Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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domingo, 8 de junio de 2014

LA GRANJA DE MAMÁ LULÚ: LA VIDA COMO TOTALIDAD



La Granja de Mamá Lulú: la vida como totalidad

Por Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología, estudiante del doctorado en Ciencias Ambientales

Nada más esperanzador, motivante y emocionante que conocer el caso concreto de una familia campesina en Quimbaya (Quindío - Colombia) que se ha dado en la tarea de construir, en el largo plazo, una granja diferente en la que se desarrollan estrategias alternativas de vida frente a las impuestas por el capitalismo. Una familia cuya experiencia sería para los universitarios e intelectuales un excelente ejemplo de aplicación real de los conocimientos transdisciplinarios.

La Granja de Mamá Lulú es un lugar en donde la complejidad y lo sistémico emergen como parte de una filosofía de pensamiento puesto en práctica. Pueden verse, sentirse, respirarse y tocarse. Aquí, se hace realidad el sentido sistémico de entender y hacer posible la vida. Un proyecto de autosuficiencia familiar que, a partir del ensayo y error a lo largo de los años, es liderado por el señor Hernando Hincapié. En este proyecto se integra las distintas generaciones entre los abuelos, padres, hijos y nietos en un mismo objetivo, y que por más de tres décadas trabajan en conjunto desde una concepción filosófica y estética de la ecología profunda.

Foto: Hernando Uribe Castro. Granja de Mamá Lulú. Mayo 2014

Es un hermoso modelo de granja auotopoiésica, y por tanto, un lugar distinto a todo su entorno veredal que en el pasado fue monopolizado por cultivos de café. En ella habitan no solo los integrantes de la familia sino también toda una diversidad de plantas, animales y microrganismos que además de tener la posibilidad de existir, encuentran protección y nicho de vida.

Como expresión autopoiesica, la granja se integra como sistema en un proceso de auto-organización donde se interrelacionan quienes la habitan y los elementos de la naturaleza. En ella se produce alimento orgánico, agua y aire para todos. No se utilizan químicos para fumigación, porque para ello, el conocimiento que tienen de la misma naturaleza les ha dado la solución para el control y protección natural de plantas, suelos y animales. No produce deshechos porque como sistema todo se convierte en nutrientes y alimento para otros en la cadena de vida. Incluso, los desechos orgánicos humanos y de los animales son integrados y tratados para convertirlos en nutrientes para abono y para nueva vida.

Alimento para todos. Foto: Hernando Uribe Castro. Granja de Mamá Lulú. Mayo 2014
 
En la granja existe la vivienda de tres pisos en forma piramidal escalonada con 4 extremos en perfecta dirección cardinal, el recinto de alcarrazas, pozos sépticos, lavadero, cocina restaurante, la torre de suministro de agua, el tanque de reserva de bioabono, el biodigestor, el procesamiento del café y el cacao, las porquerizas, las conejeras, el taller de materiales, el corral de piscos, los estanques piscícolas, la maloka de los cusumbos y un sendero aterrazado que baja hasta la fuente manantial en medio del bosque recuperado. Todo ello en perfecto equilibrio con la diversidad de plantas y animales. Un entorno donde se implementan tecnologías humanas (ancestrales y modernas) y los propios sistemas naturales para la producción y el consumo de todos los seres vivientes en ese lugar.

Humedal construido. Foto: Hernando Uribe Castro. Granja de Mamá Lulú. Mayo de 2014
 
La estética del lugar y su diseño es una bella expresión arquitectónica campesina en donde predomina la guadua. El terreno que pertenece ahora a la dinámica del bosque recuperado se estructura al modo de terrazas y sus linderos son protegidos por una barrera natural con distintas plantas que ayudan a purificar el aire y la invasión de tóxicos suspendidos en el aire provenientes del exterior.

El lugar integra el diálogo de saberes entre el conocimiento popular ancestral y la ciencia para la comprensión de los sistemas socioecológicos; por tanto, la granja es una inspiración, por un lado, la educación ambiental como escenario de enseñanzas y aprendizajes de lo que es la vida como totalidad, y por otro lado, un modelo de gobernanza del territorio y la democratización del derecho a la diversidad de la vida.

Bosque Recuperado. Foto: Hernando Uribe Castro. Granja de Mamá Lulú. Mayo de 2014
 
Finalmente, aparece el Estado. Se supone que estos proyectos autosuficientes y sostenibles deben convertirse en ejemplo de vida para todo la sociedad y que el Estado debería estar apoyando, promocionando e incentivando estas experiencias. No obstante, es precisamente el mismo Estado quien ha puesto los obstáculos a este hermoso proyecto familiar. Cámara y comercio, impuestos, ministerio de turismo y todo tipo de burocracia ataca la granja.

Visitar la granja es recargarse de nuevas esperanzas. Es recuperar la credibilidad en que es posible un cambio social en la medida en que se transforme el modo de concebir el mundo en el sistema. Implica una reestructuración mental y de comportamiento. Se debe cambiar la concepción antropocéntrica por una que logre integrar la vida en su conjunto, biocéntrico. Reconocer la totalidad de la vida (plantas, animales, microorganismo y megaorganismos) como parte del sistema cósmico.

Por el derecho a la diversidad de la vida, la autosufiencia y la sostenibilidad.

sábado, 31 de mayo de 2014

APOYAMOS EL ACTUAL PROCESO DE PAZ DE LA HABANA



 APOYAMOS EL ACTUAL PROCESO DE PAZ DE LA HABANA
 
 COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA

La actual coyuntura político-electoral que atraviesa Colombia demanda de sus ciudadanos una especial atención, en tanto que el país deberá definir el 15 de junio de 2014 si se la juega por el proceso de paz de La Habana y la enorme posibilidad que hay de ponerle final al conflicto armado interno; o si por el contrario, da continuidad al discurso guerrerista que se impuso entre el 2002 y el 2010, con el que millones de colombianos sufrieron por el desplazamiento forzado, la detonación de minas antipersonales y la muerte de guerrilleros, paramilitares y militares, todos seres humanos que merecieron vivir y morir en otras condiciones y circunstancias.  

Quienes firman este comunicado creen profundamente en la imperiosa necesidad de detener el derramamiento de sangre,  en el contexto de una lucha fratricida de 50 años. Estamos ante la oportunidad histórica de ponerle fin al conflicto armado con las Farc, hecho político y militar del que no podemos marginarnos, dejándonos llevar por aquellos que de tiempo atrás se vienen lucrando de la guerra.

Los ciudadanos que suscriben esta misiva invitan a estudiantes, profesionales, hombres y mujeres a votar este 15 de junio por la opción política que esté más cerca de ponerle fin al conflicto. Ya hay un camino recorrido que no podemos permitir que otros lo echen a perder con un discurso que claramente nos llevaría a retroceder en los tres puntos ya acordados hasta el momento.

Y aunque somos conscientes de que firmar el fin del conflicto no garantizará la paz de forma inmediata, reconocemos que ese suceso la ambientaría y ayudaría al diseño de escenarios de posguerra y de posconflicto, a los que todos, en su momento, debemos aportar.

La actual coyuntura político-electoral de Colombia hace que tanto el voto el blanco, como la abstención sean decisiones que pueden terminar legitimando la opción política que la ultraderecha encarna.

David Quintero Ángel
Elizabeth Gómez Etayo
Guido Germán Hurtado Vera
Hernando Uribe Castro
Germán Ayala Osorio



Santiago de Cali, 30 de mayo de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

EL VALLE DEL CAUCA, UN TERRITORIO REDISEÑADO POR LA ELITE POLITICA Y EMPRESARIAL



El Valle del Cauca, un territorio rediseñado por la élite política y empresarial

Por

Hernando Uribe Castro
Msc. Sociólogo
Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales

El Valle del Cauca es resultado de un proceso de rediseño iniciado desde mediados del siglo XX por parte de la elite política y económica que logró imponer un modelo territorial mediante un conjunto de infraestructuras (represa de Salvajina, jarillón, sistema de alcantarillado, etc.) al modelo del Valle del Tenesse en Estados Unidos.

Esta elite logró imponer sus intereses haciendo uso, por un lado, del poder que tenían en los escenarios políticos de toma de decisión de esa época como la alcaldía, el Concejo Municipal y hasta sus influencias en el Congreso de la República, y, por otro, creando agencias del Estado como plataformas para legitimar, acceder a recursos públicos y hacer posible sus proyectos.

La estructura poblacional, el tipo de ciudades existentes, la inequidad en la distribución de la tierra, la amplia área de dedicación al monocultivo, el desbordado e incontrolado crecimiento de la ciudad de Cali y la especialización económica de este departamento, así como los fenómenos sociales que todo ello implica como la expulsión de las comunidades de sus territorios y la masacre ambiental de humedales (lagunas, madreviejas y charcos), son ejemplos de los efectos de este proyecto privado promovido por esta élite local que a lo largo del tiempo fue la más beneficiada. Presentaron su proyecto como uno que promovería un desarrollo regional, cuando lo que en verdad sucedió es que se produjo un desarrollo sectorial en detrimento de las comunidades y de los ecosistemas existentes en este territorio. El proyecto de la elite local afectó la sociedad y el ambiente.

Este proyecto logró que hoy en día, el valle geográfico del río Cauca sea un desierto disfrazado con caña de azúcar. Lo que se ha visto en el Casanare no está lejos de verse en el Valle del Cauca. De hecho, el valle presenta graves problemas de acceso al agua para las comunidades. El monopolio agroindustrial extinguió la diversidad de flora y fauna para dar paso a un paisaje monopolizado de caña. Un desierto verde, un océano de caña que acabó hasta con los elementales  y seres mágicos que habitaban en las creencias populares de sus habitantes. Este proyecto afectó la cultura.

De esa diversidad solo queda en las pinturas de los expedicioncitas que dibujaron estas tierras como escenario de bosques, lagunas y todo tipo de vegetación y animales. ¿Qué pasara con las ricas y fértiles tierras vallecaucanas cuando no se pueda cultivar más caña? Tierra infértil, desgastada, salinizada y sin vida alguna.

Un microclima transformado por un proyecto político que lleva casi setenta años en continuo proceso. Un Estado que fue partícipe de esta iniciativa y una corporación ambiental que ha favorecido esta ampliación agroindustrial conociendo sus efectos perversos y nocivos para el ambiente del territorio. Y una sociedad civil, desinformada, distante, temerosa y poco interesada en estos aspectos.