Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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lunes, 10 de junio de 2019

UN ENCUENTRO CON LEFF


UN ENCUENTRO CON ENRIQUE LEFF

Por
Hernando Uribe Castro
Director
Instituto de Estudios para la Sostenibilidad

En los días del mes de mayo de 2019 -en el marco de las actividades programadas por el Instituto de Estudios para la Sostenibilidad (IEPS) de la Universidad Autónoma de Occidente-, recibimos la visita del profesor Enrique Leff, considerado por el mundo académico como uno de los autores pioneros de campos como el ecomarxismo, la ecología política latinoamericana, la sociología ambiental y la educación ambiental. Leff, presenció durante estos días varios encuentros con la comunidad de estudiantes, profesores, directivos, así como con líderes de la sociedad civil de la región y del país.

Conferencia Enrique Leff, 31 de mayo de 2019.
Ofreció en el auditorio Quincha -y en el marco de la Cátedra Valle del Cauca del IEPS-, una interesante conferencia titulada “Racionalidad ambiental: aprendiendo a vivir en las condiciones de la vida” en la que se notó la presencia de un número importante de jóvenes estudiantes interesados en escucharlo. Conferencia que no solo, fue excepcional, sino que además puso en un tono muy alto el pensamiento crítico latinoamericano y su reflexión sobre las condiciones de la vida.

Recalcó y subrayó en la conferencia –así como lo ha hecho en el conjunto de sus obras-, la idea aquella de que la crisis ambiental es una crisis social y de conocimiento. Una crisis producida por la lógica de la modernidad y del olvido que produjo el campo de la producción científica, sobre todo las ciencias sociales, de las cuestiones de la naturaleza. Los llamados que se han venido haciendo desde los pueblos, la Pachamama, los conflictos socioambientales, el grito de la tierra y el pensamiento ambiental, no solo sacudieron las bases de la ciencia moderna, sino que además han cuestionado las certezas con la que la modernidad impuso el ideal de progreso, de desarrollo, de un mundo mejor construido desde la razón instrumental científica y desde la racionalidad económica basada en la lógica del capital.

Para Leff, algo pasó con el pensamiento humano, con su sensibilidad y emocionalidad, para que tomara distancia y se alejara, olvidara, de lo que él denomina “la inmanencia y el sentido de la vida”, dejando al ejercicio del poder corporativo y del mercado, el sometimiento de la naturaleza y de la “muerte entrópica del planeta”. La naturaleza en esa lógica del capitalismo, no es más que un recurso indispensable para la producción. Y ha sido la dinámica del capitalismo, lo que ha producido con mayor fuerza las condiciones para que la crisis ambiental planetaria llegara la situación en que se encuentra hoy.

Según Leff, más que plantear un Antropoceno (que es precisamente el largo periodo de los efectos de la presencia humana en el planeta), lo que el mundo evidencia hoy está más aproximado a un Capitaloceno (donde las lógicas del capital y la modernidad, han producido unos efectos ambientales más pronunciados, profundos y casi irreversibles sobre la faz del planeta).

La especie humana debe retomar el sentido y la inmanencia de la vida. Despojarse del egocentrismo de especie, sacudirse del reduccionismo de la racionalidad de la modernidad, y enfrentar los retos por resistir y re-existir en la idea de transitar hacia un buen vivir. Esto es un aprender a vivir en las condiciones de la vida.

jueves, 30 de mayo de 2019

ENRIQUE LEFF Y HERNANDO URIBE CASTRO

ENRIQUE LEFF Y HERNANDO URIBE CASTRO. SEMINARIO SOBRE RACIONALIDAD AMBIENTAL, INSTITUTO DE ESTUDIOS PARA LA SOSTENIBILIDAD

Enrique Leff y Hernando Uribe Castro, mayo 29 de 2019. 
Seminario sobre Racionalidad Ambiental
Instituto de Estudios para la Sostenibilidad
Universidad Autónoma de Occidente

sábado, 18 de mayo de 2019

EN DEFENSA DEL HUMEDAL EL CORTIJO, CALI-COLOMBIA


EN DEFENSA DEL HUMEDAL EL CORTIJO EN EL VALLE SAGRADO DEL LILI,
CALI-COLOMBIA

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
Director Instituto de Estudios para la Sostenibilidad

El crecimiento exponencial de la ciudad de Cali ha conllevado a que, día tras día, se integren zonas de ecosistemas estratégicos a procesos de urbanización y al mercado del suelo urbano. En algunas ocasiones, estos procesos se han realizado sin el control de la autoridad ambiental, o en su defecto, con su autorización. El humedal El Cortijo -localizado en la ciudad de Santiago de Cali- es un ecosistema estratégico propio de la dinámica natural del río Lili y su relicto de bosque seco tropical.

Río Lili a su paso por el humedal El Cortijo
Foto: Hernando Uribe Castro, 26 de abril de 2019
Lo que enfrenta este humedal es un claro ejemplo del segundo caso, es decir, en donde las autoridades ambientales otorgaron los permisos y dieron las autorizaciones correspondientes para la realización de las obras en el desarrollo del Proyecto Terminal de Cabecera Sur y su conexión troncal ubicada en el municipio de Cali, Valle del Cauca. Una de ellas, mediante Resolución 0710 No. 0712-001258 de diciembre 30 de 2016. (Procuraduría General de la Nación y Personería de Santiago de Cali, 2018).

Es interesante preguntarse ¿cómo fue posible que, precisamente, las entidades encargadas de velar por la protección, conservación de los elementos de la naturaleza y sus ecosistemas estratégicos de la ciudad de Cali y del Alto valle del río Cauca, autorizaran la ocupación del cauce y las obras hidráulicas en un ecosistema estratégico de la ciudad de Cali como lo es el Humedal El Cortijo, en un contexto glolocal donde cada relicto de bosque y de humedal se convierten en lugares sagrados que aportan a la sustentabilidad de la vida y una esperanza para afrontar los embates de un cambio climático acelerado por la irresponsabilidad del capitalismo y que llegó con fuerza para eliminar todo rastro de vida planetaria?

¿Cómo comprender que esto suceda en un país que se jacta de poseer un amplio marco normativo que protege los humedales y demás ecosistemas estratégicos para la mitigación del cambio climático? ¿De qué sirve la Ley 357 de 1997, la Política Nacional para los Humedales Interiores de Colombia, la Resolución 157 de 2004 y 196 de 2006 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, cuando acontecen hechos como el del Humedal El Cortijo y de los demás ecosistemas ya eliminados del territorio?

Las comunidades y grupos organizados de vecinos, así como las comunidades ancestrales habitantes de estos lugares han dado la lucha, han paralizado las obras y han puesto las respectivas denuncias ante la Procuraduría, la Contraloría, la Personería y demás entes encargados de velar por el que los agentes de Estado cumplan con lo estipulado en el marco constitucional colombiano.

Fue a través de la “Acción Preventiva Conjunta” de la Procuraduría General de la Nación y la Personería de Santiago de Cali -y no la autoridad ambiental local y regional del Valle del Cauca-, la que ordenó la suspensión de los desarrollos de la obra hasta tanto no tener la valoración técnica de la Universidad del Valle. 

¿Cómo es posible que entidades como las ambientales -municipales y regionales-, una de ellas fundada desde 1954, no haya reconocido en casi 65 años de vida, este humedal y los otros ecosistemas que infortunadamente ya fueron aniquilados por el monopolio agroindustrial cañero, la "geofagia" urbanizadora y la avaricia de terratenientes y mineros que arrasan con cada centímetro de las tierras y suelos del Valle del Cauca?

Pienso que las autoridades ambientales (local, departamental, regional y nacional) le deben una clara explicación a la sociedad vallecaucana y, en general, a la sociedad colombiana con respecto a su proceder, en esté y en los demás casos por permitir que se presentaran las afectaciones socioambientales a los ecosistemas estratégicos del Valle del Cauca.

También pienso que la comunidad, grupos de vecinos y comunidades ancestrales ya son victoriosos en este caso en la medida en que no solo han logrado detener el monstruo del mundo corporativo que atenta contra los bienes de la naturaleza, sino que también han logrado desenmascarar el débil y, a veces, falso ambientalismo y ecologismo que dicen poseer las autoridades ambientales de la ciudad, la región y el país. Entidades que hablan de vida, sostenibilidad y del mundo verde, pero cuyas acciones evidencian que han permitido la eliminación de los ecosistemas estratégicos y que además, han sido muy débiles y negligentes a la hora de enfrentar los grupos económicos que atentan contra los bienes y elementos de la naturaleza de este territorio.

La victoria total estaría en que se logre proteger en su integridad el Humedal El Cortijo como espacio de vida, de conexiones vitales y como ecosistema estratégico ante el Cambio Climático.

Lo que ha logrado la comunidad del Valle Sagrado del Lili es, desde ya mismo, un caso ejemplar para otras comunidades que también enfrentan los estragos de este mundo corporativo, desarrollista y extractivista que elimina todo indicio de vida por el afán de lucro y de acumulación incesante de capital.

Referencias bibliográficas:

-       El País. (2017). Construcción de terminal del MÍO genera discordia. pág. A8. 1 de julio de 2017.

-      El País. (2017). La difícil tarea de ejecutar grandes obras en el sur de Cali. pág. A2. 16 de Julio de 2017

-     El País. (2018). “Consejo de Estado ordena suspender temporalmente obras del Terminal Sur del MÍO”. Publicado el 30 de mayo de 2018.

-       El País. (9 de Julio de 2017). Los puntos de discordia por Terminal Sur del Mio. pág. A2.

-   Procuraduría General de la Nación y Personería Santiago de Cali. (2018). "Acción Preventiva Conjunta". 13 de junio de 2018. República de Colombia.


viernes, 26 de abril de 2019

TALLER NUEVA CARTOGRAFÍA SOCIAL


Taller Nueva Cartografía Social
22 al 25 de abril de 2019


Taller "Nueva Cartografía Social" ofrecido por los profesores Alfredo Wagner y Rosa Acevedo del
Projeto Nova Cartografia Social da Amazônia (PNCSA) del Brasil. Campus Universidad Autónoma de Occidente. Hernando Uribe Castro, Jesús A. Flórez
Grupo de Investigación en Conflictos y Organizaciones.



martes, 16 de abril de 2019

EL PATIO DE MI CASA, ERA UN MARAVILLOSO MICROCOSMOS


EL PATIO DE MI CASA, ERA UN MARAVILLOSO MICROCOSMOS

Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

El patio de mi casa era todo un micro-ecosistema, un mundo maravilloso, un lugar que despertaba la fantasía, la creatividad y la aventura. Era un pequeño espacio (aproximadamente 73,5 metros cuadrados) que ocupaba la mitad de la casa, pero para mí -que era todavía un niño-, transitarlo era como adentrarme en una profunda e impenetrable jungla. Cada día encontraba algo nuevo, algo sorprendente. Todos sus elementos despertaban las más increíbles y maravillosas historias que podría crear en mi imaginación.

Había en este lugar en todo su centro dos gigantes árboles, uno de ellos era un guayabo al que me gustaba trepar y comer su fruta sin importarme si tenían gusanos, y otro árbol de cuyo fruto mis tías hacían el mate -que se usaba como vasija para empacar el dulce de manjar-blanco, receta propia de esta región. Rodeados estaban estos árboles con los rosales espinosos y las plantas de flores de pétalos con colores rosados y blancos. Revoloteaban entre ellas las mariposas de hermosos colores, las abejas, las avispas y los abejorros, y unos bichos brillantes que no sabría decir qué eran. Era común en casa tener las colmenas que colgaban en alguna parte.

Evoco entonces muy bien y claramente en mi memoria, los rosales, la fruta de pitahaya, las guayabas y las flores. La cocina de leña de mamá con sus ollas adornadas de tizne. Por las mañanas era cotidiano despertar con el canto y melodía de las aves y las palomas. Un gallo que canta en alguna casa vecina. En las tardes, después de la escuela, recuerdo estar acostado sobre la tierra jugando bajo la sombra y la frescura que producían sus frondosas ramas, así como también viene a mi mente el hecho de que me gustaba observar a los gusanos de cerca y a las abejas, libélulas y avispas desde lejos. A veces me topaba con sapos, ratones, babosas y lombrices de tierra. Ver el comportamiento de las hormigas y lagartijas era todo un entretenimiento.

En la noche podía ver volar a los murciélagos y las luciérnagas, así como escuchar el croar de las ranas y sapos que paseaban por la casa dando saltos sin miedo. Hasta este patio que era mi jungla, llegaba a veces el olor del paso de las vacas que pastaban en zonas abiertas muy cerca de la casa y podía ver el azul profundo del firmamento cuando entretenido veía pasar las nubes para encontrarles formas y figuras o los aviones que en la altura se veían como aves gigantes. Había tanta belleza, tanta vida, que se podía sentir la buena vibra de la naturaleza en este pequeño rincón del mundo.

Un día, alguien convenció a mis padres que tener este "monte" en la propiedad era síntomas de pobreza. Que se podía hacer un mejor uso de este inmenso solar, como por ejemplo ampliar la vivienda. Que había que ir hacia el desarrollo y el progreso con el cemento y el ladrillo. Que había que construir cada centímetro de la propiedad. Y convencidos, mis padres así lo hicieron.
  
Primero, cortaron los árboles; luego, arrancaron los rosales; después, se desyerbó cada centímetro del lugar. Se hicieron unos hoyos gigantes y se rellenaron de mezcla con cemento. Poco a poco y con el transcurrir de los años se construyeron columnas, se levantaron paredes, se puso la plancha como techo y se echó cemento y baldosas a todo el piso. De pronto todo quedó construido. Los fantasmas que habitaban este inmenso solar quedaron desubicados, ese ya no era su hogar. Como protesta, se dejan ver de vez en cuando.

Hoy, es un espacio frío, oscuro y gris, sus cuartos se alumbran incluso en el día con luz artificial y se siente la pesadez de la humedad. Nada quedó de este maravilloso mundo. Igual sucedió con las casas vecinas y con todo el barrio, pues desaparecieron las abejas y ya no volví a ver las luciérnagas. Las vacas dejaron de pasar y pastar, su aroma ya no se siente. Las aves ya no cantan, ya no se escuchan los gallos. El firmamento ya no se puede ver. El progreso llegó junto con la tristeza a este lugar.

De hecho, poco queda de lo que fue éste maravilloso lugar en las memorias de quienes los habitan hoy en día. Se han perdido por los afanes del día y por el inmisericorde y natural proceso de vejez de sus habitantes.

lunes, 15 de abril de 2019

A SEMBRAR VIDA

A sembrar vida

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Habitamos sobre tierras que son muy fértiles. Cuanto lugar en este Valle del Cauca, de tierras planas y altas montañas, puede cultivarse con todo tipo de plantas que pueden producir alimentos y recuperar la trama de la vida. Podemos recuperar corredores y cinturones de especies nativas de flora y fauna. La vida puede volver a florecer y producir más vida. Nada es imposible.

Podemos sembrar en nuestros hogares, parques y espacios abiertos, huertos, bosques y crear nichos con una diversidad de árboles y plantas con frutas, legumbres y todo tipo de semillas. El color de la naturaleza puede retoñar si tomamos la decisión y trabajamos colectivamente.

De este modo, nuestra gente, nuestros amigos y vecinos no tendrían por qué aguantar necesidades y, mucho menos, hambre. Es posible producir nuestro propio alimento y recuperar partes del paisaje que nos fue arrebatado por un modelo homogenizador de paisaje y de pensamientos. Trabajando juntos y organizados podremos lograr que nuestros espacios urbanos y rurales, tan caóticos hoy en día, tengan otro sentido. Podemos recuperar con nuestras propias manos e ideas, nuestro sustento y la belleza de los multicolores de la naturaleza que alguna vez habitaron estos senderos.

Por ejemplo: en una ciudad como Cali, en las calles podemos sembrar árboles de limones, naranjas, guamos y guayabas. En los parques públicos y con el trabajo conjunto, se pueden sembrar todo tipo de legumbres y hortalizas. Nuestros abuelos y adultos mayores nos podrían enseñar a todos, así como nos podrían colaborar en el cuidado de todo esta trabajo.

Cada familia, en cada hogar, se pueden los propios huertos en donde pueden sembrar plantas medicinales (yerbabuena, paico, matarratón, limoncillo). Recuperaríamos saberes y conocimientos ancestrales. Tendríamos una aproximación a todo este cosmos de sabiduría.

Para que todo ello funcione y se difunda sobre la tierra, necesitamos sembrar en los jardines flores y rosales para que vuelvan las abejas, las avispas y todo tipo de bichos polinizadores. Tendríamos que cambiar nuestra percepción del mundo y de nuestros amigos los polinizadores, las aves y demás especies. Aceptar que sin ellos, no es posible vivir.

Sobre las terrazas y balcones en nuestras casas podemos colocar helechos y construir pequeños huertos donde se dé el tomate, la zanahoria, el zapallo, la lechuga. Y las vías públicas, calles y carreteras, se pueden embellecer con hermosos árboles nativos como ceibas, samanes, yarumos, robles, chiminangos y veraneras. El resurgir del verde se tomaría cada centímetro de esta ciudad. La briza volvería a fluir por donde alguna vez pasó.

Lograríamos que todos los espacios posibles de nuestro entorno y vecindad se conviertieran en lugares de vida para todos, donde plantas, animales y personas convivamos y coexistamos

Todos tenemos derecho a la vida y al espacio. Todos tenemos la obligación de trabajar por ello. Trabajando y actuando juntos es posible lograrlo. Unidos, lo es todo. A sembrar vida¡ ¿Me acompañas? Es necesario y urgente despertar.

Que nuestras acciones promuevan el reverdecer de nuestras almas, espíritus y corazones, siempre en sintonía con lo que toda la vida hemos sido... Naturaleza y cosmos.

viernes, 12 de abril de 2019

CORRUPCIÓN EN COLOMBIA


Corrupción en Colombia

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

La corrupción se expresa hoy como principio orientador de algunos sectores políticos en Colombia, que actúan en nombre de lo “democrático”. Como práctica, se extiende en los niveles de la administración del Estado (local, regional y nacional). Aparece acompaña de actos ilegales que se hacen pasar por “legales”, y en casos extremos, de hechos criminales que se legitiman con un discurso nacionalista: “todo es por el bien del país”.

Cada día se ven florecer nuevos casos de corrupción (en el discurso de los medios de comunicación, “escándalos políticos”) en las diferentes esferas de la institucionalidad. Pueden ser acciones individuales (por ejemplo, actos de corrupción de agentes de gobierno), o grupales (redes de autoridades) e incluso, en aquellos espacios que se suponen fueron construidos institucionalmente para el control y vigilancia[1]. Cada nuevo hallazgo parece superar en gravedad los casos anteriores. Los costos económicos, sociales, políticos -y sobre todo éticos-, de los estragos de la corrupción son muy altos para una sociedad considerada como una de las más ignorantes, inequitativas y desiguales del mundo.

Produce repudio que algunos sectores de ciudadanos acepten, sin discusión alguna, la idea de que las prácticas de corrupción son un mecanismo “necesario” para el buen y efectivo funcionamiento del Estado. Sectores que toleran y legitiman acciones corruptas. Que ofrecen su voto y eligen a “políticos” que son cuestionados ética y jurídicamente por su pasado, por los grupos a los que pertenecen y se adscriben, o por las personas de quienes se rodean y que los acompañan en los mandos del gobierno. Incluso, algunos sectores sociales perciben a estos agentes embriagados de corrupción, como excelentes ejemplos: audaces, vivos y creativos. Es frecuente escuchar expresiones como: “No importa que robe un poco con tal que haga algo por el país”.

La corrupción se fortalece en aquellos espacios donde: a) existen múltiples escalas de decisión y burocracia, b) la intervención de muchos agentes y delegados, c) poco control de los recursos económicos y d) los altos beneficios se ponen en juego. Algunos, para justificar sus acciones, “naturalizan” estas prácticas corruptas como si vinieran integrada al gen humano y desconocen que éstas son enseñadas, aprendidas y replicadas socialmente.

La corrupción, por tanto, no es un “algo” esencialista de la vida (en el sentido biológico) del ser humano, sino un proceso construido social y culturalmente que está ligado al campo del poder y del Estado y de la necesidad de quienes lo ejercen para acceder a bienes económicos y materiales para su propio beneficio o el de su grupo más cercano. La corrupción como práctica política se ha convertido en una limitante y un grave problema para la distribución de la justicia y la recomposición del tejido social humano.

En nuestros días observamos cómo las instituciones del Estado vienen desangrándose a montón por las redes de grupos especializados en desfalcar el Estado. Grupos que, enmascarados bajo el disfraz de lo “democrático” y del “bien común”, actúan como organizaciones criminales y delincuenciales. Son los grupos sociales más desfavorecidos, marginales y excluidos los que enfrentan las consecuencias de este atraco, esta violencia y esta represión que a veces se impone como acto legal.

Frente a ello, no queda más respuesta que unas respuestas socialmente poderosas cuyas bases reposan en la acción y la movilización de la sociedad civil. Sociedad civil que debe despojarse de su adormecimiento, para cumplir y ejercer un papel más destacado, preponderante, en la demanda, la exigencia y el juicio (que a todos los niveles desde el moral hasta jurídico) tendría que hacerse a los agentes y grupos corruptos. Participar en procesos de educación, en cultura política y participativa del ciudadano, es clave para que empiece esa transformación del entendimiento y la comprensión: cero tolerancia a la corrupción.

La corrupción no solo produce pérdida de bienes y capitales económicos, sino que produce violencia, muerte y pérdida de principios éticos. La sociedad civil tendría que comprender que la corrupción no es solo un fenómeno interno colombiano, sino que es una actividad que se practica también en las redes de la dinámica de la economía-mundo capitalista, que es el principal motor que condiciona la sociedad, el Estado y, por supuesto, el Mercado.




[1] Uno de los casos más conocidos en los últimos años, fue el de las acciones de corrupción del fiscal anticorrupción en Colombia.