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miércoles, 6 de junio de 2012

NEOLIBERALIZACION DE LA CIUDAD COLOMBIANA


Neoliberalización de la ciudad colombiana

Por
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología

Dubai en Emiratos Árabes es, sin duda, uno de los mejores ejemplos para comprender la dimensión del capitalismo como organizadora y constructora de ciudades. Ella es una ciudad queo se ha convertido en icono y referente a seguir para otras, dada la majestuosidad de las construcciones y la opulencia que refleja el desarrollo del siglo XXI y que genera en la lógica de las inversiones y del turismo un referente importante no solo para invertir, sino que además se construye para afrontar las exigencias del capitalismo global en donde eficiencia, efectividad y eficacia en ámbitos citadinos claves como excelentes vías, posibilidad de comunicaciones con todo el mundo, así como núcleo de inversiones y destino turístico de gran valor.

En América latina, las principales ciudades desde hace aproximadamente dos décadas, han empezado a incorporar elementos del neoliberalismo en su estructura urbana, como sucede con las principales capitales del mundo. Es decir, hoy es posible observar las conexiones entre los procesos de privatización y las transformaciones urbanas[1] que conllevan a diferencias socioespaciales, o como se ha dado en llamar: segregación urbana (residencial o socioespacial).

En la ciudad latinoamericana privatizada, el sistema ha dispuesto espacios especiales segregados por clases sociales, ocupación y rasgos étnicos-raciales, así como ingreso, condiciones ambientales y poder adquisitivo. Ciudades que se consideraron centros históricos hoy son centros de consumo cultural y marcas de mercado, como por ejemplo, Cartagena de Indias. Una ciudad en la que se focaliza y se polariza la concentración de riqueza y de pobreza. Un ejemplo claro de ese proceso de privatización de la ciudad que permite importante reproducción de excedentes de capital para las élites hegemónicas políticas y económicas es Bogotá.

Según el diario económico, empresarial y financiero de Colombia La República, del 28 de mayo de 2012, se anunciaba que: Avenida El Dorado es la nueva gran “milla de oro”. No se puede perder de vista que la calle 26 (Avenida El Dorado) es para Bogotá su columna vertebral, eje vial principal. Sobre este corredor se están concentrando grandes inversiones de los principales grupos económicos en Colombia, como Santo Domingo y la Organización Sarmiento Angulo quienes están desarrollando un macroproyectos sobre este corredor vial que conecta el Aeropuerto Internacional El Dorado con la Carrera 50.

Expresa este diario que: “Las millonarias construcciones han convertido el lugar en una milla de oro en la que hay cabida para hoteles, empresas, complejos comerciales, además de que se reivindica como una zona residencial”. Un sector que se ha beneficiado con la construcción de estaciones para el transporte masivo conocido como Transmilenio que garantizó y mejoró la movilidad y la conectividad de este sector con el resto de la ciudad.

Los efectos de este proceso conlleva a varios hechos, uno de ellos, el alto valor que adquiere la tierra por metro cuadrado a tal punto que son precios que pocos tendrían posibilidad de pagar: “los precios del metro cuadrado en la zona alcanza los niveles de ciudades como Madrid […] se están gestando algunos proyectos como edificios de oficinas que pueden estar con valores desde los $5.500.000 hasta $6.500.00 por metro cuadrado como es el caso del edificio de la Cámara Colombiana de la Infraestructura. Sin embargo, se puede llegar a otros montos más altos en valores de oficinas de hasta $7.200.000 como es el caso del proyecto Capital Towers…”. Pero en la medida que se construye esta ciudad empresarial dirigida al mercado, se destruyen y se olvidan otros espacios urbanos que se convierten en sectores marginales habitados por grupos de pobladores con grandes dificultades económicas y sociales, así como de participación y progreso. Bogotá ve acrecentado el urbanismo ilegal.

Así pues, el conflicto es por la posesión y propiedad de tierra entre estos grupos que desarrollan todo tipo de construcciones entre centros de convenciones, edificios de oficinas, hoteles y complejos comerciales, se contrapone a la Bogotá construida por grupos de familias necesitadas de viviendas y de un lugar donde vivir. Se constituye así en Bogotá, una ciudad empresarial que toma gran distancia de la otra Bogotá, la del pueblo, la del ciudadano, que hace parte de los casi nueve millones de personas restantes que habitan en la capital del país.

En esta lógica espacial del capitalismo las ciudades son lugares más extraños al poblador. Una ciudad que margina y violenta por la vía de la opulencia, que excluye a la gran mayoría de sus habitantes, pero que a su vez cuenta con el aval de los gobiernos de turno que apoyando estos procesos de privatización, se convierten en “buenos negociadores” que hacen de los planes de desarrollo urbano, portafolios para la atracción de inversiones e inversores extranjeros. Olvidan eso si que dentro de sus promesas de gobierno, la totalidad de las veces se pondera no precisamente el desarrollo de los sectores de élite y de concentración del capital, sino precisamente aquellos menos favorecidos, carentes de infraestructura básica y que se convierten en el mejor fortín para sus intereses electoreros, dada la cantidad de votos que en estos sectores consiguen para alcanzar el poder político y económico que viene tras ello.

Lo anterior nos lleva entonces a una ciudad que en ese proceso de neoliberalización se fragmenta más, segrega más población y margina a tal punto que polariza su espacio y su sociedad.

huribe@uao.edu.co
6 de junio de 2012


[1] Sobre este asunto ver el trabajo de Nik Theodore, Jamie Peck+ y Neil Brenner. Urbanismo neoliberal: la ciudad y el imperio de los mercados. Temas Sociales nº 66 marzo 2009.

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