Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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martes, 3 de diciembre de 2019

ÉTICA-ESTÉTICA Y AMBIENTE-SOSTENIBILIDAD


ÉTICA-ESTÉTICA Y AMBIENTE-SOSTENIBILIDAD:
Reflexiones y estudios de caso

Por:
PhD. Hernando Uribe Castro
Director Doctorado en Regiones Sostenibles


Ética-Estética y Ambiente-Sostenibillidad: reflexiones y estudios de caso
Hernando Uribe Castro, Rodrigo Ocampo Eivar Vargas, Renata Moreno y Germán Ayala.
Tengo el gusto de presentar a todos ustedes mi nuevo libro titulado “Ética-estética y ambiente-sostenibilidad: reflexiones y estudios de caso” publicado por el Programa Editorial de la Universidad Autónoma de Occidente y en el que participan colegas profesores y estudiantes de dos doctorados: "Doctorado en Regiones Sostenibles" de la Universidad Autónoma de Occidente y "Doctorado en Educación y Cultura Ambiental" de la Universidad Surcolombiana. 

Esta obra compila un conjunto de escritos relacionados con el ambiente, el ecologismo, la filosofía ambiental, las epistemologías del Sur y los conflictos ambientales, con el ánimo de provocar el debate, el diálogo, el disenso, el consenso y el encuentro con aquellas personas interesadas en los temas relacionados con el sistema viviente, con el papel que desempeña la humanidad en la vida planetaria y las tensiones y los conflictos resultado de ello.

Para el Instituto de Estudios para la Sostenibilidad y el Doctorado en Regiones Sostenibles es un placer compartir con todos ustedes -académicos, intelectuales, estudiantes, organizaciones sociales, tomadores de decisión política, entre otros públicos-, esta importante obra.

Link de books.google:

martes, 27 de septiembre de 2016

UN AVANCE SIGNIFICATIVO EN COLOMBIA PARA EL MUNDO

Un avance significativo en Colombia para el mundo

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología, Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales

Desde que tengo más o menos conciencia de la vida, mis oídos han escuchado, mis ojos han visto y mi cuerpo ha sentido, directa e indirectamente, los estragos del conflicto armado que ha tenido como consecuencia, un reguero de vidas muertas, desaparecidas, excluidas, torturadas y desperdiciadas. Ecosistemas destrozados, campos arrasados, minados y bosques talados. Madres humildes que cargaron con el dolor de perder a sus hijos, esposos y familiares.

El dolor de cada colombiano, de cada ser humano que enfrentó la perversidad de la guerra, lo llevamos como carga en nuestros hombros pues somos parte del mismo sistema.

Hoy, con este avance significativo de las negociaciones de paz surge una nueva esperanza, motivos que llenan el corazón de un nuevo sentir sobre la bases de que es posible, en el límite de la existencia, volver a vivir; motivos para una sociedad en cambio, que se veía obstruida y desgarrada por el continuo dolor promovido, muchas veces, por la manipulación de unas elites poderosas que se lucraban del conflicto, que tenían el control sobre la vida de cada uno de nosotros y cuya rentabilidad de la guerra les hacía más poderosos y ricos cada día.

¿Cuántas veces despertamos odios y rencores por desconocimiento? ¿Cuántas veces emitimos prejuicios a poblaciones que habían sido victimizadas y re-victimizadas por el simple hecho de sentirnos más? ¿Hasta dónde nuestro egoísmo y desconocimiento nos van a llevar a profundizar un holocausto de dolor, de apatía y de rencor? ¿Cuantas veces nos hemos cargado del odio de otros como si fueran los odios propios? ¿Cuantos colombianos no reclaman la guerra y el reguero de sangre desde sus casas, teniendo como intermediario su televisor y seguros en sus habitaciones? Mientras que los otros, los que la sufrieron, la vivieron en carne propia reclaman la paz y la convivencia.

Como humanidad primero, y luego como colombianos, debemos considerar la posibilidad de que es posible un buen vivir, cuando luchemos por despojarnos de tantos egoísmos y de tantas avaricias. Cuando nos demos en la tarea de conocer más de lo que acontece al mundo, para tomar pausa en nuestro agitado vivir. Cuando dejemos de estropear a otros por alcanzar nuestro ideales.

A veces es necesario hacer de fuerza corazón para encaminarnos hacia el cambio. Mirar hacia atrás para tratar de aprender las enseñanzas que nos deja ese pasado doloroso para dirigirnos hacia un futuro distinto. ¿Cómo será?, no lo sabemos, pero para eso son las enseñanzas del pasado y la búsqueda de las mejores decisiones de dar pasos seguros en el presente.

No es necesario prolongar el dolor, no es necesario prologar el odio y el desprecio. Es posible un mundo más vivible, siempre y cuando, comprendamos que el camino más apropiado para ese mundo es estar en paz, convivencia y serenidad. Despojarnos del peso de los miedos para enfrentarnos a cada paso que demos, a nuevas situaciones con nuestras mentes más abiertas, más sensibles y más humildes.

Como especie humana podemos participar y promover ese cambio. Que el odio no domine el corazón, que la avaricia quede postrada a la humildad de especie y que hagamos de nuestros cuerpos lugares habitados por un alma sensible a la vida, la naturaleza, a la convivencia con otros seres humanos.

Nuestra obligación como especie es continuar enfrentando inteligentemente la ignorancia de aquellos que se perpetúan en el racismo, las homofobias, las xenofobias y todo tipo de maldad y brutalidad que niega la existencia de los otros y la grandeza de la belleza del mundo.

Somos parte de una especie en la que cada uno de los seres humanos dependemos del agua, del aire, de la tierra, de los alimentos, de la belleza de este mundo que nos ha dado la posibilidad de la vida. Ni el dinero, ni el oro, ni nada de eso son tan importantes como los elementos de la vida para poder vivir y para poder ser.

Convivimos con otros seres también vivos que merecen no solo nuestro respeto sino la posibilidad de vivir y de ser lo que son.


lunes, 11 de mayo de 2015

SISTEMA FINANCIERO GLOBAL, CRISIS AMBIENTAL Y ÉTICA

Sistema financiero global, crisis ambiental y ética

Por
Hernando Uribe Castro

La acción humana ha generado importantes efectos sobre los elementos de la naturaleza. Lo que ha sucedido a lo largo de la existencia social sobre la tierra, es que precisamente cada época precisó un modo particular de comprender su relación con ella. De ahí, emerge el planteamiento del filósofo Hans Jonas, cuando estima que: “Para el hombre antiguo y medieval, pretécnico (en la acepción moderna de la «técnica»), la naturaleza era algo duradero y permanente, sometido ciertamente a los ciclos y cambios, pero capaz de curar sin dificultad las pequeñas heridas que el hombre le causaba con sus minúsculas intervenciones. Esto ha cambiado radicalmente con la aspiración de la ciencia moderna y la técnica que de ella se deriva. Ahora el hombre constituye de hecho una amenaza para la continuación de la vida en la Tierra. No sólo puede acabar con su existencia, sino que también puede alterar la esencia del hombre y desfigurarla mediante diversas manipulaciones. Todo esto representa una mutación tal en el campo de la acción humana que ninguna ética anterior se encuentra a la altura de los desafíos del presente.” (1995:8)

En los últimos siglos el capitalismo generó impactos ecológicos profundos e irreversibles. Un actor responsable de la crisis ambiental global es el Sistema Financiero y sus principales organismos: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. Es responsable porque a través de sus organismos, oficinas y sedes, se han aprobado inversiones, préstamos y apoyos a Estados, corporaciones y/o empresas. Un sistema que financia todo tipo de iniciativas que produzcan rentabilidad, sin importar los daños que generen sobre la naturaleza y la humanidad.

A través de sus políticas, alienta a los gobiernos, a imponer planes de desarrollo alineados con sus intereses, para hacer aún más frágiles a los Estados en lo que toca a sus instituciones y en su responsabilidad social y ambiental. Al tiempo que los debilitan, los hacen fuertes para afianzar el negocio internacional, liberar sus economías al mercado mundial, especializar los territorios a partir de las llamadas ventajas comparativas. A promover actividades extractivistas focalizadas en los recursos fósiles, minerales y biológicos. A desarrollar megaproyectos que impactan las comunidades y sus entornos locales. A abaratar la mano de obra. A imponer paquetes tecnológicos que destrozan el ambiente y exterminan las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Esto ha sido claro en América Latina con la tendencia al extractivismo, los megaproyectos y la ampliación de la línea de pobreza y miseria.

También alienta a las Corporaciones globales (ICBC, China Construction Bank, JPMorgan, General Electric, Exxon Mobil, HSBC Holdings, Royal Dutch Shell) y grupos empresariales, como las mineras (BHP Bilinton, Vale, Rio Tinto, Anglo American, Freport-McMoRan) con préstamos jugosos, para financiar sus proyectos e inversiones en recursos fósiles como petróleo, carbón y mercados de carbono. Incluso, se les han aprobado inversiones, préstamos y apoyos para implementar negocios con el agua, la tierra, el aire, el subsuelo en diferentes partes del mundo, con retorno a grandes velocidades de capitales y ganancias. Y detrás de estos proyectos, aparece “oculta” la ciencia y todos sus desarrollos científicos y técnicos.

Como es de esperarse - y frente a la presión global por la necesidad de resolver el problema del calentamiento global y depredación de la naturaleza-, estos organismos internacionales construyen un discurso ecológico (ecología débil), como mecanismo con el que pretenden mostrar su interés y preocupación por la salud del planeta y la sociedad. Por ejemplo, en algunos países se vienen utilizando los “Bonos verdes”. Según el Banco Mundial “El año anterior se  emitieron bonos verdes por unos US$11 000 millones.” ¿Son estos bonos verdes una posible solución? ¿Acaso no se pueden poner en  práctica de parte de estas corporaciones, soluciones mucho más radicales?

¿Cuánto dinero se mueve a través  del sistema financiero global para la exterminación ambiental en los territorios latinoamericanos? ¿Se abstendrá el sistema financiero de aprobar préstamos a corporaciones globales encargadas realizar proyectos extractivos altamente destructores del planeta y de las condiciones del sistema viviente? ¿Cuánto de nuestro dinero depositado en los bancos, como ahorros, fueron utilizados para financiar empresas destructoras de la naturaleza y de las comunidades locales? ¿Es posible que las corporaciones financieras utilicen criterios éticos para realizar préstamos a empresas que acaban con el ambiente local y global?

¿Por qué en Colombia no se ha planteado este debate ético de los bancos y corporaciones financieras en su responsabilidad con la crisis ambiental? ¿Se habla siquiera de las inversiones sostenibles tanto del Estado como de los  privados? ¿Hacen parte estas discusiones de la agenda política en los escenarios de decisión en este país? Por tanto, urge poner en juicio ético y político -por las implicaciones que han tenido sus acciones y actos sobre la naturaleza, el clima, la destrucción de zonas frágiles y las comunidades locales- al sistema financiero y sus secuaces.

Estamos urgidos de tomar la recomendación que magistralmente lanzó a todas voces Hans Jonas sobre la necesidad de una nueva ética orientada al futuro, que debe regir el presente: la ética de la responsabilidad. Las éticas fundadas en el pasado quedaron desbordas con las acciones humanas logradas por la ciencia y la tecnología. Y esto nos pone en un grave problema porque para las condiciones de crisis ambiental y humana del presente, todavía operan esas éticas ya desgastadas. Por ello, la naturaleza parece no doler, no importar y no ser parte de nuestra responsabilidad en un mundo que está gobernado por la ingenuidad de la humanidad, el egocentrismo de especie, la arrogancia de unos pocos y la vanidad de su poder, donde el capital es flujo -invertido y con altas y veloces tasas de retorno y ganancia-, y que tiene la capacidad de ocasionar daños irreparables e irreversibles sobre el planeta.


La ética de la responsabilidad se hace mucho más urgente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de vida”. (H. Jonas, 1995:40).