Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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miércoles, 20 de septiembre de 2023

EN CALI ARDE UN VOLCÁN

 En Cali arde un volcán
 
Por:
Hernando Uribe Castro, PhD
Director Doctorado en Sostenibilidad

 

La fascinación por la historia ambiental reside en que, además de ir tras las huellas del pasado con perspectiva ecológica y ambiental, abre espacio a todas aquellas historias que, narradas por los pobladores, han rondado en el imaginario colectivo como sucesos extraños que se convierten en leyendas y, para las cuales, se construyen explicaciones basadas en un realismo mágico.

Estudiando el fenómeno de la extracción del carbón mineral en la ciudad de Santiago de Cali, encontré en un magazín que circuló en este lugar durante la década de los años setenta del pasado siglo llamado “Despertar Vallecaucano”, una nota que llevaba por título: “En Cali arde un volcán”. La nota relataba el caso de una pequeña mina ardiente que, según los habitantes del lugar, había estado en continuo incendio por más de cincuenta años.

Como soporte de verificación de esta fascinante historia, el Magazín le tomó una fotografía a la mina “La Esneda”, escenario donde ocurrieron los hechos. En la imagen, efectivamente, se observa el humo que se levanta como fumarolas hacia el cielo desde la falda de la montaña.


Fuente: Despertar Vallecaucano No. 12, noviembre – diciembre de 1973

La nota del magazín expuso, entonces, este caso ocurrido en el Corregimiento de Golondrinas, localizado a veinte kilómetros de la ciudad de Cali y habitado, en ese entonces, por aproximadamente unas trecientas personas cuya economía doméstica dependía de su actividad como mineros, como campesinos y como pequeños comerciantes.

Es importante recordar que desde el siglo XIX tanto la madera como el carbón mineral, había sido usados por los pobladores rurales como fuentes de combustión por las familias para las labores del hogar y la preparación de los alimentos. Con la llegada de los vientos de los procesos modernizantes, con el ferrocarril y sus trenes a vapor, el carbón mineral se convirtió en un producto básico de la economía regional y nacional. Lo que tuvo como consecuencia un aumento progresivo en el número de minas construidas, la llegada de migrantes para trabajar como mineros y en el movimiento sobre el territorio para la extracción de carbón mineral. Gentes de todas partes del país se asentaron sobre estas faldas de montañas con sus familias y ranchos. Poco a poco, por el furor del carbón se configuró la denominada “Cuenca del carbón”, que se extendió desde Yumbo en el norte, pasando por la capital vallecaucana y prolongándose hacia el municipio de Jamundí al sur.

Golondrinas como sector rural se caracterizaba en ese entonces por ser un área de importantes laderas y pendientes con viviendas dispersas sobre el paisaje montañoso. En ellas, los mineros con su fuerza física, picos y palas, abrieron profundos socavones para extraer el carbón mineral, el cual, una vez extraído de la mina lo transportaban por más de una hora hasta la ciudad mediante carros que eran jalonados por ellos mismos. La dificultad para el transporte del carbón se debía a que Golondrinas no contaba con línea férrea, ni con locomotora. De ese modo, tanto la extracción como de transporte, se hacía de un modo más rudimentaria y artesanal. Así, el paisaje social y geográfico de la región empezó su increíble transformación al pasar de ser un sector de importantes bosques a zonas despejadas y cada día más pobladas.

En este contexto social se fundó la mina “La Esneda”, que era un yacimiento de aproximadamente unos 10 kilómetros de profundidad y que, por razones para las autoridades desconocidas, sufrió un incendio interno. El origen de esta conflagración no se pudo identificar del todo, dada la profundidad de la mina y la imposibilidad de llegar al núcleo del fuego. Decían los pobladores que no era posible ingresar a la mina por la dificultad que esta representaba para poder respirar. Por lo visto, el incendio en la mina había iniciado desde la década de los años veinte.

Aunque en distintas oportunidades los mineros, autoridades y habitantes del sector trataron de detener el fuego, bien abriendo socavones para sacar el humo o esperando las temporadas de lluvias, este continuaba y nunca se pudo llegar al punto origen de la conflagración. Incluso, pensaron en taponar y derrumbar la mina, pero de inmediato se percataron del increíble riesgo que tal propuesta podría representar, dada la posibilidad de una potencial explosión de la montaña por el gas carbónico concentrado sin poder salir al exterior. Surgió así, la historia popular de la existencia de un volcán sobre las laderas en esta ciudad.

Para los mineros y habitantes de Golondrinas la montaña era una bomba activa, un volcán a punto de explotar. Incluso, se explicaba que, en algunos sectores de la montaña hubo derrumbes de grandes rocas. Dada la imposibilidad de conocer a ciencia cierta la realidad del asunto, emergió la capacidad imaginativa y especuladora de la fantasía de los mineros que llegaron a decir, que la profundidad de la mina, la enmarañada red de caminos y canales, así como la extensión de los túneles podía llegar subterráneamente a los barrios de Cali que se encontraban en la zona plana, tanto al barrio San Nicolás por uno de los brazos, como al barrio Versalles por el otro. Para los mineros Cali estaba asentada sobre una red de ramificaciones de las minas de Golondrinas y sobre un profundo volcán.

En la nota del magazín de 1973, se ofrece el testimonio de un hombre corpulento de 68 años, don Rafael Uribe G, minero de profesión que dijo haber llegado a vivir al corregimiento de Golondrinas cuando tenía 30 años, es decir en 1938 y, anotaba, que, a su llegada en su etapa de juventud, la mina ya ardía.

Las elucidaciones del imaginario social con respecto al origen del incendio al ser tan inciertas, dieron importante espacio para que los campesinos y mineros habitantes del sector crearan las historias más llamativas y con una especie de fascinación. Por ejemplo, algunas de estas historias múltiples, raras y asombrosas fueron:


“Dicen que un trabajador prendió un cigarrillo y lo arrojó a una veta. En ese momento se escuchó un gigante. Entonces los habitantes de la calle del cocodrilo, aquí en Golondrinas, salieron despavoridos. Después dizque se acostumbraron al ruido y la respiración violenta de este volcán. Otras especulaciones culpan del incendio a un rayo. Un día, un minero se metió solo a buscar carbón y se perdió. “Alguien se dio a su búsqueda con antorcha y se quedó allá. Después, dizque encontraron dos hombres muertos. Parece que se asfixiaron, pero según el terror que demostraban sus rostros padecieron lo increíble en su lenta agonía”. (Magazín Despertar Vallecaucano, 1973, p. 14).

A partir de esta historia emergió el mito del Volcán en los cerros de Cali. En el imaginario social de los pobladores de Golondrinas, el día que la mina quede taponada por alguna razón, explotará la mina y con ella, toda la montaña afectando enormemente a la ciudad de Cali. La representación social de la situación exponía toda una catástrofe: “Cali alcanzará a recibir inmensas corrientes de candela y aludes de rocas. Esto es lo que dicen los mineros. Y ellos, a veces, tienen más sentido común que los geólogos” (Magazín Despertar Vallecaucano, 1973, p. 14).

Pasado los años, finalmente, no se supo la realidad de los hechos. Lo cierto es, lo recurrente de estos casos relacionados con los incendios producidos en las minas de carbón. Desde 1956, entidades como el Servicio Geológico Nacional venía estudiando este fenómeno y, fue éste caso el de la mina “La Esneda”, el que condujo a que esta entidad del Estado diseñara estrategias y métodos aplicables para la extinción de incendios subterráneos. Uno de esos manuales claves fue el titulado “Causas de incendio en las minas de carbón “Las Golondrinas” en el departamento del Valle y métodos aplicables a su extinción / Servicio Geológico Nacional (SGNC) publicado en 1956.

Una de las posibles hipótesis barajadas por el Servicio Geológico Nacional de la época con respecto al incendio de Golondrinas en la mina “La Esneda” es que, se cree, fue de origen espontáneo, favorecido por la temperatura externa moderadamente alta, suficiente aire en las grietas y falta de corrientes de aire que hubieran removido el calor. También favoreció la naturaleza quebradiza del carbón que lo expone a la acción del oxígeno.

Hoy en día, aunque para una parte de los habitantes hubo una leyenda sobre la existencia de un volcán en los Farallones de Cali, casi nadie reconoce y conoce el origen de ésta.

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  • Magazín Despertar Vallecaucano No. 12., noviembre - diciembre de 1973.

viernes, 28 de julio de 2017

VIGILAR LA EXPANSIÓN URBANA EN CALI. COLOMBIA

Vigilar la expansión urbana en Cali, Colombia

Por
Hernando Uribe Castro
Ph.D. en Ciencias Ambientales y Magíster en Sociología
Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Debido al aumento poblacional, comercial e industrial de Santiago de Cali, en 1969 surgió la necesidad de establecer un lugar que sirviera para el depósito de las basuras. Se dispuso así, un área de 12.000 m² y 20 m de profundidad en el Corregimiento de Navarro que posee suelo arcilloso y que se caracteriza por ser una zona de humedales (EJOLT)*. Este depósito de basuras a cielo abierto se convirtió con el paso de los años en una montaña a donde llegó todo tipo de residuos. Una montaña de tal altura, que podía ser vista desde distintos lugares de la ciudad.

Luego de largas discusiones y postergaciones, las autoridades ambientales del Valle del Cauca clausuraron el Basuro de Navarro en 2008. Al cierre, esta montaña había crecido en un área de 400.000 m².,  muy cercana al canal interceptor del sur que toma las aguas de los ríos Cañaveralejo,  Meléndez y Lili, y las lleva hacia el río Cauca. Sobre éste mismo río, más hacia el norte, se encuentra la Planta de Tratamiento de Agua Potable (P.T.A.R) que abastece de éste líquido a una proporción importante de población en la ciudad.

Las razones expuestas para clausurar el Basuro de Navarro fueron: a) había alcanzado su capacidad de carga, b) estaba colmatado y c) su contaminación por lixiviados producía efectos negativos en las aguas del río Cauca. Si bien, estas fueron las razones expuestas, ¿es posible que existieran otros motivos para el cierre?

Un par de años después del cierre del Basuro, la administración Municipal propuso construir una urbanización de apartamentos para población de escasos recursos en este sector. Incluso la urbanización se presentó como Ecociudad Navarro, luego denominada “Ciudadela CaliDa”. ¿No es raro, acaso, que todos los argumentos usados por la administración municipal para el cierre del basuro desaparecieron a la hora de promover y defender la urbanización en ese mismo sector?

Ante tal propuesta, expertos en temas ambientales y epidemiológicos se opusieron al proyecto urbanizador por las consecuencias que esto podría albergar para la población que ahí residiera. Actores sociales, agentes de control del Estado Colombiano (Contraloría General de la Nación) y personal académico e investigativo manifestaron su oposición al plan de urbanización en Navarro**.

Incluso, un informe periodístico (El País del 15 de enero de 2016), explicaba que el Departamento Administrativo de Gestión Ambiental (Dagma), entidad que en un principio había estado de acuerdo con los proyectos urbanísticos en estas áreas, había expresado sus preocupaciones con la urbanización en este sector. Dice la nota periodística así:  “El proyecto para construir 6.000 apartamentos en lo que ha sido conocido como ‘Ecociudad Navarro’ y que la pasada alcaldía de Cali, con el ministerio de Vivienda, lo jalonó como el macroproyecto ‘Ciudadela CaliDA’, con recursos de la Nación, tiene ahora reparos de la autoridad ambiental del mismo municipio. El director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), (…)  tiene dudas frente a esta iniciativa, haciendo aclaración que el proyecto no es de su competencia. Pero sus observaciones coincidieron con las de diversos sectores que las han realizado desde hace tres años, debido a la cercanía a Navarro, que por medio siglo funcionó a cielo abierto como el depósito de basuras de Cali, afectando el río Cauca, y al tipo de terreno para estas viviendas. (…) teme contaminación de suelos, como lo han recalcado investigadores de la Universidad del Valle que insisten desde hace más de un año en ese mismo temor de licuefacción de esa área, con respaldo a su postura de la Contraloría General de la Nación.” (El País, “El Dagma hace reparos hoy a 'Ecociudad Navarro', en el sur de Cali”, 15 de enero de 2016).

Si bien, el proyecto de intervención urbanística de la zona se detuvo (o quedó pendiente, eso aún no se sabe), es claro también que una visita en el día de hoy por sectores como Valle del Lilí o El Caney permite evidenciar cómo el proceso expansivo de la ciudad de Cali se extiende en zonas muy próximas al antiguo basuro de Navarro. Como se puede observar en la fotografía, se ven los edificios de apartamentos y en el fondo la montaña de lo que fue el Basuro de Navarro.


Urbanización en Valle del Lili y la montaña del Basurero de Navarro.
Foto: Luis Hernando Hidalgo, julio de 2017.

Ante este hecho, las autoridades ambientales y de control tienen la obligación de estar muy pendientes que las empresas constructoras e inmobiliarias no vayan más allá del perímetro permitido para expandir barrios y conjuntos cerrados en esta zona de alto riesgo. Una visita de las autoridades y una vigilancia permanente, es importante para verificar y garantizar que en la expansión de Cali hacia Navarro no se usurpe. En el sector del Valle del Lili, el proceso de construcción es increíblemente alto, alto como el ruido y toda la contaminación acústica y de polvo*** que producen las actividades de construcción. Lo mismo sucede a lo largo de toda la zona de expansión en el sur que se encuentra en el recorrido entre Cali y Jamundí.

La recomendación dada por los expertos es no construir viviendas en un área de por lo menos 3 kilómetros de distancia al antiguo depósito de basuras. Ojalá, la visita y la vigilancia que hagan las autoridades demuestren que todavía se respeta la zona límite para la construcción y que no se ha puesto en riesgo la vida de muchas familias que, inocentes e ingenuas, viven en zonas próximas a lo que en años anteriores fue una inmensa montaña de basura y que representa un alto riesgo para la salud. 

Que el proceso expansivo de Cali no continúe deteriorando los diferentes ecosistemas de humedal que existen al sur y oriente de la ciudad, así como el hecho de que se detenga el proceso expansivo de la ciudad en zonas de alta fragilidad como el sector de Pance y las laderas de la cordillera cuyos ecosistemas de bosque se ven fuertemente afectados por la dinámica humana. También sectores frágiles como en Jamundí sobre las faldas de las montañas están siendo amenazados por el proceso  agreste y altamente rentable negocio de las urbanizaciones.

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* https://ejatlas.org/conflict/basuro-de-navarro-cali-colombia
** El Tiempo. "Se aviva el debate por edificios en Navarro". Nota del 12 de septiembre de 2014. En línea: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14522369
*** Sobre contaminación por actividad constructora ver el siguiente link: http://blog.360gradosenconcreto.com/caracterizacion-de-impactos-ambientales-en-la-industria-de-la-construccion/




sábado, 30 de julio de 2016

LAS LADERAS DE CALI: CONSTRUCCIÓN DE UN DESASTRE AMBIENTAL

Las laderas de Cali: construcción de un desastre ambiental

Por
Hernando Uribe Castro[1] y Luis Hernando Hidalgo[2]


Se trata de la ciudad de Santiago de Cali, capital del Departamento del Valle del Cauca en Colombia. Una ciudad cuyo crecimiento urbano se ha dado sobre las más distintas zonas de alta fragilidad ambiental, como zonas de inundación, antiguos cauces de ríos, rellenos de lagunas, fallas geológicas, entre otros lugares. Su expansión planificada actual hacia el sur, precisamente por la valorización que el Estado y las empresas inmobiliarias le han asignado a estas tierras, va incorporando áreas de antiguas zonas de amortiguamiento de bosques, cultivos y humedales.

En los últimos años, en esta ciudad, la discusión sobre el riesgo ambiental ha sido más álgida con respecto al caso del dique del río Cauca al oriente –un dique de protección que ha sido poblado por más de 30 años-, y poco se ha tratado el tema del proceso de poblamiento que se presenta sobre las zonas de laderas en el occidente. Muy seguramente por razones políticas y económicas más que socioambientales.

Un fenómeno de poblamiento que tiene origen desde principios del siglo XX con la construcción del Ferrocarril del Pacífico, cuando algunas comunidades  llegaron a la ciudad con el ánimo de mejorar sus condiciones de vida. Luego, las oleadas migratorias de población desplazadas por la violencia producto del conflicto armado y por los megaproyectos que se hicieron en nombre del desarrollo. Zonas que se convirtieron en única alternativa para acceder a un techo.

Sector Los Chorros, Cali.
Foto de Luis H. Hidalgo, 2016

Con el paso del tiempo, este crecimiento urbano ha logrado tomarse increíblemente las colinas, así como ha ido trepándose sobre las montañas, a tal punto, que hoy en día, logra asomarse en lo más alto de las faldas de los Farallones de Cali. Los diversos tonos de color verde de las colinas imperantes en tiempos anteriores, van diluyéndose entre las tonalidades de grises, cafés y de todo el multicolor producido por la dinámica de la ciudad. Las montañas que en tiempos anteriores se perdían bajo la oscuridad de la noche, hoy desde cualquier punto de la ciudad se perciben como universo cargado de estrellas que como constelaciones palpitan incesantes.

En el día, solo vasta llevar la mirada sobre el occidente de la ciudad, en donde el sol se pone cada tarde, para darse cuenta de este crecimiento urbano desmedido, pues la ciudad es como un gigante pulpo que va extendiendo, poco a poco, sus enormes tentáculos sobre las faldas de la cordillera Occidental.

Un proceso de urbanización que combina toda clase de población y de construcción. Hace presencia aquí los asentamientos legales e ilegales, barrios oficiales y barrios piratas, e incluso, edificios de apartamentos, conjuntos cerrados, urbanizaciones para familias de estratos socioeconómicos altos.

La ciudad ha enfrentado en los últimos años la “Ola de calor y sequía”, pero las agencias como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia –IDEAM- ya han empezado a considerar la posibilidad de la llegada de la “Ola de invierno”,una fuerte temporada de lluvias, que de darse en los niveles que se pronostican, puede producir afectaciones, deslizamientos y desprendimientos de las laderas como montañas que se escurren como lava hacia abajo, sobre todo porque su capa de protección vegetal ha sido afectada a lo largo del tiempo, y de modo especial, en esta temporada de sequía por la constante tala del bosque, deforestación e incendios.

Hasta el momento no se escucha nada de parte de las autoridades con respecto al planteamiento de planes y programas de mitigación de riesgo, o de preparación para los eventos a los que se expone la ciudadanía ante eventos posibles de catástrofe por sismos, derrumbes, lluvias incesantes, etc. Los pobladores de esta ciudad parecen estar desprotegidos y desinteresados del tema.

A medida que avanza la ciudad hacia las zonas altas de la ladera, se van produciendo un conjunto de problemáticas y conflictos ambientales. No solo por los procesos de deforestación sino de afectación de las cuencas hidrográficas existentes sobre este territorio, que son varias, y que se descuelgan buscando el río Cauca. Deforestar y afectar los ríos implica afectar también la fauna y la flora existente.

En casos como el río Pance, la urbanización no se detiene y avanza incesante hacia las zonas más altas y de protección, precisamente por el mercado de la tierra su valorización. Se está interviniendo esta cuenca en nombre del “desarrollo” y el “progreso”, así como en su momento se intervinieron otras como la del río Cali y Aguacatal, para hacer de ellas espacio de una geografía del turismo, espacios de vida para las clases medias altas por los beneficios ecosistémicos y paisajísticos que ofrece. En otras zonas como Siloé, los Chorros, Montebello, Terrón Colorado, entre otros, los beneficios de ocupar estar áreas están relacionadas con el atractivo ofrecimiento de servicios básicos a costos menores (agua, alcantarillado, energía, techo, entre otros,). 

De este modo, en las laderas de la ciudad de Cali, lo urbano se va adentrando hacia lo rural y lo rural empieza a configurarse con los rasgos urbanos. Construcciones, vías, viviendas, personas, extensión de redes de acueducto, alcantarillado, de energía, etc. Suelos, antes fértiles para la protección y conservación forestal, ahora cubiertos de cemento.

La gestión del recurso hídrico presenta graves problemas en tanto no solo se da una fragmentación de competencias de los entes administrativos y del Estado sino también que los distintos planes de desarrollo parecen ruedas sueltas de los Planes de Ordenamiento Territorial y estos, a su vez, de los Planes de Ordenación de las Cuencas Hidrográficas. Planes, planes y planes, que parecen estar escritos en papel mojado, sin coordinación, integración y eficiencia. Ruedas sueltas como sueltas las instituciones del Estado responsables del orden y control territorial.

Cada día, una nueva casa, una nueva urbanización, un nuevo barrio, una nueva obra y un bosque menos. Las colinas arrasadas por la urbanización, la extracción de materiales. Los ríos, fuentes vitales para la sustentabilidad del agua y de la alimentación, ahora urbanizados y privatizados. No existe una gestión integrada del territorio. Parece ser un evento incesante y sin posibilidad de control. Se va construyendo así, poco a poco, día a día, un desastre ambiental de magnitud impensable, ante la vista de todos, de la sociedad civil, de las autoridades y de los empresarios.

Se presencia entonces, todo un proceso de degradación ambiental urbana entendida como el resultado histórico de las constantes intervenciones y acciones humanas que someten el territorio a presiones y que van generando transformaciones y afectaciones a las condiciones propias de los ecosistemas, para dar paso a la configuración de estructuraciones urbanas.


Foto: Hernando Uribe Castro y Luis Hernando Hidalgo, 2016




[1] Magíster en Sociología. Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad del Valle. Profesor Departamento de Ciencias Ambientales, Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Estudiante de Ciencias Sociales, Universidad del Valle.

martes, 28 de julio de 2015

LADERAS DE CALI: DESTRUCCIÓN ECOLÓGICA Y DEGRADACIÓN AMBIENTAL

Laderas de Cali: destrucción ecológica y degradación ambiental*

Por:
Hernando Uribe Castro
Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Profesor de la Universidad Autónoma de Occidente
Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle

Una de las atracciones naturales más hermosas que poseía Santiago de Cali en el pasado era, precisamente, el paisaje cordillerano boscoso que sobresalía sobre los Farallones de Cali y sus variadas tonalidades de verde. Un lugar que con el paso del tiempo se va destiñendo y transformándose por los diferentes impactos de las actividades humanas.

Hoy en día, se presencian los fuertes impactos causados por los asentamientos humanos (legales, ilegales e informales), así como por las diferentes actividades agrícolas, mineras y de explotación maderera. Todo un proceso de destrucción ecológica y transformación paisajística por quemas, tala de bosque e incendios. Desde el mirador de la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Terrón Colorado con vista hacia el cerro de las Tres Cruces, el panorama es desalentador, pues la actividad extractiva destroza este cerro.

Actividad extractiva sobre la cuenca del río Cali. Frente a la Iglesia San Ignacio de Loya
Carretera vía al mar - Cali. Fuente: Google Earth.

De este modo, el impacto no solo tiene que ver con el agotamiento y la contaminación del agua, el aire y la erosión del suelo, sino también con los conflictos sociales relacionados con las actividades legales e ilegales producidos por la extracción de los elementos de la naturaleza y por el mercado de tierras para procesos de urbanización.

Pero no basta únicamente con percibir el daño, es necesario llevar a cabo las investigaciones académicas y legales para determinar responsables, impactos y problemáticas relacionadas con el conjunto de estas actividades.

Mientras que las comunidades han alertado sobre la situación delicada que se está dando con respecto a la extracción de minerales, de roca y vegetación sobre la cuenca del río Cali y Aguacatal, las autoridades ambientales y la fuerza pública poco hacen por impedir que en estos sectores se continúe destruyendo la naturaleza. Algunos ejemplos son: el caso de la minería en Peñas Blancas, en el lugar conocido como Minas del Socorro, El Alto del Buey y las canteras en Normandía.

Con respecto al primero, en un reportaje de mayo del presente año, el periódico El País en entrevista al director Territorial Pacífico de Parques Nacionales, expresaba que: existían 622 hectáreas afectadas, “Uno de los ecosistemas más diezmados es el de bosque alto andino, rico en especies vegetales como el roble y el encenillo y todo tipo de aves que ven amenazada su hábitat.” (El País, 14 de mayo de 2015). La actividad ilegal ha llegado, incluso, a cambiar el cauce de la quebrada del Socorro que es afluente del río Cali por medio de un  túnel artificial de 30 metros de largo que transporta estas aguas hacia el río Anchicayá en la vertiente Pacífico.

Con respecto al segundo caso es el Alto del Buey, ecosistema de páramo y bosque andino en el que existen evidencias de campamentos para la extracción minera. Sobre este hecho escasea la información. Acceder al lugar es todavía mucho más riesgoso.

El tercero de los casos, es el de las canteras en Normandía. En informe de prensa de 2008, El Tiempo, titulaba “Cierran minas en las tres cruces” y se informaba que: “Las canteras fueron cerradas por la Administración municipal después de que el Juzgado 14 Administrativo del Circuito de Cali ordenara al alcalde Jorge Iván Ospina suspender la explotación ilegal a raíz de una acción popular instaurada por un grupo de ambientalistas contra el municipio. Las canteras de altos de Normandía eran explotadas por 60 personas. La inspectora de Policía, Olga Lucía Becerra, dijo que debía respetarse los derechos de estas personas que dependían de este trabajo, pero aclaró que de por medio estaba un derecho colectivo por un ambiente sano. Becerra dijo que la explotación se hacía de manera ilegal, generando muchos inconvenientes para el sector.” (El Tiempo, 23 de octubre de 2008).

En 2011, sobre este mismo caso, el periódico Occidente titulaba "Mina de Piedra Laja en Altos de Normandía será cerrada definivamente". En este reporte informaba que la Secretaria de Gobierno de Cali, Ingeominas y CVC, habían realizado visitas técnicas y habían logrado evidenciar el daño ecológico por la explotación de piedra laja. La Fundación Biodiversidad había realizado una acción popular para detener estas actividades y el cierre definitivo de estas canteras y se dispuso del cierre de caminos y senderos que conducen a este lugar y la instalación de un puesto de policía ambiental. (Occidente, 30 de septiembre de 2011)

Un vistazo hoy en día a todos estos hechos, Minas del Socorro, Alto del Buey, por solo nombrar algunos casos, permite establecer que las actividades continúan. De inmediato nos surgen interrogantes:

¿Qué está sucediendo en las laderas de Cali? ¿Si existe una normatividad legal ambiental, por qué no se hace cumplir? ¿Por qué los agentes del Estado prolongan en el tiempo las acciones que debieron de ejercerse hace tiempo? ¿Por qué, y a pesar, de que el Plan de Desarrollo de Cali se considera el más ambiental, se continúa sin ejercer el control sobre estas zonas para evitar la presencia de estas actividades destructoras de las cuencas hídricas? ¿Existen personas, grupos y/o organizaciones ya identificadas y judicializadas por estas actividades? ¿Por qué, conociéndose estos hechos, el proceso de destrucción continúa? ¿Dónde están los agentes del Estado encargados y responsabilizados por estos hechos? ¿Por qué se atacan algunos casos como el de jarillón y por qué otros se callan e invisibilizan?

Y peor aún, ¿Acaso empresarios, políticos o agentes privados con mucho poder en los espacios de decisión local, están detrás de estos intereses económicos y actividades extractivas ilegales?

* Publicado por El Pueblo, 1 de agosto de 2015.