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jueves, 11 de diciembre de 2014

LAS CIENCIAS SOCIALES Y EL SISTEMA MUNDO MODERNO

LAS CIENCIAS SOCIALES Y EL SISTEMA MUNDO MODERNO

Reseña del texto: Autor Boron Atilio A[1]. “Las Ciencias Sociales en la era neoliberal: entre la academia y el pensamiento crítico”[2]. En: publicación: Tareas No 122. CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”. Enero-Abril de 2006. ISSN: 0494-7061

Por:
Hernando Uribe Castro[3] y Carmen Jimena Holguín[4]
Carmen Jimena Holguín y Hernando Uribe Castro, 2013.


Presentación

El siguiente documento se ha preparado como insumo de discusión para las jornadas del Seminario Permanente de la Facultad de Humanidades en el proceso de construcción del Proyecto Académico de Facultad. En esta ocasión, los profesores presentamos la reseña del texto del investigador argentino Atilio A. Borón, que tiene por objetivo indagar sobre las repercusiones que ha tenido en las ciencias sociales el desarrollo de las políticas neoliberales y los procesos del postmodernismo, elementos que parten del análisis que hace el Borón del informe GULBENKIAN en cabeza de Inmanuel Wallerstein.

Para ello, este documento se encuentra estructurado en tres partes: una primera parte en la que se presenta la reseña del texto titulado Las Ciencias Sociales en la era neoliberal: entre la academia y el pensamiento crítico. Una segunda parte en la que los profesores presentan algunos puntos de análisis con respecto a las particularidades y aproximaciones que se presentan entre las ciencias sociales y las humanidades. Finalmente, como resultado de un análisis detenido, los profesores ponen en discusión una propuesta a modo de gráfico de lo que podrían ser los elementos integradores del Proyecto Académico de Facultad.


  1. Las ciencias sociales desde la perspectiva de Atilio A. Borón

- La tesis central del autor: “Las ciencias sociales – de ninguna manera la sociología es una excepción- enfrentan una serie de retos de crucial importancia no sólo en América Latina sino también en el resto del mundo”.

Para desarrollar su tesis, el autor retoma planteamientos del informe de Gulbenkian, trabajo que produjo un equipo de eminentes científicos coordinado por Immanuel Wallerstein, en el cual se invita e “impensar” las ciencias sociales, es decir a repensarlas a partir de premisas radicalmente distintas a las convencionales: “no se trata de volver a recorrer con el pensamiento el mismo camino ya trillado. Repensar en este caso, y ante la gravedad de la crisis que afecta a todo ese conjunto de disciplinas, significa “impensar” las ciencias sociales”.

Para analizar lo anterior en el contexto nuestro (entiéndase América Latina), Boron destaca que a las causas que alimentan la crisis de las ciencias sociales en los países más avanzados debemos agregarles dos factores que merecen una consideración especial: el triunfo del neoliberalismo y el auge del postmodernismo.
- Dos nefastas tradiciones intelectuales:

a. El triunfo ideológico del neoliberalismo: “es el de una concepción holista de la sociedad, de su naturaleza, de sus leyes de movimiento –explicadas desde las antípodas de las que postula el marxismo- y de un modelo normativo de organización social”. Para Boron, el neoliberalismo se constituye hoy día como una corriente teórica específica del capitalismo en su fase actual. En esta perspectiva, ha tenido una gravitación extraordinaria en América Latina y ha ejercido una profunda influencia sobre la sociología y las ciencias sociales.

b. El auge del postmodernismo: definido por el autor como un pensamiento propio de la derrota, o tal vez un pensamiento de la frustración. Es decir, “es el resignado reconocimiento de que ya no hay transformación social posible, de que la historia ha concluido y que lo que hay es lo único que puede haber. El postmodernismo como actitud filosófica refleja el fracaso de las tentativas de transformación social en los capitalismos metropolitanos de los años de postguerra” (tentativas revolucionarias de 1968 en Europa).

Dentro de la primera nefasta tradición intelectual, que el autor denominó el triunfo ideológico del neoliberalismo, “se ha instaurado la barbarie del reduccionismo economicista que hoy nos aqueja. Su impacto se corrobora en la exaltación del influjo de los elementos económicos en todo el conjunto de la vida social”. Cuando el autor habla de barbarie, se refiere por ejemplo, al individualismo metodológico que pesa sobre algunas teorías y ciertos supuestos epistemológicos, que entre otras cosas consagran –no por casualidad- la desaparición de los actores colectivos (las clases sociales, los sindicatos, las organizaciones populares etc.) y la exaltación del formalismo matemático como inapelable criterio de validez de los argumentos sociológicos, lo que en el mejor de los casos no es otra cosa que una hoja de parra pseudo-científica bajo la cual se pretende ocultar que el rey –es decir, el pensamiento convencional de las ciencias sociales- está desnudo. Los supuestos del pensamiento neoliberal que vertebran la teoría neoclásica han colonizado buena parte de las ciencias sociales.

Añade el autor frente a esta primera tradición intelectual que “otro de los impactos  del neoliberalismo sobre la sociología y las ciencias sociales se puede sintetizar en la desconcertante premisa, sobre todo para un sociólogo, que afirmaba que en realidad la sociedad no existe. La añeja idea del contractualismo del siglo dieciocho que postulaba que la sociedad no era otra cosa que la suma de los individuos retorna triunfalmente en el neoliberalismo. Esto se puede ver en los planteamientos teóricos pero también en los argumentos políticos que se nutren de esta tradición”.

Dentro de la segunda nefasta tradición intelectual denominada el auge del postmodernismo, el autor plantea que “el postmodernismo ha justificado una indiferencia radical ante cuestiones relacionadas con la estructura de la sociedad y con su historia. Plantea en consecuencia, el carácter fútil, absurdo, innecesario, irrelevante de toda pretensión de conocer la historia y la estructura de nuestras sociedades. Es más: en su superficial e inofensiva irreverencia, más animada por su afán de despertar la admiración de sus contertulios por la osadía retórica de sus propuestas que por la profundidad filosófica de las mismas, el postmodernismo destierra de las ciencias sociales cuestiones tales como “verdad” o “falsedad”. En su visión se trata de meros asuntos terminológicos carentes de toda sustancia real. El neoliberalismo polariza a la sociedad, empobrece a las mayorías y erosiona la legitimidad democrática, nada de esto podrá ser considerado como una verdad sociológica. El postmodernismo remata, en consecuencia, en una concepción de la sociedad profundamente reaccionaria y congruente con la que propone el neoliberalismo ¿por qué? Porque si para éste la sociedad no es otra cosa que la sumatoria de infinitos átomos individuales pre-sociales, para los postmodernos aquella no es más que un conjunto heteróclito e indeterminado de actores, contingencias y acontecimientos fugases y efímeros”.

Concluye esta primera parte del documento refiriendo que:

“bajo ambas perspectivas teóricas, la sociedad, su estructura e historia desaparecen por completo como objeto de reflexión crítica, para no hablar de cualquier pretensión de promover su transformación”. Agrega: ninguna de estos tradiciones teóricas que tanto impacto han tenido en América Latina nos habilitan para pensar la vida social y para practicar con rigurosidad lo que algunos llaman “el oficio del sociólogo”.

El influjo de estas dos corrientes sobre la cultura latinoamericana, y no sólo sobre las ciencias sociales, se tradujo en un verdadero asalto en contra del pensamiento crítico. Bajo su égida no hay pensamiento crítico posible. Más bien lo que se impone es una oportuna resignación política; en lugar de pensamiento crítico, pensamiento único, o la dura pero realista admisión de que no existen alternativas, de que este es el único mundo posible y todo lo demás son melancólicas ilusiones. Hemos sido derrotados, hemos perdido, el capitalismo ha triunfado definitivamente.

- La crisis del modelo clásico de investigación sociológica:

Como resultado de lo anterior, en el caso de la sociología, la principal consecuencia ha sido el abandono del modelo clásico de investigación que durante un cierto tiempo tuvo vigencia en América Latina (equipos de investigación, jóvenes estudiantes, plan de largo aliento, universidades o instituciones públicas). Este andamiaje institucional fue barrido, con diferentes grados de radicalidad según los países, por las políticas neoliberales del Consenso de Washington aplicadas a nuestra región; su lugar fue ocupado por lo que se denomina el modelo de consultoría; lo que ahora se ha institucionalizado es un nuevo modelo de investigación  que en poco responde a los cánones más  elementales de una metodología científica. Este estilo de investigación ha logrado introducirse dentro de las universidades e instituciones públicas, aquejadas por un fuerte déficit de financiamiento y que por lo tanto fueron cortésmente invitadas por las autoridades a autofinanciarse, a recurrir a fuentes externas para sufragar –con proyectos específicos de investigación que obviamente deberán responder a los intereses de los nuevos financistas- una parte creciente de su presupuesto y, dentro del mismo, las remuneraciones de los docentes. Por lo tanto ante la crisis de lo público y de lo estatal en America Latina, esos organismos de financiamiento terminan por definir una parte importante y creciente de la agenda de investigación sociológica de nuestros países (BM, BID).

Ejemplo de lo anterior se sintetiza en lo expresado por el autor: “los modelos teóricos que guían la mayoría de las investigaciones que vemos sobre pobreza (y las políticas sociales que ejecutan los gobiernos “democráticos” de la región) asumen que el enfoque del BM (Banco Mundial) es correcto y el único que debe implementarse. Por su puesto se excluye de estas investigaciones auspiciadas por dichas instituciones cualquier reflexión rigurosa acerca de las causas que generan esa pobreza, de por qué el capitalismo latinoamericano se ha convertido en una fabrica impresionante de producir pobres e indigentes, y por qué la desigualdad económica y social se acrecienta aún aquellos países en donde aparentemente el modelo neoliberal ha producido sus mejores frutos (…)”.

Todo lo anterior, refiere el autor, ha ido configurando el difícil panorama por el cual transita las ciencias sociales, en especial la sociología; dicho panorama se complejiza cuando se analiza la “contrarreforma universitaria” puesta en marcha en América Latina en las décadas de 1980 y 1990; ésta ha consistido en limitar la autonomía y los recursos financieros de que disponen las universidades.

Como consecuencia de lo anterior, la agenda de investigación de las ciencia sociales en América Latina, y fundamentalmente de la sociología, no solamente está controlada por las agencias de financiamiento –cada vez más escasas, concentradas, y con un control ideológico muy fuerte- sino también por los comités editoriales de los journals norteamericanos y en menor medida europeos, que son quienes dictaminan si un artículo de un latinoamericano es pertinente por su objeto de estudio y correcto en su formulación teórica y metodológica.

- La necesidad de un pensamiento crítico y radical

¿Por qué América Latina requiere de un pensamiento radical? Ante esta pregunta el autor plantea: “porque la situación de América Latina es tan radicalmente injusta, tan absolutamente injusta, y se ha visto tan agravada en los últimos años, que si queremos hacer alguna contribución a la vida social de nuestros países, al bienestar de nuestros pueblos, no tenemos otra alternativa que la de repensar críticamente nuestra sociedad, explorar los “otros mundos posibles” que nos permitirían salir de la crisis, y comunicarlos con un lenguaje llano, sencillo y comprensible a los sujetos reales, hacedores de nuestra historia”

La academia y el pensamiento crítico

¿Será posible concretar este proyecto de renovación del pensamiento crítico en el seno de la academia? En opinión del autor no. La academia -es decir las universidades y los centros de investigación regidos por el código de la academia- ha sufrido un proceso involutivo que la tornado sumamente refractaria a todo pensamiento crítico, a toda heterodoxia, y que solo le permite asimilar y aceptar a quienes, con razón y mucha ironía, Alfonso Sastre denomina “intelectuales bienpensantes”. Es decir, gentes a las que jamás se les pasaría por la cabeza tener el atrevimiento de desafiar los saberes establecidos y los poderes que sobre ellos se levantan. “El mundo de la academia –y las universidades son sus principales bastiones- es un mundo de “disciplinas” rígida y artificialmente separadas; de carreras que ofrecen conocimientos fragmentados y, por lo tanto, inútiles; de interminables evaluaciones de informes y proyectos a cargo de “pares” que valoran la tarea de sus colegas en función de estrechísimos criterios disciplinarios y burocráticos, y en no pocos casos esgrimiendo el instrumental del análisis “costo-beneficio” como si este fuera un método adecuado para apreciar la fecundidad del pensamiento (…) la academia rechaza, por lo tanto, al intelectual, es decir, a quién traspasa con su pensamiento universal las absurdas y caprichosas fronteras disciplinarias que separan a la sociología, la ciencia política, la antropología, la economía y la historia como si en la vida real de los pueblos y las naciones de la sociedad, la política, la cultura, la economía y la historia fueses “cosas” separadas o compartimientos estancos que pudieran ser inteligibles en su espléndido aislamiento. Desoyen, de este modo, el consejo de Gramsci cuando advertía sobre los riesgos de hipostasiar lo que no son, ni pueden ser, otra cosa que distinciones meramente metodológicas. ¿Qué más artificial y artificioso que la separación en “departamentos” disciplinarios que terminan por des-educar a nuestros estudiantes, convirtiéndolos en nuevos bárbaros del conocimiento?

Para concluir el autor retoma la pregunta ¿se puede recuperar el pensamiento crítico en el enrarecido ámbito de la academia? Su respuesta es no por una razón, a su juicio, simple: “su estructura y su lógica de funcionamiento la llevan a abjurar no sólo de la célebre Tesis XI de Marx que nos convocaba a transformar el mundo sino que, con su fanática adhesión al conocimiento fragmentado y a su intransigente defensa de los estrechos campos disciplinarios, también ha renunciado a toda pretensión de interpretar al mundo correctamente. En suma: no quiere cambiar el mundo ni puede cambiarlo adecuadamente”.

“Para que el pensamiento crítico pueda hacer pie en la academia, primero habrá que revolucionar a las universidades (...) Es necesario, por lo tanto, abrir de par en par las ventanas del mundo académico, depurando su enrarecida y estéril atmósfera, y vincular estrechamente nuestra agenda de trabajo intelectual con las prácticas emancipatorias de las fuerzas sociales que luchan por construir un orden social más justo con nuestros países. Se trata de un compromiso ineludible e impostergable”.


  1. Convergencias y divergencias entre ciencias sociales y humanidades.

En vista de todo lo anterior, pasamos a considerar dos elementos centrales: a) elementos diferenciadores entre las ciencias sociales y humanas; y b) elementos convergentes. Entonces,

a. Posibles elementos diferenciadores:

-. Las ciencias sociales a diferencia de las humanidades son un conjunto de conocimientos recientes en el desarrollo y proceso de construcción del conocimiento social como ciencia positiva, es decir centradas sólo en entidades observables que se conocen de manera directa a partir de la experiencia. Este campo aparece debido a fuerzas sociales e intelectuales que venían formándose desde tiempo atrás pero que sólo se manifestaron de manera particular durante el siglo XIX, (las revoluciones sociales y políticas del siglo XVIII, el cambio de paradigmas ideológicos y rupturas con las explicaciones celestiales, desarrollo de las ciencias naturales, procesos de transformación social a partir de la revolución industrial y la  creciente urbanización europea, las confrontaciones políticas y la construcción de estados) pero de manera especial por el papel central que va a expresar del desarrollo del Sistema Mundo Moderno o capitalismo.

“La ciencia social es una empresa del mundo moderno; sus raíces se encuentran en el intento, plenamente desarrollado desde el siglo XVI y que es parte inseparable de la construcción de nuestro mundo moderno, por desarrollar un conocimiento secular sistemático sobre la realidad que tenga algún tipo de validación empírica”. (Wallerstein, 2006, p. 4)

Como campo de conocimiento, la ciencia social es un campo de conflicto que conlleva a que esté en permanente proceso de construcción y resignificación.  Por ejemplo la sociología surge como parte de la preocupación de intelectuales por el orden social y el progreso, para tratar de comprender y entender  los cambios trascendentales dados en la sociedad moderna europea. Augusto Comte se preocupó por mostrar el proceso gradual de cambio de estadio de la sociedad: estadio teológico, metafísico y positivo. En Herbert Spencer esta misma preocupación la mostraba en su teoría sobre las transformaciones de las sociedades simples y compuestas  a sociedades militares e industriales y Durkheim trataba de comprender las transformaciones de una sociedad que se caracterizaba por una solidaridad mecánica hacia una solidaridad orgánica.

En tanto, la antropología surge como necesidad de conocimiento de otras sociedades no europeas, salvajes y externas a las realidades de los centros de poder. La antropología moderna del siglo XIX se contrapone a las antiguas formas rudimentarias de antropología basada en narraciones de exploradores, comerciantes, misiones y viajeros que salían de Europa hacia otros lugares del mundo. Es el Darwinismo social y su incidencia en la perspectivas evolucionistas que van a proveer a los antropólogos modernos de un nuevo paradigma analítico que perdurará hasta mediados del siglo XX, no obstante hoy se ha configurado como un neoevolucionismo. Para autores como Gerar Leclerc.

La antropología se presenta como un instrumento al servicio, primero, de la sociedad del siglo XIX que busca cimentar su estatuto civilizador distinguido entre hombres y “salvajes”, la polaridad del “nosotros” – “ellos” que se sistematiza en las teorías evolucionistas (Tylor, Morgan, Frazer, etc.), y otorga “razón histórica” a la colonización. (1973, p. 274)

La necesidad de conocer el “otro externo” y “extraño” impone una perspectiva diferencial del mundo donde es EUROPA el lugar donde se concreta la verdadera civilización. Serán las grandes trasformaciones de la primera mitad del siglo XX que pondrán en cuestión esta idea de mundo civilizado, pues los intelectuales antropólogos no comprenderán la paradoja de cómo en ese mundo desarrollado se presentaron las grandes guerras y confrontaciones que atentaron contra la dignidad de ser humano.

Por su parte, la geografía moderna (no la antigua geografía de exploradores) inicia como parte de los andamiajes construidos por una nueva lógica de comprender el mundo sobre su superficie terrestre. Durante el desarrollo de la geografía moderna, que se corresponde con una etapa especial de las transformaciones sociales del siglo XIX, junto a procesos de institucionalización como disciplina científica, más los aportes de A. Humboldt, generan en su conjunto los primeros avances significativos en la definición de región. El aporte de Humboldt está encaminado a redefinir la geografía como el estudio de las interrelaciones entre el hombre-medio. Estos hechos modificaron de manera sustancial la visión y el oficio del geógrafo.

La fuerte influencia de las ciencias naturales desde Humboldt, que apunta hacia una redefinición de la geografía como estudio de las interrelaciones hombre-medio, junto al deseo de afirmar el carácter científico y a la vez específico de los estudios geográficos, se plasman en la búsqueda de criterios de regionalización diferentes a los históricos o a la artificialidad de los políticos, que presentan además un mayor valor didáctico. (Méndez-Molinero, 1998, p. 19)

Los aportes geográficos proveerá a las lógicas capitalistas dueñas de empresas coloniales, que van a tomar estos aportes descriptivos y narrativos y sobre ello construirán las bases teóricas para legitimar científicamente las ideologías de expansión y colonialismo de sus Estados como por ejemplo el determinismo de Ratzel que fundamentó el nazismo Hitleriano y el Posibilismo de Vidal de la Blache (Vargas, 2006, p. 27) y la empresa maquiladora de principios de siglo XX.

Y para el caso de la psicología tal como lo expresan Papalia y Wendkos

“En cierto sentido la historia de la psicología data de la antigüedad, de cuando filósofos y líderes religiosos se preguntaban sobre la naturaleza humana e intentaban explicar el comportamiento humano. Sin embargo, la psicología como ciencia es una disciplina mucha más joven, tiene poco más de cien años”. (1988, p. 6)

-. Las ciencias sociales a diferencia de las humanidades se construyeron como campos de conocimiento empíricos. La sociología, la psicología, la antropología, la historia y la geografía humana son disciplinas empíricas. Están detrás de los datos, los documentos, las pistas y los hallazgos físicos y materiales. Y por tanto, van a prestar destacada importancia y atención a los métodos y metodologías científicas. Sus ejercicios investigativos se sustentan bajo enfoques (por ejemplo enfoques cualitativos o enfoques cuantitativos) o en la combinación de ambos que se ponen en movimiento a través de sus diferentes métodos y procedimientos para la captura de la información. Como campos empíricos le van a prestar muchísima atención a la construcción de los conceptos y las nociones. Pero siempre conllevan a que se debe demostrar los planteamientos, sus tesis centrales o hipótesis. Por ello el juego de variables e indicadores son centrales para la producción intelectual de las ciencias sociales. Y esos elementos son acompañados de análisis claros y concretos que pueden conllevar a reflexiones y propuestas. La reflexión sólo hace parte de un proceso más amplio de producción.

-. Las ciencias sociales empezarán a configurarse en la dinámica del orden social establecido en un momento particular donde las capacidades de la lógica del capital y del Mercado habían comenzado a impregnar las formas intelectuales y de la producción científica. Recuérdese que como lo plantea Wallerstein, el desarrollo del capitalismo necesitaba de un conjunto de fuerzas intelectuales que le garantizara la efectividad de su inversiones, y para ello, esas únicas fuerzas sólo las proporcionaría la ciencia más que la religión, en tanto la ciencia posee un método efectivo a través del cual no solo se garantizaba la precisión sino que se podía conocer mejor la realidad de los hechos y de los elementos. Creer que DIOS era la respuesta a todo no era criterio confiable para los grandes empresarios interesados en invertir sus capitales. El análisis de los territorios, de los pobladores y su capacidad de entablar relaciones fueron centrales para el desarrollo del capital del siglo XIX e inicios del siglo XX que estaba en su apogeo expansionista. Esta nueva forma de colonización ya no era como el periodo de colonización en América latina dada a través del dominio religioso, sino que esta nueva forma de colonización conllevó a un colonialismo que se insertó y se impuso sobre las bases de las prácticas, las dinámicas, la economía y las políticas locales de los lugares objeto y foco de atención. Así el capitalismo creció en la medida de que la ciencia lo hizo también.

La ciencia moderna se convirtió en el mecanismo a través del cual el sistema, por un lado, lograba enfrentar las incertidumbres del medio, la sociedad y las tecnologías, y por otro, accedía a mayores niveles de probabilidad y/o de exactitud para la tomas de decisiones y precisión de pronósticos para saber qué, dónde, cómo y cuándo hacer. En otras palabras, la ciencia moderna es parte central del desarrollo y progreso del sistema que requería con pruebas, datos empíricos, cifras exactas y toda elaboración precisa de las condiciones para poder realizar las inversiones que son las que permitirán la expansión del capitalismo sobre grandes áreas en el mundo. (Holguín, Ayala y Uribe, 2010, p. 17)

El sistema-mundo moderno, la economía-mundo capitalistas, requería una mayor precisión en los pronósticos para poder funcionar con eficiencia, ya que sin eso el proceso de inversiones, que es central para su funcionamiento, no podría haberse extendido jamás como lo hizo, ni haber asumido los altísimos riesgos que asumió, factores que permitieron su expansión y auge. En consecuencia, fue necesario respaldar y sancionar socialmente un nuevo modelo de certificación de la verdad, y ese modelo es la modalidad que hemos dado en llamar ciencia, o para ser más precisos, ciencia moderna (Wallerstein, 2004, p. 38).

De este modo sería ingenuo el investigador que pretendió y que pretende negar cualquier valor político a su trabajo o cualquier valor no científico, dentro de los marcos de la sociedad en que se desenvuelve.

Este hecho sin duda va a afectar más a las humanidades que van a ser desplazadas por estas lógicas de conocimiento, en tanto el capitalismo conllevará a que las universidades y los centros de formación escolar privilegien la formación de individuos centrados para la producción y la fuerza del trabajo y no para la reflexión y el análisis. El derecho, la filosofía y la historia quedarán atrapados frente a nuevas profesiones técnicas, tecnológicas y de ingeniería. Hecho que se extiende con mayor fuerza aun en nuestros días. Sobre este asunto existe abundante bibliografía en Colombia y en el mundo que demuestra claramente este proceso.

Frente a este punto un comentario final e interesante. Cuando uno lee el objetivo de la Ley 1286 de 2009 por la cual se modifica la Ley 29 de 1990 sobre COLCIENCIAS, el objetivo general de esta ley es:

El objetivo general de la presente ley es fortalecer el sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y a COLCIENCIAS para lograr un modelo productivo sustentado en la ciencia, la tecnología y la innovación, para darle valor agregado a los productos y servicios de nuestra economía y propiciar desarrollo productivo y una nueva industria nacional.

Es interesante que este objetivo que es el general de la ley no incluya cosas como: “y esto en beneficio de las comunidades y pobladores…” Una racionalidad totalmente económica de la ciencia al servicio del desarrollo productivo.

-. Frente a esta dinámica de la imposición del Mercado, una tendencia crítica de las ciencias sociales hacia mediados del siglo XX conllevará a que ésta sea impregnada por fuerzas intelectuales marxistas que fueron críticas de la dinámica de este sistema. Las ciencias sociales se transformarán desde ese momento y pasarán de ser un campo ligado al orden y progreso, a un campo amplio de conocimiento que se centrará en los impactos de las lógicas de los sistemas sociales, económicos y políticos imperantes sobre la calidad de vida y necesidades de las comunidades. Aparecen las sociologías críticas, las antropologías críticas y aplicadas, las geografías críticas y educativas, etc.

-. Si bien, las ciencias sociales del hoy han logrado importantes desarrollos, todavía es difícil separarse de la producción clásica. Las ciencias sociales a diferencia de lo puede suceder en humanidades, están proponiendo lo que se ha dado por conocer la descolonización del pensamiento social, que consiste en dar un mayor valor a la producción propia latinoamericana. Sobre este asunto, por ejemplo, no se tiene mucho conocimiento para el caso de las humanidades. Esta tendencia ha generado adeptos y otros críticos.

-. Las ciencias sociales en el momento actual están transformando sus lógicas de producción y pretenden un mayor impacto sobre las comunidades y los pueblos. Un claro ejemplo es cómo elementos de la profesión del Trabajo Social empiezan a incorporarse en campos altamente reticentes a la solución de problemáticas como la sociología. La intervención y los modelos de intervención social hoy se incluye en sociología y antropología: sociología de la intervención y antropología aplicada. Ambas armas muy poderosas para el empoderamiento de las bases sociales. Un panorama alentador para fortalecer en Colombia una sociedad civil que ha estado al margen, excluida y temerosa.

b. Elementos convergentes:

-. Ambos campos han sido afectados por las dinámicas del Mercado.

-. Como armas poderosas que pueden movilizar importantes grupos, han sido excluidas y marginadas de los procesos de enseñanza media y superior, de forma cautelosa. Y en algunos casos se ha modificado sus currículos con temas más flexibles y pocos peligrosos para la estabilidad de la nación.

-. Relacionado con lo anterior. Se les exige que ellas deben guiar los valores constitucionales y éticos en los procesos formativos de los individuos sociedad, una sociedad que juega a la doble moral en tanto su espacio de acción se ha reducido y controlado, pero además donde los valores están ligados a los valores productivos y de la sociedad de consumo, marcados claramente en una Constitución basada en un modelo del proyecto neoliberal. Entonces los componentes de la sociedad deben acomodarse a estas directrices del poder.

-. Las Humanidades poseen una tradición que recoge muchas épocas históricas. Cada generación de intelectuales humanistas, no solo han buscado la forma de descifrar los planteamientos de los autores clásicos sino que también han tratado de leer y aportar según sus contextos de vida a las Humanidades. Consideramos que en este sentido cada generación le ha exigido a las humanidades respuestas a sus preguntas, inquietudes y cuestionamientos y eso de pronto, puede exigirle más a las humanidades de lo que ellas pueden dar. ¿Tienen las humanices la fortaleza de aguante para dar respuesta a cada generación frente a sus cuestionamientos y preguntas? Creemos que todavía, después de tanto tiempo transcurrido, las humanidades están respondiendo a problemas planteados por antiguos pensadores sobre el ser humano y hoy se tratan de comprender desde nuestros marcos mentales actuales. Hecho este complejo e inseguro. Las ciencias sociales por estar formados en el contexto de la sociedad de la economía mundo moderna no ha presentado de manera profunda este problema.

-. Otro elemento convergente es por abordar la dimensión humana existente en el planeta: En Humanidades una dimensión mucho más trascendental, analítica y reflexiva, que opera en el orden mental y profundo del sentir y existir del ser humano en toda su dimensión y complejidad. Un mundo de grandes preguntas sin resolver sobre la existencia humana y natural en todas sus dimensiones. Y unas ciencias sociales que como polo a tierra, tratan de encontrar evidencias empíricas y físicas del comportamiento de individuos, colectividades y grupos, es decir, estudiar sistemáticamente las sociedades humanas, centradas de modo especial en los procesos modernos los sistemas industrializados y terciarizados. Lo importante es que humanidades y ciencias sociales no deben excluirse a la forma de la tabula rasa, sino que por el contrario sus objetos y metodologías pueden llegar a ser complementarias.

Así comparten su interés por el ser humano en todas sus dimensiones (físicas/materiales y espirituales), situaciones (individuales/colectivas), en tiempo (pasado/presente/futuro), que habita (espacialmente) un mundo (en permanente construcción/destrucción).

-. Las Humanidades y las ciencias sociales han comprendido que ninguno de los dos campos debe entenderse y trabajarse por fuera de las relaciones espacio-temporales que son el marco de la existencia humana y social, y de lo biótico y abiótico.


Bibliografía

Boron Atilio A. Las Ciencias Sociales en la era neoliberal: entre la academia y el pensamiento crítico. En: publicación: Tareas No 122. CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”. Enero-Abril de 2006. ISSN: 0494-7061.

Bourdieu, Pierre (2000a) Los usos sociales de la ciencia. Buenos Aires : Ediciones Nueva Visión.

Bourdieu, Pierre, Wacquant, Loïc. (2005). Una invitación a la sociología reflexiva. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

Holguin, Carmen; Ayala, German; Uribe, Hernando. (2010). La investigación social, el investigador y la trampas del sistema. Documento en Edición. Universidad Autónoma de Occidente.

Ianni, Octavio. (2005). La sociología y el mundo moderno. México: Siglo XXI.

Uribe Castro, Hernando. (2008). Pensar como sociólogo: Desilusión-Privilegio/Distinción-Método. Foro Internacional Identidades, Sujetos Sociales y Políticas del Conocimiento. Universidad Pontificia Bolivariana. Palmira, 1 - 3 de noviembre de 2007. pp. 35 - 43

Wallerstein, Immanuel. (2004). Las incertidumbres del saber. Barcelona: Editorial Gedisa.

Wallerstein, Immanuel (2006). Abrir las ciencias sociales. Informe de la comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo xxi editores.




[1] Profesor Regular Titular de Teoría Política y Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires desde 1986.Investigador Superior del CONICET. Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, Ex -Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales / CLACSO, 1997-2006. Formación académica: * 1972-76 Ph. D. en Ciencia Política, Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusetts). * 1967 Magíster en Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales / FLACSO (Santiago, Chile). * 1960 Licenciado en Sociología con Diploma de Honor, Universidad Católica Argentina (Buenos Aires, Argentina).
[2] Conferencia magistral pronunciada en el XXV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), Porto Alegre, Brasil 22 1l 26 de Agosto de 2005.
[3] Magíster en Sociología, Docente y director del grupo de investigación: “Conflictos y Organizaciones” de la Universidad Autónoma de Occidente. Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
[4] Magíster en Políticas Públicas, grupo de investigación: “Conflictos y Organizaciones” de la Universidad Autónoma de Occidente.

martes, 9 de diciembre de 2014

MILTON SANTOS Y HERNANDO URIBE CASTRO, 1997.

Un lindo Recuerdo - Milton Santos y Hernando Uribe Castro
6o. Encuentro de Geógrafos de América Latina, Universidad de Buenos Aires, Argentina

viernes, 21 de noviembre de 2014

EL PLAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL DE CALI (P.O.T.)

EL P.O.T. DE CALI[1]

Por
Hernando Uribe Castro

Quisiera llamar la atención sobre varios puntos que considero importantes con respecto al documento del Plan de Ordenamiento Territorial de Cali, POT.

-   Llama la atención que en el ARTÍCULO 1 titulado “Visión  del Plan de Ordenamiento Territorial de Cali” en ningún momento se haga mención al Estado. Pero si es claro en expresar que el POT “A nivel normativo se concibe como un instrumento capaz de regular la actuación privada.” En documentos con tanta trascendencia como lo es el POT,  no se puede dar por hecho o dejar a la imaginación del intérprete que el Estado está ahí. El que discursivamente no aparezca de modo claro y directo el Estado lo considero un olvido intencional en la medida en que el POT beneficia a los privados y disminuye la actuación del Estado.

-   En el modelo del POT encuentro un discurso de simulación y  legitimación tanto de los poderes de la élite local regional tradicional, como de los nuevos grupos del capital interesados en invertir en la ciudad. Esto es muy claro en el artículo 2 que establece: “Ordenar el territorio municipal tomando en cuenta las condiciones de desarrollo de la región”. Pregunto ¿cuáles son esas condiciones de desarrollo de la región si no son más que las implementadas por el gremio agroindustrial que impuso el monopolio cañero a lo largo y ancho de todo el valle geográfico del río Cauca? Obsérvese cuidadosamente cómo el artículo 12 del P.O.T legitima el tipo de desarrollo y de plataforma económica existente sobre esta región. La plataforma que existe, como claramente se observó a lo largo de este artículo, fue diseñada por los agentes del capital agroindustrial y del Estado-nación moderno.

-   De este modo entiendo que el POT legitima el proyecto de la élite regional agroindustrial que fue la que diseñó el Valle del Cauca como espejo del valle del Tennesse en Estados Unidos, y que sirve ahora de plataforma para el POT de Cali. ¿Dónde queda entonces la propuesta de nuevos escenarios alternativas al desarrollo?

-   Desde las primeras páginas se plantea la dimensión ambiental del POT como el eje central y articulador. Muy seguramente se dirá que este es un POT verde. Para nadie es un secreto que hoy en día el tema ambiental es usado como comodín para imponer o llevar a cabo proyectos. El “discurso ambiental” se ha convertido en instrumento de marketing y de green wash con el que las élites políticas y económicas han impuesto sus proyectos y planes con resultados desastrosos para la sociedad como para valiosos ecosistemas. Si el POT fuera verdaderamente verde, afectaría los intereses de muchos empresarios y corporaciones. Y esto no ha sucedido. ¿Plantea algo el POT con respecto a la actividad que se está, literalmente comiendo el cerro de las Tres cruces? ¿Plantea el POT algo con respecto a la minería en la zona de los farallones? ¿Plantea algo el POT con respecto a los fuertes efectos contaminantes de la zona industrial sobre los barrios del norte de la ciudad? ¿Plantea algo el POT con respecto a la recuperación de las cuencas hidrográficas de todos los ríos de la ciudad de Cali para transformarlos en espacios para el goce visual (estético) de los caleños?

-   Encuentro en el POT una contradicción. Impone el modelo neoliberal basado en el discurso ecológico y ambiental centrado en el recurso agua, en una ciudad que creció de espaldas a sus principales ríos y que además extinguió este elemento con la implementación de un modelo de desarrollo destructor de la naturaleza. El POT, por ejemplo, no cuestiona los impactos de la industria. Como se dijo antes, el POT no propone nuevos escenarios para recuperar las condiciones de la naturaleza en este territorio y dignificar la vida de las comunidades.

-   Por tanto, veo en el POT un modelo municipal que más que proponer escenarios futuros, lo que hace es legitimar un pasado dominado por la oligarquía regional.

-   Un modelo territorial que tiene como centro a Cali y que diluye los actores centrales entre ellos el Estado y la comunidad. Todo el tiempo se está planteando la paradoja entre medio ambiente y competencia económica.

-   En el POT aparece una paradoja porque se plantea desde un modelo de la densidad y  policentralidad, pero plantea también los procesos de conurbación y expansión.

-   Creo que la intencionalidad del POT se puede resumir en este artículo 5, en su punto 5 que expresa:

“5. La consolidación de Santiago de Cali como un municipio que presta principalmente servicios empresariales, culturales, de educación y salud, comunicación, información, recreación y turismo a la región y la subregión, y se complementa con las dinámicas económicas de un puerto en el Pacífico fortalecido y cualificado, y de una región agroindustrial, cultural y turística.”

Obsérvese dos cosas que para nada son ingenuas: el orden como se presentan los servicios pues el primero que aparece es el empresarial. Obsérvese que también aparece el “Puerto en el Pacífico”, pero no se habla de Buenaventura y mucho menos de sus habitantes, históricamente marginados y maltratados por el poder político regional y central (Bogotá)

En este POT desaparece el Estado y la comunidad para dar paso a los agentes del capital privado como los principales actores del modelo territorial de Cali. Lo que se busca, finalmente, es convertir o hacer de la Capital del Valle una Ciudad Marca del capitalismo global. Los agentes del gobierno ya no son funcionarios públicos sino excelentes empresarios que promocionan la Ciudad Marca. Mientras tanto, en la ciudad aumenta la miseria, la pobreza, los niveles de inseguridad, y la corrupción. Es decir, hoy es posible observar las conexiones entre los procesos de privatización y las transformaciones urbanas que conllevan a diferencias socio espaciales, o como se ha dado en llamar, la segregación urbana (residencial o socioespacial).




[1] Columna de opinión publicada por El Pueblo, 21 de noviembre de 2014.

jueves, 6 de noviembre de 2014

POLITICAS PUBLICAS SOCIALES Y TERRITORIALES: reflexiones teóricas y estudios de caso


Libro que incluye el capítulo titulado "Políticas públicas ¿De gobierno o de Estado? una revisión a las cuestiones políticas relacionadas con los asentamientos humanos de desarrollo Incompleto en Cali" en el que se abre y propone una discusión sobre la importancia que tienen las políticas públicas en el tratamiento del fenómeno de los asentamientos informales en la ciudad de Cali, Colombia. Autoría compartida con los colegas Carmen Jimena Holguín y Germán Ayala. 2014.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Socíologo Hernando Uribe Castro entrevista a Enrique Leff



Universidad Autónoma de Occidente, en el marco del 

Seminario Internacional sobre Inter y Trandisciplinairedad
Septiembre de 2014

martes, 9 de septiembre de 2014

DANZANDO ENTRE LA RACIONALIDAD AMBIENTAL Y EL DIÁLOGO DE SABERES

Danzando entre la racionalidad ambiental y el diálogo de saberes:
a propósito de la visita de Enrique Leff a Colombia[1]

Por: Hernando Uribe Castro[2]


Enrique Leff y Hernando Uribe Castro

 “La verdad no brota de nuestras opiniones, sino de otro lugar,
tal vez del libre movimiento del pensamiento tácito”

Bohm, 1996:66

Saludos

Señor Rector Luis H. Pérez; Señores del Consejo Superior y Académico; Doctores Vicerrectores Álvaro del Campo Parra y Diego Smith; Doctora Magdalena Urhan, Dirección de Investigaciones y Desarrollo Tecnológico; Profesora Sonia Cadena, Centro de Desarrollo Académico; Señores Decanos y Jefes de Departamento; Profesoras, profesores y estudiantes; Invitados e invitadas de otras universidades y de la comunidad en general.

Es para mí un honor y un privilegio presentar a ustedes, en este auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente, al profesor Enrique Leff. Destacado investigador, intelectual y representante de nuestro pensamiento ambiental latinoamericano en el escenario mundial. Uno, que nos ha puesto a pensar en la necesidad de incorporarnos en otro modo de ver el sentido del sistema viviente como totalidad y ha aportado, a la descolonización del pensamiento.

El que me hayan asignado esta tarea tan delicada, importante y honrosa, me puso, de hora y momento (al modo de Maturana y Bloch, 1996), en un fluir de mi emocionar, como una danza que va de una emoción a otra emoción; una danza de emociones que por supuesto no se ha detenido y que ustedes ahora ven expresada con toda claridad en mi rostro.

Ideas expuestas por el profesor Leff que, en movimientos rítmicos, se deslizan sobre el amplio y elegante salón donde reposan nuestros pensamientos.  Emociones que nos producen la libertad de considerar la profunda interconexión que tenemos como especie con la naturaleza. Pero somos una especie muy extraña. Algo así como un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.

Pero somos una especie muy extraña. Algo así como si fuéramos un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.


1.   Leff: Críticas a la sociedad moderna y a la ciencia.

El texto del profesor Enrique Leff, al que haré rápidamente referencia se corresponde a la ponencia presentada por este autor en el I congreso Internacional Interdisciplinar de Participación, animación e intervención socioeducativa en la ciudad de Barcelona, España, en 2005.

La reflexión del profesor Leff se centra en la crítica que desde el saber y la epistemología ambiental (entendida como un trayecto para comprender qué es el ambiente), hace con respecto al campo de la ciencia moderna que fue uno de los instrumentos de los agentes del capitalismo para su reproducción como sistema hegemónico global que logró fragmentar la realidad en disciplinas.

Un mundo que, como lo expresa Morín, si se mira con un ojo se verá el progreso y el desarrollo, pero que si se hace con el otro, se verá el horror y la guerra. Por tanto, “la crisis no es lo contrario del desarrollo, sino su forma misma.” (2011:30)

A lo largo de los últimos siglos, se constituyó un modelo de sociedad donde primó una racionalidad económica que instauró una forma particular de conocimiento que produjo la división entre la sociedad y la naturaleza.  El conocimiento fue gobernado por las leyes del mercado que valoró al ser humano y la naturaleza como recursos explotables, como objetos y cosas transables.

Unas leyes del marcado dictadas desde un grupo de poder que acumuló riqueza, produjo desigualdad, inequidad e injusticia, y que ha usado el conocimiento científico como legitimador de su existencia. Esta sociedad consumidora, despilfarradora, inestable y con grandes incertidumbres, ha producido una crisis civilizatoria y ha logrado imponer sobre los seres humanos la idea de que la única verdad y el único camino es el capitalismo.

Los agentes del capitalismo fracturaron entonces la posibilidad de un mundo diferente. El desarrollo se convirtió en un mito tecno-burocrático “Un delirio abstracto como racionalidad.”

Frente a ese mundo construido en la sociedad occidental, Leff propone como idea central lo siguiente: el saber ambiental emerge como una forma de conocimiento que confronta la ciencia (positivista dominante), que interroga los elementos causantes de la crisis civilizadora y que conduce a la construcción de una racionalidad alternativa en la comprensión del mundo, capaz de reformular una nueva epistemología, así como de promover acciones para el cambio de mentalidad desde un diálogo de saberes. La acción, el emocionar y la reflexión epistémica se integran como un todo coherente para derrumbar los mitos del éxito civilizatorio.

Para Leff, “la crisis ambiental lleva a cuestionar el pensamiento y el entendimiento del mundo, la ontología, la epistemología y la ética con las que la civilización occidental ha aprehendido al ser, los entes y las cosas” (2006, p. 4)

Leff caracteriza los elementos constitutivos de ese saber ambiental. Desde mi perspectiva estos elementos son: una crítica al conocimiento científico positivista, el saber ambiental, el diálogo de saberes y la racionalidad ambiental.

Como respuesta a esa crisis civilizatoria, emergen entonces, pensamientos alternativos como el saber ambiental que se constituye como un marco epistemológico que construye una racionalidad alternativa a partir de la cual, se pretende recuperar el sentido de la relación sociedad y naturaleza donde no prima la racionalidad del reduccionismo económico.

De este modo, el saber ambiental se encarga de develar las implicaciones nocivas de un modelo económico liderado por grupos de poder y de dominación global, que basados en la epistemología racionalista y empirista, han sabido sacar provecho de la naturaleza para su beneficio. Por ello, desde el saber ambiental se convocan a las diferentes visiones y comprensiones de los fenómenos ambientales desde una perspectiva interdisciplinaria.

Leff considera que el saber ambiental “ha puesto en comunicación al estructuralismo con el postestructuralismo; a la modernidad con la posmodernidad; al método científico y la racionalidad económica con los saberes populares; a la ética con el conocimiento” (2006:15). Para Leff, el saber ambiental “nace en el campo de la externalidad de las ciencias, y se cuela por los intersticios de los paradigmas del conocimiento. (2006:16)

Como claramente lo expresa Leff, el saber ambiental reafirma el ser, respeta las identidades en los territorios, y en ello la diversidad cultural y todo su conocimiento. “cuando se ha ido más allá de aquello que producía miedo, la inteligencia puede ponerse a trabajar” (Bohm, 1996:64)

En este marco epistemológico aparece el diálogo de saberes como un mecanismo que permite comprender la complejidad ambiental en donde convergen distintas epistemologías, representaciones y entendimientos para dar posibilidad a nuevas miradas del conocimiento, así como renovadas comprensiones y cosmovisiones. “Escuchar es un arte” como sabiamente lo expresó Krishnamurti (2009).

Sobre el diálogo existen páginas y páginas escritas, pero no tan profundas como en su momento lo ha expresado Leff y como lo llegó a escribir el destacado físico David Bohm. Me parece que existe mucha complementariedad entre las dos concepciones sobre el diálogo. Señalaré algunas citas del texto de Bohm que expresa:

“La actitud decisiva que nos lleva a aferrarnos a nuestra creencias y decir «yo tengo la razón», limita nuestra inteligencia porque el ejercicio de la inteligencia consiste precisamente en no defender ningún tipo de creencia […] No hay motivo para aferrarse a una creencia si tenemos alguna prueba de que está equivocada… la mejor actitud frente a una creencia o una opinión consiste en abrirnos a la evidencia de su posible falsedad.” (Bohm, 1996:66).

Ese diálogo de saberes ha sido central para las prácticas interdisciplinarias porque permite atender otras voces. Para escuchar, expresa Krishnamurti, “habría que abandonar o hacer a un lado todos los prejuicios, formulaciones previas y diarias actividades” Esta es una estrategia de la racionalidad ambiental. La racionalidad ambiental que se produce desde ese saber, tiene incidencia en la política y en los espacios de decisión política, porque posee los argumentos necesarios para defender la diversidad. Sus bases son “la formación económica de Marx, el concepto de racionalidad de Weber y el concepto de saber de Foucault” (2006:21)

Pero se debe tener en cuenta que el diálogo de saberes supera la interdisciplina, puesto que su espacio rompe con la estructura institucional para ubicarse en el espacio de la otredad, donde estas las comunidades y los movimientos sociales. El diálogo de saberes no es lo mismo que el diálogo disciplinar.


2.   Una racionalidad ambiental

La crisis ambiental se define como un signo de la sociedad moderna, que es a su vez crisis civilizatoria y de conocimiento. Forjada por los usos nocivos que se hizo de la ciencia al servicio del capital que le dio forma a la humanidad en los últimos siglos. Una humanidad que ha visto cómo el reduccionismo económico y tecnológico determinó las decisiones sobre la vida social, y no la ética y la filosofía como lo propone Max-Neff.

Por un lado confronta y devela el funcionamiento de esa sociedad que llevó al caos y la marginación de la naturaleza, pero por otro lado, propone reformular las bases del conocimiento hasta ahora existente. La racionalidad ambiental conjuga “el orden teórico e instrumental del conocimiento con los valores que plasman todo saber ambiental, abriendo las perspectivas de una administración científica y técnica del ambiente hacia una nueva racionalidad que integra la pluralidad de valores, visiones, concepciones e intereses que configuran el campo de la ecología política, donde confluyen diversas formas de racionalidad, así como las diferentes significaciones culturales asignadas a la naturaleza.” (2006:21)

Esa reformulación se logra mediante un nuevo esquema epistemológico. Una epistemología que pone en crisis los conceptos legitimados por las ciencias que validan el capitalismo, por otros conceptos que lo retan, como lo es el precisamente, el concepto de ambiente, como campo de relaciones entre la naturaleza y la sociedad. Una nueva forma de ver las cosas pues descentra el capital como núcleo de la vida para dar paso al ambiente como centro de la preocupación. El ambiente es la complejidad del mundo.

Así, la racionalidad ambiental transforma la mirada tanto que se tiene de la función del conocimiento al servicio de la sociedad, como del papel de la ciencia en la construcción del mundo. Una racionalidad que aboga tanto por la complejidad (como reflexión multidimensional de la relación hombre y naturaleza), como por el diálogo de saberes (que son las distintas formas de explicación disciplinar con los  no disciplinares, discursos no científicos y de la diversidad cultural y de otras identidades) y como por la interdisciplinariedad (que como diálogo de saberes, aboga por la posibilidad del encuentro disciplinario en función de sus métodos, teorías y conceptos).

La racionalidad ambiental integra la acción y la reflexión juntas. Por reflexión entiendo:

“En la mirada reflexiva admitimos operacionalmente que no sabemos, y miramos en la inocencia. Como resultado de esta mirada podemos ver algo distinto y cambiar. La reflexión como un acto en el lenguajear cambia nuestro ser porque cambia nuestro emocionar, de modo que quedamos orientados de distintas maneras en nuestro espacio relacional fuera de la situación anterior.” (Maturana, 1996:241).

Tenemos una responsabilidad con las generaciones que hoy se están formando en los hogares, las escuelas, los colegios, las universidades y en el espacio público, porque el “emocionar ambiental” (como el fluir de las emociones hacia nuestro entorno en relación con la naturaleza) que hoy aparece en nuestra relación con la naturaleza (que por cierto es muy particular y a veces nefasta) es el que vivimos desde nuestra infancia. Por ello, “cuando los científicos puedan comprometerse en un auténtico diálogo tendrá lugar una revolución radical en la ciencia” (Bohm, 1996:71).


3.   Unos apuntes como aportes desde mi humilde visión

“Necesitamos honestidad. Necesitamos que nos liberen de nuestra arrogancia especie-centrista. No existe evidencia alguna de que seamos «los elegidos», la especie exclusiva para la cual todas las demás fueron creadas. Tampoco somos la más importante porque seamos tan numerosos, poderosos y peligrosos. Nuestra tenaz ilusión de poseer una patente de corso oculta nuestro verdadero estatus de mamíferos erectos y enclenques.” (Margulis, 2002:140)

Motivar ideas que pretenden descentrar el ser humano como totalidad de la vida, para dar paso a la comprensión de un sistema complejo viviente, es un trabajo por hacerse.[3] La hipótesis Gaia, sustentada en los sistemas complejos, ha venido demostrando que el planeta Tierra como un sistema complejo, hace parte de un sistema universal y cósmico, resultado de millones y millones de años de vida, mediante la interacción y evolución de las especies de vida bacteriana que en su proceso evolutivo y bajo condiciones geomorfológicas y dinámicas del planeta, dieron como resultado la producción de la atmósfera y con ella, las condiciones para la aparición de la biosfera y la diversidad de vida en la Tierra.[4]

En este largo recorrido de evolución planetaria el ser humano solo aparece en los últimos momentos. Y aparece para transformar e impactar lo que por tanto tiempo las otras especies había logrado. El mundo no se ha construido por millones y millones de años con una complejidad exquisita y una diversidad de vida deslumbrante para que lleguemos, la conquistemos, la transformemos y la destruyamos en su riqueza y diversidad. Más difícil aún, el que esto lo realice un grupo “selecto” que se da el derecho de definir el rumbo del mundo para su propio beneficio.

El, a veces, reduccionismo humano y su arrogancia ecológica nos enceguece, nos hace negar toda probabilidad de vidas diferentes, así como también el origen de vida compartido con los otros reinos vivientes procedentes de la relación entre el mundo microscópico y el cósmico.

El ambiente es también una experiencia comunitaria y por tanto, se debe comprender que compartimos esta experiencia con otros. Una arrogancia ecológica que produce “delirios de grandeza” como especie. Arrogancia que nos produce muchas ilusiones, como por ejemplo, aquella que nos hace creer que conocemos el presente (Morin, 2011:16) “creemos conocer el presente porque habitamos en él.”  

Incluso, esta arrogancia humana ha conllevado a que no se reconozca la misma diversidad humana en términos de sus orígenes étnicos y distintas orientaciones. Se desconoce que lo vivo incluye lo no vivo, que lo material y lo espiritual conviven, y que las formas de vida mítica y simbólica persisten a pesar de todo el avance técnico. Que las diferencias en las creencias y las tradiciones particulares de los pueblos, todavía habitan como realidades concretas en los procesos mentales y corporales de muchos grupos culturales que aún resisten los embates de la injusticia social y ambiental dados a lo largo de la historia.

Ese egocentrismo humano ha impuesto entonces que solo existe una realidad, la capitalista, y que por tanto se debe rechazar cada nuevo descubrimiento realizado por la ciencia y sus científicos, porque ponen en cuestión y en peligro la sobrevivencia de la humanidad. Casos interesantes son los descubrimientos en Bosnia en el valle de las pirámides desde la arqueología interdisciplinada del Dr. Osmanagich pero también los descubrimientos del inmenso mundo microscópico de Lynn Margulis.

Los descubrimientos sobre el sistema viviente planetario, conlleva entonces a dos procesos sistémicos: por un lado, rompe con todo ese pensamiento conservador, determinista y egocéntrico de la humanidad como el centro del mundo para quien un poder divino construyó un planeta para que viviera infinitamente en él.

Pero por otro lado, abre un nuevo camino de entendimiento, de apertura para comprender la irreversibilidad y la incertidumbre como componentes que caracterizan la dinámica de los sistemas vivientes. Y que por tanto, estamos en un mundo en caos, muy diferente del que nos han hecho creer. Un mundo que al parecer es de carácter multidimensional. Debemos comprender entonces “Que el porvenir pertenece más a lo improbable que a lo probable (pues) ninguna estrella guía el porvenir” (Morín, 2011:23-25)

Esta nueva disposición de pensamiento, la del sistema natural y viviente como totalidad, merece comprender también una paradoja: que, a pesar de los efectos nocivos de la superespecialización, los avances de campos especializados y disciplinados han sido indispensables para el avance del conocimiento científico y para las aproximaciones interdisciplinarias en la idea de una nueva comprensión del mundo. Esto nos lleva a reflexionar sobre la oposición entre la disciplina y la interdisciplina, así como también nos lleva a cuestionar la fractura en las ciencias humanas y sociales y las ciencias básicas y mal llamadas “exactas”, porque la ciencia se construye igualmente con falsaciones.

Hoy empezamos a hablar de la postdisciplinariedad, que no es un estado después de la disciplina, sino un modo diferente de construir conocimiento y que consiste en partir de problemas como sistemas complejos. Pero la postdisciplinariedad no hay que tomarlo como algo diferente a la interdisciplina, sino como un elemento que se une para fortalecerla. Una apertura hacia la ciencia posnormal donde, incluso, el saber comunitario y popular cobra profundo sentido.

Finalmente deseo expresar que para librarnos del reduccionismo económico, del determinismo científico y del egocentrismo de especie que nos produce los delirios de grandeza, se requiere del amor como fuerza exponencial. Para dar pasos hacia una racionalidad ambiental, como claramente el profesor Leff nos lo ha demostrado, se urge resignificar lo que entendemos por amor, y para ello, el diálogo de saberes que propone Enrique Leff es central. El amor desprovisto de valores de consumo, de transacciones económicas y utilitarismo. Ese no es, aunque ese es el que predomina a gran escala en este, nuestro mundo.

Como lo expresa David Bohm, y en estoy totalmente de acuerdo: “el amor no puede surgir si no podemos comunicar y compartir el significado.” (Bohm, 1996:82). Y se requiere mucho amor, iluminación y entendimiento para comprender que nuestro sistema viviente, en su inmensa grandeza, complejidad, historia y vida, desborda toda nuestra racionalidad científica. Se requiere un diálogo, incluyente y honesto.

Estimado profesor Leff, la Universidad Autónoma de Occidente lo acoge con todo el placer, con toda la humildad y con todo el amor y el respeto. La comunidad académica valora profundamente su presencia!

Bienvenido profesor… Ponga nuestros pensamientos a danzar…

4.   BIBLIOGRAFÍA

-   Bohm, David. Sobre el diálogo. Barcelona: Editorial Kairos, 1996.
-   García R. Interdisciplinariedad y sistemas complejos.
http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/garcia01.pdf. Consultado. 25 de Noviembre de 2009.
-  Krishnamurti, Jiddu. Principios fundamentales de su enseñanza. Octubre 2009.
- Leff, Enrique. (2006). Complejidad, racionalidad ambiental y diálogo de saberes. Ponencia  presentada en el I Congreso internacional interdisciplinar de participación, animación e intervención socioeducativa. Barcelona, España. Noviembre.
- Leff, Enrique. (2006). Aventuras de la epistemología ambiental: de la articulación de ciencias al diálogo de saberes. México: Siglo XXI.
- Margulis, Lynn.  Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista sobre la evolución. Madrid: Editorial Debate, 2002.
-   Maturana, Humberto y Bloch, Susana. Biología del emocionar y Alba Emoting. Santiago: Dolmen Ediciones, 1996.
-   Morin, Edgar. ¿Hacia dónde va el mundo? España: Paidos, 2011.



[1] Conferencia de saludo de bienvenida y de presentación del profesor Enrique Leff en el marco del Seminario Internacional sobre Inter y Transdisciplinariedad, realizado el día 26 de agosto de 2014, Auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Coordinador del Seminario Internacional Sobre Inter y Transdisciplinariedad. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Occidente. Magíster en sociología. Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales. huribe@uao.edu.co
[3] Por sistema complejo se entenderá aquellas realidades que como totalidades y cuyo funcionamiento depende de sus componentes que como subsistemas interconectados aportan al funcionamiento del conjunto del sistema y el sistema en su conjunto contribuye al funcionamiento de cada parte o subsistema
[4] Definí el sistema viviente como una totalidad como aquella perspectiva en proceso de construcción, que comprende la formación continua e incesante de la diversidad de la vida como parte de un sistema más amplio y complejo existente en la naturaleza del universo y que va desde su dimensión microscópica a nivel subatómico hasta el nivel de los procesos macroscópicos o cósmicos y astronómicos.