Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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miércoles, 22 de marzo de 2017

DIVERSIDAD PLANETARIA VS. GLOBALIZACIÓN

Diversidad planetaria vs. Globalización

Por:
Hernando Uribe Castro
Ph.D. (c) en Ciencias Ambientales

La Tierra es un planeta con aproximadamente 4.600 millones de años. Luego de pasar por sucesivos periodos y procesos, logró establecer las condiciones exactas para la formación y difusión de la vida, cuya principal característica fue la presencia de una diversidad. La ciencia demuestra cómo el planeta se reinventó de modo constante en el camino de su evolución, pues presenció momentos de gran riqueza y diversidad así como momentos de increíbles extinciones. A pesar de ello, la Tierra se recuperó y volvió a consolidar la riqueza natural de su biosfera.

Pasó mucho tiempo entre los inicios de la Tierra y la aparición de las primeras especies que dieron como resultado la especie humana, hace tal vez doscientos mil años. La especie humana se distribuyó por distintas áreas, pobló distintas regiones adaptándose y adaptando diversos contextos geográficos. La difusión de esta especie, produjo una diversidad de entornos, así como la domesticación de animales y de plantas. Produjo a lo largo de su proceso civilizatorio una importante diversidad cultural (lenguajes, grupos y culturas) y una diversidad de paisajes. La humanidad transformó ecosistemas, plantó bosques, domesticó el fuego y buscó por todos los medios controlar el agua. En éste proceso civilizatorio el ingenio, el aprovechamiento y la constante creación fueron especiales. La producción de la diversidad expresó la proliferación de la experiencia de la vida y la capacidad creativa adaptativa a unas difíciles condiciones planetarias. Y así estuvo por mucho tiempo.

Con el pasar del tiempo y más recientemente, la actividad humana sobrepasó los límites del planeta. Con la globalización, esa diversidad entró en crisis, pues los agentes dinamizadores de las corporaciones globales, motores de esta globalización y principales beneficiados de las ganancias económicas producidas, pusieron en amenaza no solo la diversidad de la especie humana (imponiendo un lenguaje, destruyendo comunidades aborígenes e instaurando prácticas, gustos y productos globales a lo largo y ancho del planeta), sino también la diversidad de todas las especies y de la trama de la vida en general. Según datos de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza, muchas especies están desapareciendo por causa del modelo de sociedad global antes de que se pueda tan siquiera describir. En 2014, se consideraban algo más de 22.413 especies en vía de extinción por causa de la especie humana sobre la dinámica del planeta. Según Greenpeace por causa del aumento de la temperatura en el agua, los arrecifes se cocinan vivos; este incremento produjo la muerte de dos tercios de los corales en 2016. Y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó el 2016 como el año que batió records en aumento de temperatura global.

Los agentes en nombre de las corporaciones y los Estados, por afán de lucro, produjeron guerras, deforestaron bosques, desecaron lagos, intervinieron los ríos, bombardearon zonas de riqueza arqueológica y natural, aportaron en la construcción de urbes, perforaron el subsuelo y extrajeron su sangre, e incluso, controlaron la mente de los humanos bajo la idea del Desarrollo y el crecimiento económico. Con la expansión de grandes zonas de cultivos agroindustriales, transgénicos, urbanizaciones y destrucción de selvas, bosques y costas, impusieron un estilo de vida humano globalizante como único y posible sobre la faz de la Tierra. Una vida humana que, geológicamente, dejó huella como estrato en la corteza terrestre: el antropoceno.

La urbanización, las tecnologías, las redes de información no solo globalizaron cada punto en la tierra sino que además intensificaron el uso de recursos naturales: por ejemplo, Soroa (2014), explica que para producir "Un microchip de 2 gr requiere, para su fabricación, 72 gr de productos químicos, 20 litros de agua, y el equivalente a 1,2 kg de combustibles fósiles en consumo energético, además de generar 17 kg de aguas residuales y 7,8 kg de desechos sólidos, junto a toda una serie de emisiones tóxicas a la atmósfera. El análisis del ciclo de vida de un microchip sintetiza en definitiva un proceso a todas luces paradójico y a la vez revelador: mientras progreso tecnológico avanza hacia una miniaturización de los dispositivos electrónicos, el impacto ambiental de los mismos se acrecienta." (p. 5-6).

A los ecosistemas se les asignó un valor económico y un papel para la producción de riqueza con la extracción de sus recursos para alimentar la dinámica de la agricultura, la industria, el comercio y el turismo. El mercado pone al consumidor productos que controlan comportamientos, gustos y pensamientos. Una estrategia que al entretener, homogeniza. Muere así la diversidad.

Las Corporaciones, sus agentes e instituciones, profundizaron las idea aquella que, proveniente del pasado, pretendían hacer de la especie humana el centro del universo. Una especie arrogante, ego y antropocentrista. Hicieron olvidar que como especie humana goza de los mismos derechos de las otras innumerables especies que habitan este planeta. Produjeron en la especie humana lo que se podría denominar como un alzhaimer colectivo y al parecer, han logrado “anestesiar” a cada individuo para no sentir el daño que se le produce a la naturaleza. La memoria biocultural (Toledo y Barrera-Bassols, 2014) de la especie se encuentra moribunda.

Frente a esta homogenización y accionar corporativo, resultan respuestas de comunidades en distintas partes del mundo por la defensa de la naturaleza, de la diversidad y por un mundo distinto. Comunidades localizadas en distintas geografías trabajan día a día por prácticas agroecológicas con el objetivo de recuperar la soberanía alimentaria. Defensoras de los territorios han dado su vida por confrontar los megaproyectos.

No obstante, muchos seres humanos, aun encantados, hipnotizados por el estilo de vida globalizador, niegan estos efectos, se sumergen cada vez más en los procesos homogeneizadores y no desean saber que además de ellos, el planeta Tierra cobija algo. Seres humanos que no tienen interés en conocer más sobre su mundo, pues siendo presas de las tecnologías y las redes informáticas, así como de la avaricia por el dinero y la seducción del entretenimiento, viven su día entero en un mundo virtual (como lejano) con sus ojos pegados a celulares y todo tipo de dispositivos, sin saber que el aire que respira, el agua que bebe y el piso que lo sostiene son dados por este gran Planeta.
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Bibliografía:
Soroa, J. B. (2014). Lo pequeño no es tan hermoso... ni tan ecológico. Boletín ECOS Nº 25 - Diciembre 2013- Febrero 2014 .
Toledo, V. M.,  Narciso Barrera-Bassols. (2014). La memoria biocultural. la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Popayán: Universidad del Cauca.

viernes, 10 de febrero de 2017

AGUA

Agua

Por
Hernando Uribe Castro
Candidato a doctor en Ciencias Ambientales y magíster en sociología
Miembro del CIER y Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Hernando Uribe Castro en trabajo de campo en
el Humedal Madre Vieja Videles.
Foto: Jonathan Rodríguez, 2017.
El agua, así como el oxígeno y la tierra, es un elemento central de la compleja trama de la vida en la biosfera; una sustancia cuyas características deslumbran, impactan y maravillan a quienes se dedican a su estudio. Sus propiedades son particulares y cada día la ciencia descubre nuevas. 

La ciencia dice que el agua se concentró en la superficie del planeta, aproximadamente 4.600 millones de años, debido a la lluvia de meteoritos cuyas partículas poseían cristales de agua. También por el vapor que salía de los cráteres desde el interior. Bellas historias y mitos existen en la memoria y en la tradición de los pueblos y grupos humanos al rededor de todo el mundo con respecto al origen del agua y de sus propiedades.

Ciencia y mitos coinciden al considerar el agua como un ingrediente importante para el surgimiento de la vida. Ella ha repetido de forma natural e incesante su ciclo a lo largo del tiempo geológico. Las distintas especies que habitan esta casa común dependen de ella, no solo del agua que está por fuera de sus cuerpos sino también por la cantidad que los compone (70%).  Desafortunadamente, las prácticas humanas han hecho un uso indebido, intenso y desmedido al afectar su ciclo natural. Estos usos sociales inadecuados del agua producen valores alarmantes de destrucción de las fuentes y caudales. Lluvia, ríos, lagos, océanos y pozos son afectados por la alta tasa de contaminantes utilizados para actividades agrícolas, mineras, ganaderas, industriales y comerciales. Para descontaminarla y volverla potable, algunas sociedades inyectan gran cantidad de químicos que son nocivos para la compleja trama de la vida.

Las estimaciones de agua existentes en la Tierra indican que ésta posee un volumen de 1.400 millones de kilómetros cúbicos (Km3). De estos, el 97,2% es agua salada y el 2,8%, (35 millones de km3), es agua dulce (Duarte, 2006:36). El agua dulce se distribuye así: glaciares (69.7%), subterránea (30%) y superficial (0.3%) (Boggiano, 2013). A partir de la segunda mitad del siglo XX, el consumo de agua en los países industrializados se multiplicó por cinco (5) y la Organización Meteorológica Mundial calcula que hacia el 2025 dos tercios de la humanidad vivirá en “Estrés hídrico” (Sempere y Riechman, 2004).

Según indica el Informe de las Naciones Unidas sobre los Recursos Hídricos en el Mundo “La demanda mundial de agua está muy condicionada por el crecimiento demográfico, la urbanización, las políticas de seguridad alimentaria y energética y los procesos macroeconómicos como la globalización del comercio, los cambios en la alimentación y el aumento del consumo. Se prevé que la demanda mundial de agua aumente un 55% en 2050, debido principalmente a las crecientes necesidades de la industria, la producción térmica de electricidad y el uso doméstico” (2015:3).

El 9 de febrero de 2017, el marcador de población mundial contabilizaba 7.496.306 500 personas. El Banco Mundial estimó que en el 2015, el 53,8% de la población era urbana. El Word Economics señaló que entre 1960 a 2012, el producto interior bruto mundial aumentó un promedio de un 3,5% (World Economics, 2014). La UNESCO señaló que este crecimiento ha tenido un coste social y ambiental significativo pero además implicó una mayor demanda de agua dulce. Por ello, esta entidad prevé que “en 2030 el mundo tendrá que enfrentarse a un déficit mundial del 40% de agua (2030 WRG, 2009). El Programa Mundial de Alimentos estima que alrededor de 795​ millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos.

Algunas corporaciones globales y elites políticas que tienen la capacidad de decidir sobre los pueblos, se han dado en la tarea de usufructuar el agua en beneficio propio. Sacarle rentabilidad al convertirla en una mercancía para producir acumulación de capital.

En Colombia (sin mencionar el caso de la Guajira, el Casanare u otras regiones), y de modo particular en el valle geográfico del río Cauca, la situación del agua es crítica. El documento CONPES 3624 señala que el río Cauca es la principal arteria fluvial del occidente colombiano. Señala que en el Valle del Cauca “el 75 % del consumo de agua se destina para uso agrícola, seguido por un 14 % para uso industrial y un 9% para uso doméstico” (CONPES, 2009:9). A pesar de esta inequidad, y cuando se presentan temporadas de sequía, las autoridades dirigen las políticas de racionamiento hacia el uso doméstico.

El Decreto número 1729 de 2002, artículo 4, punto 3, establece que “En la utilización de los recursos hídricos, el consumo humano tendrá prioridad sobre cualquier otro uso y deberá ser tenido en cuenta en la ordenación de la respectiva cuenca hidrográfica.” Y en el punto 4 establece: “Prevención y control de la degradación de la cuenca, cuando existan desequilibrios físicos o químicos y ecológicos del medio natural que pongan en peligro la integridad de la misma o cualquiera de sus recursos, especialmente el hídrico”.

En la columna de opinión de F. Estrada “La pelea por el agua en el Valle del Cauca” publicada en Razón pública (febrero de 2014) decía que: “En el caso del Valle, el agua ha sido negocio para los ingenios azucareros. Considérese que para producir un kilo de caña se necesitan 1,5 metros cúbicos de agua, más 10 megajulios de energía, y los datos indican que la conversión de la agricultura tropical al monocultivo de caña de azúcar tiende a aumentar la cantidad de agua requerida.” Esta inequidad en la distribución y uso del agua ha conllevado a conflictos ambientales en distintos lugares. Por ejemplo, por más de 50 años, el corregimiento de Villagorgona en Candelaria presenció carestía de agua. Pero también Florida, Pradera y recientemente el Distrito RUT. Terratenientes e ingenios cultivadores de caña de azúcar afectaron el sistema de humedales en este territorio. En 2016, la Laguna de Sonso fue fuertemente afectada por propietarios privados.

Humedal Madre Vieja Videles en Guacarí, Valle del Cauca.
Este humedal ha sido afectado por la presencia y 
expansión de los cultivos de la caña de azúcar.
Foto: Hernando Uribe Castro, 2017.
Por su parte el Ph.D. Mario Pérez (2011) ha realizado un importante llamado, al  señalar que: “En el caso particular del agua, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), autoridad ambiental de la región, señala un alto grado de concentración del uso del recurso en actividades agrícolas, en donde se destaca el cultivo de la caña de azúcar. Esta dinámica de uso no solo ha afectado su función abastecedora, como también la calidad del recurso, destacándose dentro de ello la contaminación dispersa asociada a la actividad agrícola (herbicidas, abonos y otros vertimientos), la contaminación de origen industrial, en donde vuelve a ser importante la industria azucarera y de sus derivados (melazas y etanol), y la contaminación por fuentes domésticas” (2011:154). Concluye el profesor Pérez diciendo que: “Se hace evidente que la dinámica de uso del territorio, basado en el monocultivo cañero en el valle del río Cauca, genera una importante presión sobre el recurso hídrico, tanto en su función abastecedora como en la receptora, la cual se incrementará con las políticas de apoyo y promoción de agrocombustibles. (2011:172).

La Ph.D. Aceneth Perafán ha llevado a cabo estudios
interesantes en el Valle del Cauca sobre las implicaciones de la
caña de azúcar en los humedales de la región.
foto: Hernando Uribe Castro
El panorama de la inequidad de distribución, uso y acceso al agua fue, son y serán parte de los conflictos ambientales presentes en esta región, mientras no se vea un cambio transcendental en el modo en cómo se lleve a cabo una política de equidad y derecho del agua. Una política que haga del agua, un elemento importante para la lograr la sustentabilidad de la vida. Son las comunidades más vulnerables y marginadas, así como los ecosistemas y su biodiversidad, los que pagan el alto costo de la destrucción y el usufructo de este importante líquido.

A pesar que en Colombia existe una fortalecida política de protección del ambiente y sus ecosistemas, ésta parece quedar en “papel mojado” a la hora de llevarse a la práctica. Son las comunidades, la academia y la sociedad civil las responsables de exigir y reclamar los derechos de la vida y del ambiente, así como denunciar y demandar las acciones que conllevan a la destrucción de los ecosistemas y la afectación a sus entornos.

No se puede olvidar que para la especie humana como para el conjunto de la vida en el planeta, el agua hace parte de todas las dimensiones de la existencia.

lunes, 23 de enero de 2017

PENSANDO AMBIENTALMENTE. DE LAS CRÍTICAS AL SISTEMA A LAS POSIBILIDADES DE CAMBIO

PENSANDO AMBIENTALMENTE
DE LAS CRÍTICAS AL SISTEMA A LAS POSIBILIDADES DE CAMBIO

Por: Hernando Uribe Castro
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Foto: Cubierta del libro de Hernando Uribe Castro
(Fragmentos de la introducción)

Las páginas escritas en este libro se producen en un momento particular de mi vida que expresa, de algún modo, un desencanto por las acciones nocivas de la humanidad, contra los propios seres humanos y contra los elementos de la naturaleza. 
(...)
En una sociedad donde predomina la racionalidad impuesta por el sistema capitalista, el sentido de la vida tiende a reducirse a una cuestión meramente económica. Una racionalidad que impone el consumo, la posesión de riqueza y el lujo como únicos mecanismos que manifiestan progreso y felicidad; deja de lado los más profundos sentimientos humanos como son el amor y el sentido emocional del vivir la vida.
(...)
Este pensamiento concentra la valoración de la vida a la obra humana y descarta de raíz la naturaleza. No importa cómo y de qué modo se acumule riqueza, lo que importa es poseerla porque ello significa poseer el poder de someter la voluntad de muchos a la voluntad de unos pocos. La felicidad queda reducida a la acumulación incesante de capital y la banalidad de las cosas.
(...)
Como seguramente lo hemos pensado, para la sociedad occidental, patriarcal y profundamente religiosa, el poder sobre el acceso a la riqueza, los lujos, el licor, el consumo y la posesión de mujeres, se convierten en los principales objetos de disputa y control. Lograr esto implica construir imperios corporativos legales e ilegales con los cuales se puede alcanzar el éxito económico, el respeto y el prestigio global.

Imperios corporativos que, sobre las bases de la necesidad incesante de producción, requieren de la explotación de cantidades enormes de recursos naturales y de un número significativo de trabajadores como mano de obra barata para alcanzar sus beneficios.
(...)
Este tipo de pensamiento y acción puesto en práctica, sobre todo en el último siglo, fue instaurado sobre unas bases ideológicas que daban al ser humano como el amo y señor del mundo. 
(...)
El mundo y la totalidad de la vida quedaron reducidos entonces al devenir humano. La grandeza y majestuosidad de la naturaleza desaparecen para quedar plasmada solo en los obras de arte o como materia prima para la producción y difusión de la sociedad de consumo. 
(...)
La totalidad de la vida se reduce a la vida humana. Un sector de la humanidad aportó a ese egocentrismo de especie y las reflexiones filosóficas se encargaron de fortalecer el antropocentrismo, dominante y único. Se negó el papel de la naturaleza y se replegó a lo profundo de la escala humana. 
(...)
El mundo no se ha construido por millones de años con una complejidad y exquisita diversidad de vida, deslumbrante, para que lleguemos, la conquistemos, la transformemos y la destruyamos... 
Frente a estos valores se requiere de inmediato, de otra concepción de vida, de relaciones y tejido social y de una forma más humilde de ubicarnos en relación con la diversidad de vida del sistema viviente. Es posible impulsar las energías más profundas para mantener-se con vida este planeta y para alimentar la credibilidad en la humanidad cuando el amor emerge como campo de fuerza que se toma nuestra conciencia individual y colectiva.



martes, 10 de enero de 2017

EL FUNERAL DE LOS RÍOS

EL FUNERAL DE LOS RÍOS

Por
Hernando Uribe Castro
PhD (C) en Ciencias Ambientales
Magíster en sociología

El 18 de noviembre de 2016, la Plaza Central de Puerto Tejada se llenó de tristeza. Una atmósfera de lamento profundo hizo entrada en este lugar y una lluvia de llanto rodeó el ataúd aquel, donde se hallaban en su lecho de muertos los ríos Palo, Paila y Guengué. La multitud acompañó este acto, como hecho inédito en esta pequeña ciudad del norte del Cauca.

Para los asistentes a este acto, simbólico y colectivo, éste se llevó a cabo porque la comunidad quería denunciar tres hechos: primero, el deplorable estado en que se encontraban los ríos Palo, Paila y Guengué, moribundos desde hace tiempo; segundo, para señalar los efectos contaminadores que poco a poco han ido exterminando la trama de la vida asociada a estos ríos; tercero, para señalar directamente las empresas responsables de este daño, que se encuentran asentadas en el parque industrial.

Uno de los voceros, el Coordinador Ambiental, expresaba que: “Estamos muy preocupados por la situación de nuestros ríos, que cada día no tenemos ríos sino que tenemos un caño. Estos días está así abundando porque está lloviendo pero a penas entramos en verano nuevamente tenemos ese caño. Ya no tenemos río.”

Pero también existen otras actividades responsables de la agonía y muerte lenta de estos cursos de agua como la actividad minera y los lixiviados del relleno sanitario. La comunidad clamaba justicia por este reprochable acto y señalaban que la muerte lenta de estos tres ríos, evidenciaba la falta de políticas de planeación, de control y de saneamiento de los municipios. Municipios que se han beneficiado por décadas de estas fuentes importantes de agua.

La comunidad nos recuerda cómo entre 1991 y 1993, algunos líderes valientes de la época hicieron reclamos e instauraron una Acción de Tutela por los daños causados directamente al río Palo contra las empresas Propal S.A. y el Ingenio la Cabaña. Caso que, incluso, llegó a la Corte Constitucional.

Para algunas personas, hacer este tipo de denuncia pública conllevaba a riesgos. Incluso, una de las vecinas asistentes al triste y lamentable evento, comentaba sobre la necesidad de protección de todos los asistentes que habían tenido el valor de denunciar estos daños, por los riegos que corrían sus vidas al hacer estas denuncias públicas: “Estos muchachos que están denunciando están desprotegidos. Dios quiera que los dueños de esas empresas que denuncian no le hagan nada” decía.

Para la comunidad, la responsabilidad de estos efectos negativos sobre los ecosistemas hídricos no solo proviene de las empresas privadas, sino también de la falta de acción, negligencia, desinterés y olvido de los agentes del gobierno municipal así como de la falta de políticas ambientales duraderas que trasciendan el periodo de tres años de los alcaldes municipales. Las políticas de protección ambiental, en este sentido deberían traspasar los periodos de las administraciones municipales y convertirse en políticas públicas de Estado a través de las cuales se haga la conservación, protección de estas fuentes de agua.  

Ante las constantes denuncias comunitarias, el alcalde de Puerto Tejada expresó la necesidad de “hacer mucho más riguroso las exigencias que están establecidas en la normatividad”.

Por su parte, el Ministerio del Medio Ambiente, Representantes de la Cámara, los alcaldes de los municipios de Puerto Tejada, Villarica y Padilla y 3.000 líderes de los municipios aledaños llevaron a cabo el 26 de noviembre, la Audiencia Pública con el fin de hacer las demandas pertinentes y el comprometer a las autoridades responsables como la Corporación Autónoma de Regional del Cauca (C.R.C), para que recupere estas fuente hídricas. En esta audiencia se llegaron algunos acuerdos entre los que se encuentran: 1. La Corporación Autónoma de Regional del Cauca (C.R.C) presentará un informe sobre la contaminación del Río Palo con un plan de manejo para su recuperación; 2. Construcción del POSCA; 3. Conformar un Comité (Consejo de Cuenca) que apunte a recuperación de la cuenta integrado; 4. Poner en funcionamiento las P.E.T.A.R.; 5. Los municipios deben utilizar los recursos del 1% de los recursos corrientes en la adquisición de áreas de interés ambiental y el pago de servicios ambientales (educación ambiental) entre otras conclusiones.

Las comunidades se resisten a la muerte del Palo, el Guengué y el Paila. Y por ello, llevan a cabo estos actos simbólicos para traer del mundo de los muertos a estas importantes fuentes de agua. Los pobladores de estos lugares se percataron que cuando se apropian, se empoderan y se llevan a cabo acciones colectivas, como las del funeral simbólico de los tres ríos, se pueden alcanzar importantes logros con respecto al mejoramiento de sus vidas y sus entornos.

En este caso, la acción colectiva liderada por la comunidad de Puerto Tejada logró trascender en las esferas de poder y de toma de decisión. Haría falta llevar a cabo la judicialización ambiental de este daño ambiental significativo y que se hace con respecto a estos ríos, para que los compromisos no queden como meras buenas intenciones y al albedrío del cumplimiento de las empresas contaminadoras. Igualmente, se requiere estar en vigilancia y veeduría de que estas decisiones se cumplan y se lleven a cabo.






martes, 29 de noviembre de 2016

DE VISITA EN LA HABANA

De visita en La Habana

Por 
Hernando Uribe Castro
Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales


Foto: Selfie Luis Hidalgo y Hernando Uribe Castro, Avenida Salvador Allende. La Habana, Cuba, 2016.

Siendo las tres de la tarde de aquel sábado 19 de noviembre, luego de hacer escala en el aeropuerto de Panamá, el vuelo 0246 de Copa Airlines arribó a tierra cubana. Llegaba junto con Luis a la mayor de las Antillas en el mar Caribe. Era nuestro primer viaje juntos por fuera de Colombia. Un viaje que, personalmente, había anhelado inmensamente desde hacía mucho tiempo atrás. Debía participar en un simposio internacional sobre medio ambiente como parte de las actividades de mi pasantía doctoral. En este evento pude enterarme que Cuba es el único país en el mundo que cumple con las condiciones para consolidar el modelo de la sustentabilidad en todas sus dimensiones según las Naciones Unidas.

La emoción se hizo intensa cuando el piloto nos informó que estábamos a pocos minutos de aterrizar. Al llegar al Aeropuerto Internacional de la Habana -José Martí-, y desde el mismo momento de bajar del avión e iniciar nuestro recorrido por los pasillos de la terminal aérea, las cosas empezaron a tornar distintas, a verse diferentes. Pasamos por los entes de control, el chequeo excesivo a nuestras pertenencias y nuestros cuerpos expuestos a la cámara de rayos X; los maletines en el piso fueron olfateados por un perro y unas hermosas agentes de policía nos hicieron mil preguntas sobre el motivo de nuestro ingreso a la isla. Esta es la carga que afrontamos muchos colombianos cuando viajamos por el mundo.

La primera gran impresión fue la de encontrar un aeropuerto sin publicidad, ni carteles comerciales, ni ofertas de productos. Las paredes pintadas de color rojo y una infinita fila de turistas dispuestos a pasar por el puesto de migración. No encontramos afiches publicitarios luminosos con mujeres semidesnudas, objetos atrayentes o comerciales ofreciendo celulares, autos, comidas, lujos, ni nada de eso que son características de estos espacios de flujo y que marean los instintos con su carga de colores, mensajes y que hacen muy igual a todos los distintos aeropuertos del mundo. No era el aeropuerto José Martí un centro comercial o un Shopping Center como sí lo son otros aeropuertos por donde hemos tenido la oportunidad de transitar.

Luego de pasar ilesos por todos los chequeos, requisas, controles y preguntas, pudimos salir de esta terminar aérea para cambiar los dólares por pesos cubanos, billetes muy interesantes por cierto. Afuera de este lugar nuestros ojos se toparon de frente con una ciudad espléndida que estaba ahí, lista para ser descubierta y para volver todos nuestros prejuicios trizas. Los colores de esa tarde habanera fueron diferentes a los mil atardeceres que habíamos experimentado a lo largo de nuestras vidas. Fue un momento mágico, lleno de ansiedad y deslumbramiento.

Un cubano cincuentón, educado y elegantemente vestido nos recibió en las afueras del aeropuerto, nos condujo al taxi y nos paseó por una importante, amplia, descongestionada y rápida avenida que comunicaba el aeropuerto José Martí con el barrio en donde se localizaba el hostal. Al empezar a transitar por esta vía, de inmediato un asombro increíble se tomó nuestras mentes; la sensación de volver en el tiempo fue algo muy especial. Era tal la maravilla que nos era imposible decirnos algo en ese trayecto a pesar de nuestro intenso cruce de miradas. Como si deseáramos decir algo con respecto a lo que nuestros ojos veían.

Una sensación extraña como el de estar en una época distinta, como si hubiéramos abordado una máquina que viaja a través del tiempo. Esta delicada sensación fue algo persistentes desde el principio hasta el final del recorrido. Nos atrajo mucho el ver aquellos autos considerados como "clásicos" en nuestro país, rodando tranquilamente por la excelente autopista como cualquier coche moderno. Algunos de estos autos los había visto en la caravana de autos antiguos que se hace en la Feria de Cali. Engalardonados, con finos acabados, multicolores, lujosos y en excelente estado. Era tal la impresión que no lográbamos explicar nuestras percepciones. Nos mirábamos para tratar de comunicar nuestras ideas pero era imposible decir algo, porque con cada metro recorrido en esa autopista, algo nuevo inspiraba nuevas sensaciones o algo distinto llegaba a nuestras vistas para deslumbrarnos.

Edificios muy antiguos, barrios, zonas verdes, personas caminando en los parques y sentadas en las bancas, conversando como si el tiempo no tuviera tiempo. Como si la calma se hubiera instalado entre sus entornos. Sonrientes, tranquilos, pacíficos. Vimos parques tupidos de especies de árboles distintos, todo con un encanto entre colores de tonalidades de verdes y café que contrastaban siempre con el azul profundo del cielo. Mirar hacia el cielo era hermoso, mirar hacia las calles lo era también.

Todo el recorrido fue así hasta llegar al hostal, lugar donde nos recibió don Jorge, un cubano muy amable quien nos dirigió luego por dos cuadras más abajo de su casa hacia otra pequeña casa donde nos esperaba en el andén una hermosa viejecita, llena de vida, de risa y de alegría, que al vernos nos recibió con dos besos, uno en cada mejilla, como si hubiésemos sido amigos de toda la vida, desde su infancia. Amabilidad, cordialidad, buen trato y respeto fue lo que nos hizo sentir muy tranquilos y como en casa esos besos de bienvenida. Esa noche el cansancio no se pudo apoderar de nuestros trajinados cuerpos, no pudimos dormir, pues juntos y en una misma cama conversábamos sobre todo ese espectacular escenario de objetos, personas y naturaleza que había visto desde nuestra llegada a ese lugar. Todo en mil contrastes de colores, olores, formas y tamaños.

En los días siguientes no hicimos más que caminar y caminar. El olor del tabaco en cada rincón de la ciudad era abrumador. Salíamos a conocer la ciudad que había logrado deslumbrar nuestros apabullados sentidos y entre más caminábamos entre gentes, calles, plazas, avenidas y vías, más nos movía las emociones: una fachada aquí, una puerta allá, un balcón, un monumento. El aire, las zonas verdes, el sol ardiente siempre colgado en el cielo azul siempre despejado y con escasa nubosidad, las gentes, los perros, los gatos, las aves, los árboles, el viento frío del norte, todo en conjunto llenó cada rincón de nuestras mentes. Ideas iban y venían, hablábamos, nos tomábamos fotos aquí y allá. Cada lugar era perfecto para dejarlo plasmado en una imagen de fotografía. Para donde dirigíamos la mirada, veíamos un paisaje de postal. Probamos su cerveza, su café, los refrescos.

En algunos momentos teníamos que parar, sentarnos a descansar, púes habíamos caminado kilómetros y kilómetros sin sentir el cansancio. En una de sus mañana caminamos desde el Palacio de las Convenciones hasta la Plaza de la Revolución. El tiempo no contaba, tampoco la distancia. Solo el sol del medio día con sus rayos fulminantes sobre nuestros rostros y cuerpos, nos recordaba que el tiempo y el espacio existían. Tratábamos de darle un orden a nuestras ideas, de comprender cómo vivían las personas. Tomados de las manos sin sentir ningún atropello, ver un mal gesto o recibir alguna burla, fluimos por calles, avenidas y plazas. Compartíamos nuestras apreciaciones, nuestros indicios, nuestras comparaciones.

Cada cruce de calle y en cada esquina la ciudad nos tenía preparado una nueva sorpresa, nos mostraba algo distinto y algo espléndido. Estábamos como encantados ante esa arquitectura exquisita. Casas de mil formas de primeros tiempos del siglo XX o incluso más antiguas sería un sin duda un festín para cualquier profesional de la arquitectura, ingeniería, restauración o diseño. Toda la ciudad nos parecía un museo vivo. Pero lo más mágico que pudimos captar y que conmovió enormemente el corazón es que al caer la noche en La Habana, su cielo se prende de estrellas que palpitan en la inmensa y profunda oscuridad del universo. En pocos lugares en los que había tenido la oportunidad de estar, había logrado ver una noche estrellada, con astros fugaces y titilantes al ritmo del palpito del corazón y con el sonido del mar de fondo. Muy emocionados, tratábamos de explicarnos y de comprender que era todo ese encantador lugar que se nos incorporaba ya no sólo en los sentidos sino también por las venas hasta llegar al corazón. Nos sentíamos felices y agradecidos de compartir juntos esos maravillosos momentos.

Al visitar La Habana Vieja, lugar por cierto muy bonito y bastante turístico, se veía la oleada de holandeses, franceses, canadienses, mexicanos, orientales (a lo mejor chinos, a lo mejor japoneses). Pasajes peatonales, algunas calles estrechas con ventas de artesanías, hermosos balcones de madera, puertas y ventanas de estilos particulares, aldabones con formas de animales, olores de comida que ondeaban suavemente por cada rincón, restaurantes entre el bullicio de mil idiomas, rostros distintos, colores de piel diversos y monumentos que trataban de narrarnos historias, como si tuvieran la capacidad de hablar con cada uno. Uno que otro grupo antillano tocando con sus instrumentos en los restaurantes la trova tradicional. Un hombre que baila al son de esta música entre los asistentes y llenaba de risas a todos los que posábamos la mirada sobre su pequeño y elástico cuerpo.

Los cubanos y las cubanas nos confundían por mexicanos y se asombraban cuando les aclarábamos que éramos colombianos. Las referencias que tenían de nuestro país eran el Proceso de Paz, el presidente Santos, Shakira, la novela del Grupo Niche, el futbolista James Rodríguez, pero también escuchamos palabras desafortunadas como Pablo Escobar, paramilitarismo, A. Uribe, narcotráfico y otros aspectos. Con quienes conversamos en las calles nos manifestaban la importancia de la paz para Colombia. Nos preguntaban por lugares como Barranquilla, Medellín, Cali, Cartagena y Bogotá. 

No vimos en la calles mendicidad, no vimos miseria, no vimos jóvenes consumiendo drogas, ni tampoco niños en los semáforos pidiendo dinero o limpiando vidrios. No vimos cubanos pegando sus rostros a celulares. Nada de eso. Vimos personas alegres, cordiales y amables. Jóvenes en las calles conversando, patinando, leyendo, jugando o caminando. Los únicos arrinconados y esclavos de celulares fueron los grupos de turistas que se hacían apretujados en algunos lugares en donde se podía captar alguna señal de Internet.

Algunos cubanos nos comentaron de los bajos salarios, de algunas dificultades de su país, pero eso sí, muy orgullosos de su excelente nivel educativo, de la prestación del servicio de salud, de la seguridad y la tranquilidad de una isla que poco a poco es tomada por el turismo. Ven en el turismo una vía importante, una esperanza, para mejorar sus ingresos. En las calles pudimos leer frases filosóficas de gran importancia, frases educativas y revolucionarias. Imágenes del Ché, De Camilo Cien Fuegos y las mil imágenes, monumentos, menciones, postales y grafitis del prócer Martí. 

Desde el bonito Malecón se veía el mar y sus olas picadas. Se podía oler y casi saborear la sal de sus aguas. Adornaba este lugar las murallas de los castillos españoles que enarbolaban la bandera cubana y un hermoso faro que hacía girar su potente luz hacia el horizonte del océano. A las 9 de la noche en punto un cañonazo se deja oír para indicar que la ciudad duerme. 

Nos encontramos con nuestra amiga cubana Angelina y su amable esposo que nos brindaron un recorrido por distintos lugares de la Habana, contando su historia. Luego, llegaron nuestros compañeros de viaje, Jonathan y Aceneth, maravillosas personas con quienes compartimos experiencias imborrables. Caminar todos por estos preciosos lugares deslumbró nuestras emociones. Nuestros rostros estaban llenos de sonrisas, de sorpresas, de fascinación. Los cuatro fuimos en este tiempo de estadía en Cuba como una familia que descubríamos no solo nuestra humanidad, sino también un lugar maravilloso que en cada esquina, en cada detalle, hacía sentir el increíble mundo del que hacemos parte.

Foto: Selfie de Jonathan Rodríguez, Aceneth Perafán, Luis Hidalgo y Hernando Uribe Castro
en Playas de Varedo, Cuba. 2016.
Vimos y conversamos con las personas, con los taxistas, con los vendedores, con todo aquel que pudiera decirnos algo. Nos topamos con santeros entre sus santos, visitamos sus casas y vimos sus lindas sonrisas. Nos mostraron imágenes de las deidades orishas, estampas de Agayu (San Cristóbal), Babalu-aye (San lázaro), Shango (Santa Bárbara), Eledda (el ángel de la guarda), entre otros. Algunos santeros con 50 años de edad y más que parecían de 30, como si hubieran encontrado la fuente de la eterna juventud. Visitamos las librerías en donde abunda la historia de la revolución.

Cada uno de los lugares y rincones de La Habana, por donde tuvimos el placer de caminar y la oportunidad de estar-vivir, guarda orgullosa todo el peso de su historia de su pasado. Lugares y gentes fascinantes. Testimonios interesantes que los cubanos comparten como narraciones aun vivas, nocturnas en espacios públicos luminosos donde confluyen los ciudadanos. Entendimos que La Habana es una realidad que no se puede leer con los lentes de los prejuicios sino con los elementos del contexto histórico y del proceso social. 

Visitamos no solo los lugares emblemáticos como la Plaza de la Revolución, el Capitolio, La Habana Vieja, El Malecón, La Universidad de la Habana y El Gran Teatro, sino que tuvimos el gusto de hacer nuestra estancia en uno de sus barrios con las gentes del común, del diario vivir. Los vecinos nos saludaban, estaban pendientes de que estuviéramos bien y siempre listos para atender cualquier inquietud, cualquier favor o prestar cualquier ayuda. Encontramos una comunidad organizada, solidaria, colaborativa. 

Nos hospedamos no en un hotel cinco estrellas del centro histórico sino en un hostal pequeño de un barrio, la casa de Cristina, la casa de Oralia, maravillosas mujeres de distintas generaciones que nos dieron la bienvenida, que nos acogieron, que nos acompañaron y que nos enseñaron tantas cosas. En este lugar pudimos ver el diario vivir del cubano, ir a la tienda, caminar en las noches por las calles y en el día por toda la ciudad. Probar los sabores de su comida local y de su dieta. Los hombres y las mujeres, en su mayoría con ojos y rostros muy bonitos, en tonos distintos de piel color canela. Montamos en guaguas (buses), taxis de distintas épocas y hasta en un auto Ford de 1928 que andaba elegante por tan arboleadas y amplias calles en perfectas condiciones.

Visitamos Matanzas y Varadero. Todo un viaje demasiado encantador. Las playas de Varadero nos parecieron del color de la avena en polvo y un mar en tonalidades de azul y verde. Una arena tan fina que se quedaba impregnada en todo el cuerpo y en el cuero cabelludo. El color de la arena de la playa contrastaba con el azul del mar y del cielo. Las playas eran públicas, para nada privadas, limpias totalmente, con turistas tomando el sol y jóvenes vigilantes que, bien vestidos, se paseaban por toda la playa. 

No hay lugar en La Habana que omita el peso de su pasado. El Gran Teatro de la Habana deslumbra de día y de noche: una joya que en la profundidad del negro de la noche refleja entre amarillo y blanco ese punto del centro histórico de la ciudad y que deja boquiabierto a cualquiera, sobre todo por la historia que tiene este lugar para el pueblo cubano. 


Foto: El Gran Teatro de la Habana. Hernando Uribe Castro, Cuba, 2016
Toda la ciudad habla, dice, comunica. Una ciudad que grita a todo pulmón su historia. Una sociedad muy interesante. Para conocerla hay que vivirla y para entenderla hay que caminarla, hablarla con sus pobladores, preguntarla a sus habitantes, fluir por sus calles, recorrer todos sus lugares. 

Como conspiración del cosmos y estando aún en La Habana nos llegó la noticia de la muerte de Fidel Castro, el líder emblemático que ahora se convertía en leyenda para la historia de la civilización humana. No lo podíamos creer que ese acontecimiento tan importante se diera justo en nuestra visita, pues acabábamos de experimentar una ciudad en donde las personas se encuentran aún en las plazas y parques públicos para hablar de la historia de la ciudad, de tantas cosas y de un Fidel con vida. Seguramente su partida traerá transformaciones a la isla, pues como toda sociedad, la cubana está expuesta a las incertidumbres del tiempo y del cambio social. Una experiencia única, maravillosa y encantadora que quedará en la mente de Luis y en la mía como marca imborrable por el resto de nuestras vidas.

Pensamos volver una y otra vez. Las veces que se pueda lo haremos. 
¡Qué hermoso país es Cuba!