Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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sábado, 24 de octubre de 2015

LA CALI QUE SE VE DESDE EL MIO CABLE

LA CALI QUE SE VE DESDE EL MIO CABLE
Por: Hernando Uribe Castro

El pasado 16 de septiembre del año en curso, se inauguró el Sistema Aéreo-Suspendido MIO Cable, medio de transporte que conecta las partes altas de Siloé y barrios vecinos, con la zona plana de la ciudad. El sistema tiene un recorrido de 2,2 kilómetros entre la terminal Cañaveralejo y la estación de Brisas de Mayo. Su construcción duró cinco años (2010-2015), se invirtieron $96.143 millones y es operado por la firma Cable Aéreo de Manizales.
Si bien, este sistema, al parecer, tiene aceptación entre los pobladores de Siloé porque les representa unos beneficios (comunicación directa, rápida y segura, oportunidades económicas e integración a la ciudad)  es claro también, que este sistema pone en evidencia y deja ver el tipo de ciudad que se ha venido construyendo y las fallidas políticas de planeación.


Imagen de un sector de Siloé, desde el MIO Cable
Foto: Hernando Uribe Castro
Un viaje por el MIO Cable, expone, claramente, un paisaje urbano “caótico”, “empobrecido” y “precario” como resultado de las ineficientes actuaciones de las agencias del gobierno local, del abandono y el olvido estatal y de la increíble irresponsabilidad de quienes deben asegurar los procesos de planificación urbana, con dignidad humana y con respeto a la naturaleza.
El MIO Cable muestra cómo la omisión y la falta de control estatal conllevó a procesos de asentamientos, muchos de ellos ya legalizados, sobre ecosistemas de ladera y la destrucción ecológica que va en avanzada por la dinámica del poblamiento. Presencia de urbanizaciones estratificadas como de estratos bajos, medios y medios altos.
El recorrido permite observar cómo un número importante de población se encuentra de frente a la muerte por los distintos tipos de riesgos a los que se exponen, entre los que se destacan el riesgo geológico, sísmico, ecológico, social y económico. El MIO Cable pone también en evidencia las condiciones de vida, lamentables en muchos casos, de la cantidad de familias que habitan estos barrios.


Imagen de un Sector de Siloe desde el MIO Cable
Foto: Hernando Uribe Castro
Un paisaje que expone no solo el miedo social frente a la criminalidad y la violencia sino también el miedo ambiental frente a la crónica destrucción del entorno. Y frente a estos miedos, aparecen las expresiones de resistencia comunitaria que les hacen frente. Mensajes sobre paredes, techos y muros que convocan a la paz y la convivencia.
El recorrido demuestra la total e increíble destrucción del pie de monte de las laderas de la cordillera occidental, de sus bosques y ríos.
De este modo, el MIO Cable, al presentase como un avance en términos del “Desarrollo urbano y social”, pone en evidencia a su vez ese falso “Desarrollo social” del que se han jactado los gobernantes de turno a lo largo de las últimas décadas. Pobreza, descuido, abandono, destrucción ecológica, segregación, exclusión y corrupción es el otro paisaje que se puede observar a lo largo del recorrido a través de este sistema aéreo-suspendido.
Considero que el MIO Cable no solo representa un avance en tecnología de infraestructura urbana, sino también que representa aquella posibilidad que tenemos los ciudadanos para ver, de modo vivo, directo y desde el aire, los problemas estructurales existentes en aquellas zonas de la ciudad, que por la estigmatización construida por las autoridades y medios de comunicación, es desconocida para la mayor parte de los ciudadanos. El recorrido por el MIO Cable muestra la negligencia de sus gobernantes, la realidad social que abruma y deprime, pero también la segregación socioespacial que impera.
Lo que se observa desde el MIO Cable es con toda claridad, las acciones de corrupción y oportunismo de quienes han tenido en sus manos los manejos de la así llamada sucursal del cielo.
Invito a todas y todos los ciudadanos para que hagamos este interesante recorrido, pero con ojos y miradas críticas. Para que observemos esa otra realidad que nos parecía distante, así como para que observemos también el efecto negativo producido por las perversas acciones de una elite local política-económica, egoísta y oportunista, que ha administrado esta ciudad.
Columna de opinión publicada por El Pueblo, 24 de octubre de 2015

viernes, 9 de octubre de 2015

PLAN NACIONAL DE DESARROLLO "TODOS POR UN NUEVO PAÍS"

El Plan Nacional de Desarrollo “Todos por un nuevo país” *

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología
Estudiante del doctorado en Ciencias Ambientales
Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Uno de los indicadores que mejor puede dar cuenta del tipo de Estado que se construye por parte de los agentes interesados, es precisamente el Plan Nacional de Desarrollo, que es el mecanismo mediante el cual se plasma la gestión del Estado acorde al mandamiento constitucional y a los intereses de los agentes políticos y económicos.

El Plan Nacional de Desarrollo también se convierte, de este modo, en un instrumento para la acción del Estado, proceso mediante el cual, agentes y funcionarios administradores (públicos y privados) hacen posible de esa idea de Estado (como abstracción, como idea) a algo concreto y real. Se entenderá por acción de Estado, al modo como lo define Pierre Bourdieu (2014), como aquellas “acciones políticas con pretensión de causar efecto en el mundo social (…) acciones autorizadas, dotadas de una autoridad que gradualmente, por medio de una serie de delegaciones en cadena, remite a un último lugar, como lo es el dios de Aristóteles, el Estado” (2014:25).

Esas acciones de Estado son llevadas a cabo por agentes, de carne y hueso, que disponen de los medios y los mecanismos de autoridad -poder o dominación física y simbólica- para realizarlas y hacerlas realizables, para delegarlas y hacerlas delegables, para comisionarlas, para imponerlas -al hablar en nombre de lo público-, por lo que son constructores continuos del espacio burocrático que a su vez los construye a ellos.

Tres elementos integran la acción de Estado: lo oficial, lo público y lo universal. (Bourdieu, 2014): Una dimensión oficial en el sentido de que son acciones realizadas por agentes legitimados oficialmente por ser representantes, comisionados o encargados por ocupar un puesto público en la estructura burocrática y administrativa, cobijados bajo legitimidad y en nombre del Estado, como por ejemplo, el Presidente de la República; una dimensión pública en el sentido de que son acciones que se hacen ver como de interés público y que son, además, conocidas y aceptadas por todos; y, finalmente, una dimensión universal porque es de interés general a toda la sociedad, algo así, como una decisión que compete a todos, al universo de la población colombiana.

Con lo anterior claro, entonces se puede comprender el sentido que el gobierno nacional del presidente Juan Manuel Santos -como agentes centrales de la administración del Estado-nación-, pretende dar con el Plan Nacional de Desarrollo bajo el título “Todos por un nuevo país” como propuesta que integra las tres dimensiones de la acción de Estado: lo oficial, lo público y lo universal. Un nuevo país en el sentido de un contexto de transición hacia una sociedad en posconflicto.

Un contexto que implica transformaciones importantes, por una parte, en los diferentes campos que componen el Estado: jurídico, administrativo y legal, es decir en su sentido amplio, el campo burocrático o de la administración del Estado; y, por otra parte, en las transformaciones que requiere la sociedad para este nuevo contexto, en su sentido físico y simbólico cultural.

El nuevo Plan de Desarrollo desplegará las estrategias de gestión encaminadas tanto a: los procesos de financiación del posconflicto que ya han sido anunciados por el propio presidente -haciendo uso de los recursos obtenidos por las actividades extractivas, como la minería-; los procesos de orden y control, como reestructuración de las fuerzas del orden público, transformación de las entidades del control fiscal, estadístico e informacional; los procesos de legitimación en la sociedad a través de las transformaciones simbólicas y culturales requeridas, tales como educación, comunicaciones y ritos de Estado. No es extraña, entonces, la propuesta del gobierno de lograr la jornada única de estudio para todo el sistema educativo en Colombia.

Pero las preguntas más importantes son  ¿qué es lo que se legitima con este Plan Nacional de Desarrollo? ¿Quiénes están detrás del nuevo proyecto de país? ¿Hacia dónde se encaminan los esfuerzos del posconflicto?

Indudablemente, el nuevo proyecto de país requiere de una Colombia en posconflicto no solo para atraer las inversiones extranjeras sino también para legitimar la explotación de los recursos de la naturaleza. El escenario de posconflicto alienta la implementación de las políticas, ahora presentadas bajo el discurso de la tercera vía.

El documento titulado Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, expresa que:

“Finalmente, el sector minero energético jugará un papel clave en garantizar el desarrollo económico sostenido e inclusivo. Su tarea será, por un lado, asegurar que la economía tenga fuentes de energía competitivas que le permitan a la economía crecer y generar empleo, mientras que al dar acceso a energía y combustibles contribuirá de forma directa en la reducción de la pobreza. Por otro lado, el sector generará importantes recursos para financiar las inversiones que van a requerir la construcción de la paz, la educación y las políticas sociales en la lucha contra de la desigualdad.” (BPND 2014-2018, 60)

Asistimos a la entrega del territorio a las firmas extranjeras, el ingreso de capitales y la extracción de modo más eficiente estos recursos. El resultado, finalmente, es hacer del territorio nacional espacio de la economía globalizada, focalizando el desarrollo en algunos sectores y dejando otros al margen. Esto fue claramente planteado por el gobierno del presidente Santos en el Plan de Desarrollo Nacional anterior “Prosperidad para todos”.

“Todos por un nuevo país” (para el período 2014-2018) es la continuidad de “Prosperidad para todos” (implementado en parte en el periodo 2010 – 2014). Un ejemplo claro es la tendencia que desde el periodo anterior se tiene con la reprimarización de la economía colombiana focalizada en el sector minero.

“El sector minero energético continuará, como lo ha venido haciendo, consolidándose como uno de los motores de desarrollo del país a través de su aporte al crecimiento económico, al empleo rural a la inversión privada y de la generación de recursos para la inversión social del Estado. Este sector se destaca por su capacidad para generar recursos con los que se financia una parte importante del presupuesto del Gobierno Nacional y de las entidades territoriales. Así las cosas, la ejecución oportuna de crecientes inversiones en el sector hará posible la financiación de los programas de gobierno orientados a la construcción de un país en paz, con mayor equidad y mejor educado.” (BPND 2014-2018, p. 175)

El lema “Todos por un nuevo país” contiene en la frase misma, la expresión de una dominación simbólica en el sentido de que el mensaje pretende dar la idea de que todos están incluidos, de que es una decisión de todos, es decir, universal.

Frase que legitima y universaliza las intenciones particulares de unos agentes, ahora transformadas (maquilladas y teatralizadas) como interés colectivos de la nación. Frase que se pretende y se muestra falsamente incluyente y desinteresada de todo interés particular.

Un proyecto legitimador del orden de la economía global sobre el territorio local.


Referencias Bibliográficas

Bourdieu, Pierre. Sobre el Estado. Cursos del collége de France (1989-1992). Barcelona: Editorial Anagrama, 2014.

Presidencia de la República de Colombia. Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018. Todos por un nuevo país. Paz, equidad y Educación. Departamento Nacional de Planeación. 2014.

* Documento publicado en el Boletín Ethos Regional, No. 12 del CIER

viernes, 11 de septiembre de 2015

CALI, CIUDAD DE LA RIQUEZA HÍDRICA: SEDIENTA Y AGONIZANTE

Cali, ciudad de la riqueza hídrica: sedienta y agonizante*

Por Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología, Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Profesor Universidad Autónoma de Occidente

Cuando se estudia la historia de la ciudad de Cali, es claramente observable que los investigadores y estudiosos se centraron, de modo particular, en las acciones humanas privilegiando, particularmente, las “exitosas” clases sociales altas y las elites de poder, y escasamente se centraron en el entorno natural y en la diversidad de este paraje.

Ha sido mediante la literatura, la poesía y la música, así como la memoria de los abuelos, las cartografías históricas y las fotografías, lo que ha permitido dimensionar una pequeña parte del vasto entorno natural sobre el que se constituyó esta ciudad. Obras como el Alférez Real y María son solo algunos ejemplos que muestran algunos aspectos de la diversidad y la majestuosidad natural de este espacio.

No obstante, un análisis actual que se puede hacer al lugar que ocupó y que ocupa el proceso de construcción de esta ciudad de Cali, muestra claramente el modo como el proceso de expansión urbana destruyó, y continua haciéndolo, cada una de las 7 cuencas hidrográficas afluentes del río Cauca.

La ciudad creció absorbiendo los cursos de agua, en algunos casos, convirtiéndolos en canales de aguas residuales (río Cañaveralejo, Meléndez y Lilí); en otros casos, maquilló algunos sectores como parte de la estética urbana para zonas de esparcimiento o para los ojos de turistas (Meléndez a la altura del barrio el Ingenio y el río Cali a la altura de Hotel Intercontinental), pero cuyo restos de cursos tanto en la parte alta como en la parte más baja de sus cuencas sus condiciones son deplorables.

Estructuralmente, las cuencas de los ríos de Cali (algunas de ellas Pichindé, Aguacatal, Cali, Cañaveralejo (Piedras), Meléndez, Lilí, Pance y Cauca, entre otras), fueron maltratadas en nombre del progreso y del desarrollo urbano. Progreso y desarrollo que se gestionó y se ejecutó a través de las obras lideradas por procesos de planeación y de los Planes de Desarrollo Municipal por parte de los agentes del Estado y de los agentes privados que por acceder a acumulación de capital a través del negocio y mercado del suelo le dieron la mínima importancia a todos estos ríos.

Solo basta dar un vistazo al curso del río Cañaveralejo para darse cuenta de cómo su cuenca fue atrapada por urbanistas y urbanizaciones. Este río desaparece de la faz de la ciudad a la altura de la Plaza de Toros sobre la calle 5ª; una cuenca que fue mutilada, un daño que además de perjudicar a la cuenca también genera perjuicios mayores a especies animales y al mismo habitante humano.

Por su parte, el río Pance considerado hoy como el menos impactado por el desarrollo urbano, está siendo capturado por los agentes del capital privado que negocian y construyen urbanizaciones en condominios para clases medias altas y altas.

Y eso sin nombrar la extracción de agua subterránea de los pozos geológicos que son usados por empresas particulares para sus procesos productivos.

Cada río tiene su propia historia de destrucción y esa historia ambiental es la que se debe recuperar y recomponer para encontrar los agentes responsables directos e indirectos, visibles e invisibles. Agentes y actores que seguramente continúan haciendo de las suyas con la naturaleza de este paraje.

Los pobladores a través de sus generaciones presenciaron este proceso de destrucción que se hizo frente a sus propias narices, pero que no lograron dimensionar los perjuicios que esto traería para las generaciones presentes, cuando los embates del calentamiento global, de la variablilidad climática y de la naturaleza empiezan con toda su furia a dar respuesta por este maltrato humano.

Una ciudad con una riqueza hídrica pero sedienta de agua. Hoy en día, los cortes de agua, los racionamientos y el alto costo de este líquido golpean a todos los pobladores. No es la Naturaleza y su sequía la culpable de esta carestía, es la irresponsabilidad, negligencia y egoísmo de las acciones humanas que definieron el rumbo de lo que hoy es esta ciudad.

Los actuales gobernantes y agentes asesores que están detrás de las bondades del capital urbano y la acumulación de riquezas que pueden lograr con ello, quieren solucionar y solventar el problema con corredores verdes construidos sobre las autopistas de carros y no sobre la recuperación de los bordes de las cuencas desde su nacimiento hasta su desembocadura como sería coherente.

Se invierte y se prefiere en la estética de la ciudad -hacerla de Cali la más bella como ciudad marca-, que en la búsqueda y el planteamiento de soluciones estructurales de la plataforma ambiental del Municipio. Es decir, interesa la idea de maquillar y construir una percepción de desarrollo urbano, de que todo va bien y en progreso.

Se llevan a cabo megaobras para beneficiar los autos y las megaedificaciones comerciales. Pero poco se hace con respecto a la recuperación total de las cuencas hidrográficas, la recuperación vegetal y faunística de los cerros y de las montañas de la cordilleras, la recuperación y la protección de los bosques donde están los nacimientos del agua y la construcción de una emoción, de una sensibilidad y de una identidad de los pobladores donde se prime e imprime el respeto por la naturaleza y la ética de la responsabilidad humana para consigo mismos y para con el sistema viviente.


La ciudad requiere con urgencia una intervención profunda y estructural que se enfoque a recuperar de modo sistémico e integral las siete cuencas hidrográficas. Acompañado este proceso de todo un conjunto de dispositivos culturales encaminados a fortalecer los lasos de una ética de la responsabilidad y de fraternidad entre los propios habitantes y su relación con cada uno de los elementos de la Naturaleza. Que prime la vida del sistema viviente que es inconmensurable por sobre cualquier racionalidad y reduccionismo económico que se haga con la vida. 

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* Publicado por El Pueblo, el 12 de septiembre de 2015.

miércoles, 26 de agosto de 2015

BREVES COMENTARIOS A LOS PLANTEAMIENTOS MARXISTAS AMBIENTALES

Breves comentarios a los planteamientos marxistas ambientales

Por: Hernando Uribe Castro[1]

La siguiente reseña aborda cuatro autores desde la perspectiva del marxismo crítico con respecto a los efectos del capitalismo en el medio ambiente. Estos autores son: de E. Swyngeouw se analizó el texto “¡La naturaleza no existe! La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada” (2011); de J. O´connor se abordó el texto “¿Es posible el capitalismo sostenible?” (2002); de D. Harvey el libro “El nuevo imperialismo” (2007); finalmente, de E. Altvater el artículo “¿Existe un marxismo ecológico?” (2006)

Erik Swyngedouw y la ecología como el nuevo opio.
El autor se propone desarrollar tres argumentos: a) la naturaleza, como “medio ambiente” y “sostenibilidad” son significantes vacíos; b) no existe una “naturaleza” sino que existen naturalezas múltiples y relaciones socio-naturales diversas; c) la naturaleza entendida como algo particular despolitiza las cuestiones políticas de las soluciones a las crisis ecológicas; d) la “naturaleza” y la “sostenibilidad” hacen parte del juego contemporáneo para despolitizarla; e) es necesario politizar el medio ambiente a partir de:

 “base del reconocimiento de la indeterminación de la naturaleza, el antagonismo constitutivo de la ciudadanía, la incondicional demanda democrática de la igualdad política y la posibilidad real de inaugurar diferentes futuros socioecológicos, viables y público, que expresen las presunciones democráticas de libertad e igualdad” (2011:47)

Este autor parte del planteamiento según el cual, es necesario tener precaución con todo un conjunto de argumentos que se hacen con respecto a la naturaleza cuya característica es dada por un vacío, conceptualmente político.  Lo que permite hacer uso de estos conceptos del modo más ideológico con los cuales se pretenda dar solución a la crisis socio-ecológica. 

Para este autor, existen, tres sentidos con respecto a los significantes del término: primero, la diversidad conceptual de la naturaleza hace difícil su comprensión de primera mano, y por tanto, comprenderla, requiere por tanto llegar a esos otros conceptos que la componen; segundo, la naturaleza se comprende como lo correcto, lo normativo y como principio de organización eterna; tercero, la naturaleza como el paraíso.

Estos tres sentidos tienen el papel, no solo de la dificultad de definir exactamente qué es la Naturaleza, sino también de despolitizar su sentido político y, por tanto, la hace un concepto confuso y que limita la posibilidad de su propia defensa. Esto significa que entre más significantes tengan que utilizarse para conferir un sentido al concepto, más complejo e incompleto se vuelve su comprensión.

Pensar el conflicto ecológico sin la naturaleza (en el sentido de las tres sentidos) libera los argumentos para poder afrontar la crisis ecológica. “La naturaleza constituye, precisamente, ese elemento vacío central cuyo sentido solo se esclarece relacionándolo con otros significantes, reconocibles de forma directa.”(2011:44).

Se ha tratado de solucionar este problema con otro significante vacío como sostenbilidad. Este concepto aparece entonces como un re-ensamblamiento pospolítico que hace referencia a la gobernanza ambiental. Sostenibilidad por sí mismo entonces sigue requiriendo un arsenal de nuevos significantes tales como “comunidades sostenibles”, “bosques sostenibles”, “ciudad sostenible o verdes” o “ecociudades” que reemplazan el sentido político del término.

Esto ha llevado a que desde los espacios de toma de decisión y de poder político se establezcan los siguientes criterios y argumentos: a) los problemas sociales y ecológicos causados por el capitalismo son efectos secundarios; b)  estos efectos son globales amenazantes; c) impone un discurso populista hacia la construcción de una ciudadanía globalmente ambiental; d) los problemas que producen la crisis son externalidades e incorpóreos, sin nombre, ambiguo y difuso; e) una gestión política de las preocupaciones.

Estas complejidades demandan una re conceptualización de lo político, de la política y del sentido de la planificación, como acto que materializa la decisión política con respecto al actuar ambientalmente. No existe una ecología igualitaria, sino ecologías diversificadas. Por tanto, las respuestas deben ser acordes a las realidades específicas.

Esta re conceptualización de las relaciones socio-ecológicas se hace urgente. Un sentido de naturalezas es pluralista y democrático que implica múltiples soluciones sobre los diferentes entornos. “los entornos son el resultado histórico-específico de procesos socio-físicos. Todos los procesos socio-espaciales, de hecho, son construidos invariablemente en base a la circulación, el metabolismo y la codificación de procesos sociales, culturales, físicos, químicos o biológicos, pero su resultado es contingente, a menudo imprevisible, enormemente variado, arriesgado.” (2011:62).

James O´Connor y su pregunta por “¿Es posible el capitalismo sostenible?”.
El autor parte haciendo una diferenciación del concepto de sostenibilidad en el marco de la frase “capitalismo sostenible”  en cuatro sentidos: a) sostenibilidad como apoyo  o sostener el curso; b) sostenibilidad en el sentido de proveer o proporcionar medios de vida; c) en el sentido de persistir o sostener si ceder; d) sostenibilidad ecológica.

La pregunta de fondo que se hace Oconnor es ¿es posible el capitalismo sostenible? Y su respuesta es no haciendo uso de lo que denomina las contradicciones del capitalismo: la primera conocida como “contradicción interna entre el poder político del capital y la capacidad de la economía capitalista para funcionar” y la segunda “la reducción de las ganancias marginales” generada por la contradicción capital y naturaleza que se encuentran asociadas a los efectos adversos para el capital que surgen del ambientalismo y los movimientos sociales. Como se puede observar es un problema político.

Con respecto a la primera contradicción O´connor plantea que:

“el intento de los capitales individuales de defender o restablecer sus ganancias incrementado la productividad del trabajo, aumentado la rapidez de los procesos productivos, disminuyendo los salarios o acudiendo a otras formas usuales de obtener mayor producción con un menor número de trabajadores, y pagándoles menos además, termina por producir, como un efecto no deseado, una reducción en la demanda final de bienes de consumo. Una menor cantidad de trabajadores técnicos y otras personas vinculadas al proceso de trabajo produce más y, por tanto, está por definición en menor capacidad de consumir, descontando una deflación de los precios. De este modo, mientras mayores son las ganancias producidas, o la explotación de trabajado, menores serán los beneficios realizados, o demanda de mercado, si todos los demás factores permanecen sin cambios” (2002:35)

Con respecto a la segunda contradicción:

“si los costos de trabajo, los recursos naturales, la infraestructura y el espacio se incrementan de manera significativa, el capital enfrenta una crisis económica que surge del lado de los costos: de una parte cuando los capitales individuales defienden o recuperan ganancias mediante estrategias que degradan las condiciones materiales y sociales de su propia producción, o que no logran mantenerlas en el largo del tiempo (…) o cuando los movimientos sociales exigen que el capital aporte más a la preservación y a la restauración de estas condiciones de vida, cuando demandan mejor atención de salud, protestan contra el deterioro de suelos,  y defienden los vecindarios urbanos de forma que incrementan los costos de capital o reducen su flexibilidad.” (2002:37)

Para O´connor al capitalismo no le ha quedado fácil enfrentar estas dos contradicciones con respecto al medio ambiente porque existen unas condiciones de contexto:

Primero, a pesar de que se ha dado una serie discursos verdes, la evidencia desfavorece la sostenibilidad ambiental del capitalismo, segundo, porque los gobiernos privilegian la atracción de inversiones antes que solucionar los problemas ambientales locales o nacionales; tercero, porque no existe una suficiente fuerza de movimientos verdes autónomos; cuarto, porque algunos gobiernos negocian derechos de primogenitura a las corporaciones.

Para cada contradicción, el capitalismo plantea soluciones no todas las veces efectivas y con repercusiones graves para la sociedad, como por ejemplo la reducción de los costos sobre los costos. Para O´connor, un capitalismo sostenible requeriría, para iniciar, de por lo menos dos principios: presupuestos nacionales que obligaran a pagar impuestos elevados sobre insumos de materias primas (carbón, petróleo, nitrógeno) y sobre productos (automóviles, plásticos, etc), complementados con política de etiqueta verde que exime a las compañías verdaderamente verdes. El otro sería carácter político, es decir, de contar con políticas nacionales de gasto que subsidien masivamente a la energía solar y otras fuentes alternativas de energía, algo así como un presupuesto verde.

Para terminar, no obstante, O´connor plantea que no se sabe la reacción de capitales individuaes, gobiernos y agencias internacionales ante una eventualidad ecológica general o global. Frente a esto puede ocurrir: a) presión de costos fuerce a capitales individuales a restarurar ganancias incluyendo las externalidades; b) la construcción de un programa general de restauración ambiental.

Igualmente, plantea tres posibilidades políticas: a) un espacio público de participación de minorías, trabajadores, mujeres movimientos urbanos y ambientalistas trabajen política y económicamente, en estrategias y alianzas electores que fortalezcan a sociedad civil y tensionen los espacios políticos tradicionales que han tomado decisiones. b) alternativas económicas y ecológicas dentro de la esfera pública o bienes verdes comunales “ciudades verdes”, “diversidad agrícola” etc. c) democratización de los centros de trabajo y la administración del Estado, de algunos aparatos de Estado y eliminación de otros.


David Harvey y la acumulación por desposesión
Ahora bien, David Harvey considera que comprender esta relación entre capitalismo y la sociedad (caracterizada por una tendencia a los procesos de urbanización), se requiere comprender la relación entre los procesos sociales y las formas espaciales.[2] Comprender esta relación también permite develar la injusticia social, la jerarquización del poder y la acumulación por desposesión.

Harvey considera que el espacio es una de esas dimensiones a veces olvidadas en el análisis social. El descubrir el espacio y su relación con los procesos sociales, pone a la teoría y a la metodología en otro lugar diferente a la forma de explicación tradicional, donde el espacio es un simple recipiente que se llena con cosas y prácticas culturales que racionalizan su uso. En el espacio se expresan los fenómenos y los comportamientos sociales que pueden conllevar a la formación, transformación o resignificación del espacio. La noción de espacio para Harvey es la de espacio construido.

Y si los procesos sociales son vistos en las formas espaciales, lo es también la justicia social. Los espacios son puntos importantes donde la justicia social se materializa y se produce, por lo que la justicia social surge de los procesos sociales que llegan a verse expuestos en los lugares ocupados por la sociedad. Y esta justicia social también se distribuye sobre el espacio. Tanto la injusticia social, las desigualdades y los procesos de exclusión de poblaciones hacia lugares marginales y la acumulación por desposesión, que son características de la sociedad capitalista y que pueden verse de modo claro en el modo como los agentes del capital y del Estado construyen sus territorios, se pueden comprender mejor con la ayuda de los planteamientos marxistas partiendo de la función entre el valor de uso y el de cambio en los modelos de integración económica y de organización social.

Comprender el paso que tiene un objeto de un valor de uso, hacia un valor de cambio de tal modo que se convierte en mercancía. Harvey se pregunta qué sucede cuando ese objeto natural es el suelo y cómo el suelo se transforma en mercancía. En ese proceso de transformación entre un valor y otro, existe un proceso social que explica cómo se produce el valor de cambio. Pero además, como la mercancía misma resume ese proceso social que implica relaciones sociales y económicas en el capitalismo: a) el suelo no es trasladable porque tiene localización fija y sobre este punto existe una propiedad que puede ser monopolizada; b) son mercancías de las que ninguna persona puede prescindir; c) cambia con menos frecuencia de manos y acumulan operaciones comerciales, infraestructura de servicios públicos y vivienda. El suelo es permanente y las mejoras tienen porvenir porque almacenan riqueza, valores almacenados y menos mantenimiento pero también cambios en el mercado de periodos cortos, uso es largo y diferentes usos.

Harvey señala además que la explicación debe incluir el problema de la renta, porque: la renta funciona como un instrumento de racionamiento que distribuye normalmente los usos del suelo en las distintas localizaciones; La renta es la ganancia producida por un factor de producción escaso, y el suelo no difiere esencialmente del trabajo o del capital; existe una relación entre la renta y la propiedad privada; la renta puede surgir según el modo dominante de producción; las definiciones de renta dependen de las condiciones económicas de cada época. La renta surge para asignar al suelo diferentes usos: el uso del suelo puede determinar el valor y en esta medida se conduce a modelos eficientes; pero cuando el valor puede determinar el uso del suelo, de inmediato se produce especulación del valor.

En el modelo de integración económica capitalista, el plusvalor tiene importante injerencia en la acumulación por desposesión. La transición de la reciprocidad a la redistribución (se da cuando hay un cambio de reproducción simple, a reproducción ampliada). Esto conlleva a una acumulación originaria de unos sobre otros, en la sociedad jerárquica. Esto es la base embrionaria del intercambio de mercado.

Las condiciones que permitieron la transformación de la reciprocidad en redistribución fueron cruciales para el urbanismo y concentraron el plusproducto en pocas manos y sitios.
Aquí es importante el concepto la acumulación por desposesión propuesto por David Harvey en su libro “El nuevo imperialismo” (2007):

“la mercantilización y privatización de las tierras y la expulsión por fuerza de las poblaciones campesinas; la conversión de varios tipos de derecho de propiedad (comunal, colectiva, estatal etc.) en derechos de propiedad privada exclusivos; la supresión del acceso a bienes comunales; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de bienes (incluido los recursos naturales); la monetización del intercambio y los impuestos, en particular sobre la tierra; la trata de esclavos; y la usura, la deuda nacional y más recientemente el sistema de crédito.” (2007)

Elmar Altvater y la pregunta por: ¿existe un marxismo ecológico?
Marxismo puede ayudar a plantear y comprender los problemas ecológicos contemporáneos, teniendo en cuenta la ambivalencia que existe en esta tradición con respecto la naturaleza. Según Altvater, Marx comprendía la práctica humana como parte del metabolismo hombre-naturaleza. La producción y reproducción capitalista es un proceso continuo de crecimiento y de expansión sobre la naturaleza.

En la producción capitalista, la producción tiene doble carácter, por un lado la producción como proceso de trabajo (la transformación de materia natural y energía en valores de uso) y por otro, la producción como productor de valor y plusvalía (acumulación capitalista y crecimiento económico). Un fetichismo del crecimiento.

Almater llama la atención sobre cómo esta lógica del capitalismo produce una crisis y contradicciones. Para ello se arma de los argumentos del propio Marx sobre la “naturaleza humanizada” de Harvey sobre la acumulación por desposesión (que explicamos en el punto anterior y de O´connor sobre las dos contradicciones del capital (explicado en el punto número uno de este escrito).

Para Almater además de lo anterior, existen dos puntos esenciales abordados desde el marxismo: la cuestión de la valorización y la entropía.

Con respecto a la valorización plantea: la acumulación capitalista tiene espacio y tiempo. El tiempo entendido como aceleración, el aumento de la productividad y la plusvalía relativa como elementos relacionados con la unidad de tiempo: acelerar todos los procesos para extender el alcance de la producción y la reproducción del capital sobre el espacio. Y la expansión espacial del capital es en parte la dinámica de la acumulación del capital eliminando fronteras y limites, es decir la globalización moderna. Elementos analizados por el propio Marx en Grundisse. “el capitalismo es un sistema expansionista en el que todo es interpretado como materia prima para el proceso de producción de valor y plusvalía” (2002:358).  Por tanto la valoración es un principio infinito en el capitalismo.

Con respecto a la entropía plantea: el capital se apropia de la plusvalía como recurso para reinvertir y acceder a una plusvalía mayor. Pero esta dinámica del capital no es la misma que de la naturaleza cuyo tiempo de retorno es lento y supera la expectativa del tiempo humano, en muchos casos.

Al darse esto, en el capitalismo los stock de materia y energía son agotados incrementado al entropía en un planeta limitado. Para Almater entonces, el marxismo aporta a la comprensión de la relación hombre y naturaleza en donde el hombre la transformar la naturaleza produce un metabolismo incidido por la lógica del capital que no es la misma lógica del modo como opera la propia naturaleza, produciéndose asi una crisis ambiental

Bibliografía

Altvater, E. ¿Existe un marxismo ecológico?, en La teoría marxista hoy: problemas y perspectivas. Atilio BorónJavier AmadeoSabrina GonzálezElmar Altvater. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, 2006. 498 pág.

Harvey, D. El nuevo imperialismo. Madrid: Ediciones Akal, 2007.

O'Connor, J., (2002) "¿Es posible el capitalismo sostenible?" en H. Alimonda (comp.) Ecología, política, naturaleza, sociedad y utopía. Buenos Aires, CLASCO. pp 27-52.

Swyngeouw. E. ¡La naturaleza no existe! La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada, en Urban, No. 11, 2011. pp 41-66.




[1] Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Occidente. Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales. huribe@uao.edu.co
[2] “Las formas espaciales han sido tratadas aquí no como objetos inanimados dentro de los canales se despliegan los procesos sociales, sino como cosas que «contienen» procesos sociales en la misma medida en que los procesos sociales son espaciales” (1977, p. 3).

martes, 28 de julio de 2015

LADERAS DE CALI: DESTRUCCIÓN ECOLÓGICA Y DEGRADACIÓN AMBIENTAL

Laderas de Cali: destrucción ecológica y degradación ambiental*

Por:
Hernando Uribe Castro
Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Profesor de la Universidad Autónoma de Occidente
Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle

Una de las atracciones naturales más hermosas que poseía Santiago de Cali en el pasado era, precisamente, el paisaje cordillerano boscoso que sobresalía sobre los Farallones de Cali y sus variadas tonalidades de verde. Un lugar que con el paso del tiempo se va destiñendo y transformándose por los diferentes impactos de las actividades humanas.

Hoy en día, se presencian los fuertes impactos causados por los asentamientos humanos (legales, ilegales e informales), así como por las diferentes actividades agrícolas, mineras y de explotación maderera. Todo un proceso de destrucción ecológica y transformación paisajística por quemas, tala de bosque e incendios. Desde el mirador de la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Terrón Colorado con vista hacia el cerro de las Tres Cruces, el panorama es desalentador, pues la actividad extractiva destroza este cerro.

Actividad extractiva sobre la cuenca del río Cali. Frente a la Iglesia San Ignacio de Loya
Carretera vía al mar - Cali. Fuente: Google Earth.

De este modo, el impacto no solo tiene que ver con el agotamiento y la contaminación del agua, el aire y la erosión del suelo, sino también con los conflictos sociales relacionados con las actividades legales e ilegales producidos por la extracción de los elementos de la naturaleza y por el mercado de tierras para procesos de urbanización.

Pero no basta únicamente con percibir el daño, es necesario llevar a cabo las investigaciones académicas y legales para determinar responsables, impactos y problemáticas relacionadas con el conjunto de estas actividades.

Mientras que las comunidades han alertado sobre la situación delicada que se está dando con respecto a la extracción de minerales, de roca y vegetación sobre la cuenca del río Cali y Aguacatal, las autoridades ambientales y la fuerza pública poco hacen por impedir que en estos sectores se continúe destruyendo la naturaleza. Algunos ejemplos son: el caso de la minería en Peñas Blancas, en el lugar conocido como Minas del Socorro, El Alto del Buey y las canteras en Normandía.

Con respecto al primero, en un reportaje de mayo del presente año, el periódico El País en entrevista al director Territorial Pacífico de Parques Nacionales, expresaba que: existían 622 hectáreas afectadas, Uno de los ecosistemas más diezmados es el de bosque alto andino, rico en especies vegetales como el roble y el encenillo y todo tipo de aves que ven amenazada su hábitat.” (El País, 14 de mayo de 2015). La actividad ilegal ha llegado, incluso, a cambiar el cauce de la quebrada del Socorro que es afluente del río Cali por medio de un  túnel artificial de 30 metros de largo que transporta estas aguas hacia el río Anchicayá en la vertiente Pacífico.

Con respecto al segundo caso es el Alto del Buey, ecosistema de páramo y bosque andino en el que existen evidencias de campamentos para la extracción minera. Sobre este hecho escasea la información. Acceder al lugar es todavía mucho más riesgoso.

El tercero de los casos, es el de las canteras en Normandía. En informe de prensa de 2008, El Tiempo, titulaba “Cierran minas en las tres cruces” y se informaba que: “Las canteras fueron cerradas por la Administración municipal después de que el Juzgado 14 Administrativo del Circuito de Cali ordenara al alcalde Jorge Iván Ospina suspender la explotación ilegal a raíz de una acción popular instaurada por un grupo de ambientalistas contra el municipio. Las canteras de altos de Normandía eran explotadas por 60 personas. La inspectora de Policía, Olga Lucía Becerra, dijo que debía respetarse los derechos de estas personas que dependían de este trabajo, pero aclaró que de por medio estaba un derecho colectivo por un ambiente sano. Becerra dijo que la explotación se hacía de manera ilegal, generando muchos inconvenientes para el sector.” (El Tiempo, 23 de octubre de 2008).

En 2011, sobre este mismo caso, el periódico Occidente titulaba "Mina de Piedra Laja en Altos de Normandía será cerrada definivamente". En este reporte informaba que la Secretaria de Gobierno de Cali, Ingeominas y CVC, habían realizado visitas técnicas y habían logrado evidenciar el daño ecológico por la explotación de piedra laja. La Fundación Biodiversidad había realizado una acción popular para detener estas actividades y el cierre definitivo de estas canteras y se dispuso del cierre de caminos y senderos que conducen a este lugar y la instalación de un puesto de policía ambiental. (Occidente, 30 de septiembre de 2011)

Un vistazo hoy en día a todos estos hechos, Minas del Socorro, Alto del Buey, por solo nombrar algunos casos, permite establecer que las actividades continúan. De inmediato nos surgen interrogantes:

¿Qué está sucediendo en las laderas de Cali? ¿Si existe una normatividad legal ambiental, por qué no se hace cumplir? ¿Por qué los agentes del Estado prolongan en el tiempo las acciones que debieron de ejercerse hace tiempo? ¿Por qué, y a pesar, de que el Plan de Desarrollo de Cali se considera el más ambiental, se continúa sin ejercer el control sobre estas zonas para evitar la presencia de estas actividades destructoras de las cuencas hídricas? ¿Existen personas, grupos y/o organizaciones ya identificadas y judicializadas por estas actividades? ¿Por qué, conociéndose estos hechos, el proceso de destrucción continúa? ¿Dónde están los agentes del Estado encargados y responsabilizados por estos hechos? ¿Por qué se atacan algunos casos como el de jarillón y por qué otros se callan e invisibilizan?

Y peor aún, ¿Acaso empresarios, políticos o agentes privados con mucho poder en los espacios de decisión local, están detrás de estos intereses económicos y actividades extractivas ilegales?

* Publicado por El Pueblo, 1 de agosto de 2015.


viernes, 17 de julio de 2015

ENTRE PUENTES, SEMÁFOROS Y CAOS URBANO: UN URBANISMO EXTRAÑO

Entre puentes, semáforos y caos urbano: un urbanismo extraño

Por: Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología,
Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Profesor, Universidad Autónoma de Occidente

De las cosas que llama profundamente la atención con respecto a la movilidad de Cali, tiene que ver con un conjunto de obras civiles, construcciones e infraestructuras realizadas a lo largo de la historia urbana de la ciudad que tras una cuidadosa observación, produce preguntas, inquietudes y cuestionamientos. Muchas de estas obras impactan no por su diseño arquitectónico ejemplar, sino por lo mal elaboradas y por la pobre función que cumplen.

Obras que se construyeron muy mal y que no han logrado solucionar muchos de los problemas de movilidad de la ciudad prometidos. Una ciudad que en su mayor parte posee una topografía plana, piensa uno, facilitaría una excelente planificación. Desafortunadamente, las obras evidencian que sobre su ejecución, pesaron más los intereses económicos en beneficio de lo privado y personal que unos intereses auténticamente ciudadanos y colectivos.

Inicio con la mal llamada “Autopista suroriental” cuyo  trazado, extraño de por sí, zigzaguea desde el norte hacia el oriente, y del oriente hacia el occidente y del occidente hacia el sur. No es una línea recta.

Esta “Autopista” tiene la particularidad de que sobre ella existe un número importante de puentes vehiculares y debajo de cada puente una cantidad de semáforos (casi en cada cruce con vías secundarias importantes).

Piensa uno, en su ingenuo y poco conocimiento en obras civiles, que si se construyen puentes sobre las principales vías es para que el flujo de autos no se interrumpa y, en consecuencia, se eviten trancones y obstáculos para la movilidad. Por tanto, la función de que se construyan puentes es para mantener el flujo continuo de vehículos y peatones.

Pero precisamente esto es lo que no sucede sobre esta autopista: obsérvese cómo en el sector donde se conecta la “Autopista” Suroriental con la “Autopista” Simón Bolívar, existe el puente de los Mil Días y debajo de él están los semáforos. Si se sigue el recorrido, se llega al hundimiento vial de la autopista frente al edificio Comfandi de Prados de Oriente con Troncal de Aguablanca. Un hundimiento que se hace con el fin de agilizar la movilidad por el sector en beneficio del transporte masivo MIO, termina finalmente construido con una maraña de cruces y semáforos que producen una movilidad lenta y trancones a las horas pico. Los autos, peatones y ciclistas se confunden a la hora de transitar por este lugar. Y lo peor es que este hundimiento termina en uno de sus extremos con unos semáforos. 

Luego se llega al sector de La Luna (Autopista con calle 13), donde también existe un inmenso puente y debajo de él este están los semáforos. Igual sucede en el sector de la 39, junto a las canchas Panamericanas. Puentes con semáforos por doquier. ¡Qué locura!

Sobre la “autopista” Simón Bolívar hace algunos años se construyeron unos puentes largos peatonales que nadie usa, y debajo de estos puentes se han puesto semáforos. Las personas pasan la autopista al ras del piso y no hacen uso de los puentes.

Ahora bien, sobre el sector del Valle del Lili a la altura de la calle 25 con carrera 100, se vuelven a unir la Autopista suroriental que con la Avenida Simón Bolívar que traen cada uno de a 5 carriles. Estas dos vías con 10 carriles al unirse quedan tan solo en dos, que son los dos carriles que van desde el puente de la 25 con 100 hasta el Municipio de Jamundí. En este lugar también se ha formado un paradero “pirata” de los buses intermunicipales que van hacia el sur del país. En este punto diariamente se producen trancones, accidentes de vehiculares, choques con motos y tránsito de carretillas (vehículos de tracción animal). Se pincha una llanta de bicicleta y el trancón sobre este lugar es monumental.

Con una ciudad tan plana como Cali, el trazado de las vías, se supone debe ser eficiente para la movilidad vehicular y sobre todo, para la movilidad en bicicleta y peatonal. Cali carece de ciclorutas y las que existen, como por ejemplo sobre la avenida Simón Bolívar es perversa. No solo por los problemas del diseño de esta ciclo ruta, sino también por su mal estado, su descuido y falta de mantenimiento y por la inseguridad permanente en el sector.

La reciente construida Avenida Ciudad de Cali en el oriente de la ciudad es otro ejemplo de los trazados viales cuyo estado es lamentable. Semáforos en cada esquina a veces sin funcionar, huecos por doquier, no existe señalización alguna, no posee cicloruta, los andenes peatonales están en muy mal estado y en algunos lugares no se construyeron.

Existe en esta ciudad uno de los trazados viales más extraños, caóticos y poco funcionales como la llamada “Troncal de Aguablanca”. Una vía sobre la que opera el servicio del transporte masivo Mío cuyo diseño y trazado es espantosamente dis-funcional. Un carril de vehículo en cada lado, un carril para el masivo Mío y unos andenes de menos de 1 metro de ancho para los peatones. El tránsito lento de una bicicleta en este lugar produce un trancón monumental. Los peatones deben bajar del andén en algunos sectores y transitar sobre la vía por donde van los autos, porque los andenes son un peligro mortal, puesto que no están diseñados en condiciones dignas para la movilidad de personas. No imagino como pueden transitan sobre este lugar personas en condición de discapacidad, de la tercera edad o madres con sus niños de brazo.

No se entiende cómo en esta ciudad los ciudadanos hemos permitido este tipo de obras increíblemente mal elaboradas que no solucionaron los problemas de movilidad y que al contrario produjeron muchos otros problemas que no existían.

Y es sobre esta perversa plataforma urbana que se está construyendo el futuro de la ciudad. Se expresa intereses políticos que no tuvieron la precaución de establecer si estas obras cumplían con los requerimientos técnicos y sociales, y las ejecutaron más por lo que, seguramente, representaba para sus arcas personales y redes clientelares, que los beneficios y servicios que prestaran a la ciudadanía.

Hoy tenemos una ciudad caótica en términos de movilidad, cuyos problemas se pretende resolver con el castigo económico de la fotomulta, la sanción económica de la norma de tránsito, pero que no se cuestiona el perverso diseño, función y estado que la maya vial urbana y peatonal cumple en esta ciudad.

Terminamos siendo los ciudadanos los responsables por aceptar que se hagan estas obras. Afectados por tener que exponer nuestras vidas al movilizarnos por estos mal diseñados lugares  y, lo peor, siendo culpables por no cumplir con lo exigido por la norma y el control social en una malla vial urbana que produce caos, descontrol e inseguridad.

La ciudad reproduce en este sentido miedos urbanos para vivirla y disfrutarla. Un diseño urbano que impide su disfrute para caminarla y reconocerla en placenteros y seguros paseos urbanos.