Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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viernes, 20 de junio de 2025

CALI Y LA ENTROPÍA URBANA

 Cali y la entropía urbana

 Por: Hernando Uribe Castro, PhD.

En las últimas décadas se ha venido incrementado la producción académica asociada a la entropía urbana como una medida que nos posibilita entender el desorden inherente a las ciudades. Lo interesante de estos estudios es que consideran necesario asumir la ciudad como un sistema complejo en el que todo ocurre simultáneamente: el movimiento de objetos y personas, el tránsito vehicular, la actividad económica, el empleo, el consumo de bienes y servicios, la generación de residuos, el crimen, entre otros aspectos. Este dinamismo constante crea un ambiente caótico en un escenario que ha pretendido, mediante el diseño y la planeación, un cierto orden, donde la energía y los recursos frecuentemente se malgastan, incrementando la desorganización.

Cuando reflexiono sobre la entropía urbana la identifico en múltiples manifestaciones, algunas de ellas, en la producción continua de desechos que no se reciclan; del mismo modo, en la capa de contaminación que se posa sobre la ciudad por el constante tráfico y las actividades económicas que no cesan; también, en la producción continua de ruido urbano que proviene de diferentes actividades humanas; incluso, en el movimiento estratégico y subrepticio del crimen que mantiene su dinámica sigilosamente y en espacios ocultos, y entre otros elementos de la vida diaria. Todos estos son indicios de un sistema que no funciona de manera óptima. 

Estas capas de caos interactuantes se materializa en problemas cotidianos como sucede con la congestión vehicular, los servicios públicos deficientes y el deterioro de la infraestructura. Cada uno de estos factores reduce la calidad de vida y hace que la ciudad sea un espacio menos agradable para vivir. En esencia, la entropía urbana funciona como un termómetro que mide el nivel de desorganización en un sistema urbano cuando no se gestionan adecuadamente sus recursos y flujos de energía. 

Al aplicar esta categoría a Santiago de Cali, observo una ciudad que, como muchas otras en América Latina, ha experimentado un crecimiento acelerado sin una planificación suficientemente robusta. El aumento en la demanda de recursos, la saturación del tránsito, la acumulación de residuos, el deterioro de la vida de los sectores más empobrecidos, el desgaste de los espacios públicos, el deterioro de las infraestructuras y servicios básico y el incremento en los niveles de contaminación del agua, la tierra, el aire y la afectación a la diversidad ecológica, son síntomas claros de este fenómeno. Si no se toman medidas para gestionar estos aspectos del vivir, el caos urbano -la entropía-, seguirá en aumento, consumiendo grandes cantidades de energía social y urbana libres.

Uno de los factores críticos que expone la entropía urbana es el sistema de movilidad. Un transporte público ineficiente y una infraestructura vial insuficiente y deteriorada, exacerban el problema. La congestión no solo genera más contaminación, sino que también representa pérdidas de tiempo y un desperdicio de energía social y fósil. Por ello, implementar sistemas de transporte eficientes y sustentables, como un metro eficiente o una red integrada de ciclorrutas, podría ayudar a reducir esta entropía, mejorando significativamente la fluidez de la ciudad. 

Otro aspecto determinante es la gestión de residuos. La acumulación de basuras en zonas públicas como calles, parque y plazas, así como las bajas tasas de reciclaje, son señales evidentes de entropía. Cuando los residuos no se recolectan y se procesan adecuadamente, contaminan el ambiente urbano y afectan la salud pública, agregando incluso en términos de percepción, el paisaje social que es referente de la baja calidad de vida en los espacios habitados colectivamente. Introducir políticas efectivas de manejo de residuos y de reciclaje, así como promover medios y sistemas económicos eficientes y apropiados, serían pasos fundamentales para restablecer el orden en el sistema. 

Los espacios verdes también juegan un papel crucial. Aunque Cali cuenta con valiosos escenarios naturales como sus ríos y zonas boscosas, dada su localización asociada a los Farallones de Cali, la expansión urbana descontrolada ha puesto en riesgo los ecosistemas estratégicos existentes. Preservar y ampliar estas áreas no solo mejora la calidad y el flujo del aire, sino que también ayuda a mitigar el efecto de isla de calor y restablece parte del equilibrio perdido. Infortunadamente, el desarrollo urbano de Cali se realizó desconociendo el papel crucial de las cuencas hidrográficas de los ríos tributarios del río Cauca. Este desconocimiento conllevó a la muerte de muchos cursos de agua y la transmutación de importantes ríos como canales de aguas servidas. La ciudad tiene una deuda ecológica y ambiental con las fuentes de agua.

Un aspecto crucial que aumenta la entropía urbana es la inseguridad, pues esta puede entenderse como un factor de inestabilidad del tejido social. Cuando una población se expone a alta incertidumbre, de inmediato se afecta la confianza colectiva. Es importante recordar que Cali, ha sido considerada en varias oportunidades como una de las urbes más violentas del mundo, no solo por lo que se encuentra asociado a los temas del narcotráfico, sino también de las redes de crimen organizado. La población experimenta ciclos de violencias por distintas causas, y para dar cuenta de ello, solo basta con atender las tasas de homicidios de los últimos años.

Dado este contexto, es claro que, las soluciones no sólo dependen de las autoridades. La participación ciudadana es igualmente importante. La colaboración entre el gobierno, el sector privado y la sociedad civil puede marcar la diferencia. Campañas de educación planetaria, ecopedagógicas, políticas públicas claras y una activa participación comunitaria son elementos clave para transformar la gestión urbana y reducir el caos. 

La adaptación al cambio climático emerge como un factor indispensable. Las ciudades adaptadas están mejor preparadas para manejar la entropía. Invertir en infraestructura resistente, prevenir inundaciones y promover el uso de energías limpias son acciones que disminuyen la vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos y, al mismo tiempo, reducen el desorden urbano. 

Con una planificación adecuada, innovación tecnológica y voluntad política, es posible transformar a Cali hacia niveles más bajos de entropía. El objetivo no es eliminar por completo el caos -algo imposible en un sistema tan dinámico como una ciudad-, sino aprender a gestionarlo de manera que se optimice el uso de la energía, se reintegren los recursos y, sobre todo, se mejore la calidad de vida de todos sus habitantes. Para una ciudad como Cali, es importante que se reflexione y proponga estrategias para potenciar la energía social en función de un cambio estructural que mejora las condiciones de vida de sus pobladores y de los ecosistemas que hacen parte del sistema de plataforma ecológica de este vasto territorio vallecaucano.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

EN CALI ARDE UN VOLCÁN

 En Cali arde un volcán
 
Por:
Hernando Uribe Castro, PhD
Director Doctorado en Sostenibilidad

 

La fascinación por la historia ambiental reside en que, además de ir tras las huellas del pasado con perspectiva ecológica y ambiental, abre espacio a todas aquellas historias que, narradas por los pobladores, han rondado en el imaginario colectivo como sucesos extraños que se convierten en leyendas y, para las cuales, se construyen explicaciones basadas en un realismo mágico.

Estudiando el fenómeno de la extracción del carbón mineral en la ciudad de Santiago de Cali, encontré en un magazín que circuló en este lugar durante la década de los años setenta del pasado siglo llamado “Despertar Vallecaucano”, una nota que llevaba por título: “En Cali arde un volcán”. La nota relataba el caso de una pequeña mina ardiente que, según los habitantes del lugar, había estado en continuo incendio por más de cincuenta años.

Como soporte de verificación de esta fascinante historia, el Magazín le tomó una fotografía a la mina “La Esneda”, escenario donde ocurrieron los hechos. En la imagen, efectivamente, se observa el humo que se levanta como fumarolas hacia el cielo desde la falda de la montaña.


Fuente: Despertar Vallecaucano No. 12, noviembre – diciembre de 1973

La nota del magazín expuso, entonces, este caso ocurrido en el Corregimiento de Golondrinas, localizado a veinte kilómetros de la ciudad de Cali y habitado, en ese entonces, por aproximadamente unas trecientas personas cuya economía doméstica dependía de su actividad como mineros, como campesinos y como pequeños comerciantes.

Es importante recordar que desde el siglo XIX tanto la madera como el carbón mineral, había sido usados por los pobladores rurales como fuentes de combustión por las familias para las labores del hogar y la preparación de los alimentos. Con la llegada de los vientos de los procesos modernizantes, con el ferrocarril y sus trenes a vapor, el carbón mineral se convirtió en un producto básico de la economía regional y nacional. Lo que tuvo como consecuencia un aumento progresivo en el número de minas construidas, la llegada de migrantes para trabajar como mineros y en el movimiento sobre el territorio para la extracción de carbón mineral. Gentes de todas partes del país se asentaron sobre estas faldas de montañas con sus familias y ranchos. Poco a poco, por el furor del carbón se configuró la denominada “Cuenca del carbón”, que se extendió desde Yumbo en el norte, pasando por la capital vallecaucana y prolongándose hacia el municipio de Jamundí al sur.

Golondrinas como sector rural se caracterizaba en ese entonces por ser un área de importantes laderas y pendientes con viviendas dispersas sobre el paisaje montañoso. En ellas, los mineros con su fuerza física, picos y palas, abrieron profundos socavones para extraer el carbón mineral, el cual, una vez extraído de la mina lo transportaban por más de una hora hasta la ciudad mediante carros que eran jalonados por ellos mismos. La dificultad para el transporte del carbón se debía a que Golondrinas no contaba con línea férrea, ni con locomotora. De ese modo, tanto la extracción como de transporte, se hacía de un modo más rudimentaria y artesanal. Así, el paisaje social y geográfico de la región empezó su increíble transformación al pasar de ser un sector de importantes bosques a zonas despejadas y cada día más pobladas.

En este contexto social se fundó la mina “La Esneda”, que era un yacimiento de aproximadamente unos 10 kilómetros de profundidad y que, por razones para las autoridades desconocidas, sufrió un incendio interno. El origen de esta conflagración no se pudo identificar del todo, dada la profundidad de la mina y la imposibilidad de llegar al núcleo del fuego. Decían los pobladores que no era posible ingresar a la mina por la dificultad que esta representaba para poder respirar. Por lo visto, el incendio en la mina había iniciado desde la década de los años veinte.

Aunque en distintas oportunidades los mineros, autoridades y habitantes del sector trataron de detener el fuego, bien abriendo socavones para sacar el humo o esperando las temporadas de lluvias, este continuaba y nunca se pudo llegar al punto origen de la conflagración. Incluso, pensaron en taponar y derrumbar la mina, pero de inmediato se percataron del increíble riesgo que tal propuesta podría representar, dada la posibilidad de una potencial explosión de la montaña por el gas carbónico concentrado sin poder salir al exterior. Surgió así, la historia popular de la existencia de un volcán sobre las laderas en esta ciudad.

Para los mineros y habitantes de Golondrinas la montaña era una bomba activa, un volcán a punto de explotar. Incluso, se explicaba que, en algunos sectores de la montaña hubo derrumbes de grandes rocas. Dada la imposibilidad de conocer a ciencia cierta la realidad del asunto, emergió la capacidad imaginativa y especuladora de la fantasía de los mineros que llegaron a decir, que la profundidad de la mina, la enmarañada red de caminos y canales, así como la extensión de los túneles podía llegar subterráneamente a los barrios de Cali que se encontraban en la zona plana, tanto al barrio San Nicolás por uno de los brazos, como al barrio Versalles por el otro. Para los mineros Cali estaba asentada sobre una red de ramificaciones de las minas de Golondrinas y sobre un profundo volcán.

En la nota del magazín de 1973, se ofrece el testimonio de un hombre corpulento de 68 años, don Rafael Uribe G, minero de profesión que dijo haber llegado a vivir al corregimiento de Golondrinas cuando tenía 30 años, es decir en 1938 y, anotaba, que, a su llegada en su etapa de juventud, la mina ya ardía.

Las elucidaciones del imaginario social con respecto al origen del incendio al ser tan inciertas, dieron importante espacio para que los campesinos y mineros habitantes del sector crearan las historias más llamativas y con una especie de fascinación. Por ejemplo, algunas de estas historias múltiples, raras y asombrosas fueron:


“Dicen que un trabajador prendió un cigarrillo y lo arrojó a una veta. En ese momento se escuchó un gigante. Entonces los habitantes de la calle del cocodrilo, aquí en Golondrinas, salieron despavoridos. Después dizque se acostumbraron al ruido y la respiración violenta de este volcán. Otras especulaciones culpan del incendio a un rayo. Un día, un minero se metió solo a buscar carbón y se perdió. “Alguien se dio a su búsqueda con antorcha y se quedó allá. Después, dizque encontraron dos hombres muertos. Parece que se asfixiaron, pero según el terror que demostraban sus rostros padecieron lo increíble en su lenta agonía”. (Magazín Despertar Vallecaucano, 1973, p. 14).

A partir de esta historia emergió el mito del Volcán en los cerros de Cali. En el imaginario social de los pobladores de Golondrinas, el día que la mina quede taponada por alguna razón, explotará la mina y con ella, toda la montaña afectando enormemente a la ciudad de Cali. La representación social de la situación exponía toda una catástrofe: “Cali alcanzará a recibir inmensas corrientes de candela y aludes de rocas. Esto es lo que dicen los mineros. Y ellos, a veces, tienen más sentido común que los geólogos” (Magazín Despertar Vallecaucano, 1973, p. 14).

Pasado los años, finalmente, no se supo la realidad de los hechos. Lo cierto es, lo recurrente de estos casos relacionados con los incendios producidos en las minas de carbón. Desde 1956, entidades como el Servicio Geológico Nacional venía estudiando este fenómeno y, fue éste caso el de la mina “La Esneda”, el que condujo a que esta entidad del Estado diseñara estrategias y métodos aplicables para la extinción de incendios subterráneos. Uno de esos manuales claves fue el titulado “Causas de incendio en las minas de carbón “Las Golondrinas” en el departamento del Valle y métodos aplicables a su extinción / Servicio Geológico Nacional (SGNC) publicado en 1956.

Una de las posibles hipótesis barajadas por el Servicio Geológico Nacional de la época con respecto al incendio de Golondrinas en la mina “La Esneda” es que, se cree, fue de origen espontáneo, favorecido por la temperatura externa moderadamente alta, suficiente aire en las grietas y falta de corrientes de aire que hubieran removido el calor. También favoreció la naturaleza quebradiza del carbón que lo expone a la acción del oxígeno.

Hoy en día, aunque para una parte de los habitantes hubo una leyenda sobre la existencia de un volcán en los Farallones de Cali, casi nadie reconoce y conoce el origen de ésta.

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  • Magazín Despertar Vallecaucano No. 12., noviembre - diciembre de 1973.

jueves, 6 de octubre de 2022

 CONFLICTO TERRITORIAL POR PROCESOS DE POBLAMIENTO EN EL DIQUE (JARILLÓN) DEL RÍO CAUCA EN EL EJATLAS



Comunidades étnicas y populares asentadas en el Jarillón del río Cauca en Cali, Colombia

Desde mediados del siglo XX, se inició el proceso de construcción de un dique (jarillón) de 17 kilómetros de longitud que estaría paralelo al río Cauca con el propósito de transformar antiguas áreas de inundación en tierras propicias para el desarrollo de sistemas productivos agrocomerciales.

 

Con la construcción de este dique, fueron incorporadas y "adecuadas" importantes porciones de tierras inundadas como tierras para cultivo. No obstante, la obra afectó todo el sistema de lagos, lagunas y ciénagas, porque se cortó la comunicación entre la dinámica hídrica del río con el sistemas de humedales existentes. El territorio fue intervenido profundamente mediante trabajo de desecación y relleno. 

 

Acondicionado este espacio surgieron campos cultivados, pero también, “negociadores” de tierras aprovecharon para fundar sistemas barriales populares, muchos de ellos construidos por fuera de las políticas de planeación municipal. Con el paso de las décadas y con estas tierras habilitadas por las obras del dique, la ciudad de Cali experimentó una sustancial ampliación de su perímetro urbano.

 

Todo ello sucedió de frente a unas autoridades municipales que escasa atención prestaron al fenómeno. Tal fue el proceso de poblamiento entre asentamientos formales e informales que, incluso, sobre el mismo dique, surgieron asentamientos informales. De pocas familias asentadas a principios de los años ochenta, se llegó a tener sobre la cresta del dique más de 60.000 mil habitantes. Los diques fueron transformados con tierra de relleno para ampliar su área y construir viviendas.

 

En el siglo XXI y ante las expresiones de eventos por variabilidad climática, inundaciones y aumento de caudales de los ríos, medios de comunicación y la opinión pública llamaron la atención sobre una posible catástrofe por ruptura de dique debido al intenso poblamiento. Asunto que llamó mucho más la atención cuando en Estados Unidos, el huracán Katrina produjo la ruptura del dique e inundó Nueva Orleans en Luisiana. Las autoridades consideraron que algo parecido podría ocurrir en Santiago de Cali con el jarillón del río Cauca. 

 

Se formuló el Plan Jarillón del Río Cauca que proponía el desalojo total de la población asentada y la rehabilitación ingenieril y original de la obra. Entre el 2011 y 2012 y hasta el 2019 se llevaron a cabo diferentes repertorios de desalojo, algunas de ellas mediante el uso de fuerza policial. Otros grupos de pobladores fueron reasentados en sectores próximos a la zona. 

 

Hoy en día, se tiene despejado una proporción importante del jarillón pero el conflicto territorial está lejos de solucionarse.


Este estudio de caso se suma al conjunto de conflictos ecológicos distributivos existentes en Colombia, el cual fue incorporado en el EJAtlas - Global Atlas of Environmental Justice.


Para más información sobre este fenómeno leer: Uribe Castro, H; Ayala, G; Holguín, C. (2017), Ciudad desbordada. Asentamientos informales en Santiago de Cali, Colombia. Cali: Programa Editorial de la Universidad Autónoma de Occidente. 


lunes, 11 de mayo de 2020

RETOS QUE AFRONTA LA CIUDAD DE CALI DE CARA A LA CRISIS POR PANDEMIA

Retos que afronta la ciudad de Cali de cara a la crisis por pandemia

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales


Habría que iniciar esta reflexión explicando que no existe un reto principal, sino un conjunto de retos principales que Cali -como ciudad región colombiana-, enfrenta en este escenario de Covid 19.

Y pienso que es necesario indicar que además de los desaciertos y de las prácticas de corrupción vistas en las esferas del gobierno nacional en cuanto al manejo de la situación de pandemia, así como de los problemas estructurales relacionados con las deficiencias del sistema de salud (falta de hospitales, escasa bio-seguridad, paupérrimos recursos económicos, carencia de equipamientos, escaso personal médico y malas remuneraciones salariales), la ciudad enfrenta otros retos que igualmente inciden en el hecho de que en ella se presente un número importante de personas contagiadas, aumento de enfermos en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y un alto índice de muertos. Datos que cambian todos los días, pero que además expresan una lucha entre quienes defienden la veracidad de los datos oficiales y quienes consideran que estos datos oficiales, a pesar de provenir de las instituciones del Estado, son datos parciales y que no ofrecen un conocimiento de las verdaderas dimensiones de la gravedad de la situación.

Ahora bien, he querido indicar primero que Santiago de Cali es una ciudad muy particular, pues carga consigo la marca del pasado de ser un nodo espacial (nodo regional) que conecta dinámicas y movilidades hacia distintos destinos del país. Esta urbe conecta el interior del país con Buenaventura (ciudad puerto que empieza a marcar un alza en nuevos contagiados) y toda la zona del Pacífico; con el Eje Cafetero y el centro del país donde se encuentra la capital, Bogotá; y con la zona sur, por la cadena de los Andes hacia países como Ecuador y Perú (lugares fuertemente afectados por la pandemia). Esta situación determina que cualquier flujo humano migratorio -con posibilidad de contagio- que venga desde el sur de Colombia y se dirija hacia el centro o el norte del país y del continente, tenga que pasar necesariamente por Cali. Un ejemplo de ello ha sido la migración de grupos de venezolanos que escaparon de la grave situación de salud en Ecuador por la pandemia y que hicieron de Cali, un sitio obligado de paso, porque habían decidido regresar a su lugar de origen. Muchos de estos viajeros se quedaron y pernoctaron aquí para continuar su marcha hacia el nororiente. Esto fue percibido por las autoridades como un gran riesgo de propagación del virus en la ciudad. Por ello se vio a la alcaldía de Cali contratando buses para repatriar a estas personas (lo que se dio a conocer como "Corredor humanitario"). Pero esto implica unos altos costos económicos para el municipio, que ninguna alcaldía podría soportar. A pesar de estos esfuerzos, es claro que no todas estas personas provenientes de un Ecuador bastante afectado, y que estuvieron expuestas a la posibilidad de contagio, fueron repatriadas.

Otro elemento que complicó la situación ha estado marcado por el comportamiento de algunos ciudadanos que viven en Cali y que perciben el virus como algo distante en sus vidas y no acatan las normas establecidas de salud, seguridad y protección (propia y colectiva). Esto es un efecto que se percibe en toda la ciudad y en todos los sectores. Reproducen el efecto del que trata la fábula de Rafael Pombo “El renacuajo paseador”: personas que a pesar de las advertencias de la letalidad del virus, no acatan las normas y exponen sus vidas a un alto riesgo: hacen fiestas clandestinas; salen a pasear los fines de semana a sus casas de campo; caminan por las calles sin protección; se citan en lugares ocultos para quebrantar la norma.

La pregunta de fondo frente a este tipo de comportamiento es ¿Cómo exige el Estado a una población que se comporte de tal manera (por ejemplo en cuarentena y aislamiento), si sus mismas instituciones han estado ausentes en la vida cotidiana de muchos ciudadanos? ¿qué se puede esperar de un Estado cuya debilidad y presencia se nota en buena parte del territorio nacional, y donde la ley no es la ley del Estado sino de los grupos que controlan territorios y población? Es notoria la desobediencia de determinados grupos por mantener el control de sus espacios y sus economías. Incluso, ha llamado la atención, especialmente, el tráfico de drogas que ven en las medidas de aislamiento las mejores oportunidades para garantizar la producción y distribución. Todos los días aparecen titulares en los medios de comunicación que dan cuenta de las detenciones a vehículos de carga, avionetas, autos particulares, bicicletas, ambulancias y hasta servicios de domicilios por el transporte de estupefacientes.

Otro de los retos que enfrenta esta ciudad de cara a la pandemia está en que ésta posee grandes desigualdades sociales e inequidades económicas. Cali, además de ser una ciudad segregada, es una urbe cuyos bordes urbanos y algunas zonas marginales expresan formas de ocupación informal que muchas veces quedan por fuera de los apoyos y las ayudas. Algunos de estos sectores no aparecen en las cartografías oficiales del Estado. La informalidad barrial en Cali es significativamente alta. Por ejemplo en 2018 se decía que: "En las 133 invasiones que hay actualmente en Cali habitan 150.000 personas, de las cuales al menos un 40% se encuentra en zonas de alto riesgo no mitigable, es decir, cerca de 62.000 personas"(1). En algunas urbanizaciones construidas recientemente para resolver el problema de los asentamientos informales, se hicieron casas o apartamentos entre 28 y 35 m² donde habitan por lo menos, tres y cuatro personas. Santiago de Cali no es una ciudad homogénea (continua), sino una urbe de retazos (discontinua), jalonada y alargada espacialmente por el juego de intereses económicos de grupos privados que luchan por el monopolio del mercado del suelo.

Conviene reflexionar un momento sobre cómo la situación de pandemia ha dejado ver -con mayor claridad-, los problemas estructurales que enfrenta el planeamiento urbano. Este es un hecho estructural que afecta y que tiene que ver con la forma histórica de la distribución espacial de la ciudad, así como de su morfología urbana. Estamos ante un excelente ejemplo de una urbe desigualmente ocupada. Pequeñas zonas con alta densidad de población y grandes zonas con muy baja densidad de población. Inequidades socioespaciales que ponen en evidencia además, la inequidad en la distribución de las condiciones y beneficios ambientales. Las zonas densamente pobladas (especialmente en el oriente) carecen de espacios públicos, parques, espacios arborizados y amplias áreas para el esparcimiento. Los habitantes viven "arrumados", casa tras casa, y por tanto se exponen fácilmente al contagio. Existe muy poco espacio público por habitante. Así mismo, existen sectores populares cuyas condiciones de vida enfrentan graves problemas ambientales y de salubridad. No es raro que esta ciudad sea una con los mayores índices de enfermedad por Dengue. Distinto es lo que sucede en otras zonas (como por ejemplo en el sur de la ciudad) donde hay más espacio público, más parques, amplias zonas verdes y lugares de esparcimiento. La proporción de espacio público por habitantes es mucho mayor.

              
Sector oriente de Cali
Sector sur de Cali

Hace algunos años, hablo de 2013, en un artículo que publiqué con Franco(2), hacíamos cuentas del espacio público por habitante, según los datos obtenidos de los informes de la Oficina de Planeación Municipal, y observábamos que al 92% de los caleños le correspondía en ese entonces 2,6m² por persona y al 8% le correspondía el 20,64 por persona (Uribe y Franco, 2013, p. 86). Imagino que estos valores de alta inequidad espacial en el presente no han variado, teniendo en cuenta lo que ha sucedido con la expansión urbana en los últimos años.

En este sentido, todo sucede como si la segregación socioespacial de la ciudad de Cali se correspondiera con la segregación de la calidad ambiental y la salubridad. Cali, como ciudad región, tiene problemas de insustentabilidad y, por su puesto, para muchos ciudadanos del derecho de vivir la ciudad en condiciones de dignidad y de salud.

Querría insistir en la idea aquella que he venido planteando y que establece que el Covid 19 dejó ver que la enfermedad y su propagación también dependen tanto de las condiciones sociales como de las ambientales. Y que en este sentido, aquella población que se encuentran en situación de mejor localización y de entorno urbano-ambiental, tiene mayores posibilidades de protección contra la pandemia.

Una pandemia, cuyos escenarios futuros de propagación para esta ciudad -de no manejarse del modo correcto, honesto y decidido-, alcanzará unos niveles de increíble gravedad(3).


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1El País, (2018). 62 mil personas que viven en invasiones de Cali están en alto riesgo. Junio 12 de 2018.
2. Uribe Castro, H. & Franco, L. (2013). Espacio público, resignificación y neoliberalización en Cali. En: Revista geográfica No. 154, julio-diciembre de 2013. 
3. El País, (2020). Seis posibles escenarios sobre el avance del Covid 19 en los próximos meses en Cali.  En línea:https://www.elpais.com.co/cali/seis-posibles-escenarios-sobre-el-avance-del-covid-19-en-los-proximos-meses-en.html?fbclid=IwAR0RHP2o48E6-l2XIQmFwzdepubiY-63V6u03MZaPQhqwmDY2fF4OCQZvXY