Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

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lunes, 15 de abril de 2019

A SEMBRAR VIDA

A sembrar vida

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Habitamos sobre tierras que son muy fértiles. Cuanto lugar en este Valle del Cauca, de tierras planas y altas montañas, puede cultivarse con todo tipo de plantas que pueden producir alimentos y recuperar la trama de la vida. Podemos recuperar corredores y cinturones de especies nativas de flora y fauna. La vida puede volver a florecer y producir más vida. Nada es imposible.

Podemos sembrar en nuestros hogares, parques y espacios abiertos, huertos, bosques y crear nichos con una diversidad de árboles y plantas con frutas, legumbres y todo tipo de semillas. El color de la naturaleza puede retoñar si tomamos la decisión y trabajamos colectivamente.

De este modo, nuestra gente, nuestros amigos y vecinos no tendrían por qué aguantar necesidades y, mucho menos, hambre. Es posible producir nuestro propio alimento y recuperar partes del paisaje que nos fue arrebatado por un modelo homogenizador de paisaje y de pensamientos. Trabajando juntos y organizados podremos lograr que nuestros espacios urbanos y rurales, tan caóticos hoy en día, tengan otro sentido. Podemos recuperar con nuestras propias manos e ideas, nuestro sustento y la belleza de los multicolores de la naturaleza que alguna vez habitaron estos senderos.

Por ejemplo: en una ciudad como Cali, en las calles podemos sembrar árboles de limones, naranjas, guamos y guayabas. En los parques públicos y con el trabajo conjunto, se pueden sembrar todo tipo de legumbres y hortalizas. Nuestros abuelos y adultos mayores nos podrían enseñar a todos, así como nos podrían colaborar en el cuidado de todo esta trabajo.

Cada familia, en cada hogar, se pueden los propios huertos en donde pueden sembrar plantas medicinales (yerbabuena, paico, matarratón, limoncillo). Recuperaríamos saberes y conocimientos ancestrales. Tendríamos una aproximación a todo este cosmos de sabiduría.

Para que todo ello funcione y se difunda sobre la tierra, necesitamos sembrar en los jardines flores y rosales para que vuelvan las abejas, las avispas y todo tipo de bichos polinizadores. Tendríamos que cambiar nuestra percepción del mundo y de nuestros amigos los polinizadores, las aves y demás especies. Aceptar que sin ellos, no es posible vivir.

Sobre las terrazas y balcones en nuestras casas podemos colocar helechos y construir pequeños huertos donde se dé el tomate, la zanahoria, el zapallo, la lechuga. Y las vías públicas, calles y carreteras, se pueden embellecer con hermosos árboles nativos como ceibas, samanes, yarumos, robles, chiminangos y veraneras. El resurgir del verde se tomaría cada centímetro de esta ciudad. La briza volvería a fluir por donde alguna vez pasó.

Lograríamos que todos los espacios posibles de nuestro entorno y vecindad se conviertieran en lugares de vida para todos, donde plantas, animales y personas convivamos y coexistamos

Todos tenemos derecho a la vida y al espacio. Todos tenemos la obligación de trabajar por ello. Trabajando y actuando juntos es posible lograrlo. Unidos, lo es todo. A sembrar vida¡ ¿Me acompañas? Es necesario y urgente despertar.

Que nuestras acciones promuevan el reverdecer de nuestras almas, espíritus y corazones, siempre en sintonía con lo que toda la vida hemos sido... Naturaleza y cosmos.

sábado, 30 de abril de 2016

UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS

UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS

Por:
Hernando Uribe Castro
Magíster en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Universidad del Valle
Profesor Universidad Autónoma de Occidente


Alzar nuestra tímida mirada al infinito firmamento y tener la posibilidad de ver un cielo cargado de estrellas es algo que, desafortunadamente, ya no podemos hacer quienes vivimos atrapados, presos y enjaulados de la dinámica y siempre cargada vida urbana. En ella predomina la intensa y enceguecedora luz que impide que nuestros ojos y todos los sentidos, tengan un contacto directo con las maravillas del cosmos.  

Nos dejamos atrapar por un estilo de vida de consumo impuesto por el sistema que agarra nuestras miradas y las pone fijas en las pantallas de los aparatos celulares, los PC y los televisores. Esas pantallas que absorben la mirada y cada segundo de nuestras cortas vidas. Olvidamos por completo que nuestra casa común, esa a la que llamamos Tierra, flota sobre esa sorprendente espesura cósmica, llena de misterios y bellezas.

El estilo de vida consumista y lleno de las mil y una banalidad, hace que pasemos más tiempo esclavizados del trabajo, el empleo y las actividades “productivas” cotidianas para hacernos a ellas, y que no “tengamos el tiempo” necesario para hacer, ni siquiera, una pausa. Una pausa que nos recupere la propiedad de controlar nuestro tiempo y que nos conduzca a volver a sorprendernos por los maravillosos y despampanantes espectáculos que existen en el cielo y en cada uno de los elementos que conforman la Naturaleza.

Ya no se escuchan los grillos, los chapules y las ranas, pues fueron desplazadas por el cemento y por el sonido aturdidor de los autos, los teclados y los televisores. Mantenemos nuestra mirada y nuestra vida siempre pegada al piso y olvidamos que podemos volar hacia los confines y los más inimaginables horizontes.

Se nos olvidó la grandeza de mundo y de todos los fenómenos que a simple vista nos ofrece nuestro entorno. El atardecer, el amanecer, la estructura del árbol, el sonido de las aves, el correr de las aguas, el volar de las nubes, el caer de las gotas de lluvia, la caída de las hojas y las mil tonalidades del cielo, del mar y del planeta.

Nuestra sensibilidad por las cosas simples, por lo encantador que es vivir, por la simetría-asimétrica de la “realidad” parece estar perdiéndose. La felicidad no está en los centros comerciales, tampoco está en los objetos. La felicidad está en la posibilidad y la oportunidad que nos damos de vivir en inter-retro-conexión con nosotros mismos, con los seres a quienes amamos y con el planeta de que se hace parte; con las verdaderas grandezas del mundo que, sencillamente, siempre han estado ahí. Estamos perdiendo el brillo del sol, el encantador esplendor de la luna, el fascinante titilar de los astros, así como también nos hemos vueltos sordos ante el silencioso silbido del viento.

Como lo dice la frase Zen  “Todo está ligado. Todo se une en universo”. Nosotros somos parte de eses universo y por tanto, hacemos parte de ese todo, juntos, integrados, complementados. Por más nubosidad que haya, siempre tendremos un cielo lleno de estrellas.