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viernes, 19 de mayo de 2017

CALI Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Cali y el cambio climático

Por
Hernando Uribe Castro
Ph.D. en Ciencias Ambientales

Es evidente que Santiago de Cali no está preparada para afrontar las fuerzas que imponen los efectos del cambio y la variabilidad climática. Se suma a ello, el hecho de que Cali es una ciudad planeada más desde los escritorios de los tecnócratas y desde los intereses de una elite económica y política que se interesó profundamente en cómo hacer riqueza con el mercado de tierra y la expansión urbana, y muy poco en cómo aportar a la construcción de una ciudad acorde a las características propias del territorio y sus ecosistemas.

La ciudad fue construida sobre zonas de humedales, lagos y ciénagas que fueron intervenidas con obras llevadas a cabo por las instituciones en nombre del Estado para sacar una renta y beneficio económico a la tierra. Por ejemplo, la línea del jarillón se construyó junto a la orilla del río canalizando de este modo el caudal del río Cauca e interviniendo la comunicación entre ésta y su zona de inundación. El papel que cumplían los humedales, lagos y ciénagas era precisamente el de ser espacios de control del desbordamiento del afluente y de sus tributarios.

Toda la parte de Cali, desde la línea del ferrocarril (entre las calles 25 y 26) hacia el oriente debió ser una zona de amortiguamiento para la dinámica de inundación del río Cauca y no un área de expansión urbana. Esto había quedado muy claro en la formulación del Plan Piloto de los años 40. Plan que por supuesto no fue llevado a cabo en su totalidad porque primaron más los intereses  por fomentar y ejecutar el Plan Lilienthal que diseñó el valle geográfico del río Cauca a imagen y semejanza del Plan Teneesse en Estados Unidos con el que se pretendía beneficiar un sector agrícola y agroindustrial. En el marco de este Plan Lilienthal, se ejecutó el Plan Aguablanca para la ciudad de Cali. Con el Plan Aguablanca, las áreas de inundación, aquellas en donde estaba el gran sistema del sector, se incorporaron como tierras para la expansión urbana desecando y rellenando este inmenso sistema de humedales.

A esto se debe agregar que las elites, al negociar el valor de la tierra, no prestaron tampoco una atención a las cuencas hidrográficas que bajaban desde los Farallones de Cali en la Cordillera Occidental hacia el río Cauca. Muchos de estos ríos fueron canalizados (como Cañaveralejo, Meléndez y Lilí). El Cañaveralejo llevó la peor parte pues fue convertido en canal de aguas residuales y unido a los otros dos ríos (Meléndez y Lilí) mediante un canal de intercepción en el sur. No es raro pues, que ahora estos afluentes puedan recobrar su memoria y producir los estragos sociales que se han venido construyendo por largos años debido a que sus áreas de inundación fueron urbanizadas.

Las autoridades nunca controlaron el proceso expansivo de urbanizaciones legales e ilegales hacia las zonas de ladera, así como en el oriente, incluso en la línea del jarillón. Hoy en las zonas de ladera habitan innumerables familias (de estratos socioeconómicos altos, medios y bajos) que corren gran peligro ante posibles deslizamientos por las intensas lluvias producidas por los efectos del fenómeno de La Niña, así como por la pérdida del bosque, el aumento de la erosión y los incendios forestales. Se construyó así la posibilidad inminente de un riesgo social de gran envergadura ante un cambio climático cuyos efectos se van haciendo más fuertes con el pasar del tiempo. Lo que se ha visto de estos efectos en la ciudad de Cali todavía es poco para lo que en términos de variabilidad y cambio se prevee, viene para el futuro.

Lo que se observa es que las acciones del gobierno local y nacional actúan sobre los acontecimientos ya producidos y no sobre la capacidad de evitarlos y/o prevenirlos. Los recursos que se asignan para la atención por desastres en Colombia es inmensa y esto se convierte en un botín muy importante para agentes y funcionarios corruptos que se aprovechan de que las cosas sigan así.

Los lugares de la ciudad y sus zonas adyacentes que desde tiempo atrás venían presentando problemas por inundaciones (en temporadas de fuertes lluvias) o de incendios (en temporadas de fuerte sequía) continúan presentando estos problemas a pesar de que se han detectado desde hace mucho tiempo. El caso de las inundaciones en Juanchito sobre el río Cauca se repite cada vez que aparecen las famosas “Olas invernales”. La población ha vivido inundaciones desde hace mucho tiempo, y se hacen más fuertes en el presente. Lo peor de esta situación, es que estos lugares se verán cada día más afectados por la fuerza del cambio climático. Otros lugares en donde no se vislumbraban problemas relacionados con estos impactos, hoy ya se están viendo afectados. Por ejemplo, las inundaciones en sectores como El Templete, El Panamericano y la Autopista Suroriental.

Falta mucho para que Cali sea una ciudad adaptada al cambio climático. Falta mucho para que los políticos que toman decisiones se den cuenta de la prioridad que implica el cambio y la variabilidad climática en la agenda pública. Los políticos y tomadores de decisión todavía creen que los estragos que se presentan en las ciudades y en diferentes zonas del país son hechos aislados, porque no ven (o no quieren ver) que todo esto hace parte de la dinámica del sistema natural. El crecimiento agigantado de Cali no respetó las condiciones de la Naturaleza y esta misma Naturaleza le está pasando cuenta de cobro ya a la ciudad.

Infortunadamente, ante este panorama desolador, la población termina dolida por las víctimas humanas y las pérdidas materiales. Población que regularmente se corresponde con los grupos sociales que han sido empobrecidos y marginalizados. Pero ya se está observando que los efectos se empiezan a sentir en toda la población, indistintamente de su clase social.

En términos concretos: la generación de los desastres por inundación en el valle geográfico del río Cauca, y en Cali en especial, obedecen al pésimo diseño y ordenamiento del territorio que desde las primeras décadas del siglo XX, hasta el presente, han llevado a cabo los agentes privados del capital agrícola y agroindustrial, así como los agentes del Estado sobre este territorio. El agua del río Cauca recupera su memoria. La acción humana irresponsable ha participado también de la producción acelerada del cambio climático

Ante este panorama, las comunidades locales, la academia y los movimientos sociales, así como la sociedad civil en general, tienen un importante papel por desempeñar. No solo como dinamizadores de las discusiones. También como demandantes de políticas públicas claras y transparentes antes las instituciones de los organismos competentes. Del mismo modo, como diseñadores que participan y proponen en la toma de decisiones de los futuros escenarios y de las posibles soluciones a tan agigantado problema.



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