Este es un espacio que propone reflexiones y debates sobre la inter-retro-conexión sociedad en la Naturaleza y la Naturaleza en la sociedad.

Hernando Uribe Castro, derechos reservados. Citar la fuente. Plantilla Simple. Imágenes de la plantilla degaffera. Tecnología de Blogger.


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viernes, 2 de julio de 2021

ODA AL JARDÍN DE MI CASA

Oda al jardín de mi casa
 
Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
 

He tenido la posibilidad de hacerme a una pequeña propiedad con una zona verde que estoy transformando en un hermoso jardín. Espacio que a nuestra llegada contaba con algunas plantas como el maní forrajero, una palma de banano y dos pinos. Todo ello sobre un tapiz verde de hierba que había crecido sin control y cuya altura había alcanzado algunos importantes centímetros.

Cuando por primera vez vi esta casa con este espacio verde, pensé que no solo éste sería mi lugar de vida, -aquella que aparecía en tantos sueños-, sino que lo primero que haría cuando fuera mía, sería transformar este espacio verde en un bello jardín. Efectivamente, todo se dio para que la comprara y una vez instalado inicié la transmutación de esta porción de edén al que denominé: “Rincón del Silencio”.

Ingresar al jardín implicaba abrirse en medio de un matorral en donde cada pisada provocaba el salto de los grillos y saltamontes. Había además un cactus escondido entre el matorral, un naranjo que se erguía con firmeza y un árbol de mandarino endeble. En pleno ángulo esquinero por el encuentro de dos paredes se levantaba firme una planta trepadora, la "Trompeta de Flor Amarilla" de la familia de las Bignoniáceas. Esta planta necesita el pleno sol y gusta treparse por paredes y muros. Su particularidad son sus flores que se parecen a este instrumento musical. La observé y tomé la decisión de que éste sería el marco desde el cual se iniciaría el diseño del resto del jardín.

Enredadera Trompeta Amarilla. Foto: Hernando Uribe Castro

A la sombra de esta enredadera, y sobre el piso, sembré los famosos Caladium (Caladio) de la familia de las Araceae, que requieren de sombra pero además se caracteriza por sus hermosas hojas en tonos diversos y matices hermosos. Resaltan los Caladium blancos, verdes, y con combinaciones de verde-rojo, o verde blanco. Pueden sembrarse tanto en la tierra como en macetas.

Caladium (tonos verdes-rojos). Foto: Hernando Uribe Castro

Caladium (tono blanco y vetas verdes). Foto: Hernando Uribe Castro

El Caladium se da muy bien, aunque es preferible sembrarlo directamente en la tierra. Lo importante es que requiere sombra y riego constante. Sus hojas pueden alcanzar un tamaño significativo. Junto a estas hermosas plantas sembré las reconocidas popularmente como Gitanas (Solenostemon) que son muy llamativas, pero que además se encuentran en variados tonos y matices. Estas hermosas plantas pueden crecer y agrandar sus hojas de colores. 

En el jardín también encontramos una hermosa planta de color celeste, Agapanto (Agapanthus). Este es un arbusto de una belleza única. Atractiva por sus tonos azules que se perciben más intenso cuanto más parece exponerse al sol directo del medio día. Crece rápidamente y parece esparcirse sin inconveniente. Puede alcanzar más de un metro con cincuenta centímetros. Las personas lo conocen como azulina y así es como se nombran en los viveros. Este tono celeste combina muy bien con otros colores de plantas, especialmente los púrpuras.

Agapanto. Foto: Hernando Uribe Castro

Es por tal motivo que junto a esta hermosa azulina sembré un conjunto plantas de la famosa Orquídea Spathoglottis Plicata (u orquídea púrpura de la familia Orchidaceae). Es tal vez la más vistosa del jardín y con la cual se topan los visitantes de la casa de primera vista. En el jardín dispuse de varias de ellas y sus flores de tonos vivos color púrpura amplían el horizonte del jardín. Su color produce un efecto muy extraño en los espacios, pues por algún motivo, los hace ver mucho más amplios. De sus hojas en forma de cinta verde salen una o dos varas largas y en su cúspide la flor. Lo interesante es que mantiene florecida casi todo el año. Esta vara va creciendo a medida que ella va floreciendo. Cuando las varas alcanzan varios centímetros, pareciera que sus flores quedaran suspendidas como en el aire. El efecto visual es definitivamente hermoso. A ella arriman mariposas, abejas y abejones.

Orquídea Spathoglottis Plicata. Foto: Hernando Uribe Castro

No podían faltar en mi "Rincón del Silencio" las veraneras o buganvilias (de la familia de las nictagináceas). Esta hermosa planta es tal vez una de las más conocidas y admirada por su belleza y colores vivos y variados. Ella son trepadores y engalanan cualquier espacio. En el jardín se tienen varias de ellas en tonos naranja, blanco, rosado, roja, amarilla y violeta. Gusta del sol directo y trepar por los muros y paredes. Algunas traen espinas, en otros casos sus hojas pueden combinar colores como blanco y verde. 

Veranera (Bugambilia roja). Foto: Hernando Uribe Castro


Veranera (Bugambilia Naranja). Foto: Hernando Uribe Castro

Veranera (Bugambilia blanca). Foto: Hernando Uribe Castro

Veranera (Bugambilia Rosa). Foto: Hernando Uribe Castro

Sin la menor duda, cuando todas ellas crezcan, el jardín tomará unas tonalidades muy vistosas y lo hará ver muy bien. Por los diferentes tipos de flores, el jardín es visitado y habitado por una gran variedad de insectos. Todo el día revoletean entre ellas las mariposas de distintos colores, abejas que saltan de flor en flor. Picaflores que con el movimiento de sus alas a increíbles velocidades saltan de plantas en plantas buscando su alimento. Para estos picaflores, plantas como la siguiente son sus preferidas. 

Foto: Hernando Uribe Castro


También se tiene las Ixoras (de la familia Rubiaceae) en tonos amarillo y naranja que hacen combinación perfecta con el púrpura de las orquídeas. Estas Ixoras son muy delicadas y gustan más del sol de que la lluvia. Cuando enfrentaron varios días de ellas, la planta se fue adormeciendo y perdiendo sus flores. En este caso toca podarla y esperar que llegue de nuevo el sol para que se recupere. En algunos casos se tiene éxito pero en otros no. Es una planta muy hermoso pero muy delicada. 

Ixoras. Foto: Hernando Uribe Castro

Además de las anteriores, el jardín llegaron los Geranios, Besitos (Impatiens Walleriana), las hermosas Begonias que se han adaptado muy bien a las condiciones de temperatura y sol del jardín; Contamos también Ravenala o como popularmente se conoce, la Palma del Viajero, El Jazmin de noche, el Habano (Nerium oleander), las Gardenias (Rubiaceae), varios Helechos y un árbol Júpiter entre muchas más plantas.

Foto: Hernando Uribe Castro

Foto: Hernando Uribe Castro

Foto: Hernando Uribe Castro

En el jardín existe un lugar que transformé radicalmente porqué sembré plantas de sombra, especialmente los Bores (Colocasia esculenta) que se caracterizan por sus hojas anchas y grandes en forma de corazón, y las heliconias (Heliconiaceae). Este espacio se convirtió en un hermoso sendero que poco a poco va ganando presencia y elegancia. 

Heliconias. Foto: Hernando Uribe Castro

Hoy en día, el jardín es habitado por una número importante de plantas y de animales que han encontrado en este, un lugar tranquilo como refugio de vida de la caótica ciudad No solo el canto de diversos tipos de aves se escucha en cada mañana y que se posan sobre tres majestuosos árboles, sino también el croar de ranas en la noche, entre grillos y chicharras. Tonos, texturas, colores, matices, aromas, sonidos son parte de este pequeño "Rincón del Silencio". Un rincón lleno de vida y majestuosidad.

Un espacio que invita a escribir, a leer, a pensar, a mirar el firmamento, a observar la trama de vida que se desenvuelve en él. Un lugar para estar y agradecer por la belleza que se posa ante todos los sentidos. Uno que invita a escribir sobre esta experiencia y a tratar de plasmar en palabras que se quedan cortas, el sentir de este contacto con la naturaleza.  

La construcción de Rincón del Silencio continúa, pues apenas inició su proceso de trasmutación. En pocos años habrán crecido todas las plantas y las veraneras habrán tomado su lugar que representan las Pléyades. En el centro del jardín, el árbol Júpiter habrá crecido y expuesto todo su encanto con su llamativo color. Cada día llegarán más aves e insectos y demás animales para habitar este maravilloso lugar.

jueves, 9 de julio de 2020

LA URGENTE NECESIDAD DE TRANSFORMARNOS


La urgente necesidad de transformarnos

Por
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales


Hernando Uribe Castro

La Organización de Naciones Unidas ha dado a conocer en los últimos meses varios datos interesantes, y altamente preocupantes, que ponen en evidencia cómo el rumbo hacia la extinción de la vida en el planeta sigue su curso. 

Los gobiernos no han tomado las medidas y los controles necesarios y contundentes para detener esta destrucción sistemática y continua de la naturaleza. Pareciera como si estuvieran no solo incentivando las actividades extractivas en los territorios locales, sino también las prácticas deforestadoras de selvas y bosques para transformarlos en zonas para ganadería extensiva, monocultivos agrícolas y comercio global de la biodiversidad. Su falta de acción por detener este daño manifiesta el desinterés por la vida, y la continuidad en la implementación de unas política del negocio económico, del flujo y la concentración del capital y la dominación.

Al mismo tiempo, gran parte de los habitantes en las ciudades -encantados por la magia de la modernidad y la racionalidad instrumental ´tecno-económica-informacional´-, continúan su vida cotidiana realizándola bajo comportamientos insustentables: pobres en entendimiento ambiental que se niegan a la reflexión; increíblemente egoístas, reducidos al economicismo y que se abren de puerta entera al consumismo agigantado y poco autocrítico de su estilo de vida. Según la ONU:

“En abril de 2020, la concentración promedio de CO2 en la atmósfera fue de 416,21 partes por millón (ppm), la más alta desde que comenzaron las mediciones en Hawái en 1958. Además, registros de hielo indican que dichos niveles son los más altos de los últimos 800.000 años […] Si bien es cierto que el tráfico vehicular y aéreo, así como la actividad industrial, se han reducido drásticamente en la mayoría de las partes del mundo desde enero de 2020, este no es el caso con nuestro suministro de electricidad: el 64% de la combinación global de energía eléctrica proviene de los combustibles fósiles (carbón 38%, gas 23%, petróleo 3%), según el informe Perspectivas de la energía en el mundo 2019 de la Agencia Internacional de Energía. Los sistemas de calefacción han seguido funcionando como antes de la COVID-19. Ninguno de los asuntos clave ha cambiado (como la transición hacia las energías renovables, el transporte público o la deforestación). Los incendios forestales, que han aumentado en probabilidad y gravedad debido al cambio climático, continúan afectando áreas de Brasil, Honduras, Myanmar, Tailandia y Venezuela, y cada uno de esos fuegos emite grandes cantidades de CO2 adicionales”[1] A la par con ésta realidad, sucede también que: “Con casi 100 millones de personas más que van cayendo en la pobreza extrema en 2020, 1.400 millones de niños afectados por el cierre de escuelas, y más de 400.000 muertes confirmadas por COVID-19 a principios de junio”[2] (2020, p. 3).

Lo anterior permite evidenciar que la modernidad y su orden ´tecno-económico hegemónico dominante´, como lo enuncia Leff[3], han sido nocivas tanto para la dinámica natural del planeta, como para la mayor parte de la especie humana y las demás especies con quienes compartimos este sistema de vida en la Tierra. Del que solo un grupo muy reducido, selecto, se ha beneficiado de ello y continúa haciéndolo. Este grupo buscará por todos los medios de proseguir aplicando la anestesia colectiva y global, el entretenimiento fútil, el desencantamiento por el pensar y la proliferación de la vida de las formas banales y encantadas.

Como especie, estamos enfrentando, al mismo tiempo, en todos los lugares y con efectos similares, la insostenibilidad del modelo social, político y económico que hemos conocido y que nos ha sido impuesto. Pareciera como si, un hechizo poderoso atrapara y arropara, porque pocos -dominados por el miedo y el pánico-, se han alterado e interesado por sacudirse de ello para tratar de despertar de este largo letargo de conjuro, dominación y control, que ha hecho de los corazones humanos de muchas gentes, órganos biológicos pesados, duros, insensibles y blindados, que como rocas impiden el fluir y el discurrir por la sangre de la emoción, el amor y el respeto. Seres que no desean y no tienen el interés de darse el tiempo por comprender qué sucede en este transcurrir por la senda de la destrucción.

Vidas que transitan por oscuridad, a pesar de toda la luz poderosa del sol, la luna y los cúmulos estelares que ingresan cada día y con más fuerza a este maravilloso planeta, y que invitan a un despertar, a una reconexión con nuestras raíces naturales y ecosistémicas. Una luz que invita y estimula a incorporar nuevos pensamientos, sensaciones y emociones por la vida y para el fortalecimiento de nuestras conciencias. Una luz que pone antes nuestros ojos y que nos permite observar a todo momento la complejidad y belleza de todo un sistema planetario interconectado, donde el brillo de los seres, el agua, el aire, las plantas y los animales se conjugan como un todo, como un sistema. Una red de vida, interrelacional, multiestacalar y multidimensional. Vidas incluso invisibles a nuestros receptores biológicos, pero que por el hecho de no verles ni escucharles, no significa que no existan. El sistema viviente planetario nos invita a una apertura de la mente, del cuerpo y de la energía, hacia la comprensión y la emoción como un todo inter-retro-conectado.

Este despertar, ahora e inmediato, es una necesidad para transformar esta pesada realidad humana que ciega nuestro entendimiento y que afecta el corazón, los sentidos y las emociones, y que nos conduce a los cavernas más oscuras en nuestra existencia. El juego de luces estelares y cósmicas, así como las propias luces que están dentro de cada uno de los seres humanos, deben activarse para que nuestras conciencias y nuestros pensamientos activen otra realidad ambiental y ecológica. Respetuosa con la vida, amorosa de la verdad y la paz. Somos parte de este complejo entramado de vida que nos observa, que nos da el ejemplo de cómo vivir en las condiciones de vida que impone éste planeta. Unas condiciones que tienen sus límites físicos, biológicos, ecológicos, sociales (económicos y culturales). Una conciencia que transita hacia el encuentro colectivo, no solo con nuestros hermanos humanos, sino con todos los demás seres de este sistema viviente planetario y extraplanetario. Un encuentro que manifiesta la unión, la verdad y el amor en los territorios planetarios.





[1] ONU. (2020). El mundo registra concentración record de dióxido de carbono a pesar de la Covid 19. En Línea: https://www.unenvironment.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/el-mundo-registra-concentracion-record-de-dioxido-de-carbono-pesar
[2] PNUD. (2020). Más allá de la recuperación: con miras a 2030. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. p. 3.
[3] Leff, E. (2019). Ecología política. De la deconstrucción del capital a la territorialización de la vida. México: Siglo XXI Editores.

jueves, 23 de abril de 2020

COVID 19: DEL DESARROLLO SOSTENIBLE A LA SUSTENTABILIDAD DE LA VIDA

Covid 19: Del desarrollo sostenible a la sustentabilidad de la vida

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales
Director Doctorado en Regiones Sostenibles


Como lo he señalado en varias oportunidades, como especie humana enfrentamos los efectos de la insustentabilidad de la vida, producto de la construcción de un modelo de civilidad basado en una racionalidad económica que constantemente buscó en el menor tiempo posible la acumulación incesante de capital. Un modelo que pone en funcionamiento todos los mecanismos -a la velocidad del vértigo- para alcanzar un mayor crecimiento económico y sin límite alguno.

El principio básico de este modelo es la destrucción creativa: destruye vida para volverla mercancía; cosifica humanos para transformarlos en objetos; degrada naturaleza para construir modernidad. El Covid 19 es expresión de esta insustentabilidad, que lleva a debatir a los gobiernos si la prioridad es prolongar la cuarentena para cuidar la vida, o terminar con ella para activar la economía.

De esta crisis de civilidad, que es una crisis de humanidad, es la que nos alertaban los autores, (Leff, Boff, Martínez Alier, Escobar, Noguera). Todos coinciden que para transitar hacia la sustentabilidad de la vida se requiere de una deconstrucción de la racionalidad económica y de la economía misma, la cual había logrado gobernar por largo periodo los senderos civilizatorios.

En ese marco de dominio económico por sobre toda la realidad social, apareció el desarrollo sostenible que había sido llamado en las últimas décadas -una y otra vez- para cumplir un papel esperanzador, práctico y pertinente para enfrentar este panorama de destrucción: “Para controlar la degradación entrópica del sistema de soporte de la vida en el planeta y contrabalancear los efectos destructivos generados por la inercia de la pulsión del proceso de globalización tecno-económica fue forjada una palabra maestra: sustentabilidad. La construcción de la sustentabilidad de la vida fue el llamado para salvar a la Tierra de una catástrofe tan no intencio­nada como impredecible” (Leff, 2019, p. 1).

La sostenibilidad como sinónimo del desarrollo sostenible no solo se "vulgarizó", sino que además se convirtió en algo difuso, confuso y poco comprensible, aunque todos creen comprender de qué trata. Esta sostenibilidad no solo está cargada de ambigüedad polisémica sino también de complejos intereses corporativos. Hoy todos dicen ser sostenibles y velar por ello, cuando sus acciones y procesos productivos demuestran lo contrario. El discurso fue cooptado por los argumentos geopolíticos de responsabilidad ambiental de las organizaciones globales, los Estados y las empresas.

Y fue cooptado por unos y otros como argucia que promueve un capitalismo más verde y responsable. Por ello, existen quienes plantean la necesidad de liberar la sustentabilidad (Leff, 2019). Y debe liberarse no solo del manejo que hacen de ella –agentes, gobiernos, modelo económico de los Estados-, sino también de la racionalidad de la modernidad que bajo la idea de la destrucción creativa, legitimó los daños ambientales y ecológicos en nombre del desarrollo y el progreso. ¿Pero cómo liberarla?

El Covid 19 emergió en este planeta en el peor escenario de cambio climático. Demostró que las medidas tomadas por los organismos internacionales basadas en la argucias del desarrollo sostenible fracasaron, porque fueron medidas que como “paños de agua tibia” no lograron solucionar los problemas estructurales ambientales para el que había sido llamado. Porque fueron medidas que, aunque buscaban soluciones, no atacaban las bases reales del problema del modelo económico y era detener la humanidad de su encanto por el capitalismo, el productivismo, el extractivismo y el consumismo. El desarrollo sostenible enmascaraba la economía y su racionalidad con una “careta verde”, para hacerla pasar como responsable con el planeta.

El Covid 19 hoy se suma a todas esas otras demostraciones que expresan que la humanidad es la causante del gran daño ambiental y ecológico, y que por tanto, para dar reverso a este escenario de destrucción, se requiere “apagar” el sistema económico tal y como opera hoy y deconstruir esa idea de economía neoliberal que domina el pensamiento de la humanidad. Detener la humanidad de su vértigo, del extractivismo, de la creciente productividad, de la incesante movilidad urbana y transcontinental, del consumismo incesante de petróleo y derivados, entre otros efectos. De este tamaño es la situación. Y para aquellos que decían que esto  era imposible, el Covid 19 demostró lo contrario: que sí es posible detener ese encantamiento. El mundo corporativo se puede "detener" para que el planeta respire. No es raro entonces que los gobiernos neoliberales -y de un modo descarado y abierto-, estén apresurados tomando medidas para proteger la economía y no la vida.

La sustentabilidad de la vida es entonces la capacidad de detener la agreste e incesante acción humana en el planeta. Y para sorpresa, lo que no logró el desarrollo sostenible por décadas, lo logró en tiempo record ese microscópico virus, el Covid 19. Paralizó el engranaje del modelo económico que mantiene en movimiento, continuo trabajo y en acción permanente, a toda la humanidad, que arrastró el valor del dólar a niveles de miseria y que condujo a una profunda crisis administrativa de lo privado y lo público. Esto es importante porque son los Estados, organismos internacionales y el sistema financiero global los garantes de que este modelo económico que promueve ese movimiento incesante de la actividad de cada ser humano.

La arrogancia humana de ser la especie reina del planeta ya no tiene justificación alguna y sus bases de legitimación desaparecen. La diversidad biológica, cultural y ecológica son dimensiones centrales de la sustentabilidad de la vida. La vida es un sistema que integra componentes físicos, biológicos, ecológicos, sociales (políticos y económicos), culturales y ambientales. Su centro no está en la economía, sino que está en las condiciones físico-naturales que permiten la posibilidad de cualquier existencia en el planeta.


La sustentabilidad de la vida requiere de otra comprensión del mundo, de un habitus ambiental y ecológico. De una disposición mental distinta a la racionalidad que dominó la sociedad del capitalismo, y que nos ubique nuevamente en la idea de que los humanos dependemos de los sistemas biológicos y geoquímicos del planeta. Transformar y trastornar estos procesos, tiene un alto efecto para las posibilidades de la vida. Como lo expresa Paul Ehrlich “al empujar a otras especies a la extinción, la humanidad se afana en cortar la rama que la sostiene”

lunes, 15 de abril de 2019

A SEMBRAR VIDA

A sembrar vida

Por:
Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales

Habitamos sobre tierras que son muy fértiles. Cuanto lugar en este Valle del Cauca, de tierras planas y altas montañas, puede cultivarse con todo tipo de plantas que pueden producir alimentos y recuperar la trama de la vida. Podemos recuperar corredores y cinturones de especies nativas de flora y fauna. La vida puede volver a florecer y producir más vida. Nada es imposible.

Podemos sembrar en nuestros hogares, parques y espacios abiertos, huertos, bosques y crear nichos con una diversidad de árboles y plantas con frutas, legumbres y todo tipo de semillas. El color de la naturaleza puede retoñar si tomamos la decisión y trabajamos colectivamente.

De este modo, nuestra gente, nuestros amigos y vecinos no tendrían por qué aguantar necesidades y, mucho menos, hambre. Es posible producir nuestro propio alimento y recuperar partes del paisaje que nos fue arrebatado por un modelo homogenizador de paisaje y de pensamientos. Trabajando juntos y organizados podremos lograr que nuestros espacios urbanos y rurales, tan caóticos hoy en día, tengan otro sentido. Podemos recuperar con nuestras propias manos e ideas, nuestro sustento y la belleza de los multicolores de la naturaleza que alguna vez habitaron estos senderos.

Por ejemplo: en una ciudad como Cali, en las calles podemos sembrar árboles de limones, naranjas, guamos y guayabas. En los parques públicos y con el trabajo conjunto, se pueden sembrar todo tipo de legumbres y hortalizas. Nuestros abuelos y adultos mayores nos podrían enseñar a todos, así como nos podrían colaborar en el cuidado de todo esta trabajo.

Cada familia, en cada hogar, se pueden los propios huertos en donde pueden sembrar plantas medicinales (yerbabuena, paico, matarratón, limoncillo). Recuperaríamos saberes y conocimientos ancestrales. Tendríamos una aproximación a todo este cosmos de sabiduría.

Para que todo ello funcione y se difunda sobre la tierra, necesitamos sembrar en los jardines flores y rosales para que vuelvan las abejas, las avispas y todo tipo de bichos polinizadores. Tendríamos que cambiar nuestra percepción del mundo y de nuestros amigos los polinizadores, las aves y demás especies. Aceptar que sin ellos, no es posible vivir.

Sobre las terrazas y balcones en nuestras casas podemos colocar helechos y construir pequeños huertos donde se dé el tomate, la zanahoria, el zapallo, la lechuga. Y las vías públicas, calles y carreteras, se pueden embellecer con hermosos árboles nativos como ceibas, samanes, yarumos, robles, chiminangos y veraneras. El resurgir del verde se tomaría cada centímetro de esta ciudad. La briza volvería a fluir por donde alguna vez pasó.

Lograríamos que todos los espacios posibles de nuestro entorno y vecindad se conviertieran en lugares de vida para todos, donde plantas, animales y personas convivamos y coexistamos

Todos tenemos derecho a la vida y al espacio. Todos tenemos la obligación de trabajar por ello. Trabajando y actuando juntos es posible lograrlo. Unidos, lo es todo. A sembrar vida¡ ¿Me acompañas? Es necesario y urgente despertar.

Que nuestras acciones promuevan el reverdecer de nuestras almas, espíritus y corazones, siempre en sintonía con lo que toda la vida hemos sido... Naturaleza y cosmos.

viernes, 16 de marzo de 2018

CALI Y SU SOSTENIBILIDAD DÉBIL

Cali y su sostenibilidad débil

Por: Hernando Uribe Castro
Doctor en Ciencias Ambientales


A lo largo de las últimas décadas en la ciudad de Cali -así como en muchos otros lugares de Colombia, América Latina y el mundo-, los gobiernos locales y nacionales, organizaciones internacionales y Corporaciones globales han puesto en el discurso del Desarrollo Sostenible una profunda confianza que -como fundamento de las agendas del desarrollo, como instrumento político y económico, como medidas, mecanismos y prácticas sociales-, conducirá hacia unos escenarios más ecológicos y responsables ambientalmente. 

A pesar de ello, en lo concerniente a la sostenibilidad urbana, las evidencias muestran claramente que la expansión urbana y la dinámica de la ciudad no solo son insostenibles, sino que además caminan, vía a la profundización de la insostenibilidad. No solo porque a lo largo de su historia, el denominado desarrollo urbano produjo efectos irreversibles sobre aquellos ecosistemas sobre los que se asentó la ciudad, sino también porque esta urbe que se construye hoy en día, evidencia escenarios poco ecológicos y ambientalmente más insustentables.

La expansión urbana sobre antiguas zonas de humedal (conflicto Humedal El Cortijo), la creciente urbanización sobre las zonas de ladera de los ríos (El caso de la urbanización en el sector de Pance), la transformación del paisaje boscoso por patrones de asentamiento de fincas de veraneo (En las zonas del río Cali y Aguacatal, así como el sector de La Buitrera), la canalización de los ríos (como el río Cañaveralejo) y el incontenible mercado del suelo hacia el sur de la ciudad en conexión con la urbanización en Jamundí, son muestras claras de todo este proceso.

Es evidente todavía que, ni las instituciones, ni sus agentes-, tienen claridad sobre la importancia de los principios de responsabilidad ambiental. La sostenibilidad es usada por agentes e instituciones como un concepto más que adorna los proyectos planteados, como para cumplir con las demandas exigidas por las agencias globales ambientales, pero en la práctica, su sentido se desvanece.

No basta con dejar unas cuantas zonas verdes, limpiar calles, sembrar algunos árboles. La responsabilidad ambiental es un proceso más profundo que tiene que ver con un cambio sincero y genuino de una estructura social, mental y cognitiva por un ambiente sano y seguro. Unas políticas genuinas que contemplen la importancia de los elementos de la naturaleza (el agua, la tierra, el aire, la diversidad de especies) para la sustentabilidad de la vida de humanos y de las demás especies.

Antes de responder cómo hacer de Cali una ciudad sostenible, es necesario pensarse porqué prevalecen las prácticas de insostenibilidad e insustentabilidad. Infortunadamente, la organización del sistema político, de la administración local, departamental y nacional del Estado está elaborada sobre bases de fragmentación y departamentalización que hacen de sus acciones limitadas cuando tienen que hacer frente a la resolución de problemas y conflictos. Resoluciones que también son respuestas fragmentadas, descontextualizadas y segregadas. A veces corroídas por la corrupción, el oportunismo y el clientelismo.

Y esta fragmentación no solo existe en la acción política institucional sino que se evidencia también en la mente de todos aquellos agentes que tienen el ejercicio del poder y de la toma de decisión. Hace falta pensar la integridad, la ciudad como un sistema que integra elementos ecológicos y sociales. La ciudad, lo urbano, no solo son cuestiones relacionadas con un sistema de objetos, sino que estos están en plena interacción con un sistema de acciones.

El ordenamiento del territorio no se debe dejar solo a los políticos y a las empresas inmobilitarias. Pensar un territorio es una tarea conjunta de todos los actores y agentes de la sociedad. No es para un club selecto que se dice profesional y sobre los que recae la vida de millones personas y de toda la trama de la vida existente en los territorios.  

¿Cómo frenar esta insustentabilidad? ¿Cómo comprometer a todos los agentes y actores sociales en el camino de la responsabilidad ambiental y con la vida? ¿Es posible un modelo urbano distinto y que ponga contrapeso a la injerencia de los especuladores, corruptos, clientelistas y depredadores de la naturaleza? ¿Cómo transitar de la sostenibilidad débil y de papel mojado a una sustentabilidad fuerte y profunda?



viernes, 22 de abril de 2016

CONTRA LOS ALBAÑILES DE UN PLANETA INSUSTENTABLE

Contra los albañiles de un planeta insustentable

Por:
Hernando Uribe Castro
MSc. en Sociología y Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle
Prof. Universidad Autónoma de Occidente

Pareciera que uno de los objetivos que se han propuesto las Corporaciones Globales es la de imponer la idea aquella de que la humanidad no forma parte de la compleja y sistémica red o trama de la vida planetaria. Incluso, se perciben intentos de convencernos, por todos los medios, de que los seres humanos no hacemos parte de la naturaleza y que ni siquiera necesitamos de ella porque con nuestros avances técnicos y tecnológicos es suficiente para alcanzar el desarrollo humano y para lograr la realización total de la vida.

Nos hacen creer también que nuestro planeta Tierra es ilimitado y que por tanto, se tiene que explotar sin ningún tipo de obstáculo, porque de esa explotación incesante y continua depende el bienestar, el progreso y el desarrollo civilizatorio. Que éste es el único camino para encontrar la tan anhelada felicidad, expresión máxima de que somos una especie inteligente. Por ello, no es raro que los gobiernos que son los administradores del Estado, autoricen en sus territorios prácticas como el “fracking”, la exploración petrolera en zonas de reserva y conservación forestal, la minería a cielo abierto, la explotación maderera, la construcción de hidroeléctricas, la ganadería extensiva y la pesca industrial, entre otras actividades nocivas para el equilibrio ecológico del planeta.

Nos enseñan a creer que una vida exitosa es aquella que está llena de bienes materiales, lujos, acumulación de dinero, estatus y prestigio social. No poseer esto es reflejo del fracaso, la desdicha, el atraso y la pobreza. Por ello, la construcción de nuevos estereotipos a seguir como los  actores del espectáculo, del deporte, los famosos, las estrellas y las divas.

Las Corporaciones propugnan por el valor económico del individuo y el valor del individuo en su estrategia económica acumulativa. Entre más individuos masificados, más dinámica será la economía. Por ello, hacen del individuo una unidad productiva, rentable y consumista. Desligan al individuo del entretejido y de su interdependencia con respecto a todos los fenómenos naturales para encadenarlo al sistema y los flujos del Mercado. Individualizan al individuo, para homogenizarlo y masificarlo como código de compra- venta en la sociedad del consumismo.

Al tiempo que hacen esto con el individuo, acrecientan las divisiones del mundo en partes nacionales, Estados, grupos y guetos. El poder de fragmentar social, académica, religiosa y étnicamente es el poder para confundirnos y hacernos olvidar de que somos una especie humana planetaria y diversa. Nos ocultan la compleja trama de la vida para encadenarnos al sistema del mercado: este es el gran y rentable negocio de las Corporaciones.

Son las Corporaciones las que tienen el poder de hacer de algunos países pobres, paraísos de las transnacionales, en donde intervienen sin ningún tipo de control porque lograron cooptar a los agentes que hacen parte de los gobiernos corruptos que administran estos Estados. Una vez en el territorio, imponen su lógica extractivista bajo lemas de seguridad, de progreso y de bienestar para las comunidades.

Y el hecho de que Corporaciones, en colaboración con el Estado, se propongan llevar a cabo este enérgico ataque contra los lazos que nos unen al planeta, está en el hecho de que una sociedad desligada de sus raíces, es una sociedad desinteresada por lo que pueda suceder al sistema de la vida. Una sociedad desinteresada es una sociedad que se considerará altamente artificializada. Y una sociedad artificiosa es una sociedad que termina creyendo que su verdadero nicho de vida es la plataforma de vida material y construida que le ofrecen las Corporaciones. Y que la máxima expresión de esa plataforma es la ciudad como expresión de desarrollo y de civilización. La ciudad como el templo del prometedor capitalismo global. La ciudad como el lugar para la realización de la vida.

Frente a este fuerte discurso que ha logrado penetrar la estructura social, la estructura mental  y las estructuras cognitivas de los individuos, no se puede esperar que sean los Estados, las Corporaciones y los organismos globales -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio- los albañiles y diseñadores del mundo sustentable pues de entrada sabremos que estos construirán sobre cimientos de cal y de arena. Harán un ecologismo-ambientalismo superficial y mentiroso, cuyos discursos los sitúan en las principales y más sensibles instituciones de la sociedad, como la familia, la religión, la escuela y los medios de comunicación.

Ese es el peligro del ambientalismo corporativo que aún, hablando en nombre de la importancia de lo ambiental, despliega todas las fuerzas para imponer el orden del Mercado como un imperativo categórico para una exitosa vida humana. Un éxito que, además de hacer fortuna y tener abundancia, desplegará la admiración y la envidia de los otros seres humanos.

De este modo, difícilmente podremos construir respeto por la Naturaleza, con una sociedad profundamente consumista y esclavizada a recibir órdenes de las Corporaciones. El impulso hacia una sociedad responsable con la Naturaleza se logra cuando lo individual, lo colectivo y lo global no se vean como escalas opuestas, sino contenidas y complementarias. Y cuando las estrategias para difundir un discurso ambiental y saludable deben ser tan efectivas en sus mensajes por la imperiosa necesidad de cambiar los estilos de vida, como agrestes y efectivas son las estrategias publicitarias corporativas que incitan a los individuos a lanzarse de lleno a adquirir banalidades.

La lucha de quienes somos sensibles por una Ética de la Tierra, de la Responsabilidad y del Respeto por la Naturaleza y de una Ecología Profunda, tenemos la imperiosa tarea de continuar demostrando que es urgente: romper con los discursos manipuladores, amañados y falsos que hacen ver la vida como campo de entretenimiento; comprender cómo es que funciona el discurso y las estrategias que hacen del desarrollo, un motor de vida, para salir, justamente de ese desarrollo; encauzarnos con nuestras acciones cotidianas hacia un mundo distinto con menos consumismo; y, no desechar de entrada, aquella idea de que un mundo  diferente es posible, para recuperar la creatividad y la iniciativa hacia una sociedad con prácticas sustentables. Y la más importante, la necesidad imperiosa de ser insumisos ante las demandas de las Corporaciones globales, para recuperar el control de nuestras vidas comunitarias locales.

Los individuos somos una unidad armoniosa, que como parte de un Todo se inter-retro-conecta con esa otra totalidad que es el sistema viviente y el mundo natural del sistema cósmico.