Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


viernes, 19 de mayo de 2017

CALI Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Cali y el cambio climático

Por
Hernando Uribe Castro
Ph.D. en Ciencias Ambientales

Es evidente que Santiago de Cali no está preparada para afrontar las fuerzas que imponen los efectos del cambio y la variabilidad climática. Se suma a ello, el hecho de que Cali es una ciudad planeada más desde los escritorios de los tecnócratas y desde los intereses de una elite económica y política que se interesó profundamente en cómo hacer riqueza con el mercado de tierra y la expansión urbana, y muy poco en cómo aportar a la construcción de una ciudad acorde a las características propias del territorio y sus ecosistemas.

La ciudad fue construida sobre zonas de humedales, lagos y ciénagas que fueron intervenidas con obras llevadas a cabo por las instituciones en nombre del Estado para sacar una renta y beneficio económico a la tierra. Por ejemplo, la línea del jarillón se construyó junto a la orilla del río canalizando de este modo el caudal del río Cauca e interviniendo la comunicación entre ésta y su zona de inundación. El papel que cumplían los humedales, lagos y ciénagas era precisamente el de ser espacios de control del desbordamiento del afluente y de sus tributarios.

Toda la parte de Cali, desde la línea del ferrocarril (entre las calles 25 y 26) hacia el oriente debió ser una zona de amortiguamiento para la dinámica de inundación del río Cauca y no un área de expansión urbana. Esto había quedado muy claro en la formulación del Plan Piloto de los años 40. Plan que por supuesto no fue llevado a cabo en su totalidad porque primaron más los intereses  por fomentar y ejecutar el Plan Lilienthal que diseñó el valle geográfico del río Cauca a imagen y semejanza del Plan Teneesse en Estados Unidos con el que se pretendía beneficiar un sector agrícola y agroindustrial. En el marco de este Plan Lilienthal, se ejecutó el Plan Aguablanca para la ciudad de Cali. Con el Plan Aguablanca, las áreas de inundación, aquellas en donde estaba el gran sistema del sector, se incorporaron como tierras para la expansión urbana desecando y rellenando este inmenso sistema de humedales.

A esto se debe agregar que las elites, al negociar el valor de la tierra, no prestaron tampoco una atención a las cuencas hidrográficas que bajaban desde los Farallones de Cali en la Cordillera Occidental hacia el río Cauca. Muchos de estos ríos fueron canalizados (como Cañaveralejo, Meléndez y Lilí). El Cañaveralejo llevó la peor parte pues fue convertido en canal de aguas residuales y unido a los otros dos ríos (Meléndez y Lilí) mediante un canal de intercepción en el sur. No es raro pues, que ahora estos afluentes puedan recobrar su memoria y producir los estragos sociales que se han venido construyendo por largos años debido a que sus áreas de inundación fueron urbanizadas.

Las autoridades nunca controlaron el proceso expansivo de urbanizaciones legales e ilegales hacia las zonas de ladera, así como en el oriente, incluso en la línea del jarillón. Hoy en las zonas de ladera habitan innumerables familias (de estratos socioeconómicos altos, medios y bajos) que corren gran peligro ante posibles deslizamientos por las intensas lluvias producidas por los efectos del fenómeno de La Niña, así como por la pérdida del bosque, el aumento de la erosión y los incendios forestales. Se construyó así la posibilidad inminente de un riesgo social de gran envergadura ante un cambio climático cuyos efectos se van haciendo más fuertes con el pasar del tiempo. Lo que se ha visto de estos efectos en la ciudad de Cali todavía es poco para lo que en términos de variabilidad y cambio se prevee, viene para el futuro.

Lo que se observa es que las acciones del gobierno local y nacional actúan sobre los acontecimientos ya producidos y no sobre la capacidad de evitarlos y/o prevenirlos. Los recursos que se asignan para la atención por desastres en Colombia es inmensa y esto se convierte en un botín muy importante para agentes y funcionarios corruptos que se aprovechan de que las cosas sigan así.

Los lugares de la ciudad y sus zonas adyacentes que desde tiempo atrás venían presentando problemas por inundaciones (en temporadas de fuertes lluvias) o de incendios (en temporadas de fuerte sequía) continúan presentando estos problemas a pesar de que se han detectado desde hace mucho tiempo. El caso de las inundaciones en Juanchito sobre el río Cauca se repite cada vez que aparecen las famosas “Olas invernales”. La población ha vivido inundaciones desde hace mucho tiempo, y se hacen más fuertes en el presente. Lo peor de esta situación, es que estos lugares se verán cada día más afectados por la fuerza del cambio climático. Otros lugares en donde no se vislumbraban problemas relacionados con estos impactos, hoy ya se están viendo afectados. Por ejemplo, las inundaciones en sectores como El Templete, El Panamericano y la Autopista Suroriental.

Falta mucho para que Cali sea una ciudad adaptada al cambio climático. Falta mucho para que los políticos que toman decisiones se den cuenta de la prioridad que implica el cambio y la variabilidad climática en la agenda pública. Los políticos y tomadores de decisión todavía creen que los estragos que se presentan en las ciudades y en diferentes zonas del país son hechos aislados, porque no ven (o no quieren ver) que todo esto hace parte de la dinámica del sistema natural. El crecimiento agigantado de Cali no respetó las condiciones de la Naturaleza y esta misma Naturaleza le está pasando cuenta de cobro ya a la ciudad.

Infortunadamente, ante este panorama desolador, la población termina dolida por las víctimas humanas y las pérdidas materiales. Población que regularmente se corresponde con los grupos sociales que han sido empobrecidos y marginalizados. Pero ya se está observando que los efectos se empiezan a sentir en toda la población, indistintamente de su clase social.

En términos concretos: la generación de los desastres por inundación en el valle geográfico del río Cauca, y en Cali en especial, obedecen al pésimo diseño y ordenamiento del territorio que desde las primeras décadas del siglo XX, hasta el presente, han llevado a cabo los agentes privados del capital agrícola y agroindustrial, así como los agentes del Estado sobre este territorio. El agua del río Cauca recupera su memoria. La acción humana irresponsable ha participado también de la producción acelerada del cambio climático

Ante este panorama, las comunidades locales, la academia y los movimientos sociales, así como la sociedad civil en general, tienen un importante papel por desempeñar. No solo como dinamizadores de las discusiones. También como demandantes de políticas públicas claras y transparentes antes las instituciones de los organismos competentes. Del mismo modo, como diseñadores que participan y proponen en la toma de decisiones de los futuros escenarios y de las posibles soluciones a tan agigantado problema.



martes, 25 de abril de 2017

CALI, CIUDAD DE RETAZOS Y DE JARILLONES

Cali, ciudad de retazos y de jarillones

Por
Hernando Uribe Castro
Ph.D. en Ciencias Ambientales

Santiago de Cali se puede considerar una ciudad de retazos, así como una ciudad de jarillones.

Primero. Cali es, urbanísticamente, una ciudad de retazos. En ella, las huellas arquitectónicas de su pasado indígena, aldeano colonial y republicano fueron borradas casi por completo por la mano de los agentes de la inversión inmobiliaria y de los gobiernos locales, quienes desde las administraciones no le prestaron atención al inmenso valor del capital histórico y simbólico de los espacios legados de épocas anteriores.

La ciudad tradicional poco a poco se fue desvaneciendo ante la mirada de todos sus pobladores. La penetración de las lógicas territoriales del capitalismo, su financiarización y la sobreacumulación desenfrenada de los agentes que hicieron inversiones para aumentar su capital con el mercado del suelo, llevaron a un crecimiento urbano ilimitado que hizo alargar sus tentáculos hacia las zonas ejidales, de expansión y áreas no apropiadas para el crecimiento urbano.

La urbanización privada jalonó la ciudad hacia zonas altamente vulnerables por sismos e inundación. Además de ello, produjo segregación urbana, marginación y exclusión social. Incluso, la ciudad en la actualidad presenta una alta demanda de agua para abastecer a la creciente población que compra viviendas a altos costos financieros en el sur y en el occidente. Esta alta demanda conduce a que el agua se convierta en el foco de lucha entre los agentes privados (que ven en el agua un recurso capital que garantiza las ventas de su negocio) y los ciudadanos (que valoran el agua como un derecho humano fundamental y democrático).

A ello se suma que la plataforma natural sobre la que se construyó la ciudad fue intervenida definitivamente para abrir espacio al cemento, al ladrillo y al asfalto. Sus distintos ríos desaparecieron, sus bosques fueron talados, sus humedales desecados para dar paso a la dinámica urbanizadora moderna. Los tentáculos de la urbanización (legal e ilegal) se ramificaron por distintas áreas, tanto en la zona plana como en las zonas de ladera.

Los datos del documento "Cali en Cifras" de la Oficina de Planeación del 2015 expresan que en el área urbana de la ciudad existía un total de 288 barrios aprobados y 88 urbanizaciones y/o sectores. El número de barrios y urbanizaciones y/o sectores es desigual en las comunas. Por ejemplo, mientras que en las Comunas No. 19 y No. 2 existen 32 y 24 barrios respectivamente, otras Comunas como la No. 1 y la No. 22 tienen 4 y 5 barrios respectivamente.

A las Comunas localizadas en el oriente y en las zonas de ladera se les debe sumar los asentamientos informales existentes. Por ejemplo, según informe de la Alcaldía en toda la ciudad de Cali en 2010 se contabilizaban 66 asentamientos informales (informe de Alcaldía de Cali, 2010) y en 2015, en el "Informe Seguimiento al Plan Jarillón de Cali PJC", de la Procuraduría General de la Nación y de la Personería Municipal de Santiago de Cali, señala que sólo en el jarillón del río Cauca (sin contar con los existentes en la Laguna de Charco Azul y el Pondaje, ni los que existen en las zonas de ladera) existían por lo menos unos 26 asentamientos informales con aproximadamente 8.777 viviendas. Crecen las urbanizaciones legales en la ciudad y crecen también los asentamientos informales. A la par que la ciudad crece hacia el sur, también los asentamientos informales se van extendiendo hacia esta zona tanto en las zonas de ladera como en las zonas orientales planas.

Segundo. Hoy, Cali también es la ciudad de los jarillones: una ciudad, cuyos agentes de Estado (que provienen o pertenecen al mundo de los privados) construyeron por todos lados jarillones para canalizar los ríos: diques en el río Cauca, en el Cali, en Lilí, en el Cañaveralejo y en el Meléndez. Diques para que sus áreas de inundación fueran aprovechadas por los agentes privados e inmobiliarios e integradas como áreas para la construcción de viviendas.

Edificios de apartamentos junto al río Lili en Cali
Foto: Luis Hernando Hidalgo. Edición: Hernando Uribe Castro
Se permitió vivir a muchas familias en zonas de alto riesgo. De ese modo, se capitalizó el espacio de protección hídrica en beneficio del lucro con la construcción y venta de viviendas en barrios, urbanizaciones en conjuntos cerrados y edificios de apartamentos de 5 y más pisos. De este modo, se presentó y se continuará presentando, por lo tanto, una acumulación por despojo de los espacios de la naturaleza. 

Las entidades del Estado del control han quedado rezagadas y atadas a las fuerzas de incidencia política en los espacios de decisión de parte de los agentes privados inmobiliarios, quienes parecen tener una mayor fuerza a la hora de tomar cartas en cuanto a la planeación y el ordenamiento de la ciudad.

La sociedad civil, algunos entes del Estado y la academia se han visto desplazados de estos espacios. El poder de los agentes privados, cuya razón de ser es la acumulación incesante en beneficio propio, parecen haber eclipsado el actuar de los actores sociales comprometidos con la construcción de una ciudad que debe plasmar la democratización del espacio, de los elementos de la naturaleza y de la inclusión de sus ciudadanos. Se tiene y se hace de la ciudad del hoy, un espacio para agrandar y garantizar el negocio y no una ciudad para el derecho de vivir de sus pobladores en armonía con la naturaleza.


Como se puede observar, todos estos retazos y fragmentos de espacio y de historias, están relacionados con todo: agua, urbanización, infraestructuras, actores sociales, agentes privados y de Estado. Entender la ciudad es entenderla como un sistema, como un metabolismo social, como un campo de luchas y de intereses.

miércoles, 22 de marzo de 2017

DIVERSIDAD PLANETARIA VS. GLOBALIZACIÓN

Diversidad planetaria vs. Globalización

Por:
Hernando Uribe Castro
Ph.D. (c) en Ciencias Ambientales

La Tierra es un planeta con aproximadamente 4.600 millones de años. Luego de pasar por sucesivos periodos y procesos, logró establecer las condiciones exactas para la formación y difusión de la vida, cuya principal característica fue la presencia de una diversidad. La ciencia demuestra cómo el planeta se reinventó de modo constante en el camino de su evolución, pues presenció momentos de gran riqueza y diversidad así como momentos de increíbles extinciones. A pesar de ello, la Tierra se recuperó y volvió a consolidar la riqueza natural de su biosfera.

Pasó mucho tiempo entre los inicios de la Tierra y la aparición de las primeras especies que dieron como resultado la especie humana, hace tal vez doscientos mil años. La especie humana se distribuyó por distintas áreas, pobló distintas regiones adaptándose y adaptando diversos contextos geográficos. La difusión de esta especie, produjo una diversidad de entornos, así como la domesticación de animales y de plantas. Produjo a lo largo de su proceso civilizatorio una importante diversidad cultural (lenguajes, grupos y culturas) y una diversidad de paisajes. La humanidad transformó ecosistemas, plantó bosques, domesticó el fuego y buscó por todos los medios controlar el agua. En éste proceso civilizatorio el ingenio, el aprovechamiento y la constante creación fueron especiales. La producción de la diversidad expresó la proliferación de la experiencia de la vida y la capacidad creativa adaptativa a unas difíciles condiciones planetarias. Y así estuvo por mucho tiempo.

Con el pasar del tiempo y más recientemente, la actividad humana sobrepasó los límites del planeta. Con la globalización, esa diversidad entró en crisis, pues los agentes dinamizadores de las corporaciones globales, motores de esta globalización y principales beneficiados de las ganancias económicas producidas, pusieron en amenaza no solo la diversidad de la especie humana (imponiendo un lenguaje, destruyendo comunidades aborígenes e instaurando prácticas, gustos y productos globales a lo largo y ancho del planeta), sino también la diversidad de todas las especies y de la trama de la vida en general. Según datos de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza, muchas especies están desapareciendo por causa del modelo de sociedad global antes de que se pueda tan siquiera describir. En 2014, se consideraban algo más de 22.413 especies en vía de extinción por causa de la especie humana sobre la dinámica del planeta. Según Greenpeace por causa del aumento de la temperatura en el agua, los arrecifes se cocinan vivos; este incremento produjo la muerte de dos tercios de los corales en 2016. Y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó el 2016 como el año que batió records en aumento de temperatura global.

Los agentes en nombre de las corporaciones y los Estados, por afán de lucro, produjeron guerras, deforestaron bosques, desecaron lagos, intervinieron los ríos, bombardearon zonas de riqueza arqueológica y natural, aportaron en la construcción de urbes, perforaron el subsuelo y extrajeron su sangre, e incluso, controlaron la mente de los humanos bajo la idea del Desarrollo y el crecimiento económico. Con la expansión de grandes zonas de cultivos agroindustriales, transgénicos, urbanizaciones y destrucción de selvas, bosques y costas, impusieron un estilo de vida humano globalizante como único y posible sobre la faz de la Tierra. Una vida humana que, geológicamente, dejó huella como estrato en la corteza terrestre: el antropoceno.

La urbanización, las tecnologías, las redes de información no solo globalizaron cada punto en la tierra sino que además intensificaron el uso de recursos naturales: por ejemplo, Soroa (2014), explica que para producir "Un microchip de 2 gr requiere, para su fabricación, 72 gr de productos químicos, 20 litros de agua, y el equivalente a 1,2 kg de combustibles fósiles en consumo energético, además de generar 17 kg de aguas residuales y 7,8 kg de desechos sólidos, junto a toda una serie de emisiones tóxicas a la atmósfera. El análisis del ciclo de vida de un microchip sintetiza en definitiva un proceso a todas luces paradójico y a la vez revelador: mientras progreso tecnológico avanza hacia una miniaturización de los dispositivos electrónicos, el impacto ambiental de los mismos se acrecienta." (p. 5-6).

A los ecosistemas se les asignó un valor económico y un papel para la producción de riqueza con la extracción de sus recursos para alimentar la dinámica de la agricultura, la industria, el comercio y el turismo. El mercado pone al consumidor productos que controlan comportamientos, gustos y pensamientos. Una estrategia que al entretener, homogeniza. Muere así la diversidad.

Las Corporaciones, sus agentes e instituciones, profundizaron las idea aquella que, proveniente del pasado, pretendían hacer de la especie humana el centro del universo. Una especie arrogante, ego y antropocentrista. Hicieron olvidar que como especie humana goza de los mismos derechos de las otras innumerables especies que habitan este planeta. Produjeron en la especie humana lo que se podría denominar como un alzhaimer colectivo y al parecer, han logrado “anestesiar” a cada individuo para no sentir el daño que se le produce a la naturaleza. La memoria biocultural (Toledo y Barrera-Bassols, 2014) de la especie se encuentra moribunda.

Frente a esta homogenización y accionar corporativo, resultan respuestas de comunidades en distintas partes del mundo por la defensa de la naturaleza, de la diversidad y por un mundo distinto. Comunidades localizadas en distintas geografías trabajan día a día por prácticas agroecológicas con el objetivo de recuperar la soberanía alimentaria. Defensoras de los territorios han dado su vida por confrontar los megaproyectos.

No obstante, muchos seres humanos, aun encantados, hipnotizados por el estilo de vida globalizador, niegan estos efectos, se sumergen cada vez más en los procesos homogeneizadores y no desean saber que además de ellos, el planeta Tierra cobija algo. Seres humanos que no tienen interés en conocer más sobre su mundo, pues siendo presas de las tecnologías y las redes informáticas, así como de la avaricia por el dinero y la seducción del entretenimiento, viven su día entero en un mundo virtual (como lejano) con sus ojos pegados a celulares y todo tipo de dispositivos, sin saber que el aire que respira, el agua que bebe y el piso que lo sostiene son dados por este gran Planeta.
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Bibliografía:
Soroa, J. B. (2014). Lo pequeño no es tan hermoso... ni tan ecológico. Boletín ECOS Nº 25 - Diciembre 2013- Febrero 2014 .
Toledo, V. M.,  Narciso Barrera-Bassols. (2014). La memoria biocultural. la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Popayán: Universidad del Cauca.

viernes, 10 de febrero de 2017

AGUA

Agua

Por
Hernando Uribe Castro
Candidato a doctor en Ciencias Ambientales y magíster en sociología
Miembro del CIER y Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Hernando Uribe Castro en trabajo de campo en
el Humedal Madre Vieja Videles.
Foto: Jonathan Rodríguez, 2017.
El agua, así como el oxígeno y la tierra, es un elemento central de la compleja trama de la vida en la biosfera; una sustancia cuyas características deslumbran, impactan y maravillan a quienes se dedican a su estudio. Sus propiedades son particulares y cada día la ciencia descubre nuevas. 

La ciencia dice que el agua se concentró en la superficie del planeta, aproximadamente 4.600 millones de años, debido a la lluvia de meteoritos cuyas partículas poseían cristales de agua. También por el vapor que salía de los cráteres desde el interior. Bellas historias y mitos existen en la memoria y en la tradición de los pueblos y grupos humanos al rededor de todo el mundo con respecto al origen del agua y de sus propiedades.

Ciencia y mitos coinciden al considerar el agua como un ingrediente importante para el surgimiento de la vida. Ella ha repetido de forma natural e incesante su ciclo a lo largo del tiempo geológico. Las distintas especies que habitan esta casa común dependen de ella, no solo del agua que está por fuera de sus cuerpos sino también por la cantidad que los compone (70%).  Desafortunadamente, las prácticas humanas han hecho un uso indebido, intenso y desmedido al afectar su ciclo natural. Estos usos sociales inadecuados del agua producen valores alarmantes de destrucción de las fuentes y caudales. Lluvia, ríos, lagos, océanos y pozos son afectados por la alta tasa de contaminantes utilizados para actividades agrícolas, mineras, ganaderas, industriales y comerciales. Para descontaminarla y volverla potable, algunas sociedades inyectan gran cantidad de químicos que son nocivos para la compleja trama de la vida.

Las estimaciones de agua existentes en la Tierra indican que ésta posee un volumen de 1.400 millones de kilómetros cúbicos (Km3). De estos, el 97,2% es agua salada y el 2,8%, (35 millones de km3), es agua dulce (Duarte, 2006:36). El agua dulce se distribuye así: glaciares (69.7%), subterránea (30%) y superficial (0.3%) (Boggiano, 2013). A partir de la segunda mitad del siglo XX, el consumo de agua en los países industrializados se multiplicó por cinco (5) y la Organización Meteorológica Mundial calcula que hacia el 2025 dos tercios de la humanidad vivirá en “Estrés hídrico” (Sempere y Riechman, 2004).

Según indica el Informe de las Naciones Unidas sobre los Recursos Hídricos en el Mundo “La demanda mundial de agua está muy condicionada por el crecimiento demográfico, la urbanización, las políticas de seguridad alimentaria y energética y los procesos macroeconómicos como la globalización del comercio, los cambios en la alimentación y el aumento del consumo. Se prevé que la demanda mundial de agua aumente un 55% en 2050, debido principalmente a las crecientes necesidades de la industria, la producción térmica de electricidad y el uso doméstico” (2015:3).

El 9 de febrero de 2017, el marcador de población mundial contabilizaba 7.496.306 500 personas. El Banco Mundial estimó que en el 2015, el 53,8% de la población era urbana. El Word Economics señaló que entre 1960 a 2012, el producto interior bruto mundial aumentó un promedio de un 3,5% (World Economics, 2014). La UNESCO señaló que este crecimiento ha tenido un coste social y ambiental significativo pero además implicó una mayor demanda de agua dulce. Por ello, esta entidad prevé que “en 2030 el mundo tendrá que enfrentarse a un déficit mundial del 40% de agua (2030 WRG, 2009). El Programa Mundial de Alimentos estima que alrededor de 795​ millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos.

Algunas corporaciones globales y elites políticas que tienen la capacidad de decidir sobre los pueblos, se han dado en la tarea de usufructuar el agua en beneficio propio. Sacarle rentabilidad al convertirla en una mercancía para producir acumulación de capital.

En Colombia (sin mencionar el caso de la Guajira, el Casanare u otras regiones), y de modo particular en el valle geográfico del río Cauca, la situación del agua es crítica. El documento CONPES 3624 señala que el río Cauca es la principal arteria fluvial del occidente colombiano. Señala que en el Valle del Cauca “el 75 % del consumo de agua se destina para uso agrícola, seguido por un 14 % para uso industrial y un 9% para uso doméstico” (CONPES, 2009:9). A pesar de esta inequidad, y cuando se presentan temporadas de sequía, las autoridades dirigen las políticas de racionamiento hacia el uso doméstico.

El Decreto número 1729 de 2002, artículo 4, punto 3, establece que “En la utilización de los recursos hídricos, el consumo humano tendrá prioridad sobre cualquier otro uso y deberá ser tenido en cuenta en la ordenación de la respectiva cuenca hidrográfica.” Y en el punto 4 establece: “Prevención y control de la degradación de la cuenca, cuando existan desequilibrios físicos o químicos y ecológicos del medio natural que pongan en peligro la integridad de la misma o cualquiera de sus recursos, especialmente el hídrico”.

En la columna de opinión de F. Estrada “La pelea por el agua en el Valle del Cauca” publicada en Razón pública (febrero de 2014) decía que: “En el caso del Valle, el agua ha sido negocio para los ingenios azucareros. Considérese que para producir un kilo de caña se necesitan 1,5 metros cúbicos de agua, más 10 megajulios de energía, y los datos indican que la conversión de la agricultura tropical al monocultivo de caña de azúcar tiende a aumentar la cantidad de agua requerida.” Esta inequidad en la distribución y uso del agua ha conllevado a conflictos ambientales en distintos lugares. Por ejemplo, por más de 50 años, el corregimiento de Villagorgona en Candelaria presenció carestía de agua. Pero también Florida, Pradera y recientemente el Distrito RUT. Terratenientes e ingenios cultivadores de caña de azúcar afectaron el sistema de humedales en este territorio. En 2016, la Laguna de Sonso fue fuertemente afectada por propietarios privados.

Humedal Madre Vieja Videles en Guacarí, Valle del Cauca.
Este humedal ha sido afectado por la presencia y 
expansión de los cultivos de la caña de azúcar.
Foto: Hernando Uribe Castro, 2017.
Por su parte el Ph.D. Mario Pérez (2011) ha realizado un importante llamado, al  señalar que: “En el caso particular del agua, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), autoridad ambiental de la región, señala un alto grado de concentración del uso del recurso en actividades agrícolas, en donde se destaca el cultivo de la caña de azúcar. Esta dinámica de uso no solo ha afectado su función abastecedora, como también la calidad del recurso, destacándose dentro de ello la contaminación dispersa asociada a la actividad agrícola (herbicidas, abonos y otros vertimientos), la contaminación de origen industrial, en donde vuelve a ser importante la industria azucarera y de sus derivados (melazas y etanol), y la contaminación por fuentes domésticas” (2011:154). Concluye el profesor Pérez diciendo que: “Se hace evidente que la dinámica de uso del territorio, basado en el monocultivo cañero en el valle del río Cauca, genera una importante presión sobre el recurso hídrico, tanto en su función abastecedora como en la receptora, la cual se incrementará con las políticas de apoyo y promoción de agrocombustibles. (2011:172).

La Ph.D. Aceneth Perafán ha llevado a cabo estudios
interesantes en el Valle del Cauca sobre las implicaciones de la
caña de azúcar en los humedales de la región.
foto: Hernando Uribe Castro
El panorama de la inequidad de distribución, uso y acceso al agua fue, son y serán parte de los conflictos ambientales presentes en esta región, mientras no se vea un cambio transcendental en el modo en cómo se lleve a cabo una política de equidad y derecho del agua. Una política que haga del agua, un elemento importante para la lograr la sustentabilidad de la vida. Son las comunidades más vulnerables y marginadas, así como los ecosistemas y su biodiversidad, los que pagan el alto costo de la destrucción y el usufructo de este importante líquido.

A pesar que en Colombia existe una fortalecida política de protección del ambiente y sus ecosistemas, ésta parece quedar en “papel mojado” a la hora de llevarse a la práctica. Son las comunidades, la academia y la sociedad civil las responsables de exigir y reclamar los derechos de la vida y del ambiente, así como denunciar y demandar las acciones que conllevan a la destrucción de los ecosistemas y la afectación a sus entornos.

No se puede olvidar que para la especie humana como para el conjunto de la vida en el planeta, el agua hace parte de todas las dimensiones de la existencia.

lunes, 23 de enero de 2017

PENSANDO AMBIENTALMENTE. DE LAS CRÍTICAS AL SISTEMA A LAS POSIBILIDADES DE CAMBIO

PENSANDO AMBIENTALMENTE
DE LAS CRÍTICAS AL SISTEMA A LAS POSIBILIDADES DE CAMBIO

Por: Hernando Uribe Castro
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Foto: Cubierta del libro de Hernando Uribe Castro
(Fragmentos de la introducción)

Las páginas escritas en este libro se producen en un momento particular de mi vida que expresa, de algún modo, un desencanto por las acciones nocivas de la humanidad, contra los propios seres humanos y contra los elementos de la naturaleza. 
(...)
En una sociedad donde predomina la racionalidad impuesta por el sistema capitalista, el sentido de la vida tiende a reducirse a una cuestión meramente económica. Una racionalidad que impone el consumo, la posesión de riqueza y el lujo como únicos mecanismos que manifiestan progreso y felicidad; deja de lado los más profundos sentimientos humanos como son el amor y el sentido emocional del vivir la vida.
(...)
Este pensamiento concentra la valoración de la vida a la obra humana y descarta de raíz la naturaleza. No importa cómo y de qué modo se acumule riqueza, lo que importa es poseerla porque ello significa poseer el poder de someter la voluntad de muchos a la voluntad de unos pocos. La felicidad queda reducida a la acumulación incesante de capital y la banalidad de las cosas.
(...)
Como seguramente lo hemos pensado, para la sociedad occidental, patriarcal y profundamente religiosa, el poder sobre el acceso a la riqueza, los lujos, el licor, el consumo y la posesión de mujeres, se convierten en los principales objetos de disputa y control. Lograr esto implica construir imperios corporativos legales e ilegales con los cuales se puede alcanzar el éxito económico, el respeto y el prestigio global.

Imperios corporativos que, sobre las bases de la necesidad incesante de producción, requieren de la explotación de cantidades enormes de recursos naturales y de un número significativo de trabajadores como mano de obra barata para alcanzar sus beneficios.
(...)
Este tipo de pensamiento y acción puesto en práctica, sobre todo en el último siglo, fue instaurado sobre unas bases ideológicas que daban al ser humano como el amo y señor del mundo. 
(...)
El mundo y la totalidad de la vida quedaron reducidos entonces al devenir humano. La grandeza y majestuosidad de la naturaleza desaparecen para quedar plasmada solo en los obras de arte o como materia prima para la producción y difusión de la sociedad de consumo. 
(...)
La totalidad de la vida se reduce a la vida humana. Un sector de la humanidad aportó a ese egocentrismo de especie y las reflexiones filosóficas se encargaron de fortalecer el antropocentrismo, dominante y único. Se negó el papel de la naturaleza y se replegó a lo profundo de la escala humana. 
(...)
El mundo no se ha construido por millones de años con una complejidad y exquisita diversidad de vida, deslumbrante, para que lleguemos, la conquistemos, la transformemos y la destruyamos... 
Frente a estos valores se requiere de inmediato, de otra concepción de vida, de relaciones y tejido social y de una forma más humilde de ubicarnos en relación con la diversidad de vida del sistema viviente. Es posible impulsar las energías más profundas para mantener-se con vida este planeta y para alimentar la credibilidad en la humanidad cuando el amor emerge como campo de fuerza que se toma nuestra conciencia individual y colectiva.