Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

HACIA UN HABITUS AMBIENTAL: EL APORTE DE LA ECOPEDAGOGÍA


Hacia un habitus ambiental:
el aporte de la ecopedagogía a la pedagogía planetaria

Por Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Ya lo había señalado en mi reciente libro titulado Sobre el Campo Ambiental, que para enfrentar la crisis ambiental se requiere, entre otras cosas, de la construcción de un habitus ambiental, nutrido por procesos ecoeducativos o de educación para la sustentabilidad. Es decir, la construcción de una serie de disposiciones pedagógicas (que refuercen formas de comprender, de ver, de sentir, de pensar y de actuar frente a la naturaleza planetaria y la naturaleza cósmica) sobre las bases de la ética de sustentabilidad y los principios de vida. Un proceso pedagógico donde la ética ecológica y ambiental, se interioricen en cada uno de los individuos y grupos.

Un habitus ambiental entendido como el conjunto de disposiciones mentales y cognitivas que conlleven y produzcan prácticas humanas cargadas de sensibilidad y entendimiento por la complejidad del sistema planetario, e inter-retro-conectadas con la diversidad de la vida. Esto es en el fondo, una revolución educativa que aporta a superar la crisis ambiental, como una dimensión de la crisis civilizatoria y que puede poner -y concentrar- todo su esfuerzo en crear valoraciones de respeto por la otredad, la alteridad y las diferencias. Conocimiento y reconocimiento de las leyes sistémicas del planeta. Una pedagogía ecocentrada y que supera las desgatadas bases del antropocentrismo.

Para alcanzar éste habitus ambiental se hace necesario que en el campo educativo, se produzca una revolución a partir de la cual, se puedan construir otros procesos pedagógicos, otra enseñabilidad, otros currículos más ambientalizados y ecologizados, enfocados a los ciudadanos y las nuevas generaciones, para que adquieran un entendimiento, comprensión y sensibilidad, más profunda sobre la  experiencia y el arte de vivir en los entornos de vida y su relación con todo el planeta como un ser vivo.

Unas enseñanzas y didácticas que puedan mostrar y hacer comprender, con toda claridad, las devastaciones que, como seres humanos, hemos producimos en los diferentes niveles, espacios y escales del planeta, y a proponer firmes soluciones para superarlos, mejorarlos y no repetirlos. Una ecoeducación alimentada de principios éticos del cuidado, del conocimiento de la complejidad de la vida, de la responsabilidad y del sentido de pertenencia a un mundo sensible e increíblemente complejo y frágil[1].  Una ecoeducación que mueve y toque las fibras humanas del sentir, pensar y actuar ambientalmente.

Una ecoeducación, o pedagogía cósmica, que pueda dimensionar en los seres humanos, su lugar en el mundo y en el cosmos, el lugar de todos los seres vivos; del increíble funcionamiento complementario entre el átomo y el cosmos; de la interesante diversidad en los modos de ver y entender el sistema humano y cultural en éste planeta.

Una ecoeducación ecocentrada. Que pueda producir unas nuevas experiencias y sensaciones del contacto con la naturaleza (el agua, el viento, los animales, las plantas, etc.). Esto implica una danzar, no como oposiciones sino como complementos, entre lo disciplinado y lo interdisciplinado, entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, entre los conocimientos y los saberes, entre lo teórico y lo práctico, entre la razón y la emoción. Una ecoeducación que valora la diversidad, lo étnico, lo histórico-espacial, la filosofía, la matemática, la ciencia normal y posnormal, lo particular y la totalidad.

Bien lo señala el “Manifiesto por la Vida”:

“La educación para la sustentabilidad debe entenderse en este contexto como una pedagogía basada en el diálogo de saberes, y orientada hacia la construcción de una racionalidad ambiental. Esta pedagogía incorpora una visión holística del mundo y un pensamiento de la complejidad. Pero va más allá al fundarse en una ética y una ontología de la otredad que del mundo cerrado de las interrelaciones sistémicas del mundo objetivado de lo ya dado, se abre hacia lo infinito del mundo de lo posible y a la creación de “lo que aún no es”. Es la educación para la construcción de un futuro sustentable, equitativo, justo y diverso. Es una educación para la participación, la autodeterminación y la transformación; una educación que permita recuperar el valor de lo sencillo en la complejidad; de lo local ante lo global; de lo diverso ante lo único; de lo singular ante lo universal” (2003, p. 3).

Esta ecoeducación -que no se limita solo a la educación formal, sino que es incluyente de otras formas de educación-, contaría con la participación de diferentes actores sociales, educativos y políticos: familias, escuelas, científicos, intelectuales, académicos, grupos de pares, líderes sociales, medios de comunicación sensibles y coherentes con lo ambiental, movimientos sociales y culturales, entre otros. Una ecoeducación que esté abierta a conocer, comprender, y en lo posible adoptar, las enseñanzas tradicionales que se sustentan en la idea de comprender la vida como una totalidad, como una interconexión entre los sistemas físicos, culturales y espiriturales. 

Todos estos actores aportarían en la construcción de una ciudadanía de y para la sustentabilidad. Una ciudadanía en línea y conectada con el sentir del planeta. Una ciudadanía donde las bases emocionales y científicas, produzcan y conduzcan a una lucha constante por mantener el planeta, y todo lo que lo  contiene, como un organismo vivo. Una ciudadanía responsable con la atmósfera, la hidrósfera y la litosfera. Un ciudadano sistémico y crítico, que haga del planeta una parte de su cuerpo, de su mente y de su cognición.

Un ciudadano situado, como lo diría L. Boff (2003), con la ética planetaria, que estaría alimentada por otras éticas como la del diálogo, del cuidado, de la solidaridad, de la responsabilidad, de la compasión y de lo holístico. Recomiendo leer la Carta de la Ecopedagogía



[1] Un trabajo interesante sobre ecoeducación se puede ver en: Gadotti, Moacir. (2003). “Pedagogía de la Tierra y cultura de la sustentabilidad”. En: Paulo Freyre. Revista de Pedagogía Crítica. Año 2, No. 2.

viernes, 3 de agosto de 2018

CONFLICTO AMBIENTAL DEL HUMEDAL EL CORTIJO, CALI - COLOMBIA.


Conflicto ambiental del Humedal El Cortijo, Cali-Colombia

Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Las políticas y estrategias que promueven los procesos de modernización para la ciudad de Cali (capital del Valle del Cauca), han estado enfocadas en la construcción de infraestructuras y megaproyectos, así como en la ampliación del espacio urbano, que poco a poco, absorbe antiguas zonas rurales, caracterizadas por poseer diversos tipos de ecosistemas de gran fragilidad e importancia para la sustentabilidad de la vida.

La geofagia urbanizadora en el sur de Cali, promovida por los agentes del Estado, las Corporaciones, así como por las empresas inmobiliarias y constructoras, han afectado directamente el sistema ecológico de la zona. Solo basta observar los efectos de la canalización de los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lilí por parte de las instituciones del Estado hacia finales del siglo XX, para evidenciar el alto costo ambiental de esta intervención humana sobre la plataforma ambiental.

Un proceso expansivo y destructor de naturaleza que, desde entonces, no se detiene, e incluso, se percibe en aumento, materializado en el conjunto de construcciones de nuevas urbanizaciones, condominios, obras e infraestructuras para la ampliación de vías y proyectos urbanos. Poco a poco se abre el espacio para el mercado del suelo y su transformación de renta rural a renta urbana.

Estas políticas de desarrollo, lideradas desde la Administración Municipal de Santiago de Cali, desconocen la importancia de la conservación y protección de estas áreas que son sensibles ecológicamente y, que además, cumplen funciones especiales para la plataforma ambiental del territorio. Políticas que van en contravía a lo estipulado por la Convención Marco sobre el Cambio Climático, así como con la Política de Protección Jurídica de Humedales (Ley 99/1993, o por ejemplo, la Resolución VI.18 de la COP de la Convención Ramsar, entre otras).

No se pude olvidar que los humedales son ecosistemas que poseen diversidad de flora y fauna, y desempeñan funciones hidrológicas, climáticas y de regulación microclimática. El Humedal El Cortijo se ubica junto al río Lilí en el sur de Cali. Sobre este escenario, se lleva a cabo un Megaproyecto  de infraestructura (Un “Complejo de Servicio de Transporte” que incluye la Terminal del MIO y, que seguramente involucrará también, una Terminal del Transporte Intermunicipal e Interdepartamental), obra que degrada este preciado ecosistema, el cual hace parte de todo el sistema hidrológico del río Lilí y de la cuenca del Alto Cauca. Un humedal que aporta a la conservación de la fauna y flora existente en esta parte del territorio, así como a la regulación de las aguas del río Lilí. Incluso, es una zona con un potencial arqueológico, pues sobre este lugar habitaron comunidades indígenas prehispánicas.

Frente a este megaproyecto, las comunidades y organizaciones de vecinos del sector del Valle del Lili se han dado en la lucha por la defensa de éste humedal y su entorno, a través de distintos repertorios de acción colectiva como por ejemplo, la lucha jurídica por la defensa del humedal, así como por otras vías como la protesta social ambiental (marchas, bloqueos de vías para evitar el ingreso de maquinaria, las concentraciones, etc.) y la movilización de la opinión pública (las asambleas, los afiches informativos y las entrevistas en medios noticiosos locales).

La lucha de las comunidades vecinas, y grupos sensibles, en defensa del humedal, continúa día a día. Y más aún, cuando de forma organizada, trabajan con argumentos jurídicos y políticos. Incluso, estableciendo alianzas estratégicas con otros actores sensibles a estas problemáticas como organizaciones de ambientalistas, universidades, veedurías ciudadanas y juntas de acción comunal.

La obligación de las agencias del Estado es controlar y ordenar todo este proceso. No se entiende qué papel ha cumplido la política de ordenamiento territorial en cuanto a la conservación de estos ecosistemas estratégicos. Se percibe unas instituciones del Estado que impulsan políticas extractivas de ecosistemas y recursos, en beneficio de los proyectos de desarrollo, megaobras y todo tipo de infraestructuras insustentables e insostenibles. Obras, que como muchas otras realizadas en el país, seguramente benefician las arcas privadas de los inversionistas privados y corporativos, en detrimento de los elementos de la naturaleza y la diversidad de la vida.

El pensamiento y la acción ambiental y ecologista actual, ayudan a comprender propuestas y rumbos de acción, para transformar realidades adversas, y contrarrestar los efectos negativos de una humanidad egoísta y con inclinaciones a la destrucción de su nicho planetario.


jueves, 21 de junio de 2018

COMUNIDADES DESPOJADAS Y "DESCAMPESINIZADAS"


Comunidades despojadas y “descampesinizadas”

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

En la segunda mitad del siglo XX y lo que ha corrido del siglo XXI, la ciudad de Cali se convirtió en foco de llegada de población despojada y desplazada por motivos tales como: conflicto armado (Caso en el Macizo Colombiano y todo el Pacífico), desarrollo de megaproyectos agenciados por el Estado (casos represas de Salvajina y Anchicayá), actividades extractivas legales e ilegales (casos río Dagua y Departamentos del Cauca y Chocó), eventos por desastres (caso Tumaco), narcotráfico (todo el suroccidente y zona cafetera desde el Departamento de Antioquia hasta la frontera con Ecuador), agresiones-persecución y muerte a líderes y lideresas (provenientes de todo Colombia), entre otros.

Por sólo citar algunos datos recientes (para el caso concreto del Pacifico colombiano) y aportados por la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), “Entre 2010 y 2017, han ocurrido por lo menos 576 eventos de desplazamiento masivo[1] y múltiple, lo que corresponde al 71% del total eventos en el país 170.000 personas que equivale al 81% total de las víctimas identificadas en el monitoreo”[2].

Esta población, en su mayoría campesina, afrodescendiente e indígena, enfrenta la situación de despojo y desplazamiento forzoso y se ve obligada a salir de sus tierras para llegar a  centros urbanos como la ciudad de Cali. En este lugar, las familias víctimas enfrentan la vida urbana en espacios que son marginalizados y segregados como sucede con los asentamientos informales, muchos de ellos considerados por los agentes del Estado como “invasores”. Fueron víctimas por el despojo en su lugar de origen y, una vez en la ciudad, revictimizadas como “invasores”.

Es un hecho que los asentamientos informales en Cali siguen en aumento. Cada día, aparecen noticias sobre los intentos realizados por grupos de población por tomar tierras mediante vías de hecho en zonas de alto riesgo para construir sus viviendas, incluso enfrentando la fuerza pública. Según se anuncia, “En las 133 invasiones que hay actualmente en Cali habitan 150.000 personas, de las cuales al menos un 40 % se encuentran en zonas de alto riesgo no mitigable, es decir, cerca de 62.000 personas”[3]

Históricamente, las autoridades locales utilizan diferentes repertorios de acción para enfrentar la proliferación de estos asentamientos, los cuales van desde: el uso de la fuerza pública (para atender los nuevos casos de intentos de formación de asentamientos humanos informales), la ejecución de políticas de relocalización (para la población que viven en asentamientos que llevan décadas de existencia y que se perciben en riesgo por ubicarse en zonas de alto riesgo) y para una gran mayoría de casos, se produce la “formalización” y “regularización” de los asentamientos, sobre todo cuando no son atendidos o no se les ha prestado la atención debida.

Para el caso de los asentamientos informales ya establecidos desde hace algunos años y que se encuentran en zonas consideradas como de alto riesgo -como sucede con los existentes en el jarillón, Charco Azul, Pondaje o en algunas zonas de ladera-, las soluciones planteadas están enfocadas a las políticas de relocalización y reagrupamiento; es decir, se producen políticas de relocalización de familias que viven de modo informal en diferentes zonas de la ciudad, en su mayoría de origen campesino, y se reagrupan en zonas de urbanización conformadas por casas o apartamentos entre 28 y 35 m². Todo ello, como parte de las políticas públicas de vivienda que albergan a la población sin acompañamiento de parte de las instituciones del Estado y confinadas a vivir en estos lugares reproduciendo, en algunos casos, la segregación, la marginalidad, la miseria, la violencia y la criminalidad.

Un caso claro de reagrupamiento de población confinada a vivir en una zona de urbanización catalogada hoy como una de las más violentas de la ciudad es la Urbanización "Potrero Grande" en el oriente de Cali. Se trata de una población que continúa siendo marginalizada, estigmatizada y confinada por las autoridades, física y simbólicamente, a realizar sus vidas en estos lugares. Lugares sobre los que se ejerce, lo que hemos denominado en otros momento, un “encerramiento simbólico”, a pesar de que no existe una malla o reja que la separe de los demás lugares de la ciudad[4].

Esto es, en otras palabras, un proceso de urbanización de familias campesinas cuya condición de vida expresa, como lo dice Garay, “serios problemas de exclusión y marginalidad”[5]. Fíjese que no son políticas de retorno a sus lugares de origen, o políticas que refuercen la restitución de tierras. Es sabido que en Colombia, han existido dificultades para hacer posible el cumplimiento de la Ley de Victimas y Restitución de Tierras. Todavía se dan pasos lentos en este sentido, y los resultados no han sido los esperados ni los proyectados por la complejidad de lo que significa el retorno de los campesinos al campo en un país donde los espacios rurales continúan cooptados por nuevos grupos delincuenciales, neoparamilitares, disidencias y redes criminales.

Con un agravante, y es que conociendo el ambiente que rodeará al nuevo gobierno nacional elegido el 17 de junio del 2018, y cuya meta anunciada fue “hacer trizas el Acuerdo de Paz”, se prevé un escenario en el que el proceso de paz ingresará en su peor crisis. Proceso del que depende la convivencia en el campo, el retorno de los campesinos y la implementación de todas las políticas que favorecen a las víctimas, las comunidades y sus territorios. Por lo visto, el aumento en número de comunidades “despojadas”, campesinos “descampesinizados” y “proletarizados” y reagrupados en zonas de urbanización en las ciudades en Colombia será parte del diario vivir.

A pesar de ello, en Colombia, todavía existen familias, grupos y comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que se resisten a dejar sus tierras, sus pertenencias, su lugar de vida; a dar la luchar por lo que son y a defender el terruño para resistir los embates de un modelo de sociedad arrasadora y "descampesinizadora", de unas políticas agresivas y lesionarías y unas redes criminales que van por sus pertenencias, sus fuentes productivas y sus bienes de la naturaleza.



[1] "De acuerdo con el Decreto 2569 de 2000, se entiende por desplazamiento masivo un evento en el que se desplazan por lo menos 10 familias o 50 personas, por las mismas circunstancias. De acuerdo con la metodología de CODHES, un desplazamiento múltiple, es todo aquel que supera las 10 personas, pero no alcanza a ser masivo." (Codhes, 2017).
[2] CODHES, (2017). Boletín CODHES, no. 93. Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento. Bogotá, noviembre de 2017. p. 2.
[3] El País, (2018). 62 mil personas que viven en invasiones de Cali están en alto riesgo. Junio 12 de 2018.
[4] Uribe-Castro, H., Holguín, C. J., & Ayala-Osorio, G. (2016). De “invasores” a población urbanizada: encerramiento simbólico de los habitantes de Potrero Grande en Cali-Colombia. PROSPECTIVA. Revista de Trabajo Social e Intervención Social, (21), 181-211.
[5]  Garay, L. J. (2009). El reto ante la tragedia humanitaria del desplazamiento forzado: reparar de manera integral el despojo de tierras y bienes. Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento Forzado, Bogotá. p. 74.

martes, 8 de mayo de 2018

EL MERCADO DEL MIEDO


El MERCADO DEL MIEDO

Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

E. Galeano (1998), afirmaba que “muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven”.  No es raro entonces que gobiernos, corporaciones, entes del control y autoridades, estén interesados en la producción y reproducción de los miedos. Los espacios de la vida están saturados de todo tipo de mecanismos, aparatos o sistemas de control y vigilancia producidos, distribuidos, comercializados y consumidos por todos los lugares del mundo. Están en el subsuelo, la superficie terrestre y el espacio exterior. No hay dimensión planetaria en donde no estén presentes.

Y esta situación ha sido de gran beneficio lucrativo tanto para las multinacionales especializadas en el negocio de la vigilancia privada, como para las corporaciones globales que abastecen al mundo de armamento y artefactos de guerra. En calles, plazas, espacios privados y públicos, la vida cotidiana está rodeada de circuitos cerrados de televisión, alarmas por monitores, cámaras de seguridad que controlan a la población, sistemas satelitales de vigilancia, dispositivos móviles vigilados, seguimiento a llamadas y uso de internet y  todo tipo de avance tecnológicos. ¿Seguridad o libertad? es la paradoja reflexiva sobre la que orbita el pensamiento de Foucault.

El geógrafo R. Méndez (1997), había señalado hace veinte años atrás que la tercera revolución puede caracterizarse por el desarrollo de “la técnica para el diseño y producción de circuitos electrónicos en miniatura mediante el uso de elementos semiconductores, su rápido desarrollo en las últimas décadas tiene como punto de partida el descubrimiento del transistor (1947), para atravesar una serie de etapas sucesivas marcadas por la aparición del circuito integrado (1957), el procesador planar (1959) y el microprocesador (1971)” (Méndez, 1997, p. 164)

En este contexto de civilización, sobre cada ser humano recae la sospecha. No existe espacio que no esté vigilado, controlado, manipulado por sistemas de información y vigilancia. Estructura social de la vigilancia que opera en la estructura mental y cognitiva de los individuos. Controles y autocontroles operan como complementos. Monitores, cámaras ocultas, pantallas y espejos como paredes, software de escaneo de cuerpos con rayos que traspasan la piel y los órganos, rejas eléctricas y electrónicas operadas por computadores o vigilantes que afinan el ojo para captar a los intrusos, los expías, los suspicaces e “indeseados”.

Miedos, in-seguridades, desconfianzas que pesan sobre los cuerpos de cada habitante.  Cada ser viviente que se moviliza, que respira, que suspira, que se comunica, y que posee su propia historial,  es reconocido y se convierte en objeto de vigilancia, en “cosa” a la que se le debe prestar toda la atención. Como lo he manifestado en varias oportunidades, se ha llevado al extremo de hacer pensar y sentir que “todo ciudadano es potencialmente culpable de algo” y por tanto es una potencial amenaza. 

Galeano nos evoca una frase de empresario “Nuestra mejor publicidad son los noticieros de la televisión” (Galeano, 1998, p. 108). Noticieros que in-forman hechos noticiosos todos los días sobre el dolor de la gente, el crimen formal e informal, la guerra “embellecida” con sonidos de sirenas, misiles que caen sobre pueblos como estrellas fugaces que se descuelgan del cielo, luces de ambulancias que iluminan las oscuras calles urbanas, agentes militares, de policía y autoridades que atrapan, encarcelan y exigen orden. El mercado lingüístico socializado por gobiernos y medios masivos que se encargan de reproducir cotidianamente el miedo y la in-seguridad, así como del control y la vigilancia han aumentado.

Sin duda alguna, las corporaciones globales y nacionales, el mercado de la in-seguridad y el oficio guerrerista en todo el mundo están ampliando sus arcas y ganancias porque con la construcción social del miedo se logra excedentes de rentabilidad, dividendos que representan gigantescos capitales. No es extraño entonces que entre más vigilancia, más inspección, más autoridades policiacas y militares, aumente exponencialmente el miedo y la in-seguridad. La sociedad se arma, el Estado se arma, las corporaciones se arman. Galeano nos recuerda en este sentido que, “el miedo es la materia prima de las prósperas industrias de seguridad y del control social” (1998, p. 107). Así como el miedo puede aproximarnos, también puede producir la destrucción de la solidaridad, la confianza y la palabra.

Sin duda alguna, la construcción del miedo, que es social y ambiental, está abarcando todas las dimensiones de nuestra existencia. Miedos que al estar incorporados en nuestros cuerpos y nuestras almas no permite que los miedos del exterior nos reduzcan a migajas y polvo.


viernes, 16 de marzo de 2018

CALI Y SU SOSTENIBILIDAD DÉBIL

Cali y su sostenibilidad débil

Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales


A lo largo de las últimas décadas en la ciudad de Cali -así como en muchos otros lugares de Colombia, América Latina y el mundo-, los gobiernos locales y nacionales, organizaciones internacionales y Corporaciones globales han puesto en el discurso del Desarrollo Sostenible una profunda confianza que -como fundamento de las agendas del desarrollo, como instrumento político y económico, como medidas, mecanismos y prácticas sociales-, conducirá hacia unos escenarios más ecológicos y responsables ambientalmente. 

A pesar de ello, en lo concerniente a la sostenibilidad urbana, las evidencias muestran claramente que la expansión urbana y la dinámica de la ciudad no solo son insostenibles, sino que además caminan, vía a la profundización de la insostenibilidad. No solo porque a lo largo de su historia, el denominado desarrollo urbano produjo efectos irreversibles sobre aquellos ecosistemas sobre los que se asentó la ciudad, sino también porque esta urbe que se construye hoy en día, evidencia escenarios poco ecológicos y ambientalmente más insustentables.

La expansión urbana sobre antiguas zonas de humedal (conflicto Humedal El Cortijo), la creciente urbanización sobre las zonas de ladera de los ríos (El caso de la urbanización en el sector de Pance), la transformación del paisaje boscoso por patrones de asentamiento de fincas de veraneo (En las zonas del río Cali y Aguacatal, así como el sector de La Buitrera), la canalización de los ríos (como el río Cañaveralejo) y el incontenible mercado del suelo hacia el sur de la ciudad en conexión con la urbanización en Jamundí, son muestras claras de todo este proceso.

Es evidente todavía que, ni las instituciones, ni sus agentes-, tienen claridad sobre la importancia de los principios de responsabilidad ambiental. La sostenibilidad es usada por agentes e instituciones como un concepto más que adorna los proyectos planteados, como para cumplir con las demandas exigidas por las agencias globales ambientales, pero en la práctica, su sentido se desvanece.

No basta con dejar unas cuantas zonas verdes, limpiar calles, sembrar algunos árboles. La responsabilidad ambiental es un proceso más profundo que tiene que ver con un cambio sincero y genuino de una estructura social, mental y cognitiva por un ambiente sano y seguro. Unas políticas genuinas que contemplen la importancia de los elementos de la naturaleza (el agua, la tierra, el aire, la diversidad de especies) para la sustentabilidad de la vida de humanos y de las demás especies.

Antes de responder cómo hacer de Cali una ciudad sostenible, es necesario pensarse porqué prevalecen las prácticas de insostenibilidad e insustentabilidad. Infortunadamente, la organización del sistema político, de la administración local, departamental y nacional del Estado está elaborada sobre bases de fragmentación y departamentalización que hacen de sus acciones limitadas cuando tienen que hacer frente a la resolución de problemas y conflictos. Resoluciones que también son respuestas fragmentadas, descontextualizadas y segregadas. A veces corroídas por la corrupción, el oportunismo y el clientelismo.

Y esta fragmentación no solo existe en la acción política institucional sino que se evidencia también en la mente de todos aquellos agentes que tienen el ejercicio del poder y de la toma de decisión. Hace falta pensar la integridad, la ciudad como un sistema que integra elementos ecológicos y sociales. La ciudad, lo urbano, no solo son cuestiones relacionadas con un sistema de objetos, sino que estos están en plena interacción con un sistema de acciones.

El ordenamiento del territorio no se debe dejar solo a los políticos y a las empresas inmobilitarias. Pensar un territorio es una tarea conjunta de todos los actores y agentes de la sociedad. No es para un club selecto que se dice profesional y sobre los que recae la vida de millones personas y de toda la trama de la vida existente en los territorios.  

¿Cómo frenar esta insustentabilidad? ¿Cómo comprometer a todos los agentes y actores sociales en el camino de la responsabilidad ambiental y con la vida? ¿Es posible un modelo urbano distinto y que ponga contrapeso a la injerencia de los especuladores, corruptos, clientelistas y depredadores de la naturaleza? ¿Cómo transitar de la sostenibilidad débil y de papel mojado a una sustentabilidad fuerte y profunda?



viernes, 9 de marzo de 2018

SEGUNDO AVISO A LA HUMANIDAD


SEGUNDO AVISO A LA HUMANIDAD

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales


En noviembre de 1992, la Unión de Científicos Preocupados lanzó el primer documento titulado Advertencia a la humanidad de los científicos del mundo”. Texto que se puede ubicar en el siguiente link: (http://actionbioscience.org/esp/ambiente/worldscientists.html). 

En este documento se indicaba textualmente que: Los seres humanos y el mundo natural se encuentran en rumbo a una colisión. Las actividades humanas infligen daños severos y a menudo irreparables al medio ambiente y a los recursos críticos. Muchas de nuestras prácticas actuales, si no son controladas, ponen en riesgo al futuro que todos deseamos tanto para la sociedad humana como para los reinos de las plantas y de los animales, posiblemente alterando al mundo viviente en forma tal que será imposible sostener a la vida en la manera como ahora conocemos. Es urgente llevar a cabo cambios fundamentales si queremos evitar la colisión que nuestro curso actual nos va a traer” (American Institute of Biological Sciences, 1992, p. 2).

25 años después, en 2017, apareció un segundo documento conocido como el segundo aviso “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad: un segundo aviso [1] firmado por  William J. Ripple, Christopher Wolf, Thomas M. Newsome, Mauro Galetti, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud, William F. Laurance y 15,364 científicos de 184 países (http://www.abc.es/ciencia/abci-segunda-advertencia-humanidad-estudio-arrasa-201803072041_noticia.html).

En éste nuevo manifiesto se dice que a pesar de las advertencias hechas a lo largo de los últimos años, la situación ambiental del planeta está empeorando. Es dramática la situación del cambio climático, la deforestación, la extinción de especies, la falta de agua dulce y el crecimiento de la población. El informe señala: “Estamos poniendo en peligro nuestro futuro al no frenar nuestro consumo material intenso pero geográficamente y demográficamente desigual y al no percibir el rápido y continuo crecimiento de la población como un motor primario detrás de muchas amenazas ecológicas e incluso sociales (Crist et al.2017).” (pág. 1026). Hacen un llamado para que “los científicos, los medios influyentes y los ciudadanos laicos insistan  para que sus gobiernos tomen medidas inmediatas como un imperativo moral para las generaciones actuales y futuras de seres humanos y otras formas de vida.” (pág. 1026).

Al compartir este segundo aviso de los científicos al mundo,  uno mis colegas profesores del Doctorado me ofreció una contundente, sabia y concreta reflexión: “el texto confirma muchas cosas y cifras que de alguna forma ya conocemos […] sigue resultando sorprendente, por decir lo menos, cómo en el camino de tan solo 2.400 años de “civilización” occidental, nosotros los seres humanos nos desconectamos del Ser y su revelación (Aletheia), y también dejamos de lado la búsqueda de la excelencia como humanos (Arethé). No resulta sorprendente que los clásicos y el saber ancestral estén siendo revisitados hoy en búsqueda de respuestas, al menos consoladoras, para esta crisis que a todas luces es nuestra única y exclusiva responsabilidad como especie consciente y “libre”." (Mensaje del profesor M. Peña).

Mensaje muy interesante porque nos invita a pensar que la especie humana no sale de su letargo, del encantamiento, de la somnolencia que le produce todo el entretenimiento que le ofrece, sobre todo hoy en día, el mundo corporativo en el marco de una sociedad altamente consumista.  Al parecer, aún pesa sobre la especie humana acciones de gran irresponsabilidad con respecto a los efectos de sus prácticas humanas en un planeta que es frágil y limitado. No es posible seguir creciendo económicamente en un planeta que tiene límites.

Estamos ante un sistema económico y político que desvía la atención de los humanos -de los temas verdaderamente importantes y sobre los que se debe tomar conciencia-, hacia las cuestiones banales, del interés corporativo y compulsivo consumista. Como precisamente lo dice el profesor Peña, nos desconectamos del ser y dejamos de lado la búsqueda de la excelencia como humanos.

No se puede confundir la excelencia que como especie humana se debe alcanzar en la trama de la vida del sistema planetario, con la “excelencia” que exige la sociedad del capitalismo a cada uno de los individuos y que privilegia las relaciones del Desarrollo, de los Flujos de Capital, de la Acumulación, de la Calidad y de la Competitividad.  No se puede ocultar la realidad que vive el planeta en términos ambientales y ecológicos con la fantasía, los velos y los engaños que produce la sociedad del dominio corporativo y financiero. Grupos que ejercen gran poder glolocal, que se han dado en construir entre los seres humanos un imaginario de sociedad altamente productiva, tecnologizada y sustentada en un mercado lingüístico enfocado en conceptos tales como la ganancia, la competencia, el éxito, la fama y la fortuna.

Es necesario retomar el rumbo de la humildad de especie como parte de la trama de la vida en un planeta que como la Tierra, albergó los humanos y toda la diversidad de especies y de la inmensidad de las formas de vida. Los seres humanos no somos el centro del universo. El planeta Tierra no necesita de la especie humana pero, sin duda alguna, la especie humana si necesita de las excelentes condiciones que le ofrece todo el sistema planetario para poder vivir y proyectarse en el universo.


[1] En inglés: “World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice”

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ciudad Desbordada: asentamientos informales en Santiago de Cali
Autores: Hernando Uribe Castro, Germán Ayala Osorio y Carmen Jimena Holguín
El fenómeno de los asentamientos informales localizados en el dique (jarillón) del Río Cauca en la ciudad de Santiago de Cali (Colombia), se puede comprender como una expresión de una lucha social entre agentes del Estado, del sector privado y los pobladores (comunidades) en el marco de la construcción de la ciudad capitalista. Éste es un fenómeno histórico (por tanto cambiante y dinámico), complejo y sistémico que  involucra dimensiones sociales, políticas, económicas, ambientales y culturales. Por tanto, el abordaje de éste fenómeno exigió de miradas interdisciplinares.


Este libro, recrea el anterior fenómeno a partir de dos estudios de caso en las comunidades de Los Samanes del Cauca y Navarro. Es un trabajo académico que recurre a la investigación documental, el estudio el caso, los datos agregados y las narrativas de los pobladores.