hacer el
infractor por el no acatamiento de las normas, el cual podría ser el trabajo en
labores comunitarias. Este trabajo comunitario puede reflejarse más
directamente en un cambio cultural, que los dineros recogidos, los que por lo
regular, nunca se ven claramente revertidos en la ciudad.
Una propuesta de este tipo puede
ayudar a neutralizar el afán del lucro económico, a fin de que se diseñen
políticas públicas que propendan por una ciudadanía más responsable y comprometida
con la ciudad. La sanción y el castigo, así sea económico, no debe ser la única
fuente de control que se debe imponer; la cultura ciudadana, el respeto por sí
mismo y por el otro, se construyen desde los cimientos de la educación y la
cultura.
huribe@uao.edu.co
miércoles, 7 de noviembre de 2012
RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL ESTADO Y ASENTAMIENTOS INFORMALES EN CALI
La
responsabilidad social del Estado con los asentamientos informales en Cali
Profesor, Universidad Autónoma de Occidente
La Universidad Autónoma de Occidente viene
desarrollando la investigación “Asentamientos ilegales como luchas sociales en
el marco de la ciudad capitalista colombiana”. El equipo de investigación logró
evidenciar que el fenómeno de la ocupación del jarillón supera el caso
particular del poblamiento del dique, para insertarse en un fenómeno más
estructural relacionado con la producción de la ciudad colombiana de la que
participan, hoy más que nunca, las dinámicas de las fuerzas del mercado, y por
otro lado, las contradicciones, falta de institucionalidad y precarias condiciones
del Estado.
Es notable que para la Administración municipal como
para otros agentes del Estado y para amplios sectores de la ciudadanía, las familias asentadas sobre el jarillón son invasoras y por tanto es necesario
intervenir desalojándolas y ubicándolas en proyectos de viviendas de 37m2. Sin
embargo, algunos hallazgos de la investigación permiten poner en discusión al
menos dos temas que tienen que ver con el Jarillón del río Cauca.
En primer lugar, no todas las familias
asentadas sobre estos lugares pueden catalogarse como invasoras, pues algunas
llegaron al dique con la anuencia de agencias del Estado mediante contratos.
Esto significa que la gente no se ubicó en el lugar por la fuerza, sino que
fueron instalados por las mismas entidades del Estado. Los habitantes del
asentamiento Samanes del Cauca tienen pruebas de ello. Calificar a las familias
del Jarillón como invasoras demuestra de modo claro que las decisiones
tomadas emanan de los escritorios de
funcionarios públicos que desconocen realidades y sólo replican discursos manidos,
construidos y divulgados por funcionarios de las entidades comprometidas y por
la propia prensa. Desconocer este hecho, ya genera desinformación que puede ser
nefasta a la hora de tomar decisiones. El Alcalde debe hablar con la gente,
escuchar sus demandas, denuncias y propuestas. Algunas de estas familias pagan
energía, agua, alumbrado público, catastro, y además integran Juntas de Acción
Comunal y formas organizativas.
En segundo
lugar, impacta sobremanera, los anuncios reiterados, durante varios años, de las
distintas entidades estatales sobre la inversión de importantes sumas de dinero
para solucionar el problema del Jarillón. Hasta el momento no se ven los
resultados, como claramente sucedió con las pasadas temporadas de lluvias. Son
inversiones sobre las que no se ejerce, al parecer, el control indispensable
por parte de los organismos competentes. El reciente anuncio de 1.3 billones es
una cuantía importante, pero no suficiente para cubrir el costo de eventuales
traslados y reasentamientos en condiciones dignas de toda esta población
llamada invasora. Los asentamientos están dispersos por toda el área urbana y
rural de Cali.
Según
los hallazgos de esta investigación, hasta el momento, se considera
indispensable pensar en soluciones que
beneficien a la ciudad en su conjunto, especialmente a los más desfavorecidos,
sin afectar los derechos adquiridos por quienes ocupan el jarillón con
autorización de las propias entidades del Estado, tal y como sucede con varias
comunidades que acreditan títulos de propiedad y que pagan servicios públicos.
Lo anterior amerita que el Estado, en sus distintos ámbitos territoriales,
trabaje articuladamente de mano con las comunidades en la agencia de políticas
públicas, que más allá de un periodo de gobierno, permitan atender el fenómeno
de manera estructural. Es decir, políticas públicas de desarrollo urbano, de
vivienda y de servicios públicos, entre otros, que garanticen en el mediano y largo plazo
respuestas efectivas, más allá de los mismos repertorios que el administrador
de turno y medios de comunicación vienen registrando sobre el fenómeno. No es suficiente con reasentar a estos pobladores,
el Estado tiene que reconocer su responsabilidad en la creación de
asentamientos humanos de desarrollo incompleto, como eufemísticamente se
llaman, y escuchar las demandas de sus pobladores para generar condiciones de
vida realmente dignas.
huribe@uao.edu.co
[1] Coordinador
del Proyecto de Investigación, con la colaboración de los profesores Germán Ayala Osorio y Carmen Jimena Holguín. Cali.
viernes, 26 de octubre de 2012
FRENTE AL DESASTRE AMBIENTAL EN COLOMBIA
COMUNICADO
CIER
FRENTE
AL DESASTRE AMBIENTAL
El
Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región del Pacífico Colombiana
-CIER- considera indispensable hacer pública una opinión sobre uno de los aspectos
que se tocó en la instalación de la Mesa de Negociaciones entre el Gobierno
Nacional y las Farc, que tiene que ver con la explotación económica del medio
ambiente y su impacto sobre la sostenibilidad y bienestar de la sociedad
colombiana.
Este
tema ha sido planteado desde hace un tiempo por prestigiosos columnistas
nacionales, provenientes del medio académico. También se hizo explícito en el
Informe Nacional de Desarrollo Humano “Razones para la Esperanza” (Pnud, 2011),
e igualmente ha sido denunciado con coraje por la Contralora General de la
República. El tema fue retomado en la presentación de las Farc y se resume en
la idea, de unos y de otros, según la cual “Colombia
está al borde de un desastre ambiental”.
En
el Plan de Desarrollo, el Gobierno no sopesó los impactos sociales y
ambientales que podía tener la llamada locomotora minero-energética, que está
jalonado el crecimiento del producto, en medio de una creciente desigualdad. Es
importante tener en cuenta que la locomotora viene funcionando, acogida a una
modalidad de desarrollo cuestionable que se puede caracterizar como un enclave
minero contemporáneo. En pocas palabras, se ha autorizado legalmente la
extracción de minerales por empresas multinacionales, con una alta rentabilidad
para éstas, pero con reducidas regalías para la nación, exportando los
minerales sin valor agregado alguno en el país, generando un empleo reducido,
en medio de una población en situación de pobreza y con un impacto negativo
irreversible sobre el medio ambiente.
La Contraloría General de la República ha llamado la
atención, recientemente, sobre el caso de la renovación del contrato de
Cerromatoso. Denuncia que la explotación del ferroníquel no cuenta con una
licencia ambiental y que aquella otorgada en 1982 se queda corta ante los
requerimientos ambientales mucho más exigentes hoy en día. Firmar un nuevo
contrato, sin estas exigencias, puede llevar a un acto ilegal. La situación
particular de Cerromatoso, con un
contrato que no llena los requisitos legales, en cuanto al pago de regalías y
los requisitos ambientales, se puede generalizar para las contrataciones que se
están haciendo a lo largo y ancho de la geografía nacional, con diversas
compañías, muchas de ellas multinacionales, con la explotación del carbón, del
oro, del petróleo, del coltán, entre otros.
Esta situación remite a la debilidad estatal para controlar y
regular en beneficio colectivo la explotación de los recursos naturales. Con la creación del Ministerio del
Medio Ambiente y la reorganización del Sistema Nacional Ambiental, SINA (Ley 99
de 1993), Colombia no sólo ratificó su
respaldo a la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992), sino que creó una
serie de instituciones y procedimientos tendientes a proteger, conservar y
aprovechar de maneras sostenible los recursos y las ventajas comparativas
ambientales que un país biodiverso ofrece. Pero,
lo que ha venido sucediendo en el país, especialmente en lo corrido del
presente siglo, es el desmonte progresivo de la institucionalidad ambiental, dejando
el manejo y aprovechamiento del medio ambiente como un asunto marginal, sin
tener en cuenta su impacto social territorial, con tal de favorecer la
explotación y exportación del mineral. Incluso, en zonas biodiversas, como en
el Chocó Biogeográfico, en donde existen experiencias de titulación colectiva
(Ley 70 de 1993), se han puesto en práctica concesiones sin mayor control
estatal ambiental.
En
estos momentos Colombia asiste al boom
de la minería, en especial del oro, con graves consecuencias socio-ambientales
y en medio de la presencia de actores armados, también de la guerrilla, al
igual que otras bandas criminales que tienen intereses económicos en el
negocio, en medio del conflicto armado. El panorama de la bonanza minera es
complejo y muchos la califican como
‘bonanza maldita’.
Ante
las difíciles y complejas realidades que la minería muestra y de manera más
general, ante las nefastas consecuencias ambientales y sociales de un modelo de
enclave extractivo que viene imponiéndose, el CIER propone a la
opinión pública en general, al Gobierno, a los miembros de la mesa de
negociación de Paz, con referencia específica al tema de la tierra y del
territorio, así como al medio académico, los siguientes puntos en relación con
la explotación minera en Colombia:
1. La afirmación que en Colombia existen
territorios que deben estar excluidos de cualquier explotación minera. Se trata
de territorios, como los páramos, los bosques de la amazonía, los bosques
primarios andinos y del Pacífico que se deben preservar para beneficio de la
humanidad.
2. El reconocimiento que la actividad y la explotación minera es posible en un país
como Colombia, pero bajo claro control estatal y dentro de parámetros de
beneficio económico, social y de sostenibilidad ambiental.
3. La aceptación de la existencia de
varias modalidades de explotación minera, siempre y cuando sean ambientalmente
sostenibles. Pueden presentarse casos puntuales y justificables de gran
minería. Pero no es aceptable su funcionamiento bajo el modelo regresivo de un
enclave minero. La retribución a la nación y a la sociedad local debe ser justa
y equitativa de parte de las grandes empresas. El daño ambiental debe ser
subsanable y no contradictorio con la sostenibilidad ambiental regional y
nacional.
4. Un llamado de atención sobre la
legitimación implícita de la minería de enclave que conlleva la diferenciación
entre minería legal e ilegal. El estado ha sido débil en el control de los más
poderosos, para los que se ha legislado. En perspectiva, la institucionalidad
estatal debe cubrir toda la actividad minera. Sin embargo, hoy en día se busca
sacar del negocio a medianos y pequeños mineros que no tienen las licencias
necesarias. Es indispensable legalizarlos, controlando también los efectos
sociales y ambientales de su actividad. En algunos casos, la actividad no se
podrá desarrollar. En otros, por el contrario se puede proceder, seguramente
con mayores beneficios que los que puede proveer la actividad minera
alternativa de una gran explotación empresarial.
5. Responder a la necesidad de
fortalecer todo el sistema institucional encargado del control ambiental y
territorial en Colombia, en particular desmontar la redes clientelares de las
CAR.
6. Atención, escucha, respeto y
reparación para las comunidades tanto por parte del Estado así como por parte
de corporaciones nacionales y globales, que agencian procesos extractivos que
dejan evidentes y fuertes impactos socio ambientales.
7. Un llamado a la sociedad civil y en
especial a las organizaciones ambientales y las instituciones académicas e
investigativas de todo el país, para que sean vigilantes y veedores de los
proyectos de exploración y explotación.
En
el marco de lo afirmado anteriormente, el CIER no considera que la actividad
minera deba excluirse de la política estatal de desarrollo per se, así como de los acuerdos que con ella se hagan en el
contexto nacional. Pero, los territorios escogidos para la minería deben ser
aptos para el desarrollo de dicha actividad, según criterios técnicos y
ambientales. La actividad sólo se puede desarrollar siempre y cuando se
aseguren procesos de mitigación y prevención de desastres y, ante todo, se
tenga en cuenta el beneficio para la población circundante y para la nación.
Dirección y
Colaboradores CIER
Centro
Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana
Dirección de Investigaciones
y Desarrollo Tecnológico
Universidad Autónoma de
Occidente
PBX (57 2) 318 8000
Ext. 11426
Cl. 25 # 115 - 85, Km 2
vía Cali - Jamundí
jueves, 4 de octubre de 2012
SOCIOLOGIA DE UN VIOLINISTA IRREVERENTE: ANDRÉ RIEU
Sociología de un violinista irreverente: André Rieu
Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Me ha llamado profundamente la
atención los conciertos ofrecidos por el holandés André Rieu con su orquesta «Johann Strauss
Orkest». “Hijo de un director de orquesta, educado a punta de
música sinfónica y familiarizado con el violín desde los 6 años, André Rieu
comparte con todos sus hermanos y hermanas el oficio dentro de la música” (El
tiempo, 2001). Conciertos que integran dos mundos que hasta
el momento parecían opuestos: la “música de altura” y las clases no
necesariamente altas.
Un músico que llega a diferentes clases
sociales, etnias y religiones, que logra romper con la imagen del director clásico de orquesta que
se presenta serio, en sus cabales y con altura ante su público, para aparecer
como un director fresco, tranquilo, agradable, amigable, con más interacción y
provocador de sentimientos.
Adapta sus presentaciones a los
diversos contextos nacionales en Europa, Norte, centro y sur América, así como
en Australia. Logra hacer de la música clásica piezas musicales más accequibles
a cualquier individuo, con la puesta en escena de una orquesta engalanada con
trajes de siglos pasados que lograr entrar en interacción tanto con el director como con
todos los asistentes. En sus presentaciones se ven rostros de diversas regiones
del mundo y de diferentes edades. En México, por ejemplo, toca tonadas de la fiesta regional mexicana como "La Paloma", "Cielito Lindo" y "Jarabe
Tapatio", así como en Brasil interpreta diferentes temas de la
tradicional Samba.
André Rieu logra despojar de sus
máscaras y de sus roles a los asistentes cuando entonando vals, logra que las
personas se despojen de su comportamiento frío
y pasivo, para hacerles levantar de sus sillas para seguir a paso de
baile en cada una las tonadas. Esto no es común en otros conciertos de este
tipo música donde orquesta, director y público desempeñan sus papeles de manera
tradicional.
Sin duda, una de las características
más interesantes de las presentaciones de esta músico, ha sido la recuperación del
espacio público en diferentes ciudades europeas y austriacas, para hacer de la
música un arte más democrático. Si bien, ha realizado presentaciones en los más
importantes teatros del mundo, la plaza o
los teatrinos al aire libre, por ejemplo, han sido escenarios propicios para llevar
su música a más personas. El periódico El Tiempo en 2001, titulaba “ANDRÉ RIEU,
EL VIOLINISTA IRREVERENTE”, porque transforma el esquema tradicional de que se
ha construido con respecto a la música clásica.
Rieu lleva sus interpretaciones a
todas las generaciones, a los rincones del mundo, a las diferentes clases
sociales y trabaja por recuperar el espacio público para el encuentro en medio
de sonatas, vals y otras tonadas melódicas.
Lástima que en Colombia poco se
conozca. Las emisoras de la radio y los programas de televisión, y en general,
los medios masivos de comunicación han privilegiado -por las exigencias del
mercado y la búsqueda de ganancias y excedentes de capital-, otros géneros
musicales pensados para atrapar a las jóvenes generaciones quienes consumen más
música y vídeo y que a largo plazo sostendrán el negocio del entretenimiento. Gusta
y se populariza más J Balbin o Don Omar que el holandés André Rieu.
Un llamado entonces para que las
autoridades locales y nacionales, en cabeza de la Ministra de Cultura, las
Universidades y la sociedad civil, consideren también este tipo de expresiones
como canales posibles para la construcción de sociedades democráticas e
incluyentes. Promocionar más repertorios culturales alternativos en espacios
públicos que hagan de estos lugares escenarios de vida, de encuentro y de
construcción de ciudadanía. Espacios que no deben enfocarse sólo en los más tradicionales
de la ciudad, sino que puedan llevarse a los todos los barrios y comunas del
espacio urbano. Las expresiones culturales, que otrora eran arraigadas a
ciertas clases de elite, deben ser abiertas y dispuestas a todos los ciudadanos
sin distinción de clase social, étnia o creencia religiosa.
huribe@uao.edu.co
4 de octubre de 2012
martes, 2 de octubre de 2012
EL PARQUE COMERCIAL RIO CAUCA Y SUS CONDICIONES DEPLORABLES
EL
PARQUE COMERCIAL RÍO CAUCA Y SUS CONDICIONES DEPLORABLES
Por
Hernando Uribe Castro.
Magíster en Sociología
El próximo
diciembre, hará ya 12 años que el diario local EL PAIS, (del 12 de diciembre de
2001. p. Cali, C 2) anunciaba que: “Desepaz
tendrá complejo comercial… será construido por una sociedad mixta en la que
participan la Administración Municipal con el 20% e inversionistas privados con
el 80%. El proyecto fue autorizado ayer por el Concejo, tendrá una inversión
aproximada a $7.000 millones y se construirá en un lote de 71.560 metros
cuadrados propiedad del municipio”[1]. El nombre original es Complejo
Comercial Desepaz Galería de Oriente localizado en el oriente de la ciudad.
Efectivamente, este
complejo popularmente se conoce como Parque Comercial Río Cauca, se inauguró en
2009, pero extrañamente hoy al 2012, todavía no se ha terminado. El 11
de julio de 2011, el periódico El País reporta
que los propietarios y arrendatarios realizaron una protesta pacífica exigiendo
a la alcaldía tomar cartas en el asunto[2] y la respuesta del Alcalde
en su momento era que nada tenía que ver.
El tiempo sigue
pasando y el funcionamiento de este lugar todavía esta a medias: la mayor parte
de los locales comerciales están vacíos y cerrados, otros locales están
abandonados. Zonas y corredores desprotegidas al servicio de la inseguridad porque
no poseen iluminación; unos baños en pésimas condiciones y mal estado; pasillos
con techos desprendidos y caídos; unas gradas eléctricas que nunca entraron en
funcionamiento porque nunca se terminaron; zonas verdes en estado lamentable y
una estructura arquitectónica que segrega espacios internamente. Y eso sin
comentar la falta de vigilancia en la zona de parqueadero, falta de sistemas de
seguridad y espacios sin estética y/o atracción para el visitante. Incluso, en
el proyecto inicial se incluía un muelle sobre el río Cauca que nunca se hizo.
En conversación con
algunos dueños de los negocios durante mi visita, existen por ejemplo zonas de
locales donde no se presta el servicio del agua, la seguridad es pésima y la
asistencia de público es extremadamente reducida. En los días de la semana el Parque
Comercial mantiene desolado.
Desde hace tiempo se
ha expresado que se instalará un supercentro, bien la 14 u otra cadena como
anclaje, pero ha pasado el tiempo y todavía se encuentra el espacio vacío. Sólo
funciona Cine Colombia, Telmex, Davivienda y Banco de Bogotá.
¿Qué ha sucedido?
¿Qué está sucediendo? ¿Qué respuesta puede tener la administración municipal? ¿Qué
sucede con la administración de este lugar? ¿Cuál es el papel del Concejo de
Cali frente a este caso?
Este es un espacio
que no encaja con su entorno próximo, así como no es amigable con sus
visitantes. Es un espacio creado con una racionalidad que no leyó el contexto y
las necesidades de la población. En lugar de convertirse en un punto de encuentro
de la comunidad, el Parque Comercial es un lugar que expulsa al visitante
porque no es un espacio que produzca sentimientos de agrado o afecto. Es interesante que un
proyecto como este, que supuestamente impulsaría el mejoramiento de las
condiciones de ocio y esparcimiento de la población del oriente de la ciudad,
quede frustrado. Es una mole de cemento que antes que generar sentimientos de pertenencia y procesos de inclusión, ha generado todo lo contrario, pues los ciudadanos no se ven identificados ni atraídos. La población vecina lo asumen como un espejismo.
No se escuchan
voces que aclaren qué sucede. Todo este silencio abruma!
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