Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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martes, 9 de julio de 2024

Hacia un diálogo intergeneracional sobre el territorio nortecaucano

 

Hacia un diálogo intergeneracional sobre el territorio nortecaucano

Por: Hernando Uribe Castro, Carmen Jimena Holguín y Ana Milena Carvajal


Este texto es producto del esfuerzo de un grupo de personas vinculadas a la Unidad de Organizaciones Norte Afrocaucanas y a la Universidad Autónoma de Occidente que, en sentido de lo que es posible tejer como saberes, unieron sus cuerpos y su senti-pensar para dejar este legado. El propósito de la presente cartilla es compartir la representación que sobre el territorio hacen sus pobladores y quienes participan de las organizaciones sociales presentes en el norte del departamento del Cauca.

martes, 27 de septiembre de 2022

TRAILER LA FINCA DE BETSABÉ


Investigación-Creación
Universidad Autónoma de Occidente 


                                                TRAILER LA FINCA DE BETSABÉ


Betsabé es una mujer de 97 años quien aún conserva su tierra, una finca tradicional en el norte del Cauca. Cuenta la historia de su vida, que es la historia de los descendientes de africanos esclavizados. ha visto la lucha por la libertad, por la tierra, por la dignidad y por la autonomía.

Luchas por la tierra en el Norte del Cauca, Colombia.


sábado, 9 de noviembre de 2019

DE LA SUSTENTABILIDAD A LA INMANENCIA DE LA VIDA


De la sustentabilidad a la inmanencia de la vida

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Conferencia presentada en el 4º Congreso Nacional de Ciencias Ambientales en Cali-Colombia por Hernando Uribe Castro en el marco del Conversatorio sobre la presentación del libro “Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad” de Enrique Leff. Comentaristas del libro: Arturo Escobar y Hernando Uribe Castro.

En octubre pasado Enrique Leff me invitó a que comentara su más reciente obra “Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad”[1] en el 4º. Congreso Nacional de Ciencias Ambientales. Invitación que también se extendió a nuestro querido amigo Arturo Escobar. Desde ese momento, no hice más que danzar en las profundas, interesantes e inspiradoras ideas expuestas en cada una de las páginas de ese maravilloso libro.

Enrique Leff, Arturo Escobar y Hernando Uribe Castro

Agradezco al profesor Leff, la confianza que ha depositado en mí, no solo en cuanto a que yo comentara su obra públicamente, sino también, en cuanto a que compartiera conmigo un libro que aún no había salido a la luz mundo. Y sobre todo, que depositara la confianza y me ofreciera la oportunidad de sentarme en esta  mesa de este bello auditorio de la Universidad Autónoma de Occidente junto a él y Arturo Escobar (a quien admiro y respeto) y ante todos ustedes para ofrecer unas ideas (lluvia de ideas) sobre aquello que nos convoca y que nos preocupa: la cuestión por la vida en un planeta rumbo a la destrucción.

Me siento entonces honrado y autorizado, y sobre todo con la Autoridad Intelectual, para ofrecer unos comentarios que son mis puntos de vista, sobre estas cuestiones tan trascendentales y que se plasman en esta nueva obra que ve nacer el día de hoy el ambientalismo.

“Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad” es un libro para la vida y hecho en el transcurso de la vida de Enrique Leff, porque pone en el centro del debate la discusión por las “condiciones de la vida en el planeta”; pero también es un libro que recoge los diferentes momentos de reflexión, de pensamiento y de producción de uno de los pensadores (sociólogos ambientalistas, ecomarxista, ambientalistas) más importantes del mundo en sus trayectos de vida personal y de materialidad corporal.

Lo que ha hecho Leff, no es solo un aporte al pensamiento ambiental latinoamericano sino un aporte a pensar la vida en el planeta Tierra. Involucra a todos y todas, en cada rincón y hemisferio de ésta, nuestra casa común. Una casa común que es descrita por Byung-Chul Han en su bello texto “Loa a la Tierra: un viaje al jardín” como “bella e incluso mágica. Deberíamos respetarla, tratarla con esmero, e incluso alabarla, en lugar de explotarla tan brutalmente. Lo bello nos obliga al respeto y al esmero” (p. 177)

En este libro -voluminoso de capítulos, conceptos, ideas y preguntas-, Leff hace varios llamados y comparte varios mensajes que trataré de comentar y resumir, aunque soy consciente de que lo expuesto pone el acento es unos aspectos pero deja por fuera otros que de seguro pueden ser mucho más importantes que los que mencionaré. Por tanto invito a todas y todos los presentes, a todos los lectores y a todos los ambientalistas y no ambientalistas, para que se den la oportunidad y el tiempo para leer esta joya del pensamiento, esta obra del ambientalismo mundial y vivan de modo real lo que ahí se dice y se expresa.

Con este nuevo libro que se publicó poco después del “Fuego de la vida” -donde Leff retoma a Heidegger ante la cuestión ambiental-, que recogen tantos y tantos años de reflexión, me doy cuenta que Enrique Leff ha abierto todo un grupo de términos y frases que amplían el glosario del ambientalismo y el ecologismo. Pienso que, al modo como se ha hecho con otros autores como Bourdieu y Foucault, es necesario abrir un libro de términos de Leff. La riqueza lingüística de sus obras es increíblemente amplia y de gran profundidad. Una riqueza epistémica y conceptual que danza entre la filosofía y las ciencias ambientales. Recuérdese que la autonomía del campo, como lo explica Bourdieu, se logra con los elementos particulares que se van produciendo en el campo y le van asignando esa personalidad. Leff y todos sus aportes, aportan a la construcción de ese campo ambiental como espacio social de luchas. Unas luchas entre diferentes agentes que tratan de acceder al monopolio de los sistemas de soporte de la vida y de sus enunciaciones y significaciones.

Ahora bien, inicio esta corta intervención de unos veinte minutos para plantear las primeras ideas de modo concreto, las cuales requerirían de una larguísima exposición:

El libro “Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad” puede considerarse como un texto que recupera más de 40 años de reflexión ambiental. Explica con maestría la sociogénesis de la crisis ambiental como una crisis civilizatoria y de conocimiento. La degradación ambiental y la descomposición del tejido ecológico en un planeta repleto de vida. El libro evidencia la forma como Leff fue construyendo, armando, estructurando sus conceptos, sus puntos de vista, sus ideas. Es un fluir en las ideas, las emociones y las preguntas. Es un libro que se pregunta y se auto-pregunta, en cada una de sus páginas. De los hechos más atractivos del libro, está en cuanto a que Leff nos muestra cómo logró transitar epistémicamente varios procesos. Por ejemplo:

  • De su desencantamiento con el “Desarrollo Sostenible” hacia un re-encantamiento con la inmanencia de la vida.
  • Desde la deconstrucción de la racionalidad económica, hacia la búsqueda de un paradigma económico alternativo.
  • Desde el ambiente como externalidad hacia el ambiente como un potencial para una nueva racionalidad.
  • Del conocimiento científico, hacia los saberes ambientales.
  • De la racionalidad económica, hacia la racionalidad ambiental.
  • De un régimen ontológico de la tecno-economía hacia una racionalidad ambiental fundado en una ontología de la vida.

Comprender cómo estas transiciones se dieron, es ejemplarizante para todos nosotros, pues demuestra que nuestras reflexiones siempre están en evolución, en transformación lenta. Que solo se logra esa madurez para reconocer estos cambios propios del pensamiento cuando se logra una reflexividad, al modo en que lo exige Pierre Bourdieu.

Unas segundas ideas giran en torno a lo siguiente:

En esta bella obra, donde la evolución de los conceptos está en relación con los trayectos de vida personal del autor, es posible detectar dispositivos analíticos muy poderosos, que de llegar a ser comprendidos, pueden activar en cada uno de nosotros ese fuego por la vida. No el fuego que destruye la vida, sino el fuego que la origina. Por ello, deseo poner además el acento en aspectos como:

  • La relación entre la racionalidad ambiental y el principio de diferencia: es decir, la racionalidad técnico económica vs. los modos alternativos.
  • Resistencias y las rexistencia.
  • Reapropiación social de la naturaleza y los principios de justicia ambiental. Es decir, el derecho a la vida.
  • La justicia ambiental que de-construye, enfrenta, confronta y subvierte la dominación.
  • La empropiación de la naturaleza en relación con la autodeterminación.
  • La reapropiación de la naturaleza en procesos ecológicos e identidades locales como posibles caminos para territorializar la sustentabilidad.

Un tercer grupo de ideas pone en interacción el saber ambiental, los diálogos de saberes y la fuerza de los movimientos sociales. Con respecto al papel del saber ambiental, pongo el acento en las siguientes ideas de Leff:

  • Muy importante, los entretejidos culturales que pueden considerarse como la diversidad de cosmovisiones, formaciones simbólicas y sistemas taxonómicos.
  • El saber ambiental implica la necesaria reinvención del espacio y del lugar. Dimensiones donde se dan las resistencias y rexistencias de los pueblos.
  • El saber ambiental expresa que la sustentabilidad es el territorio en el que arraiga el ser y el tiempo de la vida, y no la tecno-economización de la naturaleza.
  • Para Leff, el lugar es el territorio de la sustentabilidad, donde la cultura y las identidades se enraízan en las bases ecológicas propias del lugar.
  • Es necesario romper con el tiempo del capitalismo como resistencia y rexistencia.
  • El saber ambiental se construye en los diálogos de saberes: saber la vida se vuelve condición para salvar la vida.

Con relación al papel de los diálogos de saberes, Leff nos invita a pensar en lo siguiente:

  • En los diálogos de saberes se funda un sentido categorial que refiere al encuentro entre diferentes seres culturales, a la diversidad de modos de comprensión del mundo y de modos de ser-en-el-mundo.
  • Otro modo de comprensión de la genera­ción de otras verdades históricas: de otros modos de producción de la existencia humana y de la construcción de otros mundos posibles.
  • El diálogo de saberes hace posible pensar la “tras­cendencia” del mundo.
  • Re-territorialización de la vida en la rempropiación[2] cultural de la naturaleza, a través de un diálogo de saberes –entendido como un encuentro de seres-saberes– en el campo de la ontología política.

Y con respecto al papel de los movimientos sociales, Leff nos recuerda que:

  • Los movimientos sociales y los pueblos, buscan alternativas al sistema. Por eso se han dado en el rechazo al neoliberalismo.
  • Los movimientos sociales reclaman un nuevo orden social y proponen un nuevo orden político. 
  • Expresan, exigen y promueven nuevos paradigmas productivos.
  • Están liberando no solo la “sustentabilidad” sino también la “democracia”. La sustentabilidad y la democracia han sido presas de las argucias de los agentes promotores del capitalismo, aquel que produce y reproduce las desigualdades, las inequidades y las pobrezas.
  • Leff se pregunta ¿Cómo superviven los pueblos originarios, campesinos, afrodescendientes e indígenas a pesar de las condiciones de injusticia, de crueldad de un sistema, de los gobiernos y las políticas?
  • Para Leff no es suficiente con el aporte intelectual que devela las trampas del capitalismo. Es necesaria la acción política de los movimientos sociales. El paradigma tecno-económico de producción puede ser refutado en el mundo académico y de seguro que se puede triunfar en la arena intelectual, pero solo los movimientos sociales podrán confrontar el orden económico mundial estable­cido. Los nuevos movimientos indígenas y campesinos socio-ambientales por la reapropiación de la naturaleza emergen a la luz de esta perspectiva post­marxista y postestructuralista. Los movimientos sociales se hacen más fuertes, más estratégicos, más recursivos. Sus reclamos de autonomía, territorio y dignidad de los pueblos cobran cada día mayor fuerza y presencia.

No pretendo terminar con la presentación de estas ideas, sin antes llamar la atención sobre dos aspectos que considero, son centrales en “Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad” y una idea tercera que es concreta:

1.   El asunto sobre la liberación de la sustentabilidad de las garras y de los usos y abusos sociales, políticos y económicos que ha hecho el mundo corporativo de esta noción. Una noción que surge como liberadora y esperanzadora para transitar hacia un mundo más conectado con la trama de la vida, pero que hoy se encuentra desgastada, maniatada, desvirtuada y manipulada. Una noción que ha caído en la trampa de la “modernidad ecológica” y que ha sido utilizada para continuar justificando la “destrucción creativa”, principios de la racionalidad económica basada en la acumulación de capital.

Una noción que ha mutado en otras nociones como “capitalismo verde”, “economía verde”, “desarrollo sostenible”. Leff apunta a proponer estrategias para liberar la sustentabilidad - exorcizarla- de este yugo, de este peso que la deja sin peso. Y tal vez la más importante alternativa es la deconstrucción de la economía, que es a su vez una deconstrucción de la racionalidad económica.

Una deconstrucción que involucra a los movimientos sociales, que son capaces de una apropiación de la naturaleza y de elaborar estrategias de aprovechamiento sustentable de los recursos. Diversidad, equidad social y diferencia política son nuevos presupuestos de la sustentabilidad.

Liberar la sustentabilidad del yugo corporativo es no dejarse sucumbir de la inercia fatalista. La vida debe resistir. Una vida en donde se reconoce la Otredad y donde es posible el diálogo de saberes (que se ubica más allá de lo inter y trandisciplinar). En un diálogo entre humanos donde el foco son las condiciones de la vida.

2.      La sustentabilidad, dice Leff, es un llamado a la vida. Es una comprensión de los tiempos humanos y los tiempos de la naturaleza. La sustentabilidad más allá de la simple cuantificación (de energía, de masa, de intercambio), sino que también involucra valoraciones simbólicas como las percepciones culturales.

3.      Un comentario al capítulo 8 titulado “persistencia del campesino”. Es importante pensar la frase que nos propone Leff “Los campesinos e indígenas persisten porque viven dentro de otros mundos de vida”.

Finalmente, deseo expresar que es un placer, un honor, compartir en tiempo-espacio real (espacio que es a la vez, absoluto-relativo-relacional) con este hombre, con este ser, con este académico e intelectual que ha dicho lo que se tiene que decir para superar esta angustiosa estancia del ser humano en las condiciones posibles de la vida en nuestra casa común.

Un saludo fraternal a mis queridos amigos Enrique Leff y Arturo Escobar, con quienes la vida nos ha dado la posibilidad y nos ha permitido irnos aproximando, encontrando y re-encontrando. No solo soñamos sino que entresoñamos. Es un placer estar al lado de estos dos maestros, estos dos amigos y ante todas y todos ustedes.

Es mi deseo leer un pequeño párrafo del libro “Ecología política: de la desconstrucción del capital a la territorialización de la sustentabilidad” que considero es significativo para que nuestras mentes dancen, se muevan y se deleiten.

“No existe una estrategia única, verdadera y válida para construir la susten­tabilidad planetaria. Su posibilidad no puede fundarse en el optimismo triun­falista de que la resistencia indígena y la persistencia campesina prevalecerán y no serán absorbidas por la modernidad, o sucumbirán arrastradas por la inercia de la degradación entrópica inducida y alimentada por el orden eco­nómico mundial. El desafío que plantea la construcción de la sustentabilidad no consiste sólo en analizar la eficacia de estos movimientos de resistencia-re­xistencia desde el punto de vista de la ecología política y de la sociología am­biental. La cuestión más crítica yace en las posibilidades de deconstruir, tanto teórica como prácticamente, la racionalidad dominante del mundo actual y de construir una racionalidad ambiental fundada en las condiciones de la vida” (2019, p. 202).

Muchas gracias!

Enrique Leff, Arturo Escobar y Hernando Uribe Castro






[1] El libro es publicado por Editorial Siglo XXI en octubre de 2019. Consta de 14 capítulos. Cada capítulo se corresponde con textos escritos en momentos diferentes de la vida de Leff, quien los dejó tal y como fueron redactados en sus momento. El libro es una evolución del pensamiento de Leff y del movimiento ambiental.

[2] El término “empropiar” pone de manifiesto el hecho fundamental de que el Ser no se apropia a los entes de la manera que uno se apropia un objeto o extrae algo de alguna parte para hacerlo propio, como toda cultura se ha apropiado de la naturaleza convirtiéndolo en su patri­monio biocultural, o como el capitalismo expropia a la naturaleza. Empropiar significa hacer propio algo dentro de la inmanencia del ser empropiador, porque propiamente le pertenece o porque emerge de sí mismo, de la manera que la vida en su diversidad emergente y compleji­zante pertenece a la vida misma. La empropiación de la naturaleza adquiere en el campo de la ontología política el sentido de pensar los modos emergentes de reinvención de las identidades y la reinscripción de los imaginarios y prácticas de los Pueblos en la inmanencia de la Vida, de la autonomía en el manejo de su patrimonio biocultural dentro de las condiciones de la vida. Este modo de empropiación es una utopía, que sin pretender la reunificación entre lo Real y lo Sim­bólico –la fusión de la diferencia originaria en un monismo ontológico– permite distinguirlo de los modos tradicionales de apropiación cultural y de la expropiación capitalista de la naturaleza.

jueves, 12 de septiembre de 2019

TRABAJANDO CON LAS COMUNIDADES DEL NORTE DEL CAUCA

EN DIÁLOGO DE SABERES CON LAS COMUNIDADES AFRONORTECAUCANAS


En el mes de agosto, el profesor Hernando Uribe Castro, director del Instituto de Estudios para la Sostenibilidad, estuvo como invitado en el ciclo de talleres de la "Escuela de Formación Afronortecaucana "Casilda Cundumí" y en diálogo de saberes con las comunidades de Puerto Tejada, Villa Rica y Guachené sobre los temas del territorio y los conflictos ambientales. El taller había sido convocado y organizado por el Grupo Semillas.

Hernando Uribe Castro con las comunidades del norte del Cauca. Agosto 2019.

En estas jornadas participaron diferentes representantes de las organizaciones sociales del norte del Cauca como UAOAFROC, La Asociación Cultural Casa del Niño, la Red de Mujeres del Norte del Cauca y la Corporación Colombia Joven, entre otros.

Hernando Uribe Castro y taller sobre conflictos ambientales en el norte del Cauca.

Se abordaron temas como la vida, el territorio, la finca tradicional, la soberanía alimentaria, el papel de la mujer en la defensa del territorio y la importancia de la participación comunitaria en las organizaciones sociales. Estos talleres y encuentros con las comunidades continuarán a lo largo del año.

martes, 9 de septiembre de 2014

DANZANDO ENTRE LA RACIONALIDAD AMBIENTAL Y EL DIÁLOGO DE SABERES

Danzando entre la racionalidad ambiental y el diálogo de saberes:
a propósito de la visita de Enrique Leff a Colombia[1]

Por: Hernando Uribe Castro[2]


Enrique Leff y Hernando Uribe Castro

 “La verdad no brota de nuestras opiniones, sino de otro lugar,
tal vez del libre movimiento del pensamiento tácito”

Bohm, 1996:66

Saludos

Señor Rector Luis H. Pérez; Señores del Consejo Superior y Académico; Doctores Vicerrectores Álvaro del Campo Parra y Diego Smith; Doctora Magdalena Urhan, Dirección de Investigaciones y Desarrollo Tecnológico; Profesora Sonia Cadena, Centro de Desarrollo Académico; Señores Decanos y Jefes de Departamento; Profesoras, profesores y estudiantes; Invitados e invitadas de otras universidades y de la comunidad en general.

Es para mí un honor y un privilegio presentar a ustedes, en este auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente, al profesor Enrique Leff. Destacado investigador, intelectual y representante de nuestro pensamiento ambiental latinoamericano en el escenario mundial. Uno, que nos ha puesto a pensar en la necesidad de incorporarnos en otro modo de ver el sentido del sistema viviente como totalidad y ha aportado, a la descolonización del pensamiento.

El que me hayan asignado esta tarea tan delicada, importante y honrosa, me puso, de hora y momento (al modo de Maturana y Bloch, 1996), en un fluir de mi emocionar, como una danza que va de una emoción a otra emoción; una danza de emociones que por supuesto no se ha detenido y que ustedes ahora ven expresada con toda claridad en mi rostro.

Ideas expuestas por el profesor Leff que, en movimientos rítmicos, se deslizan sobre el amplio y elegante salón donde reposan nuestros pensamientos.  Emociones que nos producen la libertad de considerar la profunda interconexión que tenemos como especie con la naturaleza. Pero somos una especie muy extraña. Algo así como un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.

Pero somos una especie muy extraña. Algo así como si fuéramos un proyecto de especie en proceso de construcción destructiva.


1.   Leff: Críticas a la sociedad moderna y a la ciencia.

El texto del profesor Enrique Leff, al que haré rápidamente referencia se corresponde a la ponencia presentada por este autor en el I congreso Internacional Interdisciplinar de Participación, animación e intervención socioeducativa en la ciudad de Barcelona, España, en 2005.

La reflexión del profesor Leff se centra en la crítica que desde el saber y la epistemología ambiental (entendida como un trayecto para comprender qué es el ambiente), hace con respecto al campo de la ciencia moderna que fue uno de los instrumentos de los agentes del capitalismo para su reproducción como sistema hegemónico global que logró fragmentar la realidad en disciplinas.

Un mundo que, como lo expresa Morín, si se mira con un ojo se verá el progreso y el desarrollo, pero que si se hace con el otro, se verá el horror y la guerra. Por tanto, “la crisis no es lo contrario del desarrollo, sino su forma misma.” (2011:30)

A lo largo de los últimos siglos, se constituyó un modelo de sociedad donde primó una racionalidad económica que instauró una forma particular de conocimiento que produjo la división entre la sociedad y la naturaleza.  El conocimiento fue gobernado por las leyes del mercado que valoró al ser humano y la naturaleza como recursos explotables, como objetos y cosas transables.

Unas leyes del marcado dictadas desde un grupo de poder que acumuló riqueza, produjo desigualdad, inequidad e injusticia, y que ha usado el conocimiento científico como legitimador de su existencia. Esta sociedad consumidora, despilfarradora, inestable y con grandes incertidumbres, ha producido una crisis civilizatoria y ha logrado imponer sobre los seres humanos la idea de que la única verdad y el único camino es el capitalismo.

Los agentes del capitalismo fracturaron entonces la posibilidad de un mundo diferente. El desarrollo se convirtió en un mito tecno-burocrático “Un delirio abstracto como racionalidad.”

Frente a ese mundo construido en la sociedad occidental, Leff propone como idea central lo siguiente: el saber ambiental emerge como una forma de conocimiento que confronta la ciencia (positivista dominante), que interroga los elementos causantes de la crisis civilizadora y que conduce a la construcción de una racionalidad alternativa en la comprensión del mundo, capaz de reformular una nueva epistemología, así como de promover acciones para el cambio de mentalidad desde un diálogo de saberes. La acción, el emocionar y la reflexión epistémica se integran como un todo coherente para derrumbar los mitos del éxito civilizatorio.

Para Leff, “la crisis ambiental lleva a cuestionar el pensamiento y el entendimiento del mundo, la ontología, la epistemología y la ética con las que la civilización occidental ha aprehendido al ser, los entes y las cosas” (2006, p. 4)

Leff caracteriza los elementos constitutivos de ese saber ambiental. Desde mi perspectiva estos elementos son: una crítica al conocimiento científico positivista, el saber ambiental, el diálogo de saberes y la racionalidad ambiental.

Como respuesta a esa crisis civilizatoria, emergen entonces, pensamientos alternativos como el saber ambiental que se constituye como un marco epistemológico que construye una racionalidad alternativa a partir de la cual, se pretende recuperar el sentido de la relación sociedad y naturaleza donde no prima la racionalidad del reduccionismo económico.

De este modo, el saber ambiental se encarga de develar las implicaciones nocivas de un modelo económico liderado por grupos de poder y de dominación global, que basados en la epistemología racionalista y empirista, han sabido sacar provecho de la naturaleza para su beneficio. Por ello, desde el saber ambiental se convocan a las diferentes visiones y comprensiones de los fenómenos ambientales desde una perspectiva interdisciplinaria.

Leff considera que el saber ambiental “ha puesto en comunicación al estructuralismo con el postestructuralismo; a la modernidad con la posmodernidad; al método científico y la racionalidad económica con los saberes populares; a la ética con el conocimiento” (2006:15). Para Leff, el saber ambiental “nace en el campo de la externalidad de las ciencias, y se cuela por los intersticios de los paradigmas del conocimiento. (2006:16)

Como claramente lo expresa Leff, el saber ambiental reafirma el ser, respeta las identidades en los territorios, y en ello la diversidad cultural y todo su conocimiento. “cuando se ha ido más allá de aquello que producía miedo, la inteligencia puede ponerse a trabajar” (Bohm, 1996:64)

En este marco epistemológico aparece el diálogo de saberes como un mecanismo que permite comprender la complejidad ambiental en donde convergen distintas epistemologías, representaciones y entendimientos para dar posibilidad a nuevas miradas del conocimiento, así como renovadas comprensiones y cosmovisiones. “Escuchar es un arte” como sabiamente lo expresó Krishnamurti (2009).

Sobre el diálogo existen páginas y páginas escritas, pero no tan profundas como en su momento lo ha expresado Leff y como lo llegó a escribir el destacado físico David Bohm. Me parece que existe mucha complementariedad entre las dos concepciones sobre el diálogo. Señalaré algunas citas del texto de Bohm que expresa:

“La actitud decisiva que nos lleva a aferrarnos a nuestra creencias y decir «yo tengo la razón», limita nuestra inteligencia porque el ejercicio de la inteligencia consiste precisamente en no defender ningún tipo de creencia […] No hay motivo para aferrarse a una creencia si tenemos alguna prueba de que está equivocada… la mejor actitud frente a una creencia o una opinión consiste en abrirnos a la evidencia de su posible falsedad.” (Bohm, 1996:66).

Ese diálogo de saberes ha sido central para las prácticas interdisciplinarias porque permite atender otras voces. Para escuchar, expresa Krishnamurti, “habría que abandonar o hacer a un lado todos los prejuicios, formulaciones previas y diarias actividades” Esta es una estrategia de la racionalidad ambiental. La racionalidad ambiental que se produce desde ese saber, tiene incidencia en la política y en los espacios de decisión política, porque posee los argumentos necesarios para defender la diversidad. Sus bases son “la formación económica de Marx, el concepto de racionalidad de Weber y el concepto de saber de Foucault” (2006:21)

Pero se debe tener en cuenta que el diálogo de saberes supera la interdisciplina, puesto que su espacio rompe con la estructura institucional para ubicarse en el espacio de la otredad, donde estas las comunidades y los movimientos sociales. El diálogo de saberes no es lo mismo que el diálogo disciplinar.


2.   Una racionalidad ambiental

La crisis ambiental se define como un signo de la sociedad moderna, que es a su vez crisis civilizatoria y de conocimiento. Forjada por los usos nocivos que se hizo de la ciencia al servicio del capital que le dio forma a la humanidad en los últimos siglos. Una humanidad que ha visto cómo el reduccionismo económico y tecnológico determinó las decisiones sobre la vida social, y no la ética y la filosofía como lo propone Max-Neff.

Por un lado confronta y devela el funcionamiento de esa sociedad que llevó al caos y la marginación de la naturaleza, pero por otro lado, propone reformular las bases del conocimiento hasta ahora existente. La racionalidad ambiental conjuga “el orden teórico e instrumental del conocimiento con los valores que plasman todo saber ambiental, abriendo las perspectivas de una administración científica y técnica del ambiente hacia una nueva racionalidad que integra la pluralidad de valores, visiones, concepciones e intereses que configuran el campo de la ecología política, donde confluyen diversas formas de racionalidad, así como las diferentes significaciones culturales asignadas a la naturaleza.” (2006:21)

Esa reformulación se logra mediante un nuevo esquema epistemológico. Una epistemología que pone en crisis los conceptos legitimados por las ciencias que validan el capitalismo, por otros conceptos que lo retan, como lo es el precisamente, el concepto de ambiente, como campo de relaciones entre la naturaleza y la sociedad. Una nueva forma de ver las cosas pues descentra el capital como núcleo de la vida para dar paso al ambiente como centro de la preocupación. El ambiente es la complejidad del mundo.

Así, la racionalidad ambiental transforma la mirada tanto que se tiene de la función del conocimiento al servicio de la sociedad, como del papel de la ciencia en la construcción del mundo. Una racionalidad que aboga tanto por la complejidad (como reflexión multidimensional de la relación hombre y naturaleza), como por el diálogo de saberes (que son las distintas formas de explicación disciplinar con los  no disciplinares, discursos no científicos y de la diversidad cultural y de otras identidades) y como por la interdisciplinariedad (que como diálogo de saberes, aboga por la posibilidad del encuentro disciplinario en función de sus métodos, teorías y conceptos).

La racionalidad ambiental integra la acción y la reflexión juntas. Por reflexión entiendo:

“En la mirada reflexiva admitimos operacionalmente que no sabemos, y miramos en la inocencia. Como resultado de esta mirada podemos ver algo distinto y cambiar. La reflexión como un acto en el lenguajear cambia nuestro ser porque cambia nuestro emocionar, de modo que quedamos orientados de distintas maneras en nuestro espacio relacional fuera de la situación anterior.” (Maturana, 1996:241).

Tenemos una responsabilidad con las generaciones que hoy se están formando en los hogares, las escuelas, los colegios, las universidades y en el espacio público, porque el “emocionar ambiental” (como el fluir de las emociones hacia nuestro entorno en relación con la naturaleza) que hoy aparece en nuestra relación con la naturaleza (que por cierto es muy particular y a veces nefasta) es el que vivimos desde nuestra infancia. Por ello, “cuando los científicos puedan comprometerse en un auténtico diálogo tendrá lugar una revolución radical en la ciencia” (Bohm, 1996:71).


3.   Unos apuntes como aportes desde mi humilde visión

“Necesitamos honestidad. Necesitamos que nos liberen de nuestra arrogancia especie-centrista. No existe evidencia alguna de que seamos «los elegidos», la especie exclusiva para la cual todas las demás fueron creadas. Tampoco somos la más importante porque seamos tan numerosos, poderosos y peligrosos. Nuestra tenaz ilusión de poseer una patente de corso oculta nuestro verdadero estatus de mamíferos erectos y enclenques.” (Margulis, 2002:140)

Motivar ideas que pretenden descentrar el ser humano como totalidad de la vida, para dar paso a la comprensión de un sistema complejo viviente, es un trabajo por hacerse.[3] La hipótesis Gaia, sustentada en los sistemas complejos, ha venido demostrando que el planeta Tierra como un sistema complejo, hace parte de un sistema universal y cósmico, resultado de millones y millones de años de vida, mediante la interacción y evolución de las especies de vida bacteriana que en su proceso evolutivo y bajo condiciones geomorfológicas y dinámicas del planeta, dieron como resultado la producción de la atmósfera y con ella, las condiciones para la aparición de la biosfera y la diversidad de vida en la Tierra.[4]

En este largo recorrido de evolución planetaria el ser humano solo aparece en los últimos momentos. Y aparece para transformar e impactar lo que por tanto tiempo las otras especies había logrado. El mundo no se ha construido por millones y millones de años con una complejidad exquisita y una diversidad de vida deslumbrante para que lleguemos, la conquistemos, la transformemos y la destruyamos en su riqueza y diversidad. Más difícil aún, el que esto lo realice un grupo “selecto” que se da el derecho de definir el rumbo del mundo para su propio beneficio.

El, a veces, reduccionismo humano y su arrogancia ecológica nos enceguece, nos hace negar toda probabilidad de vidas diferentes, así como también el origen de vida compartido con los otros reinos vivientes procedentes de la relación entre el mundo microscópico y el cósmico.

El ambiente es también una experiencia comunitaria y por tanto, se debe comprender que compartimos esta experiencia con otros. Una arrogancia ecológica que produce “delirios de grandeza” como especie. Arrogancia que nos produce muchas ilusiones, como por ejemplo, aquella que nos hace creer que conocemos el presente (Morin, 2011:16) “creemos conocer el presente porque habitamos en él.”  

Incluso, esta arrogancia humana ha conllevado a que no se reconozca la misma diversidad humana en términos de sus orígenes étnicos y distintas orientaciones. Se desconoce que lo vivo incluye lo no vivo, que lo material y lo espiritual conviven, y que las formas de vida mítica y simbólica persisten a pesar de todo el avance técnico. Que las diferencias en las creencias y las tradiciones particulares de los pueblos, todavía habitan como realidades concretas en los procesos mentales y corporales de muchos grupos culturales que aún resisten los embates de la injusticia social y ambiental dados a lo largo de la historia.

Ese egocentrismo humano ha impuesto entonces que solo existe una realidad, la capitalista, y que por tanto se debe rechazar cada nuevo descubrimiento realizado por la ciencia y sus científicos, porque ponen en cuestión y en peligro la sobrevivencia de la humanidad. Casos interesantes son los descubrimientos en Bosnia en el valle de las pirámides desde la arqueología interdisciplinada del Dr. Osmanagich pero también los descubrimientos del inmenso mundo microscópico de Lynn Margulis.

Los descubrimientos sobre el sistema viviente planetario, conlleva entonces a dos procesos sistémicos: por un lado, rompe con todo ese pensamiento conservador, determinista y egocéntrico de la humanidad como el centro del mundo para quien un poder divino construyó un planeta para que viviera infinitamente en él.

Pero por otro lado, abre un nuevo camino de entendimiento, de apertura para comprender la irreversibilidad y la incertidumbre como componentes que caracterizan la dinámica de los sistemas vivientes. Y que por tanto, estamos en un mundo en caos, muy diferente del que nos han hecho creer. Un mundo que al parecer es de carácter multidimensional. Debemos comprender entonces “Que el porvenir pertenece más a lo improbable que a lo probable (pues) ninguna estrella guía el porvenir” (Morín, 2011:23-25)

Esta nueva disposición de pensamiento, la del sistema natural y viviente como totalidad, merece comprender también una paradoja: que, a pesar de los efectos nocivos de la superespecialización, los avances de campos especializados y disciplinados han sido indispensables para el avance del conocimiento científico y para las aproximaciones interdisciplinarias en la idea de una nueva comprensión del mundo. Esto nos lleva a reflexionar sobre la oposición entre la disciplina y la interdisciplina, así como también nos lleva a cuestionar la fractura en las ciencias humanas y sociales y las ciencias básicas y mal llamadas “exactas”, porque la ciencia se construye igualmente con falsaciones.

Hoy empezamos a hablar de la postdisciplinariedad, que no es un estado después de la disciplina, sino un modo diferente de construir conocimiento y que consiste en partir de problemas como sistemas complejos. Pero la postdisciplinariedad no hay que tomarlo como algo diferente a la interdisciplina, sino como un elemento que se une para fortalecerla. Una apertura hacia la ciencia posnormal donde, incluso, el saber comunitario y popular cobra profundo sentido.

Finalmente deseo expresar que para librarnos del reduccionismo económico, del determinismo científico y del egocentrismo de especie que nos produce los delirios de grandeza, se requiere del amor como fuerza exponencial. Para dar pasos hacia una racionalidad ambiental, como claramente el profesor Leff nos lo ha demostrado, se urge resignificar lo que entendemos por amor, y para ello, el diálogo de saberes que propone Enrique Leff es central. El amor desprovisto de valores de consumo, de transacciones económicas y utilitarismo. Ese no es, aunque ese es el que predomina a gran escala en este, nuestro mundo.

Como lo expresa David Bohm, y en estoy totalmente de acuerdo: “el amor no puede surgir si no podemos comunicar y compartir el significado.” (Bohm, 1996:82). Y se requiere mucho amor, iluminación y entendimiento para comprender que nuestro sistema viviente, en su inmensa grandeza, complejidad, historia y vida, desborda toda nuestra racionalidad científica. Se requiere un diálogo, incluyente y honesto.

Estimado profesor Leff, la Universidad Autónoma de Occidente lo acoge con todo el placer, con toda la humildad y con todo el amor y el respeto. La comunidad académica valora profundamente su presencia!

Bienvenido profesor… Ponga nuestros pensamientos a danzar…

4.   BIBLIOGRAFÍA

-   Bohm, David. Sobre el diálogo. Barcelona: Editorial Kairos, 1996.
-   García R. Interdisciplinariedad y sistemas complejos.
http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/garcia01.pdf. Consultado. 25 de Noviembre de 2009.
-  Krishnamurti, Jiddu. Principios fundamentales de su enseñanza. Octubre 2009.
- Leff, Enrique. (2006). Complejidad, racionalidad ambiental y diálogo de saberes. Ponencia  presentada en el I Congreso internacional interdisciplinar de participación, animación e intervención socioeducativa. Barcelona, España. Noviembre.
- Leff, Enrique. (2006). Aventuras de la epistemología ambiental: de la articulación de ciencias al diálogo de saberes. México: Siglo XXI.
- Margulis, Lynn.  Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista sobre la evolución. Madrid: Editorial Debate, 2002.
-   Maturana, Humberto y Bloch, Susana. Biología del emocionar y Alba Emoting. Santiago: Dolmen Ediciones, 1996.
-   Morin, Edgar. ¿Hacia dónde va el mundo? España: Paidos, 2011.



[1] Conferencia de saludo de bienvenida y de presentación del profesor Enrique Leff en el marco del Seminario Internacional sobre Inter y Transdisciplinariedad, realizado el día 26 de agosto de 2014, Auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Coordinador del Seminario Internacional Sobre Inter y Transdisciplinariedad. Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Occidente. Magíster en sociología. Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales. huribe@uao.edu.co
[3] Por sistema complejo se entenderá aquellas realidades que como totalidades y cuyo funcionamiento depende de sus componentes que como subsistemas interconectados aportan al funcionamiento del conjunto del sistema y el sistema en su conjunto contribuye al funcionamiento de cada parte o subsistema
[4] Definí el sistema viviente como una totalidad como aquella perspectiva en proceso de construcción, que comprende la formación continua e incesante de la diversidad de la vida como parte de un sistema más amplio y complejo existente en la naturaleza del universo y que va desde su dimensión microscópica a nivel subatómico hasta el nivel de los procesos macroscópicos o cósmicos y astronómicos.