Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

BREVES COMENTARIOS A LOS PLANTEAMIENTOS MARXISTAS AMBIENTALES

Breves comentarios a los planteamientos marxistas ambientales

Por: Hernando Uribe Castro[1]

La siguiente reseña aborda cuatro autores desde la perspectiva del marxismo crítico con respecto a los efectos del capitalismo en el medio ambiente. Estos autores son: de E. Swyngeouw se analizó el texto “¡La naturaleza no existe! La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada” (2011); de J. O´connor se abordó el texto “¿Es posible el capitalismo sostenible?” (2002); de D. Harvey el libro “El nuevo imperialismo” (2007); finalmente, de E. Altvater el artículo “¿Existe un marxismo ecológico?” (2006)

Erik Swyngedouw y la ecología como el nuevo opio.
El autor se propone desarrollar tres argumentos: a) la naturaleza, como “medio ambiente” y “sostenibilidad” son significantes vacíos; b) no existe una “naturaleza” sino que existen naturalezas múltiples y relaciones socio-naturales diversas; c) la naturaleza entendida como algo particular despolitiza las cuestiones políticas de las soluciones a las crisis ecológicas; d) la “naturaleza” y la “sostenibilidad” hacen parte del juego contemporáneo para despolitizarla; e) es necesario politizar el medio ambiente a partir de:

 “base del reconocimiento de la indeterminación de la naturaleza, el antagonismo constitutivo de la ciudadanía, la incondicional demanda democrática de la igualdad política y la posibilidad real de inaugurar diferentes futuros socioecológicos, viables y público, que expresen las presunciones democráticas de libertad e igualdad” (2011:47)

Este autor parte del planteamiento según el cual, es necesario tener precaución con todo un conjunto de argumentos que se hacen con respecto a la naturaleza cuya característica es dada por un vacío, conceptualmente político.  Lo que permite hacer uso de estos conceptos del modo más ideológico con los cuales se pretenda dar solución a la crisis socio-ecológica. 

Para este autor, existen, tres sentidos con respecto a los significantes del término: primero, la diversidad conceptual de la naturaleza hace difícil su comprensión de primera mano, y por tanto, comprenderla, requiere por tanto llegar a esos otros conceptos que la componen; segundo, la naturaleza se comprende como lo correcto, lo normativo y como principio de organización eterna; tercero, la naturaleza como el paraíso.

Estos tres sentidos tienen el papel, no solo de la dificultad de definir exactamente qué es la Naturaleza, sino también de despolitizar su sentido político y, por tanto, la hace un concepto confuso y que limita la posibilidad de su propia defensa. Esto significa que entre más significantes tengan que utilizarse para conferir un sentido al concepto, más complejo e incompleto se vuelve su comprensión.

Pensar el conflicto ecológico sin la naturaleza (en el sentido de las tres sentidos) libera los argumentos para poder afrontar la crisis ecológica. “La naturaleza constituye, precisamente, ese elemento vacío central cuyo sentido solo se esclarece relacionándolo con otros significantes, reconocibles de forma directa.”(2011:44).

Se ha tratado de solucionar este problema con otro significante vacío como sostenbilidad. Este concepto aparece entonces como un re-ensamblamiento pospolítico que hace referencia a la gobernanza ambiental. Sostenibilidad por sí mismo entonces sigue requiriendo un arsenal de nuevos significantes tales como “comunidades sostenibles”, “bosques sostenibles”, “ciudad sostenible o verdes” o “ecociudades” que reemplazan el sentido político del término.

Esto ha llevado a que desde los espacios de toma de decisión y de poder político se establezcan los siguientes criterios y argumentos: a) los problemas sociales y ecológicos causados por el capitalismo son efectos secundarios; b)  estos efectos son globales amenazantes; c) impone un discurso populista hacia la construcción de una ciudadanía globalmente ambiental; d) los problemas que producen la crisis son externalidades e incorpóreos, sin nombre, ambiguo y difuso; e) una gestión política de las preocupaciones.

Estas complejidades demandan una re conceptualización de lo político, de la política y del sentido de la planificación, como acto que materializa la decisión política con respecto al actuar ambientalmente. No existe una ecología igualitaria, sino ecologías diversificadas. Por tanto, las respuestas deben ser acordes a las realidades específicas.

Esta re conceptualización de las relaciones socio-ecológicas se hace urgente. Un sentido de naturalezas es pluralista y democrático que implica múltiples soluciones sobre los diferentes entornos. “los entornos son el resultado histórico-específico de procesos socio-físicos. Todos los procesos socio-espaciales, de hecho, son construidos invariablemente en base a la circulación, el metabolismo y la codificación de procesos sociales, culturales, físicos, químicos o biológicos, pero su resultado es contingente, a menudo imprevisible, enormemente variado, arriesgado.” (2011:62).

James O´Connor y su pregunta por “¿Es posible el capitalismo sostenible?”.
El autor parte haciendo una diferenciación del concepto de sostenibilidad en el marco de la frase “capitalismo sostenible”  en cuatro sentidos: a) sostenibilidad como apoyo  o sostener el curso; b) sostenibilidad en el sentido de proveer o proporcionar medios de vida; c) en el sentido de persistir o sostener si ceder; d) sostenibilidad ecológica.

La pregunta de fondo que se hace Oconnor es ¿es posible el capitalismo sostenible? Y su respuesta es no haciendo uso de lo que denomina las contradicciones del capitalismo: la primera conocida como “contradicción interna entre el poder político del capital y la capacidad de la economía capitalista para funcionar” y la segunda “la reducción de las ganancias marginales” generada por la contradicción capital y naturaleza que se encuentran asociadas a los efectos adversos para el capital que surgen del ambientalismo y los movimientos sociales. Como se puede observar es un problema político.

Con respecto a la primera contradicción O´connor plantea que:

“el intento de los capitales individuales de defender o restablecer sus ganancias incrementado la productividad del trabajo, aumentado la rapidez de los procesos productivos, disminuyendo los salarios o acudiendo a otras formas usuales de obtener mayor producción con un menor número de trabajadores, y pagándoles menos además, termina por producir, como un efecto no deseado, una reducción en la demanda final de bienes de consumo. Una menor cantidad de trabajadores técnicos y otras personas vinculadas al proceso de trabajo produce más y, por tanto, está por definición en menor capacidad de consumir, descontando una deflación de los precios. De este modo, mientras mayores son las ganancias producidas, o la explotación de trabajado, menores serán los beneficios realizados, o demanda de mercado, si todos los demás factores permanecen sin cambios” (2002:35)

Con respecto a la segunda contradicción:

“si los costos de trabajo, los recursos naturales, la infraestructura y el espacio se incrementan de manera significativa, el capital enfrenta una crisis económica que surge del lado de los costos: de una parte cuando los capitales individuales defienden o recuperan ganancias mediante estrategias que degradan las condiciones materiales y sociales de su propia producción, o que no logran mantenerlas en el largo del tiempo (…) o cuando los movimientos sociales exigen que el capital aporte más a la preservación y a la restauración de estas condiciones de vida, cuando demandan mejor atención de salud, protestan contra el deterioro de suelos,  y defienden los vecindarios urbanos de forma que incrementan los costos de capital o reducen su flexibilidad.” (2002:37)

Para O´connor al capitalismo no le ha quedado fácil enfrentar estas dos contradicciones con respecto al medio ambiente porque existen unas condiciones de contexto:

Primero, a pesar de que se ha dado una serie discursos verdes, la evidencia desfavorece la sostenibilidad ambiental del capitalismo, segundo, porque los gobiernos privilegian la atracción de inversiones antes que solucionar los problemas ambientales locales o nacionales; tercero, porque no existe una suficiente fuerza de movimientos verdes autónomos; cuarto, porque algunos gobiernos negocian derechos de primogenitura a las corporaciones.

Para cada contradicción, el capitalismo plantea soluciones no todas las veces efectivas y con repercusiones graves para la sociedad, como por ejemplo la reducción de los costos sobre los costos. Para O´connor, un capitalismo sostenible requeriría, para iniciar, de por lo menos dos principios: presupuestos nacionales que obligaran a pagar impuestos elevados sobre insumos de materias primas (carbón, petróleo, nitrógeno) y sobre productos (automóviles, plásticos, etc), complementados con política de etiqueta verde que exime a las compañías verdaderamente verdes. El otro sería carácter político, es decir, de contar con políticas nacionales de gasto que subsidien masivamente a la energía solar y otras fuentes alternativas de energía, algo así como un presupuesto verde.

Para terminar, no obstante, O´connor plantea que no se sabe la reacción de capitales individuaes, gobiernos y agencias internacionales ante una eventualidad ecológica general o global. Frente a esto puede ocurrir: a) presión de costos fuerce a capitales individuales a restarurar ganancias incluyendo las externalidades; b) la construcción de un programa general de restauración ambiental.

Igualmente, plantea tres posibilidades políticas: a) un espacio público de participación de minorías, trabajadores, mujeres movimientos urbanos y ambientalistas trabajen política y económicamente, en estrategias y alianzas electores que fortalezcan a sociedad civil y tensionen los espacios políticos tradicionales que han tomado decisiones. b) alternativas económicas y ecológicas dentro de la esfera pública o bienes verdes comunales “ciudades verdes”, “diversidad agrícola” etc. c) democratización de los centros de trabajo y la administración del Estado, de algunos aparatos de Estado y eliminación de otros.


David Harvey y la acumulación por desposesión
Ahora bien, David Harvey considera que comprender esta relación entre capitalismo y la sociedad (caracterizada por una tendencia a los procesos de urbanización), se requiere comprender la relación entre los procesos sociales y las formas espaciales.[2] Comprender esta relación también permite develar la injusticia social, la jerarquización del poder y la acumulación por desposesión.

Harvey considera que el espacio es una de esas dimensiones a veces olvidadas en el análisis social. El descubrir el espacio y su relación con los procesos sociales, pone a la teoría y a la metodología en otro lugar diferente a la forma de explicación tradicional, donde el espacio es un simple recipiente que se llena con cosas y prácticas culturales que racionalizan su uso. En el espacio se expresan los fenómenos y los comportamientos sociales que pueden conllevar a la formación, transformación o resignificación del espacio. La noción de espacio para Harvey es la de espacio construido.

Y si los procesos sociales son vistos en las formas espaciales, lo es también la justicia social. Los espacios son puntos importantes donde la justicia social se materializa y se produce, por lo que la justicia social surge de los procesos sociales que llegan a verse expuestos en los lugares ocupados por la sociedad. Y esta justicia social también se distribuye sobre el espacio. Tanto la injusticia social, las desigualdades y los procesos de exclusión de poblaciones hacia lugares marginales y la acumulación por desposesión, que son características de la sociedad capitalista y que pueden verse de modo claro en el modo como los agentes del capital y del Estado construyen sus territorios, se pueden comprender mejor con la ayuda de los planteamientos marxistas partiendo de la función entre el valor de uso y el de cambio en los modelos de integración económica y de organización social.

Comprender el paso que tiene un objeto de un valor de uso, hacia un valor de cambio de tal modo que se convierte en mercancía. Harvey se pregunta qué sucede cuando ese objeto natural es el suelo y cómo el suelo se transforma en mercancía. En ese proceso de transformación entre un valor y otro, existe un proceso social que explica cómo se produce el valor de cambio. Pero además, como la mercancía misma resume ese proceso social que implica relaciones sociales y económicas en el capitalismo: a) el suelo no es trasladable porque tiene localización fija y sobre este punto existe una propiedad que puede ser monopolizada; b) son mercancías de las que ninguna persona puede prescindir; c) cambia con menos frecuencia de manos y acumulan operaciones comerciales, infraestructura de servicios públicos y vivienda. El suelo es permanente y las mejoras tienen porvenir porque almacenan riqueza, valores almacenados y menos mantenimiento pero también cambios en el mercado de periodos cortos, uso es largo y diferentes usos.

Harvey señala además que la explicación debe incluir el problema de la renta, porque: la renta funciona como un instrumento de racionamiento que distribuye normalmente los usos del suelo en las distintas localizaciones; La renta es la ganancia producida por un factor de producción escaso, y el suelo no difiere esencialmente del trabajo o del capital; existe una relación entre la renta y la propiedad privada; la renta puede surgir según el modo dominante de producción; las definiciones de renta dependen de las condiciones económicas de cada época. La renta surge para asignar al suelo diferentes usos: el uso del suelo puede determinar el valor y en esta medida se conduce a modelos eficientes; pero cuando el valor puede determinar el uso del suelo, de inmediato se produce especulación del valor.

En el modelo de integración económica capitalista, el plusvalor tiene importante injerencia en la acumulación por desposesión. La transición de la reciprocidad a la redistribución (se da cuando hay un cambio de reproducción simple, a reproducción ampliada). Esto conlleva a una acumulación originaria de unos sobre otros, en la sociedad jerárquica. Esto es la base embrionaria del intercambio de mercado.

Las condiciones que permitieron la transformación de la reciprocidad en redistribución fueron cruciales para el urbanismo y concentraron el plusproducto en pocas manos y sitios.
Aquí es importante el concepto la acumulación por desposesión propuesto por David Harvey en su libro “El nuevo imperialismo” (2007):

“la mercantilización y privatización de las tierras y la expulsión por fuerza de las poblaciones campesinas; la conversión de varios tipos de derecho de propiedad (comunal, colectiva, estatal etc.) en derechos de propiedad privada exclusivos; la supresión del acceso a bienes comunales; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y consumo; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de bienes (incluido los recursos naturales); la monetización del intercambio y los impuestos, en particular sobre la tierra; la trata de esclavos; y la usura, la deuda nacional y más recientemente el sistema de crédito.” (2007)

Elmar Altvater y la pregunta por: ¿existe un marxismo ecológico?
Marxismo puede ayudar a plantear y comprender los problemas ecológicos contemporáneos, teniendo en cuenta la ambivalencia que existe en esta tradición con respecto la naturaleza. Según Altvater, Marx comprendía la práctica humana como parte del metabolismo hombre-naturaleza. La producción y reproducción capitalista es un proceso continuo de crecimiento y de expansión sobre la naturaleza.

En la producción capitalista, la producción tiene doble carácter, por un lado la producción como proceso de trabajo (la transformación de materia natural y energía en valores de uso) y por otro, la producción como productor de valor y plusvalía (acumulación capitalista y crecimiento económico). Un fetichismo del crecimiento.

Almater llama la atención sobre cómo esta lógica del capitalismo produce una crisis y contradicciones. Para ello se arma de los argumentos del propio Marx sobre la “naturaleza humanizada” de Harvey sobre la acumulación por desposesión (que explicamos en el punto anterior y de O´connor sobre las dos contradicciones del capital (explicado en el punto número uno de este escrito).

Para Almater además de lo anterior, existen dos puntos esenciales abordados desde el marxismo: la cuestión de la valorización y la entropía.

Con respecto a la valorización plantea: la acumulación capitalista tiene espacio y tiempo. El tiempo entendido como aceleración, el aumento de la productividad y la plusvalía relativa como elementos relacionados con la unidad de tiempo: acelerar todos los procesos para extender el alcance de la producción y la reproducción del capital sobre el espacio. Y la expansión espacial del capital es en parte la dinámica de la acumulación del capital eliminando fronteras y limites, es decir la globalización moderna. Elementos analizados por el propio Marx en Grundisse. “el capitalismo es un sistema expansionista en el que todo es interpretado como materia prima para el proceso de producción de valor y plusvalía” (2002:358).  Por tanto la valoración es un principio infinito en el capitalismo.

Con respecto a la entropía plantea: el capital se apropia de la plusvalía como recurso para reinvertir y acceder a una plusvalía mayor. Pero esta dinámica del capital no es la misma que de la naturaleza cuyo tiempo de retorno es lento y supera la expectativa del tiempo humano, en muchos casos.

Al darse esto, en el capitalismo los stock de materia y energía son agotados incrementado al entropía en un planeta limitado. Para Almater entonces, el marxismo aporta a la comprensión de la relación hombre y naturaleza en donde el hombre la transformar la naturaleza produce un metabolismo incidido por la lógica del capital que no es la misma lógica del modo como opera la propia naturaleza, produciéndose asi una crisis ambiental

Bibliografía

Altvater, E. ¿Existe un marxismo ecológico?, en La teoría marxista hoy: problemas y perspectivas. Atilio BorónJavier AmadeoSabrina GonzálezElmar Altvater. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, 2006. 498 pág.

Harvey, D. El nuevo imperialismo. Madrid: Ediciones Akal, 2007.

O'Connor, J., (2002) "¿Es posible el capitalismo sostenible?" en H. Alimonda (comp.) Ecología, política, naturaleza, sociedad y utopía. Buenos Aires, CLASCO. pp 27-52.

Swyngeouw. E. ¡La naturaleza no existe! La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada, en Urban, No. 11, 2011. pp 41-66.




[1] Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Occidente. Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales. huribe@uao.edu.co
[2] “Las formas espaciales han sido tratadas aquí no como objetos inanimados dentro de los canales se despliegan los procesos sociales, sino como cosas que «contienen» procesos sociales en la misma medida en que los procesos sociales son espaciales” (1977, p. 3).

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