Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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viernes, 17 de julio de 2015

ENTRE PUENTES, SEMÁFOROS Y CAOS URBANO: UN URBANISMO EXTRAÑO

Entre puentes, semáforos y caos urbano: un urbanismo extraño

Por: Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología,
Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Profesor, Universidad Autónoma de Occidente

De las cosas que llama profundamente la atención con respecto a la movilidad de Cali, tiene que ver con un conjunto de obras civiles, construcciones e infraestructuras realizadas a lo largo de la historia urbana de la ciudad que tras una cuidadosa observación, produce preguntas, inquietudes y cuestionamientos. Muchas de estas obras impactan no por su diseño arquitectónico ejemplar, sino por lo mal elaboradas y por la pobre función que cumplen.

Obras que se construyeron muy mal y que no han logrado solucionar muchos de los problemas de movilidad de la ciudad prometidos. Una ciudad que en su mayor parte posee una topografía plana, piensa uno, facilitaría una excelente planificación. Desafortunadamente, las obras evidencian que sobre su ejecución, pesaron más los intereses económicos en beneficio de lo privado y personal que unos intereses auténticamente ciudadanos y colectivos.

Inicio con la mal llamada “Autopista suroriental” cuyo  trazado, extraño de por sí, zigzaguea desde el norte hacia el oriente, y del oriente hacia el occidente y del occidente hacia el sur. No es una línea recta.

Esta “Autopista” tiene la particularidad de que sobre ella existe un número importante de puentes vehiculares y debajo de cada puente una cantidad de semáforos (casi en cada cruce con vías secundarias importantes).

Piensa uno, en su ingenuo y poco conocimiento en obras civiles, que si se construyen puentes sobre las principales vías es para que el flujo de autos no se interrumpa y, en consecuencia, se eviten trancones y obstáculos para la movilidad. Por tanto, la función de que se construyan puentes es para mantener el flujo continuo de vehículos y peatones.

Pero precisamente esto es lo que no sucede sobre esta autopista: obsérvese cómo en el sector donde se conecta la “Autopista” Suroriental con la “Autopista” Simón Bolívar, existe el puente de los Mil Días y debajo de él están los semáforos. Si se sigue el recorrido, se llega al hundimiento vial de la autopista frente al edificio Comfandi de Prados de Oriente con Troncal de Aguablanca. Un hundimiento que se hace con el fin de agilizar la movilidad por el sector en beneficio del transporte masivo MIO, termina finalmente construido con una maraña de cruces y semáforos que producen una movilidad lenta y trancones a las horas pico. Los autos, peatones y ciclistas se confunden a la hora de transitar por este lugar. Y lo peor es que este hundimiento termina en uno de sus extremos con unos semáforos. 

Luego se llega al sector de La Luna (Autopista con calle 13), donde también existe un inmenso puente y debajo de él este están los semáforos. Igual sucede en el sector de la 39, junto a las canchas Panamericanas. Puentes con semáforos por doquier. ¡Qué locura!

Sobre la “autopista” Simón Bolívar hace algunos años se construyeron unos puentes largos peatonales que nadie usa, y debajo de estos puentes se han puesto semáforos. Las personas pasan la autopista al ras del piso y no hacen uso de los puentes.

Ahora bien, sobre el sector del Valle del Lili a la altura de la calle 25 con carrera 100, se vuelven a unir la Autopista suroriental que con la Avenida Simón Bolívar que traen cada uno de a 5 carriles. Estas dos vías con 10 carriles al unirse quedan tan solo en dos, que son los dos carriles que van desde el puente de la 25 con 100 hasta el Municipio de Jamundí. En este lugar también se ha formado un paradero “pirata” de los buses intermunicipales que van hacia el sur del país. En este punto diariamente se producen trancones, accidentes de vehiculares, choques con motos y tránsito de carretillas (vehículos de tracción animal). Se pincha una llanta de bicicleta y el trancón sobre este lugar es monumental.

Con una ciudad tan plana como Cali, el trazado de las vías, se supone debe ser eficiente para la movilidad vehicular y sobre todo, para la movilidad en bicicleta y peatonal. Cali carece de ciclorutas y las que existen, como por ejemplo sobre la avenida Simón Bolívar es perversa. No solo por los problemas del diseño de esta ciclo ruta, sino también por su mal estado, su descuido y falta de mantenimiento y por la inseguridad permanente en el sector.

La reciente construida Avenida Ciudad de Cali en el oriente de la ciudad es otro ejemplo de los trazados viales cuyo estado es lamentable. Semáforos en cada esquina a veces sin funcionar, huecos por doquier, no existe señalización alguna, no posee cicloruta, los andenes peatonales están en muy mal estado y en algunos lugares no se construyeron.

Existe en esta ciudad uno de los trazados viales más extraños, caóticos y poco funcionales como la llamada “Troncal de Aguablanca”. Una vía sobre la que opera el servicio del transporte masivo Mío cuyo diseño y trazado es espantosamente dis-funcional. Un carril de vehículo en cada lado, un carril para el masivo Mío y unos andenes de menos de 1 metro de ancho para los peatones. El tránsito lento de una bicicleta en este lugar produce un trancón monumental. Los peatones deben bajar del andén en algunos sectores y transitar sobre la vía por donde van los autos, porque los andenes son un peligro mortal, puesto que no están diseñados en condiciones dignas para la movilidad de personas. No imagino como pueden transitan sobre este lugar personas en condición de discapacidad, de la tercera edad o madres con sus niños de brazo.

No se entiende cómo en esta ciudad los ciudadanos hemos permitido este tipo de obras increíblemente mal elaboradas que no solucionaron los problemas de movilidad y que al contrario produjeron muchos otros problemas que no existían.

Y es sobre esta perversa plataforma urbana que se está construyendo el futuro de la ciudad. Se expresa intereses políticos que no tuvieron la precaución de establecer si estas obras cumplían con los requerimientos técnicos y sociales, y las ejecutaron más por lo que, seguramente, representaba para sus arcas personales y redes clientelares, que los beneficios y servicios que prestaran a la ciudadanía.

Hoy tenemos una ciudad caótica en términos de movilidad, cuyos problemas se pretende resolver con el castigo económico de la fotomulta, la sanción económica de la norma de tránsito, pero que no se cuestiona el perverso diseño, función y estado que la maya vial urbana y peatonal cumple en esta ciudad.

Terminamos siendo los ciudadanos los responsables por aceptar que se hagan estas obras. Afectados por tener que exponer nuestras vidas al movilizarnos por estos mal diseñados lugares  y, lo peor, siendo culpables por no cumplir con lo exigido por la norma y el control social en una malla vial urbana que produce caos, descontrol e inseguridad.

La ciudad reproduce en este sentido miedos urbanos para vivirla y disfrutarla. Un diseño urbano que impide su disfrute para caminarla y reconocerla en placenteros y seguros paseos urbanos.


viernes, 19 de junio de 2015

EL MINISTRO DEL MEDIOAMBIENTE: ¿POLITICO O AMBIENTALISTA?

El Ministro del Medioambiente: ¿político o ambientalista?

Por Hernando Uribe Castro
Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Profesor de la Universidad Autónoma de Occidente
Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle

Para quienes hemos tenido algo de formación ambiental, nos damos cuenta perfectamente lo difícil que es comprender la dimensión sistémica y compleja de la dinámica de la naturaleza y sus ecosistemas, y sobre todo, si estos han sido intervenidos por la humanidad, que no solo ha hecho uso de ellos para su sobrevivencia, sino que además se dio la tarea de producir un ataque enérgico contra los ecosistemas en busca de rentabilidad, acumulación y todo tipo de exterminación en pro del “beneficio”, “desarrollo” y “progreso”.

En Colombia, este ataque enérgico contra la naturaleza ha sido liderado por el mismo Estado, los empresarios, los grupos legales e ilegales y por las corporaciones globales que ven en el territorio nacional, elementos de la naturaleza, convertidos en recursos que generan importantes ganancias.

El Estado no solo ha permitido esta intervención sobre la extracción de la naturaleza sino que además la impulsa y la promueve. Invita a las corporaciones globales extractivas a que vengan al país a producir crecimiento a costa del deterioro ambiental que afecta a las comunidades locales y sus entornos de vida.

En este Estado, desde donde se promueve este tipo de actuación a través de los Planes de Desarrollo, actúan seres humanos de carne y hueso que toman estas decisiones. Seres humanos que como agentes del Estado actúan como tal para impulsar estos intereses privados. Agentes, algunos de ellos provenientes del sector privado, se insertan en el gobierno, construyen y utilizan el marco jurídico para legitimar sus decisiones y legitimarse a ellos mismos como Estado.

Por ello no es raro que en Colombia sucedan casos como el que un Ministro del Medioambiente sea un abogado, con posgrado en Gerencia de Recursos Humanos, en Mercadeo y en Dirección de Empresas. Nada que ver con el ambiente.

El actual Ministro del Medioambiente en Colombia es Gabriel Vallejo López “abogado de la Universidad Externado de Colombia con posgrado en Gerencia de Recursos Humanos de la Universidad de los Andes, postgrado en Mercadeo de EAFIT-CESA de Colombia y tiene un MBA en Dirección de Empresas en el Instituto de Empresa de Madrid, España. Realizó estudios de coaching en Ola Coach, de España, además de un curso de Alta Dirección en el Ipade, de México” (tomado de la Presidencia de la Republica de Colombia).

Según la Presidencia de la República, este Ministro ha sido Gerente del Servicio al Cliente de la Compañía Mundial de Seguros, Gerente de Mercadeo de la cadena Hoteles Royal, Vicepresidente de Recursos Humanos de Noel, Gerente General de Canal Capital de Bogotá, Director General de HSM Group México, Vicepresidente Comercial para Latinoamérica de HSM Group, Gerente General de Medios Especializados de Casa Editorial El Tiempo y Vicepresidente de Media 24.

Después de toda esta presentación se pregunta uno, ¿y dónde está la formación ambiental del Ministro? Esto implica que no solo el Ministro no está preparado para afrontar los complejos problemas ambientales sino que además hace de su Ministerio algo reducido, algo pequeño, algo sin importancia. Y sobre todo en un contexto de camino hacia el posconflicto, donde los temas ambientales deben estar al orden del día.

Bien lo afirma Manuel Rodriguez Becerra cuando en reciente entrevista que se le realizó sobre la crisis ambiental en el país, expresa con respecto al Ministro del Medioambiente:

“No sé si entienda totalmente porque él no es un experto en eso, pero además el Ministerio de Medio Ambiente es tan pequeño y limitado… Esto tiene que ver con políticas ambientales, mineras, agrícolas y con el desorden enorme de este país, donde hay una cantidad de sectores que están por fuera del control del Estado a través de grupos criminales, informales, de la nueva riqueza, legal o ilegalmente hecha. En cierto sentido estamos viviendo el posconflicto. Hay una cantidad de empresas de mediano tamaño que están drenando humedales para sembrar palma de aceite. Eso está pasando en el Magdalena Medio, en la Orinoquia. Secan humedales, tumban morichales, cortan matas de monte. En algún momento, después de que hagamos la paz, habrá que hacer una especie de pacto nacional, a ver cómo contenemos esto, que es clave para el desarrollo futuro del país.” (El Tiempo, 16 de junio de 2015).

Y esto no solo sucede con el medioambiente, puesto que también se ve en la educación, la salud y todos los sectores sensibles en los que se nombran agentes del Estado cuya formación nada tiene que ver con sus espacios de actuación.



martes, 2 de junio de 2015

EL MIEDO AMBIENTE EN CALI, COLOMBIA

El miedo ambiente en Cali, Colombia

Por:
Leonardo Franco Cruz[1] y Hernando Uribe Castro[2]

A pesar de todos los anuncios e informes globales sobre la crisis ambiental, la sociedad brinda pocos signos de miedo frente a las consecuencias de sus actos y actividades irresponsables con la naturaleza en los lugares que habitan y las implicaciones que tienen para el planeta Tierra.

Pareciera como si la posibilidad de ocurrencia de un desastre ambiental no se percibiera como algo que pueda suceder en cualquier momento, sino como un acontecimiento lejano en tiempo y espacio. Incluso, en un mundo donde la tendencia es a la concentración de población en las ciudades, el miedo en y a la ciudad se sigue percibiendo en términos de criminalidad, seguridad e inseguridad y poco se siente la preocupación por el miedo ecológico y/o ambiental.

En buen medida, el miedo ambiental se in-visibiliza de parte de los gobiernos y los inversores privados y se manipula para orientar la opinión pública, para favorecer los intereses económicos y políticos con el fin de ejecutar la ciudad concebida por la racionalidad del reduccionismo técnico y económico, que beneficia a unos pocos y afecta a la gran mayoría.

La magnitud de los impactos ambientales a causa de este desarrollo se abandona y se opaca a los ojos de los ciudadanos. Muy a pesar de que los profesionales en el estudio y evaluación del impacto ambiental hagan gritos desesperados de la necesidad de transformar el modo de comprender, actuar y vivir en un mundo que es limitado para la humanidad; mientras tanto, los poseedores de las decisiones, de los planes, programas y proyectos de “desarrollo” los ejecutan sin importar las consecuencias para el presente y futuro de la naturaleza que, en última instancia, también es nuestro presente y futuro como especie.

En Cali, por ejemplo, ciudad colombiana, el desastre ocasionado por el “desarrollo” con respecto a los elementos de la naturaleza como el agua, el aire y el suelo expresan ya, a simple vista, efectos irreversibles. Cuencas hídricas destruidas, montañas erosionadas y desnudadas de su cobertura vegetal, bosques extintos, pérdida de ecosistemas endémicos y especies nativas, grandes socavones sobre las pendientes de la montaña para la extracción minera y material para la construcción.

Adicional a ello, una expansión urbana sobre áreas que no deben ser urbanizadas, como zonas de antiguos humedales o de inundación del río Cauca, como sucede en el oriente y suroriente de la ciudad y, la construcción sobre las laderas de las montañas ubicadas próximas a fallas geológicas o en cercanías del de reservas forestales y el Parque Nacional Natural Farallones.

El aire, el agua, el suelo y la vida por la presencia y expansión de la ciudad podrían considerarse en crisis y aun así, el miedo ambiental no se percibe entre los ciudadanos, ni entre los autores intelectuales y ejecutores de los proyectos.

La carencia del miedo repercute en los actos irresponsables de gobiernos y gobernados para quienes la crisis de la naturaleza parece ser cuento de fábulas. La carencia de miedo implica seguir desarrollando políticas de desarrollo urbano sin ningún tipo de respeto por las condiciones locales ecosistémicas. La producción de la carencia de miedo es hacer de los ciudadanos negligentes a los proyectos liderados por el capital privado y el Estado.

Existe entonces, una distancia entre el riesgo potencial y la percepción que los habitantes tienen y puedan tener de sus entornos. Es decir, la sociedad caleña, sus políticos y comunidades, a pesar de haber construido sobre zonas con amenazas latentes, no han querido (intencional o no) percibir ese riesgo histórico del cual hacemos parte.

Pero también suele suceder que se perciba el riesgo que se corre, pero pueden llegar a pesar más los intereses particulares, las necesidades u otros aspectos que conllevan a que sabiendo que se corre riesgo, se continúe promoviendo estos procesos de desarrollo urbano y los efectos nocivos sobre las condiciones naturales de los entornos. Un ejemplo claro se tiene con el proyecto conocido inicialmente como Ecociudad Navarro (hoy llamado Ciudadela CaliDa), cuyo proyecto pretende desarrollar 45 mil viviendas construidas sobre el antiguo botadero de basura de Navarro. Incluso, el que al proyecto se le haya cambiado de denominación de Ecociudad Navarro a Ciudadela CaliDa puede entenderse como un ocultamiento de lo que verdaderamente sucede con este lugar y las implicaciones que tendría a futuro para la de salud de las personas que empiecen a vivir en ese lugar. 

En este sentido, tanto la construcción como la percepción social del riesgo, son elementos que se pueden complementar, que son históricos y sociales, pero también espaciales, porque regularmente el riesgo surge de las acciones de los individuos y su comportamiento y acciones sobre el espacio. El mejor y más reciente ejemplo lo tuvimos aquí mismo, en Colombia, con el municipio de Salgar, ubicado sobre todo el cauce del río, quien por una mezcla de causas naturales e intervenciones antrópicas, reclamó su lugar, su antiguo cauce.

Es un ejemplo al que deberíamos prestarle toda la atención y empezar a pensar sobre nuestra realidad y lugar donde desarrollamos nuestras vidas. Sin lugar a dudas, Cali hoy es una expresión de desastre ambiental, actual y potencial, tanto por lo que ocurren en su zona rural como por lo que acontece en su zona urbana.





[1] Administrador del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales. Joven Investigador. Universidad Autónoma de Occidente.
[2] Magíster en Sociología. Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle. Profesor Universidad Autónoma de Occidente.

lunes, 11 de mayo de 2015

SISTEMA FINANCIERO GLOBAL, CRISIS AMBIENTAL Y ÉTICA

Sistema financiero global, crisis ambiental y ética

Por
Hernando Uribe Castro

La acción humana ha generado importantes efectos sobre los elementos de la naturaleza. Lo que ha sucedido a lo largo de la existencia social sobre la tierra, es que precisamente cada época precisó un modo particular de comprender su relación con ella. De ahí, emerge el planteamiento del filósofo Hans Jonas, cuando estima que: “Para el hombre antiguo y medieval, pretécnico (en la acepción moderna de la «técnica»), la naturaleza era algo duradero y permanente, sometido ciertamente a los ciclos y cambios, pero capaz de curar sin dificultad las pequeñas heridas que el hombre le causaba con sus minúsculas intervenciones. Esto ha cambiado radicalmente con la aspiración de la ciencia moderna y la técnica que de ella se deriva. Ahora el hombre constituye de hecho una amenaza para la continuación de la vida en la Tierra. No sólo puede acabar con su existencia, sino que también puede alterar la esencia del hombre y desfigurarla mediante diversas manipulaciones. Todo esto representa una mutación tal en el campo de la acción humana que ninguna ética anterior se encuentra a la altura de los desafíos del presente.” (1995:8)

En los últimos siglos el capitalismo generó impactos ecológicos profundos e irreversibles. Un actor responsable de la crisis ambiental global es el Sistema Financiero y sus principales organismos: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. Es responsable porque a través de sus organismos, oficinas y sedes, se han aprobado inversiones, préstamos y apoyos a Estados, corporaciones y/o empresas. Un sistema que financia todo tipo de iniciativas que produzcan rentabilidad, sin importar los daños que generen sobre la naturaleza y la humanidad.

A través de sus políticas, alienta a los gobiernos, a imponer planes de desarrollo alineados con sus intereses, para hacer aún más frágiles a los Estados en lo que toca a sus instituciones y en su responsabilidad social y ambiental. Al tiempo que los debilitan, los hacen fuertes para afianzar el negocio internacional, liberar sus economías al mercado mundial, especializar los territorios a partir de las llamadas ventajas comparativas. A promover actividades extractivistas focalizadas en los recursos fósiles, minerales y biológicos. A desarrollar megaproyectos que impactan las comunidades y sus entornos locales. A abaratar la mano de obra. A imponer paquetes tecnológicos que destrozan el ambiente y exterminan las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Esto ha sido claro en América Latina con la tendencia al extractivismo, los megaproyectos y la ampliación de la línea de pobreza y miseria.

También alienta a las Corporaciones globales (ICBC, China Construction Bank, JPMorgan, General Electric, Exxon Mobil, HSBC Holdings, Royal Dutch Shell) y grupos empresariales, como las mineras (BHP Bilinton, Vale, Rio Tinto, Anglo American, Freport-McMoRan) con préstamos jugosos, para financiar sus proyectos e inversiones en recursos fósiles como petróleo, carbón y mercados de carbono. Incluso, se les han aprobado inversiones, préstamos y apoyos para implementar negocios con el agua, la tierra, el aire, el subsuelo en diferentes partes del mundo, con retorno a grandes velocidades de capitales y ganancias. Y detrás de estos proyectos, aparece “oculta” la ciencia y todos sus desarrollos científicos y técnicos.

Como es de esperarse - y frente a la presión global por la necesidad de resolver el problema del calentamiento global y depredación de la naturaleza-, estos organismos internacionales construyen un discurso ecológico (ecología débil), como mecanismo con el que pretenden mostrar su interés y preocupación por la salud del planeta y la sociedad. Por ejemplo, en algunos países se vienen utilizando los “Bonos verdes”. Según el Banco Mundial “El año anterior se  emitieron bonos verdes por unos US$11 000 millones.” ¿Son estos bonos verdes una posible solución? ¿Acaso no se pueden poner en  práctica de parte de estas corporaciones, soluciones mucho más radicales?

¿Cuánto dinero se mueve a través  del sistema financiero global para la exterminación ambiental en los territorios latinoamericanos? ¿Se abstendrá el sistema financiero de aprobar préstamos a corporaciones globales encargadas realizar proyectos extractivos altamente destructores del planeta y de las condiciones del sistema viviente? ¿Cuánto de nuestro dinero depositado en los bancos, como ahorros, fueron utilizados para financiar empresas destructoras de la naturaleza y de las comunidades locales? ¿Es posible que las corporaciones financieras utilicen criterios éticos para realizar préstamos a empresas que acaban con el ambiente local y global?

¿Por qué en Colombia no se ha planteado este debate ético de los bancos y corporaciones financieras en su responsabilidad con la crisis ambiental? ¿Se habla siquiera de las inversiones sostenibles tanto del Estado como de los  privados? ¿Hacen parte estas discusiones de la agenda política en los escenarios de decisión en este país? Por tanto, urge poner en juicio ético y político -por las implicaciones que han tenido sus acciones y actos sobre la naturaleza, el clima, la destrucción de zonas frágiles y las comunidades locales- al sistema financiero y sus secuaces.

Estamos urgidos de tomar la recomendación que magistralmente lanzó a todas voces Hans Jonas sobre la necesidad de una nueva ética orientada al futuro, que debe regir el presente: la ética de la responsabilidad. Las éticas fundadas en el pasado quedaron desbordas con las acciones humanas logradas por la ciencia y la tecnología. Y esto nos pone en un grave problema porque para las condiciones de crisis ambiental y humana del presente, todavía operan esas éticas ya desgastadas. Por ello, la naturaleza parece no doler, no importar y no ser parte de nuestra responsabilidad en un mundo que está gobernado por la ingenuidad de la humanidad, el egocentrismo de especie, la arrogancia de unos pocos y la vanidad de su poder, donde el capital es flujo -invertido y con altas y veloces tasas de retorno y ganancia-, y que tiene la capacidad de ocasionar daños irreparables e irreversibles sobre el planeta.


La ética de la responsabilidad se hace mucho más urgente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de vida”. (H. Jonas, 1995:40).

sábado, 11 de abril de 2015

CALI, AGONÍA DE SU NATURALEZA

Cali, agonía de su naturaleza

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología
Estudiante del doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad del Valle
Profesor e Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

La construcción de la ciudad de Cali, así como la de cualquier otra en el mundo, tiene efectos destructivos sobre la naturaleza. En tiempos pasados esto no se consideraba de importancia, como sí lo es hoy en día.

Cuando se observa al Municipio de Cali, es claramente visible que lo ambiental sigue siendo y considerándose como un elemento muy marginal, porque los primeros elementos de preocupación para sus gobernantes como para la mayor parte de la población son: el desarrollo, el progreso y el crecimiento económico.

La ciudad y sus pobladores se han convertido en mercancía y consumidores, respectivamente, por ese reduccionismo económico con el que se asume la vida. Incluso, se plantea abiertamente, “ingenuamente”, que con más desarrollo y crecimiento se pueden resolver los problemas sociales y ambientales.

La ciudad de Cali cuenta con problemas y conflictos ambientales complejos y estructurales a los que al parecer, aun no se les ha plantado solución alguna, así como tampoco se vislumbran soluciones a futuro, a pesar de que su Plan de Ordenamiento Territorial (POT) sea considerado como un POT ambiental: consideración ésta que es verdaderamente falsa.

Uno de esos problemas tiene que ver con el lugar que ocupan sus ríos y los usos en sus respectivas cuencas. Nada más perverso que una ciudad que tapizó sus afluentes y que los convirtió en canales residuales. Los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lilí, terminan en el canal CVC Sur, como afluentes de las aguas servidas de la ciudad. Depositadas luego, como aguas contaminadas, en el río Cauca.

La sobre explotación que tiene el río Cali a lo largo de todo su trayecto; la presión increíble que por procesos de urbanización y del turismo (“ecoturismo”) presenta el río Pance; la canalización del río Cañaveralejo que desapareció totalmente del paisaje urbano, son solo algunos casos.

Otro de los problemas, tremendamente complejos, es la pérdida de la cobertura vegetal y la constante erosión de las montañas. Es visible la explotación de recursos minerales sobre las faldas de la cordillera. Solo basta dar un vistazo desde cualquier lugar de la ciudad hacia la cordillera, para observar el avanzado estado de deterioro de las laderas, causadas por la incesante urbanización legal e informal que va, desde asentamientos ilegales, hasta la construcción de edificios de apartamentos para clases sociales adineradas, expansión de las casas de campo o de descanso (fincas turísticas), la tala del bosque, los incendios y la pérdida de suelo sobre las pendientes.

Increíblemente y frente a las narices de toda la comunidad y las autoridades, el Cerro de las Tres Cruces -ícono histórico, simbólico y atractivo-, se ha ido tajando poco a poco por la extracción de material de la roca de la montaña que se realiza en uno de sus lados. El efecto causado en este Cerro es irreparable, sobre todo, porque la actividad extractiva que se realiza ahí, está incidiendo tanto en la ladera como en el río Cali. Volquetadas de material de roca son extraídas incesantemente. El Cerro muere poco a poco por mutilación y erosión.

Las contaminaciones atmosférica, por ruido y paisajística tanto en el norte de la ciudad -causada por las actividades constantes del sector industrial- como en el sur -por la alta concentración de autos generando polución, quema de caña, presencia de lo que un pasado fue el basuro de Navarro y la transformación del paisaje por la expansión de las empresas urbanizadoras-, han hecho de estos sectores puntos críticos ambientales.

Además de que existen problemas y conflictos ambientales -por áreas atestadas de basuras por comercio o falta de recolección, zonas de escombros sin control, puntos de concentración de calor urbano, tala de árboles y disminución de fauna urbana, olores por industria urbana, la disminución de los parques arbolizados-,  existen otros graves problemas que están relacionados con la historia de la ciudad. Más de la mitad de Cali está asentada y fue construida sobre zonas de humedal, lagos y madres viejas que fueron exterminadas en nombre del progreso y el desarrollo urbano y regional. Humedales que fueron desecados, rellenados y urbanizados, eliminando la dinámica del río Cauca y toda la biodiversidad existente en ellos.

Las políticas ambientales no solo son insuficientes, sino que parecen no ponerse en funcionamiento para disminuir estos irreversibles impactos. La sociedad aun no parece reconocer estos graves problemas pues de reconocerlos, no harían espera las protestas y movilizaciones en contra de la muerte de la naturaleza local.

El miedo a la ciudad se sigue percibiendo en términos de criminalidad, seguridad e inseguridad, pero la sociedad aun no percibe el miedo ecológico y ambiental frente a la increíble amenaza ambiental a la que se ha expuesto esta ciudad.

Como lo he planteado insistentemente, se está ante Administraciones locales impotentes, congeladas, indolentes y negligentes frente al deterioro ambiental y el riesgo al que se expone la ciudad al haber destruido su plataforma estructural ambiental, entre ellas, sus cuencas hidrográficas, en nombre del desarrollo y progreso. Una sociedad adormecida que poco percibe y poco le interesa el riesgo ambiental al que se expone por la destrucción de la naturaleza local.

Todo ello, porque las problemáticas ambientales urbanas y rurales del Municipio, aquellas que nos afectan, todavía se perciben como hechos secundarios, cuando deberían estar en el primer lugar y como eje central de nuestras preocupaciones.



lunes, 6 de abril de 2015

COMENTARIOS A TEODORO PÉREZ "ONTOLOGÍA OBJETIVISTA Y ONTOLOGÍA CONSTITUTIVA

Comentarios al texto “Convivencia solidaria y democrática, nuevos paradigmas y estrategias pedagógicas para su construcción” de Teodoro Pérez P.

Por:
Hernando Uribe  Castro

El texto en mención se corresponde con una disertación que construye Teodoro Pérez con respecto al estatuto ontológico y epistemológico de la realidad, y que es abordada por la ciencia y los intelectuales. En este texto, Pérez establece una diferenciación entre la ontología objetivista y la ontología constitutiva.

Marca diferencias entre una y otra a partir de una serie de características y elementos que la componen. Con respecto a la ontología objetivista plantea que estas pretenden alcanzar una representación fidedigna del mundo donde el estatuto epistemológico predominante es el sistema  observado. Esta ontología se pregunta por las entidades observadas mediante el método científico. Por ello, el modo de aprender es mediante la objetividad y el conocimiento será objetivado. La explicación es monocausal, y en este sentido, sólo es posible un universo.

Este modo de ver el mundo, es decir objetivo, es el único considerado válido y comprobable. Se confía en los sentidos que dan cuenta de los hechos fielmente como se expresan y que por tanto, mediante procesos de procesamiento de la información y procesos analíticos se pueden hacer inferencias de ese mundo observado. El observador está al modo de una “urna de cristal” desde donde observa el objeto qué es exterior a él. Por tanto el énfasis está en el objeto observado y en el método usado para la observación.

La otra es la ontología constitutiva. Para Pérez, esta ontología emerge como respuesta a la crisis del mecanicismo newtoniano. Sus bases se encuentran en la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad de Einstein y las teorías de las incertidumbres de Heisemberg. Desde esta perspectiva, toda observación implica una relación con las características cognitivas y contextuales históricas de quien observa. No solo existe una relación entre el observador y lo observado sino que lo observado incide también en el observador.

En el observador no existe una separación entre su cuerpo biológico y su mundo social, sino que ambos forman un todo como unidad y operan y son operados en el momento de disponerse a observar. Y al observar un fenómeno, ese fenómeno también observa a su observador. De este modo quien observa está determinado por muchos aspectos como su origen y contexto cultural, nivel educativo, clase social, el estado de salud de sus órganos sensoriales y motrices y en general por aquellas cosas que lo hacen un organismo vivo y un humano.

La ontología constitutiva comprende que existe un determinismo estructural del observador que significa que “la operación de todo sistema, tanto en su dinámica interna como relacional, depende de su estructura: lo que le pasa al sistema en cada instante depende del estado de la dinámica estructural del sistema en ese instante” (Pérez, 2001:19). Por ello para Pérez, el medio juega un papel activo en la construcción que hacen los seres vivos de sus observaciones: existen estímulos del medio que lo afectan y del modo cómo los afectan.

Así mismo, lo que se percibe y del cómo se percibe también depende de esa estructura (que es filogenética, es decir lo que se porta genéticamente, y ontogenética, es decir lo que se construye con la experiencia). El ejemplo más interesante es aquel que dice que si tuviéramos visión microscópica, nuestra percepción sobre los rostros y cuerpos de las personas y los objetos sería diferente. Se transformaría nuestras concepciones de belleza y estética.

Lo interesante de todo esto es que Pérez plantea que el problema está en que para todas estas diferentes formas de percepción tenemos una limitación en el lenguaje porque, como sociedad o grupo, usamos unos códigos alfabéticos y numéricos que son desbordados por la complejidad de la realidad. En este sentido, al percibir, percibimos no solo con nuestros sentidos sino con el peso de nuestra historia, de nuestra experiencia, de nuestras creencias y de nuestro modo de ver, ser y de estar en el mundo. Pérez, haciendo uso de las concepciones de Maturana y Varela, considera que el lenguaje se convierte en la experiencia y la construcción/reconstrucción de la vida humana. 

Es lo que nos hace humanos porque a través de él se explica, se describe, se distingue y se piensa. A través del lenguaje se proponen ideas, conocimientos y todo tipo de construcción analítica y explicativa que puede ser o no aceptada por el otro que se dispone a prestarnos atención y quien acepta o rechaza lo que afirmamos desde el lugar compartido, una comunidad. La explicación dada a través del lenguaje recoge entonces la experiencia de vida, por ello frente a un mismo fenómeno un campesino y un especialista darán explicaciones desde sus lugares.

Ahora bien, una vez leído este bello texto del profesor Teodoro Pérez, pienso una perspectiva de la ontología constitutiva que plantea que la construcción del conocimiento depende del observador cuya base es la epistemología de los sistemas observadores, es apropiado para aquellas propuestas, que como la mía, aborda asuntos socioambientales entendidos como sistemas complejos y dinámicos. Asuntos socioambientales en los que se integran las dinámicas de los propias de los ecosistemas con las intervenciones de las acciones y las interacciones sociales de las comunidades, del grupos privados y del Estado. Recuérdese que mi propuesta de investigación trata sobre las comunidades que resisten a la expansión de la agroindustria azucarera en el valle geográfico del río Cauca. 

Por tanto, el camino no es la de asumirme como un observador que se encuentra en la “urna de cristal” desde la cual hago una vista panorámica interpretativa del mundo de modo “objetivo”, sin que ese mundo logre incidir él. Mi lugar como observador es desde el presupuesto de la ontología constitutiva en la que se establece una conexión profunda entre el observador y lo observado que también observa al observador.

Pienso que la complejidad de la comprensión del mundo social solo se puede enfrentar estando en la sociedad, con los que son y no son. Vivenciando las circunstancias que envuelven a los actores sociales en sus espacios de vida desde las cuales desarrollan su vida cotidiana, sus interpretaciones y sus proyecciones, todo ello como expresión de sus modos y formas de interactuar entre ellos mismos y con sus ambientes.

El contexto de sociedad que abarca las múltiples dimensiones de la realidad incide y están determinando de manera directa el oficio del investigador así como las particulares condiciones sociales de producción intelectual y científica.


Bibliografía


PÉREZ P., TEODORO. Convivencia Solidaria y Democrática: nuevos paradigmas y estrategias pedagógicas para su construcción. Instituto María Cano, Bogotá, Colombia, 2001. Páginas 15-27 (Capítulo 1. Del universo al multiverso)

miércoles, 25 de marzo de 2015

DOS MITOS DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Dos mitos de la sociedad de la información

Por
Hernando Uribe Castro[1]

La presente reseña hace referencia al documento elaborado por el profesor Oscar Carpintero titulado “Pautas de consumo, desmaterialización y nueva economía: entre la realidad y el deseo”

El texto trata de confrontar el discurso, según el cual, la sociedad posindustrial (centrada en las actividades de la tercerización de las economías como por ejemplo, la sociedad de la información y la tecnificación) no tiene severos impactos sobre el ambiente.

Para Carpintero, el capitalismo actual (a pesar de esta tercerización) ha seguido expandiendo la producción de bienes y servicios a  costa de recursos naturales tanto en términos absolutos como relativos. Desmonta así la idea que supone que una sustitución de materias primas de tipo tradicional por nuevas materias (sustancias) menos intensivas en cuanto al uso de energía y materiales pueden conllevar al desarrollo sostenible y a la desmaterialización. (Carpintero, 2003).

Los datos y el análisis al ciclo de vida, según Carpintero, demuestran que en esta sociedad de la información se ha dado un incremento de la intensidad energética y material utilizada para la producción de todo el equipamiento tecnológico como ordenadores, celulares, entre otros productos que la dinamizan y que se pueden ver tanto en los hogares como en las grandes corporaciones y en la sociedad global en general.

No se debe perder de pista, que si bien, existen unos impactos de estos productos per cápita, existen unos valores absolutos de estos impactos que son demasiado importantes y peligrosos de modo masivo y global.  

Oscar Carpintero va a confrontar dos mitos:

·         El mito de que el desarrollo económico inmerso en el capitalismo logre efectivamente ser un desarrollo sostenible.

·         El mito de que la sociedad de la información es altamente coherente con el desarrollo sostenible debido al proceso de desmaterialización, debido  a que se requiere poca presión y uso sobre los recursos de la naturaleza. 

a. El mito 1. El desarrollo sostenible

Con respecto al primero mito, Carpintero, considera que es casi imposible establecer que se logre un verdadero desarrollo sostenible cuando, esta idea de desarrollo sostenible nació como una propuesta del enfoque económico convencional.

Según el enfoque económico convencional tres serían los elementos relacionados que beneficiarían el desarrollo sostenible: a) un proceso de tercerización de las economías en donde el sector servicios alcanzaba un 60% del PIB, lo que supondría, una disminución en la demanda de extracción de recursos minerales y de energía lo que equivaldría menor presión sobre el ambiente; b) una sustitución de las materias primas en las sociedades industriales por otras materias resultado del proceso del desarrollo de la ciencia y la tecnología que se encargarían de producir nuevos productos sintéticos que los reemplazarían; c) y al hacer uso de menos materias primas de la naturaleza, entonces supondría una reducción en la emisión de residuos y contaminantes.

Para Carpintero, estos tres postulados no se plantearon con ingenuidad, muchos de ellos sustentados con datos en diferentes estudios en todo el mundo, pero sobre todo con datos de los países ricos, consideras como las principales economías sostenibles. El problema es que estos postulados implicaban un análisis más profundo con respecto a las implicaciones que tendría estos postulados sobre los países considerados de economías pobres.

Para Carpintero, los impactos de estos tres postulados tenían efectos diferentes para unos y otros países. Por ejemplo, consideraba que “mientras los países ricos presentaban problemas con la depreciación de su capital manufacturado debido a su grado de industrialización, en el caso de los países pobres el escollo procedía de la creciente extracción de recursos naturales que merman su capital natural” (4). Los graves efectos ambientales serían trasladados a los países pobres, demostrado con los impactos sobre la huella ecológica.

Una segunda crítica que hace Carpintero a estos postulados donde se establece que el sector servicios produce menos impactos ambientales, plantea que sectores de servicios como los transporte requieren de importante cantidad de materias para su funcionamiento, o como el turístico.

Finalmente una tercera crítica relacionada con la sustitución de materias naturales por materias sintéticas, queda demostrado que no solo se hace un uso intenso de estos materiales sintéticos por el aumento de la población y el consumo, sino también por los requerimientos de energía y materiales para la producción de algunos productos industriales nuevos como la fibra de carbono, el poliuretano y el aluminio, todos ellos, resultados de la extracción de recursos de la naturaleza, como por ejemplo la fibra de vidrío que comienza con la extracción de productos de cantera y minerales no metálicos como sulfatos, piedra caliza, arenas y gravas.

Y si esto sucede con los requerimientos de energía y materiales, también habría que hacerse con los requerimientos de agua para la fabricación de estos nuevos elementos. Por ejemplo, la fibra de carbono requiere de 2.411 toneladas de agua por producto, 758 para aluminio.

Todo esto demuestra que el desarrollo sostenible no es tan sostenible cuando se sigue pensando desde la perspectiva de la economía convencional.

b. Mito 2. La sociedad de la información y la desmaterialización

Con respecto al segundo, íntimamente ligado con el anterior, Oscar Carpintero parte su análisis demostrando la contradicción discursiva promulgada por los gobiernos entre el desarrollo sostenible (entendida como la protección del medio ambiente y la menor presión sobre sus recursos naturales) y la necesidad de ir en camino a la sociedad de la información, del progreso tecnológico caracterizada por el avance de la tercerización de sus sociedades.

Para Carpintero se ha establecido una discurso engañoso, a veces transformado en mito, según el cual, en la nueva sociedad, es decir la sociedad de la información, se va encamino hacia una sociedad de la desmaterialización debido a que en la sociedad de la información se hace menor uso de los recursos de la naturaleza. Y que por tanto, en esta sociedad, donde se privilegian las actividades económicas centradas en los servicios, la presión sobre el medio ambiente tendrá menos costes ambientales.

Carpintero desmonta el mito mostrando los niveles de consumo de energía primaria  en tasas de aumentos del 4,5%. Pone como ejemplo España en donde un habitante consumía en 1995, 2,57 tep y en el año 2000 había aumentado a 3,12 tep. Lo que la desmateralización energética no se habría dado, sino que por el contrario el consumo energético había incrementado en un 21%.

Buena parte de la explicación de esta dinámica se encuentra en el metabolismo de hogares, las empresas y las administraciones públicas. Esto pone en contacto dos elementos que casi no se pusieron en relación como lo es la producción y las pautas de consumo. Es claro que en las sociedades tercerizadas, el aumento de energía en los hogares aumenta como claramente Carpintero lo observó en países como Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Bélgica y Finlandia.

La alimentación de una población en crecimiento también genera importantes impactos en la huella ecológica territorial. Por ejemplo, el consumo de carne. Entre 1955 y 1995 se dio un incremento de este producto a pasar de un 20% al 50%, teniendo en cuenta que hoy los hogares cuentan con importantes artefactos tecnológicos en la cocina y producción de comida industrial. Incluso en sociedades con escaso crecimiento económico la tendencia al aumento de la huella de la alimentación va en ascenso como cita Carpintero para el caso de la Gran Bretaña.

Para Carpintero, incluso se ha planteado el tema de la inmaterialización de la economía donde el mejor ejemplo está en las nuevas tecnologías, o, como por ejemplo, para el sector empresarial, las llamadas oficinas sin papeles, donde se pensó habría menos consumo de material y energía. La cuestión central no está en el consumo que se hace de estas nuevas tecnologías (ordenadores, celulares, Tablet) en la idea de disminuir los impactos sobre la naturaleza, sino que el mismo proceso de producción de estas tecnologías en una sociedad de consumo, parece tener grandes efectos, que incluso se van a expresar en la disposición final o de residuos. Sobre todo, porque son equipos y tecnologías que requieren de grandes cantidades de combustibles fósiles y minerales.

Los autos, la telefonía, el tvcable, los semiconductores, los ordenadores, son todos productos y artefactos con altos niveles de producción de materias primas minerales. Según lo expresa Carpintero, “Dado que los requerimientos energéticos son considerables, conviene recordar que sólo el monitor de un ordenador de mesa convencional supone la emisión de casi 700 kg de CO2 a la atmósfera, cifra que si la ponemos en relación con el valor añadido generado por la producción de un ordenador completo, se acerca a la mitad del impacto ambiental sobre el cambio climático que ejerce la fabricación de un automóvil.” (24).


Reflexión final

Una vez planteado lo anterior, deseo expresar que estoy de acuerdo con Carpintero en el sentido de que, existen discursos que se hacen pasar por ambientales cuando se presentan que por unidad o por uso per cápita (personal) se tiene poco impacto ambiental.

La dimensionalidad del asunto por tanto se encuentra tanto en el consumo per cápita de productos sino también en las cantidades absolutas que representa determinado bien o producto en términos de su consumo, porque es en lo absoluto donde se pueden observar los verdaderos efectos y presión sobre la naturaleza. Dicho de otro modo, la masificación del producto para su consumo.

José Bellever Soroa en un bello texto titulado “Lo pequeño no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrónicos”  y publicado hace un par de años cita los siguientes datos:


Como se puede observar, es sustancial el incremento mundial en millones de unidades del consumo de aquellos productos que aparentan no tener impactos ambientales. Por ejemplo, la venta de ordenadores pasó de 308,3 en 2009 a 315,2 millones de unidades en 2013. Las tabletas (Tablets) que son una producto reciente en el mercado global pasó de 19,5 en 2010 pasó a 197,2 millones de unidades en 2013. Televisores de igual modo, pero es sorprendente los valores de teléfonos móviles que en 2009 se vendieron 1211,2 millones de unidades y en 2013 la cifra habías ascendido a 1875,8 millones de unidades.

En este caso, no es solo el producto físico, es decir, por ejemplo el teléfono móvil, sino que implica toda la plataforma (desde el cargador de celular hasta el satélite que gira sobre la Tierra) que se requiere para su uso, incluyendo, el flujo de energía que transporta la información (mensajes orales, escritos, imágenes) así como la energía almacenada (batería) para que pueda funcionar. Algunos datos para el 2009 aportados por Fundación Terra[2] de la huella ecológica de un teléfono móvil reciente serían:

·         La duración de uso de los terminales móviles no supera los 2 años
·         creciente miniaturización de los chips: si para un gramo de microchip se precisaban en el 2005 unos 34 kg de materiales diversos (la mitad de agua), hoy las nuevas prestaciones están exigiendo por gramo de microchip hasta 50 kg.
·         En 2009 se registraron 702.700 toneladas de residuos RAEE, más del 50% correspondiente a electrodomésticos, pero casi el 23% de aparatos informáticos y microelectrónica.
·         España sólo alcanzó una ratio de recogida de RAEE de 3,54 kg/habitante/año en proporción a su cuota de mercado (un 14% del total nacional).
·         En el año 2009 el volumen de RAEE por cada español era de 14,4 kg anuales.
·         El número total de líneas vinculadas a internet móvil alcanzó en 2009 las 21,5 líneas por cada 100 habitantes: líneas de banda ancha por redes fijas y móviles, el 16,7% de este total fueron de redes 3G/UMTS (para la telefonía móvil).
·         La telefonía móvil alcanzó en 2009 las 122 líneas por cada 100 habitantes. Se calcula que los terminales operativos son más de 50 millones de aparatos y las ventas anuales de nuevos terminales oscila entre 20 y 25 millones de unidades sólo en España.

Creo que al leer a Carpintero se pierde ese estado de inocencia en el que se nos había hecho caer al presentarnos las nuevas tecnologías y el sector de los servicios como sectores de bajo impacto ambiental, cuando lo que se demuestra es que en términos absolutos los efectos sobre el medio ambiente son desastrosos. Esto pone entre dicho el discurso de la desmaterialización de la economía que promueven algunos gobiernos sin establecer con claridad quiénes y en dónde están los que pagan por los efectos de esta desmaterialización, como efectivamente sucedió con los países ricos donde el pago ambiental lo dieron los países de economías pobreS.

Esto nos conduce a otro cuestionamiento altamente preocupante como lo es el comportamiento humano en una sociedad de alto nivel de consumo de productos que no son considerados básicos sino que satisfacen unas necesidades banales de lujo, imagen y estatus social. La sociedad del lujo, como lo expresaría Lipovetski, y/o la sociedad de la modernidad líquida, como lo expresaría Bauman, no solo tienen efectos para la banalidad del ser humano, sino que expresan, además, un entendimiento demasiado pobre de lo que significa este estilo de vida para la naturaleza.


Bibliografía

Bauman, Zygmunt. (2002). Modernidad Líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

Bellver Soroa, José. Lo pequeño no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrónicos. En, Boletinecos, Fuhen ecosocial, No. 25, diciembre 2013-febrero 2014.

Carpintero, Oscar. Pautas de consumo, desmaterialización y nueva economía: entre la realidad y el deseo. En, Joaquim Sempere (ed.), Necesidades, consumo y sostenibilidad, CCCB/BaKeaz, Barcelona, 2003.

Lipovetsky, Gilles; Roux, Elyette. (2004). El lujo eterno: de la era de lo sagrado al tiempo de las marcas. Barcelona: Anagrama.






[1] Magíster en Sociología, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y director del grupo de Investigación en Conflictos y Organizaciones de la Universidad Autónoma de Occidente. huribe@uao.edu.co
[2] Impacto ambiental de móviles y microelectrónica. http://www.terra.org/categorias/articulos/impacto-ambiental-de-moviles-y-microelectronica