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Disertación Doctoral Hernando Uribe Castro, Marzo 30 de 2017. |
domingo, 26 de marzo de 2017
miércoles, 22 de marzo de 2017
DIVERSIDAD PLANETARIA VS. GLOBALIZACIÓN
Diversidad planetaria vs. Globalización
Por:
Hernando Uribe Castro
Ph.D. (c) en Ciencias Ambientales
La Tierra es un planeta con aproximadamente 4.600 millones
de años. Luego de pasar por sucesivos periodos y procesos, logró establecer las
condiciones exactas para la formación y difusión de la vida, cuya principal
característica fue la presencia de una
diversidad. La ciencia demuestra cómo el planeta se reinventó de modo constante
en el camino de su evolución, pues presenció momentos de gran riqueza y
diversidad así como momentos de increíbles extinciones. A pesar de ello, la Tierra
se recuperó y volvió a consolidar la riqueza natural de su biosfera.
Pasó mucho tiempo entre los inicios de la Tierra y la
aparición de las primeras especies que dieron como resultado la especie humana,
hace tal vez doscientos mil años. La especie humana se distribuyó por distintas
áreas, pobló distintas regiones adaptándose y adaptando diversos contextos
geográficos. La difusión de esta especie, produjo una diversidad de entornos, así
como la domesticación de animales y de plantas. Produjo a lo largo de su
proceso civilizatorio una importante diversidad cultural (lenguajes, grupos y
culturas) y una diversidad de paisajes. La humanidad transformó ecosistemas,
plantó bosques, domesticó el fuego y buscó por todos los medios controlar el
agua. En éste proceso civilizatorio el ingenio, el aprovechamiento y la
constante creación fueron especiales. La producción de la diversidad expresó la
proliferación de la experiencia de la vida y la capacidad creativa adaptativa a
unas difíciles condiciones planetarias. Y así estuvo por mucho tiempo.
Con el pasar del tiempo y más recientemente, la actividad
humana sobrepasó los límites del planeta. Con la globalización, esa diversidad
entró en crisis, pues los agentes dinamizadores de las corporaciones globales,
motores de esta globalización y principales beneficiados de las ganancias
económicas producidas, pusieron en amenaza no solo la diversidad de la especie
humana (imponiendo un lenguaje, destruyendo comunidades aborígenes e instaurando
prácticas, gustos y productos globales a lo largo y ancho del planeta), sino
también la diversidad de todas las especies y de la trama de la vida en general.
Según datos de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza, muchas especies están desapareciendo por
causa del modelo de sociedad global antes de que se pueda tan siquiera
describir. En 2014, se consideraban algo más de 22.413 especies en vía de extinción
por causa de la especie humana sobre la dinámica del planeta. Según Greenpeace
por causa del aumento de la temperatura en el agua, los arrecifes se cocinan vivos; este incremento produjo
la muerte de dos tercios de los corales en 2016. Y la Organización
Meteorológica Mundial (OMM) confirmó el 2016 como el año que batió records en
aumento de temperatura global.
Los agentes en nombre de las corporaciones y los Estados, por
afán de lucro, produjeron guerras, deforestaron bosques, desecaron lagos, intervinieron
los ríos, bombardearon zonas de riqueza arqueológica y natural, aportaron en la
construcción de urbes, perforaron el subsuelo y extrajeron su sangre, e
incluso, controlaron la mente de los humanos bajo la idea del Desarrollo y el crecimiento económico. Con
la expansión de grandes zonas de cultivos agroindustriales, transgénicos,
urbanizaciones y destrucción de selvas, bosques y costas, impusieron un estilo
de vida humano globalizante como único y posible sobre la faz de la Tierra. Una
vida humana que, geológicamente, dejó huella como estrato en la corteza
terrestre: el antropoceno.
La urbanización, las tecnologías, las redes de información
no solo globalizaron cada punto en la tierra sino que además intensificaron el
uso de recursos naturales: por ejemplo, Soroa (2014), explica que para producir
"Un microchip de 2 gr requiere, para su fabricación, 72 gr de productos
químicos, 20 litros de agua, y el equivalente a 1,2 kg de combustibles fósiles
en consumo energético, además de generar 17 kg de aguas residuales y 7,8 kg de
desechos sólidos, junto a toda una serie de emisiones tóxicas a la atmósfera.
El análisis del ciclo de vida de un microchip sintetiza en definitiva un
proceso a todas luces paradójico y a la vez revelador: mientras progreso
tecnológico avanza hacia una miniaturización de los dispositivos electrónicos,
el impacto ambiental de los mismos se acrecienta." (p. 5-6).
A los ecosistemas se les asignó un valor económico y un
papel para la producción de riqueza con la extracción de sus recursos para
alimentar la dinámica de la agricultura, la industria, el comercio y el turismo.
El mercado pone al consumidor productos que controlan comportamientos, gustos y
pensamientos. Una estrategia que al entretener, homogeniza. Muere así la
diversidad.
Las Corporaciones, sus agentes e instituciones, profundizaron
las idea aquella que, proveniente del pasado, pretendían hacer de la especie
humana el centro del universo. Una especie arrogante, ego y antropocentrista.
Hicieron olvidar que como especie humana goza de los mismos derechos de las
otras innumerables especies que habitan este planeta. Produjeron en la especie
humana lo que se podría denominar como un alzhaimer
colectivo y al parecer, han logrado “anestesiar” a cada individuo para no
sentir el daño que se le produce a la naturaleza. La memoria biocultural
(Toledo y Barrera-Bassols, 2014) de la especie se encuentra moribunda.
Frente a esta homogenización y accionar corporativo,
resultan respuestas de comunidades en distintas partes del mundo por la defensa
de la naturaleza, de la diversidad y por un mundo distinto. Comunidades
localizadas en distintas geografías trabajan día a día por prácticas
agroecológicas con el objetivo de recuperar la soberanía alimentaria.
Defensoras de los territorios han dado su vida por confrontar los
megaproyectos.
No obstante, muchos seres humanos, aun encantados, hipnotizados
por el estilo de vida globalizador, niegan estos efectos, se sumergen cada vez
más en los procesos homogeneizadores y no desean saber que además de ellos, el
planeta Tierra cobija algo. Seres humanos que no tienen interés en conocer más
sobre su mundo, pues siendo presas de las tecnologías y las redes informáticas,
así como de la avaricia por el dinero y la seducción del entretenimiento, viven
su día entero en un mundo virtual (como lejano) con sus ojos pegados a
celulares y todo tipo de dispositivos, sin saber que el aire que respira, el
agua que bebe y el piso que lo sostiene son dados por este gran Planeta.
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Bibliografía:
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Bibliografía:
Soroa, J. B. (2014). Lo pequeño no es tan
hermoso... ni tan ecológico. Boletín ECOS Nº 25 - Diciembre 2013- Febrero 2014 .
Toledo, V. M., Narciso Barrera-Bassols. (2014). La memoria biocultural. la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Popayán: Universidad del Cauca.
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