Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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martes, 21 de junio de 2016

¿SOCIEDAD ANESTESIADA FRENTE A UN MUNDO EN DESTRUCCIÓN?

¿SOCIEDAD ANESTESIADA FRENTE A UN MUNDO EN DESTRUCCIÓN?

Por
Hernando Uribe Castro
MS.c en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Miembro del CIER, Profesor Facultad de Humanidades

Las Corporaciones siguen con su ataque enérgico contra la naturaleza y los gobiernos continúan autorizando sin control alguno, o con deficiente control, la actividad extractiva en sus territorios. Las actividades mineras, los monopolios agrícolas, la extracción desmedida de peces del mar, la expansión ganadera sobre ecosistemas frágiles, la deforestación, tala y destrucción de bosques, selvas es incesante, la contaminación de fuentes de aguas superficiales y subterráneas no para. Los datos muestran que entre el 1 de enero y el 15 junio del 2016 se habían deforestado 2.371.006 has; 3.192.015 hectáreas de tierra se habían perdido por erosión de suelos; se tenían 16.935.358.647 emisiones de CO2; se habían desertificado 5.470.999 nuevas hectáreas y se habían liberado 4.464.507 químicos tóxicos en aire, suelo y agua por las industrias (http://www.worldometers.info/es/)

La sociedad en su conjunto está anestesiada y, en casos extremos indolente, metidas en sus mundos (fútbol, moda, videojuegos, solucionando problemas cotidianos, etc.) y en sus fantasías (famosos, héroes, farándula, espectáulos), muchas veces sin querer darse por enterada de esta realidad. El consumismo global sigue en aumento exponencial. Según proyecciones al 2030, en promedio, cada una de las personas de ese entonces, producirá 1,42 Kg de basura urbana al día, más del doble de lo producido hoy (0,64 Kg)” (Dinero, 29-08-2015).

Solamente los registros de la temperatura global han mostrado en los últimos años una marcada tendencia al incremento, tal como lo ha señalado en los últimos meses la Nasa y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Por ejemplo, la Agencia EFE informa que: “La temperatura global rompió nuevos récords en mayo (2016), lo que convirtió la primavera en el hemisferio norte en la más cálida que se haya registrado [...] La temperatura global en la superficie terrestre en mayo ha estado 0,95 grados centígrados por encima de la media correspondiente a este mes, un salto con relación al incremento de 0,2 grados que se reportó para el mismo mes del año pasado, según datos de la NASA, una de las fuentes de referencia para la OMM” (EFE, 20 de junio de 2016).

Según Agencia EFE, el director del Programa de Investigación de Clima Global de la OMM, David Carlsson, en una rueda de prensa dijo: el mundo lleva 370 meses consecutivos de temperaturas más y más calientes en la superficie terrestre. “Esto significa que cualquier persona que tenga ahora treinta años a menos nunca pasó un mes más frío que la media, sólo meses más y más calientes desde su nacimiento”, aseguró el experto. (EFEverde). Esto está relacionado con los datos proyectados sobre muertes prematuras por calentamiento global. Según el recientemente informe titulado Cambio climático y salud, actuando frente al cambio climático para mejorar la salud de las personas y del planeta, se dice que:el aumento de fenómenos meteorológicos extremos proyectado para 2030 podría causar 60.000 muertes prematuras anuales” (EFEverde).

Según lo ha expresado el Informe de Riesgos Globales 2016 del Foro Económico Mundial, los riesgos con el mayor impacto potencial en 2016 son en su orden: 1º. La falta de mitigación y adaptación al cambio climático; 2º. Las armas de destrucción masiva; 3º. La crisis del agua; 4º. Las migraciones involuntarias a gran escala; 5º. Shock en el precio de la energía. Por su parte, los riesgos en términos de probabilidad son: 1º. Las migraciones involuntarias a gran escala; 2º. Los fenómenos meteorológicos extremos; 3º. La falta de mitigación y adaptación al cambio climático; 4º. El conflicto interestatal con consecuencias regionales: 5º. Los grandes desastres naturales (ver el resumen ejecutivo aquí: http://www3.weforum.org/docs/Media/GRR16_ExecutiveSummary_ES.pdf)

Y lo más complicado es que quienes defienden la naturaleza y las comunidades se encuentran en una situación de peligro por sus vidas. El informe más reciente de la ONG Global Witness mostró algunas cifras: 185 defensores de la tierra y el medio ambiente fueron asesinados en 2015, en 16 países. 66 % de las víctimas son latinoamericanas […] Brasil (con 50 asesinatos), Filipinas (con 33), Colombia (con 26), y Perú y Nicaragua (con 12 cada uno) (El Espectador, 20-06-2016).

El mundo cuenta ya con suficientes pruebas para darse cuenta de que algo extremadamente grave está pasando con el planeta Tierra y que es la vida humana, y la de todas las especies, las que se encuentran en alto riesgo de desaparecer ¿por qué entonces no se actúa responsablemente con el planeta y con la trama de la vida?

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Publicado por el Periódico El Pueblo, 9 de Julio de 2016.





viernes, 13 de mayo de 2016

UN FUTURO AMBIENTALMENTE INSUSTENTABLE PARA EL MUNICIPIO DE CALI

Un futuro ambientalmente insustentable para el Municipio de Cali*

Por:
Magíster en sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Miembro del CIER, Profesor Facultad de Humanidades

Los conflictos ambientales que se presentan en el Municipio de Cali, especialmente en temas como el agua, son producto de las decisiones políticas tomadas en el pasado. Y por lo visto, las que se toman en el presente, permiten avizorar un panorama aún más desalentador en el futuro. Esto quiere decir que a las problemáticas no resueltas de tiempo atrás, se le sumarán las que se están construyendo hoy en día por el egoísmo, la ceguera y los intereses privados que pesan sobre el bienestar ambiental colectivo.

Cali creció de la mano y bajo las decisiones que plasmaron los intereses de terratenientes, politiqueros, empresarios y una ausencia de los agentes del Estado, encargados del control y la planeación-ordenamiento del territorio. Esto produjo lo que el geógrafo Rodolfo Espinosa denominó “un crecer dándole la espalda a los siete ríos del Municipio”.

Desde una perspectiva de la ecología profunda, no se tuvo respeto alguno por estos cursos de agua que albergaban un equilibrio eco sistémico con su entorno circundante y una diversidad de especies que contenían en sí mismos, un entramado de vida que se había construido durante pasados tiempos geológicos, para llegar a ser lo que eran: espacios de múltiples expresiones de vida y abundantes nichos de flora y fauna.

Desde una perspectiva humana, esos ríos garantizaban una vida sustentable porque aclimataban los entornos a condiciones de vida favorables; proveían de alimento a todas las especies al irrigar las tierras mediante la inversión térmica y la escorrentía; producían una diversidad de bellezas paisajísticas; ayudaban a circular el aire limpio, puro y fresco que se deslizaba al ritmo de la danza del agua desde las altas montañas, hacia la zona plana y para todas las especies, incluyendo la humana.

Una acción inteligente y éticamente respetuosa con la naturaleza, hubiese sido hacer de estos siete ríos ejes centrales y articuladores del proceso de construcción territorial para garantizar a los corregimientos y al casco urbano, excelentes condiciones ambientales y hacer de Cali una urbe exitosa y resiliente frente a los fuertes estragos del cambio y la variabilidad climática global.

Pero la realidad fue otra, puesto que las acciones humanas hicieron de los ríos, canales fétidos de aguas servidas; se canalizaron y se colonizaron; se les deforestó y se les arrasó la tierra; se privatizaron, se enmugraron y, finalmente, se urbanizaron. Sobre sus lechos posa un desastre ambiental plasmado no solo en la existencia de urbanizaciones sobre sus antiguos cauces, sino también sobre sus humedales desecados y rellenados. Y sobre ellos se construyeron barrios como estrategia para sacarle renta a una tierra altamente vulnerable a los efectos sísmicos. Fueron, y son, más los polítiqueros y los terratenientes enceguecidos por el afán de lucro privado los que construyeron (y aún diseñan) este territorio y no tanto los planeadores, los arquitectos, los geógrafos y todos aquellos profesionales, de las mano de las comunidades ancestrales, conocedores de la importancia de la ordenación sustentable del territorio.

Estos importantes ejes hídricos, que son ejes de vida, fueron borrados del paisaje urbano para imponer sobre ellos el cemento, símbolo del “desarrollo” y la creatividad humana, que aportó exponencialmente al calentamiento urbano y global. Y con el cemento se redujo significativamente la arborización para construir carreteras, puentes, autopistas, edificios de apartamentos; también para reproducir el negocio, para hacer fluir las inversiones y los capitales, para construir centros comerciales que son ahora los espacios festivos para la promoción del consumismo y la vida banal. Hoy vivimos una intoxicación colectiva, producto de nuestras propias acciones.

El resultado es un territorio municipal enfermo, con espacios desarticulados, segregados y fragmentados por la acción de agentes, politiqueros y empresarios irresponsables que sacaron, y aún continúan sacando, el mejor provecho del territorio y su naturaleza, exprimiéndolo para su propio beneficio. Quieren extender más y más la ciudad hacia las zonas de ladera, hacia el sur y sur oriente de la ciudad, destruyendo zonas de humedal, bosques y fuentes de agua como ocurre justamente con el río Pance y con el sector de los Farallones de Cali hacia el sector de Jamundí.

Lo preocupante es que no se avizoran para la ciudad ni Planes de Desarrollo, ni Planes de Ordenamiento de las Cuencas Hídricas (PONCH), ni mucho menos un Plan de Ordenamiento Territorial que proponga, nuevos enfoques y se dé en la tarea de, por una parte, detener este enérgico ataque contra la naturaleza y, por otra, recuperar con contundencia y decisión estas siete cuencas hidrográficas.

Infortunadamente, todo lo que se continúa planteando y haciendo con respecto a estos ecosistemas desde las agencias del Estado, son acciones superficiales, como paños de agua tibia, bajo un discurso ecologista y ambientalista fútil e inocuo que oculta los verdaderos intereses de quienes tienen la capacidad de ejercer el poder sobre estos entes de control y de decisión.

Como habitantes de estos espacios, no solo tenemos una obligación ética sino también política, para transformar esta triste y preocupante realidad. El cambio nunca vendrá desde arriba. Por tanto, estamos obligados a ser conocedores de la situación para ser creativos en la búsqueda de propuestas que se encaminen a transformar esta realidad.

Las comunidades estamos en la obligación de actuar, exigir y denunciar, cuestiones éstas que no dan espera para aminorar los efectos de lo que se nos viene como humanidad. Los cambios comienzan desde abajo, es decir, desde personas como Usted o yo.

* Publicado por el periódico El Pueblo, 21 de mayo de 2016.

miércoles, 11 de mayo de 2016

COMUNICADO PÚBLICO POR LA DEFENSA DE LA VIDA Y LOS TERRITORIOS

Comunicado público por la defensa de la vida y los territorios


Santiago de Cali, mayo 3 de 2016
El desarrollo extractivo en Colombia se viene imponiendo, a sangre y fuego, en territorios en donde caminan con fuerza organizativa y reivindicativa los Procesos de Comunidades Negras, Pueblos Indígenas y Comunidades Campesinas. Entre los días 25 al 27 de abril de 2016, algunas comunidades afrocolombianas del Norte el Cauca hicieron presencia en la carretera Panamericana a la altura de la vereda Quinamayó (Cauca), para protestar por el incumplimiento de acuerdos suscritos con el Gobierno central, con miras a solucionar problemas asociados a la titulación de tierras, consulta previa para el desarrollo de la mega minería y en particular, para evitar la explotación irracional del recurso hídrico, afectado por la explotación minera.
Celebramos la llegada de un nuevo acuerdo entre emisarios del Gobierno local, regional y nacional con los manifestantes, al tiempo que lamentamos los enfrentamientos con la fuerza pública y rechazamos enérgicamente las amenazas proferidas contra varios de los líderes y lideresas del movimiento afrocolombiano que orientó la protesta social. En particular, la amenaza de la que fue víctima la lideresa Francia Elena Márquez Mina, quien a pocas horas de logrado el acuerdo con el Gobierno, recibió en su celular un amenazante mensaje en el que su vida y la de sus familiares eran declarados como "objetivo militar por oponerse al desarrollo del país".
Como colombianos y en particular como miembros de la Academia, rechazamos las amenazas de muerte proferidas contra los defensores de derechos humanos, reclamantes de tierra y comunidades que se oponen al desarrollo extractivo en sus territorios. De igual manera, como ciudadanos exhortamos al Estado, en sus dimensiones nacional, regional y local, a que redoble los esfuerzos para controlar y someter a los mineros ilegales que con retroexcavadoras, están poniendo en riesgo la vida de comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas. Y en particular, lo instamos a que evite que las amenazas proferidas por parte de los ilegales contra líderes y lideresas, se cumplan.
Jesús Alfonso Flórez López, profesor universitario
Germán Ayala Osorio, profesor universitario
Elizabeth Gómez Etayo, profesora universitaria
Hernando Uribe Castro, profesor universitario
Enrique Leff, profesor universitario
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sábado, 30 de abril de 2016

UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS

UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle
Profesor Universidad Autónoma de Occidente


Alzar nuestra tímida mirada al infinito firmamento y tener la posibilidad de ver un cielo cargado de estrellas es algo que, desafortunadamente, ya no podemos hacer quienes vivimos atrapados, presos y enjaulados de la dinámica y siempre cargada vida urbana. En ella predomina la intensa y enceguecedora luz que impide que nuestros ojos y todos los sentidos, tengan un contacto directo con las maravillas del cosmos.  

Nos dejamos atrapar por un estilo de vida de consumo impuesto por el sistema que agarra nuestras miradas y las pone fijas en las pantallas de los aparatos celulares, los PC y los televisores. Esas pantallas que absorben la mirada y cada segundo de nuestras cortas vidas. Olvidamos por completo que nuestra casa común, esa a la que llamamos Tierra, flota sobre esa sorprendente espesura cósmica, llena de misterios y bellezas.

El estilo de vida consumista y lleno de las mil y una banalidad, hace que pasemos más tiempo esclavizados del trabajo, el empleo y las actividades “productivas” cotidianas para hacernos a ellas, y que no “tengamos el tiempo” necesario para hacer, ni siquiera, una pausa. Una pausa que nos recupere la propiedad de controlar nuestro tiempo y que nos conduzca a volver a sorprendernos por los maravillosos y despampanantes espectáculos que existen en el cielo y en cada uno de los elementos que conforman la Naturaleza.

Ya no se escuchan los grillos, los chapules y las ranas, pues fueron desplazadas por el cemento y por el sonido aturdidor de los autos, los teclados y los televisores. Mantenemos nuestra mirada y nuestra vida siempre pegada al piso y olvidamos que podemos volar hacia los confines y los más inimaginables horizontes.

Se nos olvidó la grandeza de mundo y de todos los fenómenos que a simple vista nos ofrece nuestro entorno. El atardecer, el amanecer, la estructura del árbol, el sonido de las aves, el correr de las aguas, el volar de las nubes, el caer de las gotas de lluvia, la caída de las hojas y las mil tonalidades del cielo, del mar y del planeta.

Nuestra sensibilidad por las cosas simples, por lo encantador que es vivir, por la simetría-asimétrica de la “realidad” parece estar perdiéndose. La felicidad no está en los centros comerciales, tampoco está en los objetos. La felicidad está en la posibilidad y la oportunidad que nos damos de vivir en inter-retro-conexión con nosotros mismos, con los seres a quienes amamos y con el planeta de que se hace parte; con las verdaderas grandezas del mundo que, sencillamente, siempre han estado ahí. Estamos perdiendo el brillo del sol, el encantador esplendor de la luna, el fascinante titilar de los astros, así como también nos hemos vueltos sordos ante el silencioso silbido del viento.

Como lo dice la frase Zen  “Todo está ligado. Todo se une en universo”. Nosotros somos parte de eses universo y por tanto, hacemos parte de ese todo, juntos, integrados, complementados. Por más nubosidad que haya, siempre tendremos un cielo lleno de estrellas.


viernes, 22 de abril de 2016

CONTRA LOS ALBAÑILES DE UN PLANETA INSUSTENTABLE

Contra los albañiles de un planeta insustentable

Por:
Hernando Uribe Castro
MSc. en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Pareciera que uno de los objetivos que se han propuesto las Corporaciones Globales es la de imponer la idea aquella de que la humanidad no forma parte de la compleja y sistémica red o trama de la vida planetaria. Incluso, se perciben intentos de convencernos, por todos los medios, de que los seres humanos no hacemos parte de la naturaleza y que ni siquiera necesitamos de ella porque con nuestros avances técnicos y tecnológicos es suficiente para alcanzar el desarrollo humano y para lograr la realización total de la vida.

Nos hacen creer también que nuestro planeta Tierra es ilimitado y que por tanto, se tiene que explotar sin ningún tipo de obstáculo, porque de esa explotación incesante y continua depende el bienestar, el progreso y el desarrollo civilizatorio. Que éste es el único camino para encontrar la tan anhelada felicidad, expresión máxima de que somos una especie inteligente. Por ello, no es raro que los gobiernos que son los administradores del Estado, autoricen en sus territorios prácticas como el “fracking”, la exploración petrolera en zonas de reserva y conservación forestal, la minería a cielo abierto, la explotación maderera, la construcción de hidroeléctricas, la ganadería extensiva y la pesca industrial, entre otras actividades nocivas para el equilibrio ecológico del planeta.

Nos enseñan a creer que una vida exitosa es aquella que está llena de bienes materiales, lujos, acumulación de dinero, estatus y prestigio social. No poseer esto es reflejo del fracaso, la desdicha, el atraso y la pobreza. Por ello, la construcción de nuevos estereotipos a seguir como los  actores del espectáculo, del deporte, los famosos, las estrellas y las divas.

Las Corporaciones propugnan por el valor económico del individuo y el valor del individuo en su estrategia económica acumulativa. Entre más individuos masificados, más dinámica será la economía. Por ello, hacen del individuo una unidad productiva, rentable y consumista. Desligan al individuo del entretejido y de su interdependencia con respecto a todos los fenómenos naturales para encadenarlo al sistema y los flujos del Mercado. Individualizan al individuo, para homogenizarlo y masificarlo como código de compra- venta en la sociedad del consumismo.

Al tiempo que hacen esto con el individuo, acrecientan las divisiones del mundo en partes nacionales, Estados, grupos y guetos. El poder de fragmentar social, académica, religiosa y étnicamente es el poder para confundirnos y hacernos olvidar de que somos una especie humana planetaria y diversa. Nos ocultan la compleja trama de la vida para encadenarnos al sistema del mercado: este es el gran y rentable negocio de las Corporaciones.

Son las Corporaciones las que tienen el poder de hacer de algunos países pobres, paraísos de las transnacionales, en donde intervienen sin ningún tipo de control porque lograron cooptar a los agentes que hacen parte de los gobiernos corruptos que administran estos Estados. Una vez en el territorio, imponen su lógica extractivista bajo lemas de seguridad, de progreso y de bienestar para las comunidades.

Y el hecho de que Corporaciones, en colaboración con el Estado, se propongan llevar a cabo este enérgico ataque contra los lazos que nos unen al planeta, está en el hecho de que una sociedad desligada de sus raíces, es una sociedad desinteresada por lo que pueda suceder al sistema de la vida. Una sociedad desinteresada es una sociedad que se considerará altamente artificializada. Y una sociedad artificiosa es una sociedad que termina creyendo que su verdadero nicho de vida es la plataforma de vida material y construida que le ofrecen las Corporaciones. Y que la máxima expresión de esa plataforma es la ciudad como expresión de desarrollo y de civilización. La ciudad como el templo del prometedor capitalismo global. La ciudad como el lugar para la realización de la vida.

Frente a este fuerte discurso que ha logrado penetrar la estructura social, la estructura mental  y las estructuras cognitivas de los individuos, no se puede esperar que sean los Estados, las Corporaciones y los organismos globales -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio- los albañiles y diseñadores del mundo sustentable pues de entrada sabremos que estos construirán sobre cimientos de cal y de arena. Harán un ecologismo-ambientalismo superficial y mentiroso, cuyos discursos los sitúan en las principales y más sensibles instituciones de la sociedad, como la familia, la religión, la escuela y los medios de comunicación.

Ese es el peligro del ambientalismo corporativo que aún, hablando en nombre de la importancia de lo ambiental, despliega todas las fuerzas para imponer el orden del Mercado como un imperativo categórico para una exitosa vida humana. Un éxito que, además de hacer fortuna y tener abundancia, desplegará la admiración y la envidia de los otros seres humanos.

De este modo, difícilmente podremos construir respeto por la Naturaleza, con una sociedad profundamente consumista y esclavizada a recibir órdenes de las Corporaciones. El impulso hacia una sociedad responsable con la Naturaleza se logra cuando lo individual, lo colectivo y lo global no se vean como escalas opuestas, sino contenidas y complementarias. Y cuando las estrategias para difundir un discurso ambiental y saludable deben ser tan efectivas en sus mensajes por la imperiosa necesidad de cambiar los estilos de vida, como agrestes y efectivas son las estrategias publicitarias corporativas que incitan a los individuos a lanzarse de lleno a adquirir banalidades.

La lucha de quienes somos sensibles por una Ética de la Tierra, de la Responsabilidad y del Respeto por la Naturaleza y de una Ecología Profunda, tenemos la imperiosa tarea de continuar demostrando que es urgente: romper con los discursos manipuladores, amañados y falsos que hacen ver la vida como campo de entretenimiento; comprender cómo es que funciona el discurso y las estrategias que hacen del desarrollo, un motor de vida, para salir, justamente de ese desarrollo; encauzarnos con nuestras acciones cotidianas hacia un mundo distinto con menos consumismo; y, no desechar de entrada, aquella idea de que un mundo  diferente es posible, para recuperar la creatividad y la iniciativa hacia una sociedad con prácticas sustentables. Y la más importante, la necesidad imperiosa de ser insumisos ante las demandas de las Corporaciones globales, para recuperar el control de nuestras vidas comunitarias locales.

Los individuos somos una unidad armoniosa, que como parte de un Todo se inter-retro-conecta con esa otra totalidad que es el sistema viviente y el mundo natural del sistema cósmico.



viernes, 8 de abril de 2016

DESTRUCCIÓN DEL CAPITAL SIMBÓLICO EN CALI

Destrucción del Capital Simbólico en Cali, Colombia*

Por
Hernando Uribe Castro
Prof. Universidad Autónoma de Occidente
Magíster en Sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle

En Cali, a medida que se destruye el capital simbólico urbano heredado de su largo proceso histórico, los agentes del capital comercial global van imponiendo su propio modelo de ciudad. Este hecho se ve reflejado a partir de varias situaciones.

Primero, cuando se destruye su centro histórico -aquel que poseía expresiones arquitectónicas y vestigios de su época indígena, colonial y republicana-, para imponer en el paisaje urbano las construcciones “modernas” que funcionan como sedes de entidades financieras, bancarias y una que otra institución del Estado. De su escenario histórico y herencia cultural tan solo quedan relictos en el “diminuto centro histórico”, monumentos religiosos y en barrios como San Antonio y San Cayetano. Hoy, el espacio social y de socialibilidad se teje en la caótica ciudad entre los centros comerciales conectados por la ineficaz red de transporte público masivo.

Segundo, cuando al ser atrapada por la lógica de la rentabilidad de la tierra acaparada por unas elites políticas y económicas locales, terminó desbordada, y sin ningún tipo de planeamiento, control o visión futura. Las obras de jarillón construidas sobre el curso del río Cauca, beneficiaron a terratenientes que dinamizaron el mercado de tierra en el oriente, produciendo una ciudad tan grande, como grandes sus actuales problemas socioespaciales. Un oriente de Cali, que confinó a familias que fueron empobrecidas y que las resignó a vivir en esas condiciones de necesidades insatisfechas. El mercado de tierras se extiende hoy hacia el sur, por ello el gran afán de expandir e integrar zonas ejidales al mercado del suelo.

Tercero, cuando con los discursos modernizadores promovidos mediante los eventos globales, como por ejemplo, los juegos panamericanos de 1971 y otros más recientes, se construyen e invierten sumas grandes de dinero para construir o remodelar infraestructuras apropiadas para estos eventos, los cuales se consideran como claves para la “modernización” urbana y el “progreso” de la ciudad, pero a los que casi nunca se les menciona sus efectos que en términos del incremento de la calidad de vida, el acaparamiento de tierras, las plusvalías esfumadas por la corrupción y los impactos ambientales que tienen estas obras.

Cuarto, cuando pone en crisis y en detrimento sus favorables condiciones ambientales por el negocio rentable de la Tierra, la expansión urbana y el turismo, como por ejemplo: la urbanización en el río Pance y en las zonas de laderas, la propuesta de desecación de humedales (La Babilla o Panamericano) para construir o ampliar carreteras,  la canalización del río Cañaveralejo, las urbanizaciones en el sector del Valle del Lili sobre antiguas zonas de inundación y próximas al antiguo basuro de Navarro con efectos para la vida de quienes residen en esos lugares.

Quinto, cuando privatizó el espacio para incorporar zonas residenciales en conjuntos cerrados de bloques de apartamentos de cinco y veinte pisos. Conjuntos cerrados al modo de encarcelamientos con rejas, mallas, tapias y sistemas de seguridad en detrimento de los barrios con antejardines y solares. Urbanizaciones y conjuntos cerrados rentables cuyos promotores reproducen el discurso de que la ciudad es peligrosa y el conjunto cerrado seguro, como principal argumento para incrementar el negocio. Conjuntos cerrados, amontonados, en una ciudad con temperaturas promedio a los 28 grados centígrados.

Sexto, cuando no volvió a construir museos, parques, zonas de bosque y plazas públicas. Monumentos y obras de arte se encuentran desgastados y olvidados. Solo basta ver los monumentos y obras de arte que están debajo del terrible y mal hecho puente de la calle 26 con autopista. O por ejemplo, el debate que hubo sobre el monumento a Jovita Feijoo en la estación Santa Librada.

Una ciudad que para realizar eventos como la Feria de Cali que era la fiesta del pueblo desde los años cincuenta, donde todos participaban, ahora está privatizada. Esta es una feria que para poder realizarse, las autoridades tienen que cerrar y encerrar vías públicas y montar tarimas junto a los canales de aguas residuales de la principal “autopista” para las caravanas y desfiles. Y todo ello para cobrar, pues la feria ahora es para los privados y no para la comunidad. El cerramiento y encerramiento producen más congestión que se suma a la congestión continua de todos los días a todas horas del año.

Una ciudad donde las autoridades y los inversionistas privados, aniquilaron el transporte público de buses para construir un sistema de transporte masivo, modelo que también se replicó en otros lugares del país y de américa latina, con el argumento de que este tipo de transporte resolvería el problema de movilidad. Hoy los ciudadanos no solo deben dedicar más tiempo para movilizarse de un lugar a otro, haciendo transbordos, sino también de caminar largos y enredados trayectos para acceder a alguna de las estaciones. Muchos ciudadanos para evitarse estos problemas, optaron por el transporte pirata: taxis, autos particulares y los famosos “motoratones” (que es el transporte pirata en motocicletas). Cali era de las pocas ciudades en Colombia, donde el transporte pirata no tenía fuerza,  pero hoy esta ciudad se ve el aumento de este tipo de servicio.

Pareciera que todos estos esfuerzos de destrucción del capital simbólico urbano caleño se hicieran con la firme intención de fortalecer el capital financiero y comercial. Es decir, hacer difícil, caótica, peligrosa, insegura y detestable la ciudad, para que los ciudadanos se refugien en sus casas y los centros comerciales, templos del capital financiero y del consumo. El miedo es muy rentable en la sociedad de consumo.


En general, Cali es un claro ejemplo de extractivismo urbano que implica hacer de la expansión y del crecimiento de la ciudad fuente de plusvalía urbana, apropiadas por las elites de poder e inversionistas, que no solo se adueñan de esta plusvalía sino que además mercantilizan con el capital físico y simbólico urbano, aquel capital del que ha participado los habitantes urbanos sin recibir ninguna retribución. Una inequidad e irracionalidad del modo como se da la participación de plusvalía urbana donde toda la ventaja es para los privados en detrimento de la participación del Estado. Se destruye su capital simbólico heredado para imponer el capital del mercado global urbano.

*Publicado por El Pueblo, 9 de abril de 2016. 

viernes, 4 de marzo de 2016

EXTRACTIVISMO URBANO Y CAPITAL SIMBÓLICO EN CALI, COLOMBIA

Extractivismo urbano y capital simbólico en Cali, Colombia.

Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Prof. Universidad Autónoma de Occidente.

Uno de los llamados de atención que hace David Harvey a Pierre Bourdieu en cuanto al uso del concepto de capital simbólico, es precisamente, que este puede tener un uso más generalizado, incluso , para los estudios de lugares y no solo para individuos.[1]

Expresa Harvey que cuando se mira una ciudad desde la perspectiva del capital simbólico, éste se manifiesta con grandes ventajas para aquellas ciudades que han logrado mantener sus rasgos distintivos, sus particularidades, su valoración histórica, sus tradiciones, sus logros artísticos y su herencia cultural. No obstante, este capital simbólico puede enfrentar un detrimento cuando las ciudades presentan reestructuraciones, cambios o transiciones por la arremetida y la intervención del capital global que tiende a homogenizar y a imponer un tipo de urbanismo global.

Harvey menciona el caso de Barcelona en España, ciudad que se incorporó al sistema de ciudades europeas por el desarrollo exquisito de un ornato arquitectónico que fue afín al legado histórico existente y a la recuperación de espacios públicos que realzaron, precisamente, sus rasgos particulares. En este proceso tuvo importancia sustancial la inyección de capitales para eventos globales como los juegos olímpicos. Pero a su vez, esta fascinante transformación atrajo la mercantilización multinacional homogenizante que ha venido haciendo de Barcelona en los últimos años, una urbe igual a lo que se podría ver en otras ciudades del mundo, sobre todo en sus últimas fases del desarrollo, que terminaron disneyficando la ciudad, gentrificando espacios, congestionando sus calles e instalando centros comerciales, tan similares como otros en otras partes del mundo.

La experiencia de Barcelona es muy interesante y nos invita a pensar en los procesos vividos en nuestras ciudades latinoamericanas por los efectos del capitalismo global urbano. Pienso en la ciudad que habito, Santiago de Cali, capital del Departamento del Valle del Cauca en Colombia.

¿Qué ha sucedió en Cali con respecto a su capital simbólico, y cómo éste se ha visto afectado por el capitalismo global urbano promovido por las multinacionales y los modelos del urbanismo homogenizante?.

Cali es una ciudad ubicada al piedemonte de la cordillera occidental de la gran cadena montañosa de los Andes y sobre la zona plana del valle geográfico del río Cauca. Un territorio construido y diseñado por los agentes del capital agroindustrial en colaboración con los agentes del Estado colombiano. (Uribe, 2015).

Cali es ejemplo claro de ciudad que poco a poco fue experimentando la aniquilación de su capital simbólico urbanos cuando las elites decidieron hacer de su centro histórico, espacio para lucrativo para los inversionistas privados que tumbaron las joyas arquitectónicas históricas para construir edificios altos y cuadrados. De su escenario histórico y herencia cultural ni qué hablar, tan solo queda un relicto en el centro histórico, en San Antonio y San Cayetano. La exquisitez arquitectónica quedó arrasada, en fotografías y en el olvido.

Hoy, el espacio social y de socialibilidad se teje en la caótica ciudad entre los centros comerciales conectados por la ineficaz red de transporte público masivo.

Una ciudad que al ser atrapada por la lógica de la rentabilidad de la tierra, acaparada por unas elites locales y terratenientes, terminó desbordada y sin ningún tipo de planeamiento, control o visión futura. Las obras de jarillón construidas sobre el curso del río Cauca beneficiaron la expansión de la caña de azúcar y la expansión urbana sobre el oriente de Cali, produciendo una ciudad tan grande como grandes sus actuales problemas socioespaciales.

Para la historia local de esta ciudad, los juegos panamericanos de 1971 se consideraron muy significativos porque obligaron a construir una infraestructura apropiada para el evento, los cuales se significaron como claves para la modernización urbana y el “progreso” de la ciudad. Pero casi nunca se dijo algo con respecto a los efectos que en términos del incremento de la calidad de vida, el acaparamiento de tierras, las plusvalías esfumadas por la corrupción y los impactos ambientales tuvieron estas obras para los ciudadanos.

Una ciudad que vio perder sus tardes de brisa caleña porque los procesos del mercado del suelo y la construcción de grandes bloques de apartamentos sobre las pendientes, atraparon el viento que escurre por las laderas de la montaña hacia la zona plana.

Una ciudad que al igual que las otras latinoamericanas ve aparecer en su escenario la privatización del espacio y las zonas residenciales en conjuntos cerrados de bloques de apartamentos de cinco y veinte pisos. Conjuntos cerrados al modo de encarcelamientos con rejas, mallas, tapias y sistemas de seguridad. Urbanizaciones y conjuntos cerrados rentables cuyos promotores reproducen el discurso de que la ciudad es peligrosa y el conjunto cerrado seguro, como principal argumento para incrementar el negocio.

Cali es una ciudad que no volvió a construir museos, parques, zonas de bosque y plazas públicas. Una ciudad que para realizar eventos como la Feria de Cali que era la fiesta del pueblo, donde todo el mundo gozaba y con una larga tradición desde los años cincuenta, ahora está privatizada. Y lo peor, es que es una feria que para poderse realizar, las autoridades tienen que cerrar y encerrar vías públicas y montar tarimas junto a los canales de aguas residuales de la principal “autopista” para las caravanas y desfiles. Y todo ello para cobrar, pues la feria ahora es para los privados y no para la comunidad. El cerramiento y encerramiento producen más congestión que se suma a la congestión continua de todos los días a todas horas del año.

El sur de la ciudad es intransitable para peatones, conductores o motociclistas en las horas pico. Recorridos de cinco minutos pueden convertirse en horas en medio de la congestión como sucede todos los días entre el sector conocido como Macro hasta la salida a Popayán. Y ni hablar de otros sectores como el Norte, el Centro o el Occidente.

Una ciudad donde las autoridades aniquilaron el transporte público de buses para construir un sistema de transporte masivo, modelo que también se replicó en otros lugares del país y de américa latina, con el argumento de que este tipo de transporte resolvería el problema de movilidad. Hoy los ciudadanos no solo deben dedicar más tiempo para movilizarse de un lugar a otro, haciendo transbordo, sino también de caminar largos trayectos para acceder a alguna de las estaciones. Muchos ciudadanos para evitarse estos problemas, optaron por el transporte pirata: taxis, autos particulares y los famosos “motoratones” (que es el transporte pirata en motocicletas). Cali era de las pocas ciudades en Colombia, donde el transporte pirata no tenía fuerza,  pero hoy esta ciudad se destaca y brilla por el aumento exponencial de este tipo de servicio.

En general, Cali es un claro ejemplo de extractivismo urbano que implica hacer de la expansión y del crecimiento de la ciudad fuente de plusvalía urbana, apropiadas por las elites de poder e inversionistas, que no solo se adueñan de esta plusvalía sino que además mercantilizan con el capital físico y simbólico urbano, aquel capital del que ha participado los habitantes urbanos sin recibir ninguna retribución. Una inequidad e irracionalidad del modo como se da la participación de plusvalía urbana donde toda la ventaja es para los privados en detrimento de la participación del Estado.

Todo esto nos lleva a pensar al fin de cuentas ¿Y en qué quedó el capital simbólico de la llamada y reconocida como la sucursal del cielo?



[1] “Bourdieu, a quien debemos el uso genérico de estos términos, los restringe desgraciadamente a individuos que como “(átomos flotasen en un océano de juicios estéticos estructurados) cuando a mí me parece que podrían ser mucho más interés las formas colectivas (y la relación de los individuos con ellas”. El capital simbólico adherido a nombres y lugares como París, Atenas, Nueva York, Río de Janeiro, Berlín o Roma es de gran importancia y da a tales lugares grandes ventajas económicas comparados, digamos con Baltimore, Liverpool, Essen, Lille o Glasgow” (Harvey, 2013: 156).